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324 – El triunfo de la irracionalidad

Brexit series for FT.

Nos gusta pensar que somos racionales. Que tomamos las decisiones importantes después de una cuidada valoración. Que elegimos las maneras correctas, las que funcionan para conseguir lo que queremos lograr. Es una de las definiciones más válidas de la racionalidad.

rationality-kahneman-quizPorque también existe la racionalidad en base a valores predefinidos. Definimos que el valor supremo es, por ejemplo, la soberanía, por lo tanto todo lo que la ponga en riesgo se vuelve irracional. Aún si el valor no está definido y significa algo distinto para cada quien.

Ambos tipos de racionalidad son válidos y tarde o temprano se contrapondrán. El mundo no suele alinearse a las definiciones filosóficas. Mucho menos cuando se trata de aplicar esa racionalidad para controlar, manipular y corregirlo.

Una variante mixta es la racionalidad pragmática. Esa que establece como fin último la felicidad o el placer o el éxito (y hay quien suele equiparar los tres términos como sinónimos).

56fa2a59150000ad000b3573Entra en juego el sesgo de confirmación (confirmation bias), y no sólo escuchamos lo que nos interesa escuchar. Sino que lo que escuchamos, argumente o no lo que pensamos, termina igualmente confirmando lo que ya creíamos (o creíamos en el fondo, aunque pensáramos y dijéramos que creíamos otra cosa).

¿Es eso lo que pasó en Inglaterra?

Veamos algunas de las promesas más sonadas de la campaña realizada previa al referéndum para votar la salida o permanencia del Reino Unido en la Unión Europea (UE). Los políticos que llevaron la campaña adujeron que la salida garantizaría el fin de la inmigración en el país. Dijeron que los millones de libras que se pagaban a la CE se destinarían para el servicio nacional de salud. Que seguirán gozando las ventajas del mercado común pero desde una mejor posición, pues podrían negociar. Que recuperarían la soberanía de su país, volverían a ser líderes mundiales y serían nuevamente la Gran Bretaña de antaño.

JS89532410Cada una de esas promesas resultó ser falsa, como dijeron ellos mismos después de ganar, y documentó The Independent: La migración seguirá igual: la migración que temía la mayoría (ilegales y refugiados), no tiene nada que ver con la UE. No se pagaba eso, ni se ahorrará el dinero para destinarlo al servicio de salud. La posición del país en el mercado es peor que nunca. No serán parte del mercado único y su posición de negociación es francamente desventajosa. La economía se derrumbó junto a la moneda. El costo financiero del primer día ya fue peor que el costo de pertenecer diez años a la UE. Etcétera.

brexit-800x500Algunos de los análisis equiparan la reacción Brexit, con el éxito de Trump del otro lado del océano. El triunfo de la ignorancia y los prejuicios. Un electorado al que le mienten de forma flagrante y estúpida y acepta con entusiasmo lo que le dicen. ¿Hay un desgaste tan marcado de la clase política a nivel mundial que al votante ya dejó de importarle si lo que le dicen es verdad y prefiere que le repitan sus prejuicios?…un momento: ¿Así ha sido siempre?

El votante sabe que mienten. Sabe que los datos, los chivos expiatorios, las promesas que firmarán ante notario, las estrategias planteadas, la gente que acompaña al líder, no son correctos. Que no le responderán, terminarán decepcionando. Y aún así se presenta ante la urna y vota por ellos. ¿Es autodestructivo?

BN-ND559_3dummi_P_20160317191754El inglés, que tuvo doble Brexit con su ignominiosa (y épica) derrota en la Euro, se vuelve el caso de la moneda más fuerte que decide jugarse un volado. Del primer ministro que quema la casa para salvar el mobiliario. Del contraste de votación entre una población mayor, rural y poco educada, apostando por la salida; y una población joven, urbana y educada votando por quedarse. Paradojas aparte: los conservadores votaron por el mayor riesgo. Votaron por el pasado y se jugaron el futuro de los que sí lo tenían, parafraseando a Felipe González.

¿Qué decir de sus contrapartes que pensaban que con argumentos racionales convencerían? ¿Que era posible demostrar que les mentían y cuando se dieran cuenta verían la luz. Una falacia del pensamiento: pensar que tenemos la razón. Peor aún si pensamos que es tan obvio que tenemos la razón que tarde o temprano los demás se darán cuenta y con una palmada en la frente recapacitarán y nos pedirán disculpas.

_88649375_the-sun-front-page-09.03.16Si ese es el punto de partida. ¿Cómo hacer un argumento eficaz? Los del “quedarse” quisieron demostrarle a los otros que estaban equivocados y lo llamaron una campaña racional. Porque la racionalidad es el valor “civilizado”. Pero la racionalidad no es un valor, es un método.

Los políticos defensores del Brexit apelaron al otro tipo de racionalidad: Dijeron lo que tenían que decir para conseguir el resultado. Cínicamente racionales, aunque sus argumentos no se sostuvieran, tuvieron claro una cosa que sus contrapartes nunca entendieron: ¿Qué pasa si el otro no es racional? ¿Qué pasa si no hay argumento que valga?

Descubrieron que la única manera de abrazar su incondicionalidad era apelar a sus instintos, antipatías, fobias y temores. Porque para pensamientos irracionales sólo valen argumentos irracionales, que al final ni siquiera importan. Lo que realmente convence al otro es que su instinto fue correcto, que su antipatía es compartida, que su fobia y temor prometen ser aliviados. Que su nostalgia por el país de antaño es recíproca con gente que también la añora y promete volver. Esas promesas calman algo básico, algo primigenio en el ser humano. Nos hace sentirnos menos solos, menos aislados, y gana nuestra incondicionalidad a prueba de balas.

Es el triunfo de la irracionalidad.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 29 de junio del 2016

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323 – El fin de los números irrelevantes

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El último ciclo televisivo estadounidense significó el fin de una serie medianamente popular, cuyo seguimiento fue notablemente obstaculizado, por lo menos en Latinoamérica, por cambios inexplicables y erráticos en la programación del canal Warner.

Se trata de Person of Interest, en algún momento el “nuevo” proyecto de J.J. Abrams junto a Jonathan Nolan (hermano de Christopher). Una serie propositiva y atractiva inspirada en el estado de vigilancia surgido de la tecnología y la paranoia post 9/11.

person-of-interest-poster1La inteligencia artificial vista como salvación/perdición de la sociedad moderna incapaz de ofrecer la seguridad que requieren sus ciudadanos ante los peligros individuales del terrorismo. El corazón de la serie es una entidad virtual creada para observar a través de cámaras, teléfonos y todos los medios disponibles y anticipar escenarios a manera de advertencias oportunas al gobierno estadounidense de futuros actos de terrorismo. “Estás siendo vigilado” dice Mr. Finch en la introducción “una máquina revisa todo lo que dices y haces”.

Es una suerte de Skynet (Terminator, 1984) bonachón, al que se le inculcaron valores y la protección última de vidas humanas en los algoritmos y que envía información a la NSA de sujetos “relevantes” para el interés nacional.

La premisa de la trama son las personas “irrelevantes”, las que participan o son víctimas de los crímenes cotidianos y no suponen interés alguno para la seguridad nacional. De esos casos se encargan nuestros héroes (por lo menos en Nueva York); salvando vidas al son de los números “irrelevantes” que les provee la máquina.

Mr Finch (Emerson)

Lo más interesante de sus primeras temporadas era el conflicto con mafias locales y un sindicato de policías corruptos. Poco después, cuando el escenario y el discurso se volvieron más grandilocuentes, la trama migró hacia el gobierno y sus funcionarios dispuestos a todo para salvaguardar el estilo de vida americano.

Si el mundo de Person of Interest se concibe tan binario como maniqueo, era esperable que las fuerzas de la paranoia fueran aumentando la apuesta, abriendo la puerta a una segunda máquina, más inteligente y letal: “Samaritan”. Un auténtico primo de Skynet, programado a mantener el orden y salvar a la humanidad como sea.

El conflicto de ambas máquinas dio pasto a dos temporadas intensas pero disparejas en que la serie pasó de ser popular entre público y críticos, para reducir su seguimiento a un grupo más cercano al culto.

pdwo6n2ec89zxiomkv8bEs harina de otro costal preguntarse si en este mundo de intereses tan diversos, la fragmentación de las minorías ha llevado a la creación de tantos nichos que ser de “culto” sea tan natural como irrelevante. Pero no me dejen divagar, dejemos la definición de “culto” a las series de televisión que tienen un núcleo de seguidores activos, dispuestos a hacer, por ejemplo, campañas apasionadas en redes sociales para que su favorita sea renovada y no entre al limbo de los proyectos cancelados e inconclusos.

Detrás de la supervivencia de Person of Interest está otra máquina: el respaldo de la productora de Abrams (Bad Robot) y el peso político que el hombre tiene en la industria del entretenimiento después de su currículum de éxitos (que incluyen Lost, Star Trek y Star Wars). Person of Interest, que venía arrastrándose en los ratings, por lo menos para lo que debe cosechar una serie de su presupuesto y perfil, se renovó para una temporada final. Después CBS la transmitió como quien ya cumplió: al ritmo de dos episodios por semana (el final se transmite hoy).

ajvfpbl87lhbjgwbhyjpEl problema principal de Person of Interest fue la contraposición de su propia y atractiva mitología con la idea de que sus protagonistas tenían que resolver un caso semanal, muchas veces insulso y forzado. Sus arquitectos, particularmente después de la tercera temporada, parecieron incapaces de construir un enramado donde cada caso “irrelevante” resultara más tarde lo suficientemente “relevante” como para que no hubiera episodios que merecieran alguna de las dos etiquetas.

Se quiso apostar por la afortunada química de su elenco: Jim Caviezel, Michael Emerson, Amy Acker, Kevin Chapman y Sarah Shahi, y en la exploración de los dilemas morales que flotan en la conciencia del señor Finch (Emerson), programador de “la máquina”; y la propia incongruencia de tener un equipo de asesinos salvando vidas. Pero, ¿cuántas veces puedes salvar al mundo porque las “vidas importan” sin que el espectador empiece a bostezar o a añorar el siguiente brote psicótico de Carrie Mathison?

Person of Interest duró 103 episodios, muchos de ellos memorables, a lo largo de 5 temporadas. No es un hito televisivo, terminó siendo una más del montón que surge de la paranoia de la seguridad nacional (junto a 24, Quantico, Sleeper Cell, Scorpion, Burn Notice, Homeland o Black List). Difícilmente se puede decir que haya salido avante de tratar de navegar entre el procedural policíaco semanal y la épica de “debemos darnos cuenta que nuestro mundo se ha vuelto un escenario distópico de ciencia-ficción más cercano a Philip Dick que Issac Asimov”.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 22 de junio del 2016

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322 – Fotografiar en la calle

Streetfoto San Francisco 2016 (photo Jack Simon)

Tal pareciera que la fotografía callejera (mejor conocida como Street Photography por su nombre en inglés), debiera su origen a la universalidad del smartphone. La oportunidad para que cada ciudadano traiga en el bolsillo un dispositivo para conectarse a esa suerte de flujo de la conciencia mundial (por ponerme esotérico para describir el internet).

La cámara digital en el bolsillo, y los medios para compartir lo que vemos, y con ello nuestra presencia en el mundo, han llevado al mayor invento cultural de los últimos años: el selfie. Un registro del ahí estuve, que antes era la foto turística por excelencia frente al monumento de rigor, y que ahora llega mucho más lejos, convirtiéndose en el aquí estoy, en la ratificación de la propia presencia en el mundo.

Pero la fotografía callejera es otra cosa. Es el registro espontáneo con una cámara de la vida cotidiana en el ámbito público, como lo define Nick Turpin en su prólogo del excepcional libro que recopila el trabajo fotográfico de la primera década del colectivo in-public.

Cartier-Bresson

Cartier-Bresson

Los fotógrafos callejeros eran, en un principio por lo menos, los señores que estaban en parques públicos con sus cámaras de madera, y a los que se les pagaba por fotografiarse frente a edificios y lugares famosos. Esa etiqueta desapareció pronto.

Mientras tanto, media docena de artistas que empezaron a capturar escenas con cámaras la vida cotidiana parisina en los años veinte. Fue la era de Cartier-Bresson, para muchos el padre del street photography, para otros uno de los progenitores del fotoperiodismo.

Valga una pequeña distinción entre ambos: el primero registra sucesos de la vida cotidiana. El segundo, noticias, sucesos que se presumen de interés público. Ambos cuentan historias, pero mientras el fotoperiodista apuesta por lo extraordinario e ilustra, explica o denuncia un suceso con fines de crónica o divulgación; el otro centra su mirada en otro tipo de sucesos extraordinarios, los que tapizan nuestras vidas, y precisamente por eso, son más bien ordinarios y nos implican y hablan a todos.

Winogrand (1962)

Winogrand (1962)

El fenómeno no tuvo nombre por muchos años, en la posguerra tuvo su centro principal en Nueva York, donde docenas de sujetos, armados con Leicas, empezaron a recorrer las calles y, poco a poco, extender su mirada por el resto del territorio estadounidense. Sus fotografías eran a veces despreciadas, miradas como un arte menor: el fotoperiodismo del hombre común.

Después llegó la película a color, el breve reinado de Kodak, y la cámara instantánea. Y una exhibición a finales de los años 60 en que Arbus, Friedlander y Winogrand le dieron cierto prestigio a este nuevo método de crónica social.

El street photographer es un documentalista de lo trivial, de los sucesos que nos importan más que la declaración de un político o la guerra del otro lado del mundo: el pleito con el vecino, el corazón roto y el reencuentro amoroso, la soledad de la ciudad, la alegría juvenil y la tristeza detrás de la máscara o el fracaso profesional.

Richard Bram (London 2004)

Richard Bram (London 2004)

Turpin menciona docenas de libros de fotografía acumulados en estanterías sin género o nombre; y atribuye la primera etiqueta a un libro de 1994 de Joel Meyerowitz y Colin Westerbeck que se llamó “Bystander: A History of Street Photography” (Espectador: Una historia de la fotografía callejera). Y con éste la inclusión y legitimación de aquellos fotógrafos que no encajaban en los moldes prefabricados por los medios y los bibliotecarios.

Surge el primer colectivo de fotógrafos callejeros: In Public, que en diez años sumó una veintena de miembros en cuatro continentes. En esa década, el término pasó de la oscuridad a la cotidianidad de las redes sociales, y aunque posiblemente siga siendo una actividad marginal, ha entrado a la conciencia pública sumando millones de entradas en Google.

La fotografía callejera ha ido sofisticando su lenguaje y su técnica. Y aunque las preocupaciones del fotógrafo desde los años treinta hasta la época actual son básicamente las mismas: el énfasis estético en el humor, el absurdo, la contradicción y los contrastes sociales en la vida contemporánea, han encontrado a través de internet y las redes sociales un nivel de proyección con el que nunca antes contaron.

De Ken Walton

Ken Walton

Poco a poco han surgido encuentros y festivales de fotografía callejera en el mundo. La semana pasada se dio el primer festival de fotografía callejera en San Francisco: Streetfoto 2016. El encuentro fue oportunidad para tres competencias internacionales: mejor fotografía callejera, mejor serie y mejor fotografía callejera realizada con dispositivo móvil. El festival lo organizó un fotógrafo: Ken Walton, inspirado después de asistir al otro festival estadounidense (un encuentro celebrado en Miami el año pasado).

El festival incluyó charlas y talleres con fotógrafos legendarios como el fotoperiodista Ken Light, Richard Bram (uno de los fundadores de In Public), la participación del colectivo internacional Burn my Eye, incluyendo a Don Hudson, Jack Simon, Joe Aguirre y TC Lin. El fotógrafo hindú Vineet Vohra (Colectivo Street) en su primera visita a los EU, y la presentación del trabajo asombroso sobre la sequía en California y los indocumentados de Leah Millis (San Francisco Chronicle). La crónica que TJ Lin realizó de una suerte de golpe de estado democrático en Taiwan, una charla con Richard Koci Hernandez (profesor de Berkeley con un cuarto de millón de seguidores en Instagram), y muchos más.

De Jack Simon

Jack Simon

Las competencias tuvieron miles de participantes de todo el mundo, y cada día el festival tomó las calles en distintos barrios de la ciudad, donde los participantes fotografiamos distintas manifestaciones de la vida urbana de San Francisco.

De acuerdo a Turpin la gente que conoce cae en uno de dos grupos: aquellos que viven sus vidas: van a trabajar, compran, comen, ven futbol y visitan a la familia. Gente que entiende el concepto de “vida diaria”. Y otro grupo más, más pequeño, que también participa en esas actividades, pero que mantiene un grado más profundo de conocimiento. Son conscientes de su propio conocimiento “de mi vida diaria”. Según Turpin la mayoría de los miembros de ese grupo son fotógrafos callejeros. Para muchos otros, el fotógrafo callejero es ese tipo raro que toma fotos donde no sale nadie a quien conozca.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 15 de junio del 2016

Algunas fotos

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Ken Light

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Leah Millis

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Richard Koci Hernandez

 

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Joe Aguirre

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TC Lin

Don Hudson

Don Hudson

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321 – ¿Aceptarnos o cambiar?

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Uno de los pilares de la filosofía new age y los libros de autoayuda es la aceptación. El amor por uno mismo, incluyendo nuestras virtudes y defectos. Una reconciliación en camino a la afirmación y la recuperación de la autoestima.

Detrás de estas ideas está la creencia de que nuestra meta como individuos es mirar hacia adentro y realizar una búsqueda para encontrar nuestro “verdadero” yo, y una vez encontrado alinear nuestras acciones y pensamientos con esa esencia. Ser más auténticos, pues.

De acuerdo a Michael Puett, profesor de historia china en el departamento de lenguajes y civilizaciones de Harvard, ese amor incondicional por uno mismo puede resultar muy perjudicial.

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Michael Puett

Puett ha dedicado buena parte de su carrera al estudio de la filosofía china, y hace poco publicó The Path: What Chinese Philosophers can teach us about the good life, un libro en que traduce una de sus asignaturas más populares en una suerte de manual para llevar una buena vida.

Puett dio una entrevista a la revista Quartz como parte de una serie que pretendía analizar seriamente las adaptaciones de la filosofía a la vida cotidiana, respondiendo preguntas interesantes como si la gente puede cambiar, o si es posible encontrar al amor de tu vida a través de la filosofía. En esa entrevista, reportada por Olivia Goldhill, surge un argumento interesante.

51DdFLs8SUL._SX319_BO1204203200_¿Debemos aceptarnos y celebrarnos como somos o esforzarnos por cambiar y mejorar nuestra naturaleza esencial? ¿Existe tal naturaleza esencial? Puett argumenta que buena parte de la búsqueda de nuestro verdadero yo asume no sólo su existencia, sino que es una esencia estable.

Desde Confucio, la tradición filosófica china, argumenta Puett, considera ese yo como una mezcla compleja de hábitos: “Desde temprana edad formamos patrones para responder al mundo. Esos patrones se endurecerán y se convertirán en lo que erróneamente llamamos nuestra personalidad”.

El argumento es que si nos amamos y aprendemos después de seminarios y horas de terapia a aceptar nuestras propias fallas y peculiaridades, lo que en realidad estamos haciendo es recrudecer esos patrones de comportamiento.

El artículo ejemplifica: “Desde la perspectiva de un filósofo chino antiguo, aceptar que tienes la habilidad para tener visión de futuro pero no se te dan los detalles, o las trivialidades cotidianas te frustran y enojan, es lo peor que puedes hacer”.

Daniel Kahneman

Daniel Kahneman

El remedio que propone esta rama filosófica no es hacer las cosas mejor. O sea, olvidarnos de esa idea de mejorar, que lleva implícita una ruta ascendente y mercadeable hacia la iluminación y la felicidad.

De acuerdo a Puett debemos olvidarnos de hacer las cosas mejor y simplemente hacerlas de manera diferente: usando distintos tonos  de voz, rutas, palabras o muecas. “Sólo así nos damos cuenta cómo somos criaturas de hábitos”.

El argumento ya lo había abordado Daniel Kahneman en su espléndido Pensar Rápido, Pensar Despacio, un tratado sobre la racionalidad contemporánea en el que elabora no sólo el tema de los atajos cognitivos que menciona Goldhill en su artículo, sino algo aún más interesante que ha sido la parcela intelectual de Kahneman desde principios de los años setenta: la parcialidad cognitiva. Esa teoría que explica cómo formamos nuestra propia versión subjetiva de la realidad y después la convertimos en la base “racional” con la que actuamos, decidimos e interpretamos el mundo.

51oXKWrcYYLKahneman explora los patrones irracionales que construyen la manera en que reaccionamos frente a los estímulos del mundo. Sea una irracionalidad surgida de los hábitos como mencionaban los filósofos chinos, o producto de otros factores como ruido mental, limitaciones de procesamiento del cerebro, razones emocionales o morales, la influencia de otros, etcétera.

Un ejemplo de ello es cuando inadvertidamente pasamos de una generalización para juzgar un caso individual que “parece” formar parte de ella. Es la falacia cognitiva que nos lleva a conjurar estereotipos y prejuicios sobre los demás.

En el centro de la autoayuda moderna y filosofías facilonas como las de Louise Hay, está una idea del individuo como un ser libre que debería aspirar a ser sincero y auténtico. Esa reconciliación con nuestra supuesta sabiduría interior está peleada con otra idea de la filosofía china.

De acuerdo a Puett, a veces nos damos cuenta que tenemos un mal hábito y nos proponemos cambiarlo, entrenándonos sea estableciendo nuevas rutinas o poniendo excesiva atención en nuestro comportamiento cotidiano para realizar los ajustes necesarios. Y dedicar toda la vida a esta continua mejora de lo que percibimos necesitamos cambiar, pero aún así seremos incapaces de observar la mayoría de los patrones que seguimos (y continuamos formando en nuestras vidas), y los más dañinos persistirán.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 8 de junio del 2016

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320 – Adaptando a Stephen King

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¿Cómo hablar de las distintas versiones televisivas y fílmicas de uno de los autores que más han sido adaptados en la historia?

Suele pensarse, y es un argumento sólido, que King es uno de esos autores que llevan mal el tránsito de la página escrita hasta la pantalla. Y es relativamente sencillo enumerar hasta veinte películas malas (y pésimas) surgidas de su bibliografía. Pero como los buenos argumentos, es igualmente fácil enumerar una docena memorables.

The-ShiningUna de las más conocidas (y famosas) es la versión de Stanley Kubrick de El resplandor. Y es una versión que el propio King, quién ha sido más que tolerante con un número sustancial de churros infumables, despreció. King odió tanto la cinta de Kubrick, que años después mandó hacer una miniserie a cargo de su director de cabecera en los noventa: Mick Garris.

Pero si por cada Carrie (la primera), hay un puñado de películas infames sobre niños asesinos y maizales. Si por cada Misery hay un Firestarter o por cada Dead Zone hay asomándose una vergonzosa y blanda miniserie como Un saco de huesos. Lo cierto es que un autor que tiene 214 créditos en cine y TV (incluyendo episodios inspirados en relatos breves), se ve expuesto por pura probabilidad a que la mayoría de ellos sean mediocres.

Stephen-King-ItKing es un autor prolífico y sus novelas suelen ser voluminosas. Es muy probable que una de las razones por las que es mal adaptado es porque suele ser mal leído, suele pensarse que al ser el rey del horror, los espectadores están bien servidos recurriendo al arsenal de efectos especiales de un aprendiz de Roger Corman: que adaptar a King es usar disfraces lamosos, insectos gigantes, sangre y gore.

2075235aPero el mejor King no es el que esconde el monstruo abajo de la cama, sino el que conecta con la infancia: los niños y sus rituales, sus temores y valentía, la amistad y la crueldad escondida en la inocencia. Es el King de El cuerpo (en cine, la espléndida Stand by me de Rob Reiner). Es aquel que encuentra en la redención de un prisionero, una historia de profunda humanidad: Rita Heyworth y la redención de Shawshank (en cine Sueños de Fuga de Frank Darabont).

King tiene claro que el origen de los mayores miedos de la humanidad, no está en criaturas verdes y relucientes salidas de un pantano, sino en la propia mente, las tragedias que suceden y las que imaginamos. En la pérdida, sea la de seres amados (Pet Semetery, Lisey’s Story), la fe (Salem’s Lot), la razón (The Shinning), el juventud (Insomnia), la inocencia (Carrie, Apt Pupil). Y en el miedo que enfrenta el creador, el autor, el artista, frente al inconsciente de dolor y sombras, donde surge su inspiración (Dark Half, Misery, Secret Window Secret Garden, Duma Key).

720x405-R-112263_106a_0019_f_02_R_Sven_FrenzelUna de las más recientes en salir al aire es la miniserie que aborda 22.11.63 su historia sobre un profesor de literatura que viaja al pasado a través de un portal dimensional para impedir el asesinato de John F. Kennedy. Para muchos estadounidenses el parteaguas en que el país perdió la inocencia y las cosas se fueron al garete.

La novela tiene puntos de conexión con varias de sus obras previas. Es memorable, detallada y absorbente, y como suele suceder con King, puede perderse de vista lo esencial. Lo importante no es el viaje al pasado, ni los eventos sobrenaturales, ni los obstáculos que enfrenta su protagonista en su misión autoimpuesta y absurda. Lo importante es la reconciliación con el pasado, con la memoria y esperanza de un sueño americano que dejó de serlo hace tiempo y se convirtió en algo parecido a una pesadilla. Es una novela sobre la nostalgia y como muchos de sus libros, sobre la pérdida de la inocencia.

1035x1168-rexfeatures_5337233eDetrás de la serie está el omnipresente J.J. Abrams y su pragmatismo creativo. Gran parte de la novela transcurre en lo que vive Jake Epping (James Franco) en su solitaria misión durante los tres años que debe esperar antes del fatídico octubre del 63. Para simplificar la narración de sus acciones, el equipo de producción decide inventarle un cómplice, un joven que lo acompaña, y con el que discute su vigilancia de Oswald y el repaso de algunas de las teorías conspiratorias que flipaban a Oliver Stone en su JFK.

El resultado es agridulce. Como serie consigue atrapar al espectador a la mitad del camino. Como adaptación, deja fuera gran parte de la meticulosidad de King, que  investigó desde el lenguaje hasta la comida y la dinámica social de la época. En manos de Abrams y su equipo, todo es decorado para que lo anecdótico fluya, y lo mejor de King, su estilo, su narración, su construcción psicológica, se desdibuja cuando se comprime y exprime la pura anécdota.

960Nuestros mayores temores, los que nos quitan el sueño y se cuelan por los bordes de la razón, se traducen en meros trucos visuales, golpes de efecto para entretener al espectador como si se tratara de un paseo en un parque de diversiones donde al final se vuelve a casa riendo, y donde los payasos con dientes de navaja no nos esperan en la coladera.

En camino se apuran adaptaciones de su trilogía policíaca iniciada en la dispar Mr. Mercedes (2018), una nueva miniserie de Eso (2017) y otra a partir de su serie de fantasía La torre oscura (2017). Se anuncian versiones de Historia de Lisey e incluso de novelas fallidas como El juego de Gerald. ¿Serán más cercanas The Green Mile o a Dreamcatcher? Me da miedo pensarlo.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 1 de junio del 2016

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319 – Reinvención y decadencia

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Desde hace tiempo es bastante común encontrarnos con series de TV cuya premisa y arco narrativo se extienden a lo largo de una o varias temporadas. Desde Lost hasta Breaking Bad, pasando por una docena de otras que vienen a la mente (24, The Killing, The Walking Dead, etc), el televidente, como un versado cliente de las telenovelas de otros países, no se sorprende en que la historia no concluya cada semana y que deba esperar semanas o meses para conocer su desenlace.

Hace veinte años no era nada común. Después de los éxitos indiscutibles de L.A. Law y Hill Street Blues, Steven Bochco tenía la suficiente credibilidad como para apostar por un experimento. Este se llamó Murder One y fue una de las primeras series en contar una sola historia, en este caso un juicio mayor de asesinato, a lo largo de 23 episodios.

Steven Bochco

Steven Bochco

Durante décadas ese tipo de serialización sólo se veía en “miniseries” dedicadas a la adaptación de alguna obra literaria (Roots, The Thornbirds), probablemente porque su estructura paralela al libro del que provenían era un argumento convincente para que los ejecutivos de la TV y el público televidente les tuviera consideración.

Ya en los años setenta y ochenta se consideraba que el espectador promedio era incapaz de mantener la atención en un programa de drama por una hora entera. Mientas las cadenas ponían todas sus canicas en sitcoms, fue Dick Wolf quien empezó la década de los noventa tratando de construir un policial compuesto de dos tramos de media hora. En la primera mitad del programa, un equipo de policías investigaba un crimen. En la segunda parte, el equipo de la fiscalía se las veía con el juicio. En alguna de sus encarnaciones, La ley y el orden sigue al aire veintiséis años después.

620-murder-one-benzali-tucci-phillips.imgcache.rev1344536793195Lo que proponía Bochco en Murder One era casi insólito, y aunque tuvo gran recepción con la crítica especializada, y una aceptación casi de culto con parte del público (incluido el People’s Choice Award en 1996 y siete nominaciones al Emmy y otros premios), lo cierto es que a la cadena no le convencieron sus números y para la segunda temporada se implementaron cambios radicales, incluyendo cambiar al protagonista y la migración hacia un formato episódico de casos semanales.

Es evidente que la primera temporada fue un semillero de talento. Aunque el protagónico, Daniel Benzali, sólo consiguió después papeles de soporte como villano; muchos de los protagonistas en roles de soporte se volvieron presencia común en el cine y la televisión de las siguientes décadas: Stanley Tucci, Dylan Baker, Patricia Clarkson, Mary McCormack y Anthony LaPaglia, por mencionar algunos.

El año pasado escribí en este espacio sobre el nuevo proyecto de Bochco: Murder in the First una serie de TNT que toma prestado algo más que el título de esta versión primigenia. La serie, que va en su tercera temporada, sigue a una pareja de detectives del departamento de homicidios de San Francisco mientras investigan un caso por diez episodios.

mitf-600x338_062320150236El protagónico corre a cargo de Taye Diggs y Kathleen Robertson, y en su primera temporada capturó todo el sabor del procedural de la vieja escuela. Sumando las virtudes de las creaciones de Bochco, el realismo en la camaradería profesional, tomarse su tiempo para desenvolver las capas de la historia y la inteligencia.

Después de esa nota alta, la segunda temporada es un poco decepcionante. Tal pareciera que Bochco buscó hacer una versión californiana del drama policial al estilo casi insuperable de The Wire. Enfocando la narración en participantes tanto de la ley, como abogados y criminales, y tratando de profundizar en sus personalidades y motivos.

En este caso, la historia mezcla una balacera estudiantil, un sindicato corrupto de policías, y la investigación de un capo pandillero de un barrio marginal vinculado con cárteles chinos y mexicanos. El tono, sin embargo, resulta un tanto acartonado, y el desarrollo de personajes navega más cerca del estereotipo que en la observación fina.

Murder-in-the-First-2.01La segunda temporada tiene aciertos e incluso momentos de intensidad eficaces, y aún así, no funciona del todo. Hay un elemento, sea estilístico o de dirección que proyecta una pátina de falsedad forzada en buena parte de los episodios. Detrás puede percibirse la intención de hacer algo más profundo o sólido, y aunque es bueno que la intención sea transparente, en la televisión la intención no es lo que cuenta.

Hace veinte años, los ajustes estructurales en la serie mataron (si me valen el guiño) a Murder One en lugar de salvarla. Tal pareciera que algunos ejecutivos televisivos siguen incapaces de entender que una de las cosas que genera culto y seguimiento en esta nueva edad de oro de la TV, es la consistencia. La idea, si quieren ingenua, de que nos sumergiremos a un mundo que temporalmente habitamos, y donde los tachones y correcciones apurados para “buscar más audiencia” casi nunca funcionan.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 25 de mayo del 2016

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318 – Nueve consejos cerebrales

mariapBrain Pickings es un blog creado por la escritora Maria Popova hace casi una década. Popova se propuso recopilar información que le parecía interesante sobre el mundo y lo que importa en éste. Lo que inició como una forma de satisfacer su propia curiosidad se ha vuelto un sitio imprescindible por su selección de material y porque es todavía un remanso de la publicidad online y los cookies que nos siguen hasta los sueños.

Su complejo y riquísimo blog depende exclusivamente de donativos, lo que crea una economía independiente al tráfico, los clicks y las impresiones generadas a través de anzuelos de contenido tramposo.

mariapopova_elizabethlippmanBrain Pickings sostiene que la única manera de tener acceso y sacar provecho de los mejores recursos de nuestra mente (conocimiento, información, inspiración) es a través de la creatividad y la combinación de ideas de todas las disciplinas. Su propuesta es recopilar esas piezas de información, arte, ciencia, psicología, diseño, filosofía, política o antropología, y ofrecer detonadores mentales.

Cuando el blog cumplió nueve años hace algunos meses, Popova decidió recopilar nueve consejos de las miles de horas de seleccionar material. Aunque en su post se leen y desarrollan mejor de lo posible en este espacio, sirvan acaso como degustación de ideas que visitar antes de darse una vuelta por el último escándalo de Buzzfeed.

keats-mini1. Permítete el lujo incómodo de cambiar de opinión. El chiste es cultivar la “capacidad negativa”, cuyo origen se remonta a una carta que John Keats le dirigió a sus hermanos en 1817 y se refiere a la disposición por abrazar la incertidumbre, vivir el misterio y hacer las paces con la ambigüedad.

En una cultura donde es casi obligado tener una opinión sobre todo, esas opiniones se construyen, las más de las veces, con impresiones superficiales, a bote pronto,  repitiendo lo que dicen otros cual mantra de me gustas y retuits. Y esas opiniones terminan construyendo nuestra realidad del mundo. Casi nadie se atreve a decir “no sé”, argumenta Popova y es preferible entender, que tener la razón.

Daniel-Dennett12. No hagas nada solamente por prestigio, estatus o dinero. De acuerdo al filósofo Dan Dennett, el secreto de la felicidad está en “encontrar algo más importante que tú y dedicar la vida a ello”. En 2006 Paul Graham escribió “Cómo hacer lo que amas”, un artículo inspirador de donde Popova rescata: “Lo que no debes hacer es preocuparte por la opinión de nadie más allá de tus amigos. No te preocupes por el prestigio. El prestigio es la opinión del resto del mundo”. En el fondo de este consejo hay una máxima inquietante: “hay cosas que dan recompensas más profundas”.

3. Sé generoso. Con tu tiempo, tus recursos, dando crédito y con tus palabras. Es más fácil criticar que celebrar.

Maya Angelou. 'She was special, she was rare.'4. Construye remansos de quietud en tu vida… Medita. Camina. Deambula sin destino concreto. Hay un propósito creativo en aburrirse. Las mejores ideas llegan cuando dejamos de presionar a la musa. Sin silencio, no hay procesos inconscientes y el flujo del proceso creativo se rompe. …y duerme. Dormir es más que el mayor afrodisíaco creativo. Dormir poco no es un ejemplo de ética laboral: es un error en nuestras prioridades.

5. Cuando la gente te diga quiénes son, créeles dijo Maya Angelou. Popova completa: cuando te digan quién eres, no les creas. Eres el guardián de tu propia integridad. Lo que otros asuman de ti y lo que piensas dice mucho de ellos pero nada sobre ti.

anniedillard6. La presencia es un arte más importante que la productividad. En una cultura que mide el valor de los seres humanos por su eficiencia y sus ingresos, las cosas que hacen que la vida valga la pena a veces se pierden. Ya lo dijo Annie Dillard: “Así como pasamos nuestros días, pasamos nuestras vidas”.

7. Cualquier cosa que valga la pena toma tiempo. En el mundo de la impaciencia y lo inmediato, los mitos del éxito instantáneo (sólo agregue agua), son sólo eso. Popova hace un voto por revisar la definición de éxito. Si nos interesa sólo el resultado, es fácil olvidarse del camino, y el camino es el viaje.

"Patti with Bolex-1, 1969"8. Busca lo que magnifique tu espíritu. La frase viene de Patti Smith, que discutiendo sus influencias creativas habló de los artistas que “magnificaban su espíritu”. ¿Quiénes son las personas, ideas y libros que magnifican tu espíritu? Búscalas, abrázalas y visítalas con frecuencia.

9. No tengas miedo de ser idealista. La sociedad contemporánea parece convencida que el camino al éxito está en satisfacer las necesidades existentes. Es el credo y excusa de los medios de comunicación y los políticos populistas: dar lo que el público pide. Pero lo que damos genera su propia demanda. Si queremos aumentar la demanda de lo sustantivo por encima de lo superficial, es importante tenerlo presente, donde quiera que estemos y sea cual sea el rol social que juguemos.

Que estos consejos no den una idea equivocada, Brain Pickings no es una colección de frases inspiradoras recicladas de manuales de autoayuda. Es un blog recomendable para  poner como página de inicio en tu navegador preferido; si acaso como puerto de partida y destino antes de emprender el viaje por el mar de la información y la banalidad.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente, del miércoles 18 de mayo del 2016

317 – Apenas cumplen

En el ciclo televisivo todas las series llegan a su final. Para algunas, la cancelación intempestiva, para otras dejar la suerte de sus protagonistas en vilo. Algunas viven la ambivalencia de tener que combinar el cierre temporal con la posibilidad de que sea definitivo. Lo cierto es que en los tiempos entre el final de abril/mayo y las nuevas temporadas de otoño, los canales necesitan programar algo más que capítulos repetidos. Dos de esas propuestas son:

The Catch

the-catch-abc-new-shonda-rhimes-show-pngLa idea no es mala. Una agencia de detectives de lujo en Los Ángeles dirigida por dos mujeres. Una de ellas, Alice (Mireille Enos) está comprometida con un hombre exitoso, Benjamin (Peter Krause) y tiene una vida aparentemente envidiable en el ramo de la seguridad empresarial (o algo así) para museos y dignatarios extranjeros.

El concepto tuvo su origen en la mente de la brillante escritora británica Kate Atkinson, y ésta aún recibe una mención en los créditos iniciales. Su personaje original era una actuaria especializado en contabilidad forense. El equipo de Shonda Rhimes (Scandal, Grey’s Anatomy) se encargó de reescribir la idea y añadirle romance y glamour, desarrollándola como una serie mid season para cubrir el horario de descanso de How to get away with murder.

Dos minutos dentro del piloto, nos enteramos que Benjamin es en realidad un estafador que buscaban hacerse con los millones de Alice y sus clientes. Alice queda devastada y decide vengarse. La serie pretende sostenerse entre el seguimiento de casos semanales de clientes del despacho de Alice, y las víctimas que Benjamín busca para pagar su deuda con un sindicato del crimen. Mientras eso sucede, Alice caza a Benjamín y él busca seducirla de nuevo.

160212-news-thecatchLa premisa busca combinar dos gramos de screwball comedy con misterio y algo de erotismo en escenarios de lujo. Y podría funcionar si no fuera víctima de un elenco fallido. Para que Alice sea creíble como personaje, debe ser una mujer fuerte, sexi, inteligente y atractiva. Enos es buena actriz (quien lo dude que eche un vistazo a The Killing), pero su Alice no se ve fuerte, ni sexi, ni atractiva. La actriz padece sobremaquillaje y sus movimientos seductores, desde como camina hasta sus muecas, rayan en la farsa.

Krause es el otro problema. Benjamin es una especie de versión diluida del Frank Abagnale Jr. encarnado por Leo DiCaprio en Atrápame si puedes (Spielberg). Un cínico carismático, capaz de quitarte el reloj mientras te consuela en el funeral de tu madre. Krause no es la mitad de carismático, ni capaz de proyectar la ambivalencia moral del estafador profesional: Esa que nos lleva como espectadores a querer que lo atrapen y que se salga con la suya al mismo tiempo.

El argumento de la serie no es malo, es hasta entretenido, pero todo el tiempo nos deja la sensación que estamos viendo a los actores simular que están actuando, y eso rompe cualquier hechizo de credibilidad, un ingrediente indispensable.

Mad Dogs

960Esta miniserie fue uno de los lanzamientos de Amazon a inicios de año, y ahora será retomada por AMC en la tele satelital. El piloto es eficaz. Americanización de una serie británica con argumento similar (pero transcurría en Mallorca). Cuatro viejos amigos que hace tiempo no se ven, viajan a Belice a pasar unos días con su viejo amigo Milo (Billy Zane), el quinto del grupo, quien se ha vuelto una especie de magnate de los bienes raíces y está a punto de retirarse.

La casa de Milo es una sucursal del paraíso, y Joel (Ben Chaplin), Lex (Michael Imperioli), Gus (Romany Malco) y Cobi (Steve Zahn), están pasando un día maravilloso cuando Milo empieza a actuar de forma extraña. Una cena llena de emociones culmina con un cruel e inquietante asesinato. Pronto los amigos se ven envueltos en una maraña que incluye traficantes de drogas, armas, la CIA, policías locales corruptos y un enano asesino con una máscara perturbadora.

9261c5b64f0c49a7c9ba4bd326fbd76aEl soporte de la trama es que detrás de toda entrañable amistad hay resentimiento, envidias, vidas fracasadas y aunque la única manera en que el grupo sea capaz de sobrevivir es trabajando juntos, las limitaciones y egoísmo individual lo impiden. Es una visión desencantada de la humanidad, pero da para muchos momentos dramáticos.

Cada vez que parece resolverse el tema se irá complicando con todo tipo de situaciones que juegan marginalmente con una docena estereotipos del turista gringo en el tercer mundo. Los cuatro amigos son personajes complejos y profundamente desagradables, lo que complica identificarse con ellos y que nos preocupe su destino, sin embargo, hay que decir que los valores de producción de la serie son elevados y que tiene momentos casi memorables.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 11 de mayo del 2016

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316 – ¿Cuánto cuesta tu atención?

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¿Alguna vez te has preguntado por qué internet está lleno de encabezados escandalosos que buscan un click? ¿Por qué la calidad del contenido en línea disminuye conforme hay más contenido disponible?

Cada minuto se producen 72 horas de videos, 204 millones de correos electrónicos, y 277,00 tuits (por mencionar sólo tres de tipos de contenido disponibles). Cada uno de ellos, cada foto, cada post compartido en Facebook por tu prima, cada canción en streaming, lo que quiere es tu atención.

article-2381188-1B100DFB000005DC-78_634x446La atención es el recurso no renovable más codiciado del planeta, y los medios digitales parecen apenas darse cuenta de ello.

Cuando los medios empezaron a dar el salto a los contenidos digitales, se llevaron la unidad de medida que definiría por las siguientes dos décadas cómo se valora la publicidad y se financian los negocios digitales: la impresión.

No me refiero, por supuesto, a la impresión en papel, sino a la que se genera cuando una pantalla despliega un anuncio (y supuestamente el usuario lo ve). Eso es una impresión. La unidad tiene su origen en los medios tradicionales donde se vende publicidad basada en circulación o ratings.

Yahoo definió que la publicidad en internet se comercializaría así: $20 dólares por millar de impresiones (CPM). Conforme el contenido en internet aumentó, y las opciones para desplegar anuncios  se volvieron casi infinitas, el CPM cayó hasta $2. Y aún así, es la razón por la que los negocios digitales están fracasando.

9-online-adsUn estudio de comScore señala que en 2015, nada más en EEUU, el 45% de toda la publicidad que se vendía en forma digital, ni siquiera estaba en sitios donde fuera posible verla (anuncios pequeños, ocultos o que pasaban demasiado rápido por la pantalla).

Max Willens comparte buena parte de esta información en un artículo interesante y recomendable, publicado hace unos días en International Business Times y más tarde repetido por otras plataformas. Su argumento central es que la tiranía de la impresión está quebrando los negocios digitales y debe darse un cambio radical si estos desean sobrevivir.

Veamos por qué: Hasta hoy, lo único que tiene que hacer un productor de contenido digital es provocarnos a dar un click. Con abrir una página, con el contenido que sea, se despliega su publicidad. Cuando estos anuncios se despliegan en un 50% y duran un segundo en pantalla, se considera que cumplieron una impresión. No importa si los vimos o nos interesaron, con aparecer generan facturación publicitaria.

Modern business conceptEsto implica dos problemas. Primero, que estas empresas harán lo que sea para que demos click a sus ligas: encabezados escandalosos, revelaciones insólitas, recetas deliciosas y fáciles, gatitos simpáticos o selfies provocadoras. Si damos click, ellos cobran.

El segundo problema es que todo el contenido vale igual para efectos de CPM. Un reportaje que requiere meses de investigación puede generar igual o menos impresiones que el último video de lady100pesos. Y si generar contenido original y de calidad no es redituable, entonces, ¿para qué pagar por él? ¿Por qué no hacer más y más páginas llenas de impresiones a ser cobradas?

The Huffington Post se volvió un imperio con 1200 páginas diarias generadas por staff que empezó con un ejército de colaboradores gratuitos. Buzzfeed creó otro monstruo dedicando el grueso de sus recursos a generar tráfico en redes sociales y sólo una pequeña parte a la producción de contenidos, muchos de los cuales son ahora infomerciales.

bot-clicker_featuredY todo parecía ir bien, excepto que a nadie le sirve pagar por publicidad que no genera resultados y tarde o temprano el cliente se pregunta si esas miles de impresiones le trajeron clientes. El valor de Yahoo se derrumbó, y la misma Buzzfeed sufre para cumplir sus objetivos financieros. Peor aún cuando un estudio reciente demostró que la mayoría de los “espectadores” la una campaña reciente de Mercedes Benz, fueron programas automatizados y no personas “reales”.

De acuerdo a Willens, empresas españolas y el Financial Times están proponiendo una nueva medida para valorar la publicidad online: el tiempo. Argumentando que no basta que el internauta vea de reojo tu publicidad, sino que se detenga un rato en la página donde está desplegada (o interactúe con ella). Ese tiempo, tu atención, es limitado y como medida lleva implícito a apostar por calidad en lugar de cantidad.

Las primeras empresas en transitar a esta medida están encontrando resultados. Habrá que ver si son capaces de definir reglas y unidades de medición facturables para cambiar el paradigma de una industria decadente. La idea de atrapar nuestra atención con contenido en lugar de estratagemas es muy prometedora.

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Para El Economista Arte Ideas y Gente del miércoles 4 de mayo del 2016

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315 – La línea en la arena de P.J. Harvey

PJ-Harvey-The-Hope-Six-Demolition-ProjectEs muy probable que hace cinco años P.J. Harvey haya alcanzado la cima de su todavía joven carrera musical. Después de ensayar estilos, géneros y colaboraciones, encontró con Let England Shake una recepción casi unánime. Ganó el premio Mercury al mejor álbum del Reino Unido, estuvo en los primeros lugares de las listas de la crítica especializada y recibió la Orden del Imperio Británico.

El disco recreaba la experiencia sanguinaria de las trincheras de la primera guerra mundial, con un tono irónico que contrastaba los horrores de la guerra con su conversión en leyendas de honor y patriotismo.

Harvey debe haberse enfrentado al viejo dilema de los artistas que deben seguir adelante después de una obra maestra. ¿Qué presentar a continuación? Si exceptuamos a esos creadores que todo el tiempo están trabajando y ya van avanzados en su siguiente proyecto cuando el anterior apenas está alcanzando la etapa de publicación, cualquier creador que se tomó una pausa y enfrenta la página en blanco después de un gran éxito, se hace de alguna manera la pregunta. El éxito elevó las expectativas. Todo lo que haga a continuación será comparado con lo anterior.

1401x788-PJ-Harvey-'The-Wheel'-VideoHarvey se decidió un enfoque más ambicioso. Sumó a su compañero de trabajo Seamus Murphy y emprendió una serie de viajes por territorios en guerra, afectados por la guerra, o donde se toman las decisiones bélicas. Viajó por Kosovo, Afganistán y Washington. Murphy tomó fotos y preparó una película. Harvey se documentó y escribió poemas y canciones.

La primera entrega de este trabajo fue el libro El hueco de la mano (Sexto Piso), del que hablé en este espacio en noviembre pasado. Un libro que recopilaba los poemas y canciones de Harvey con fotografías de Seamus. La segunda, es el esperado álbum de Harvey: The Hope Six Demolition Project.

Durante semanas, Harvey grabó el disco en London Somerset House, en un estudio separado de la calle por un vidrio, a la vista del público, cual mago que se sube las mangas mostrando que no tiene trucos ocultos.

6c992190dfd7d9ff42b204be2e95a868.1000x667x1Al leer el libro sin la referencia musical, el efecto es muy distinto al que produce escuchar la voz aguda y sublime de Harvey trasegando sus historias. Algunos críticos han dicho que el disco se percibe como si fuera una serie de despachos periodísticos desde el frente. Si las imágenes de Murphy en el libro se percibían como fotoperiodismo, esta versión casi asegura que Harvey inventó el género del fonoperiodismo, cantando desde el frente sus reportes. Excepto que algún historiador podría apuntar a los juglares y una tradición medieval para transmitir noticias de tierras lejanas a través de la música.

Lo cierto es que Harvey ha puesto en un brete a más de un crítico musical, que con esta entrega se ve obligado a apuntar si las ideas e imágenes de las canciones dan en el blanco o fallan en su intención. El disco de Harvey lleva el pecado de “tener mensaje”, de tomar una posición política. Como si al mirar las trincheras de la primera guerra mundial, la cantante ya no hubiera sido capaz de quitar los ojos de la injusticia del mundo.

En ese sentido, su disco es un trabajo complementario (en estilo y tema) al previo. Aunque cuando la ironía se enfoca en temas actuales, pierde un poco de la fuerza que conseguía confrontando las “verdades históricas” del imperio británico. Aún así es memorable, y tiene momentos espléndidos.

PJHarvey0116Harvey ensaya nuevamente un repaso de géneros, pasando del rock al blues, un guiño de jazz, los mantras y las repeticiones corales, junto a grabaciones en vivo y otros recursos estilísticos que hacen que sus arreglos sean complejos y difíciles de clasificar.

En A line in the sand, Harvey relata las desventuras de un voluntario humanitario: “We got things wrong, but I believe we did some good(Fallamos en algunas cosas, pero creo que ayudamos un poco). La frase le queda como anillo al dedo a The Hope Six Demolition Project. Si el arte con mensaje bordea peligrosamente cerca de ser clasificado como propaganda, es una línea en la arena que Harvey cruza sin problemas, porque su única ideología es señalar la injusticia y el dolor, y porque no se siente dueña de las soluciones del mundo, al contrario. En sus mejores momentos su música nos señala precisamente los matices y complejidad que implica intentar corregir la injusticia.

Descargar: The ministry of defence, The Wheel, y Dollar, Dollar.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 27 de abril del 2016