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409 – Para escuchar: B.R.M.C.

La banda conocida hoy como Black Rebel Motorcycle Club empezó con una amistad preparatoriana en San Francisco entre Robert Levon Been y Peter Hayes.

En su primera encarnación se llamaron The Elements, pero el nombre fue abandonado por su poca originalidad (muchas bandas se llamaban así a finales de los noventa). Su nuevo nombre surgió de la pandilla de motociclistas liderada por Marlon Brando en la cinta El salvaje.

Después de un demo prometedor que despertó el interés a ambos lados del océano, y algunas giras como abridores, la banda lanzó su álbum debut en 2001: B.R.M.C.

Dos años después apareció Take them on, on your own, que escaló las listas de ventas y los llevó a un nuevo contrato con RCA.

2005 vio Howl, un disco acústico magnífico con influencias de la literatura beat y eso que suele etiquetarse como Americana, pero que con ellos era una combinación de blues, rockabilly, sonidos en vivo y coros gospel.

Para la primera década del nuevo siglo, la banda había cambiado de estilo y género varias veces. Con su nueva baterista (Leah Shapiro) exploraron el género electrónico y de sonidos ambientales en The Effects of 333, un lanzamiento independiente sin disquera que significó gran fracaso económico y de crítica.

La siguiente reinvención, el espléndido Beat the Devil’s Tattoo de 2010, mostró que la banda finalmente encontraba un sonido y estilo propios.

Los siguientes años fueron de giras, antes de Specter At the Feast su séptimo álbum al que siguió Live in Paris que capturó su gira europea de 2014.

El 18 de enero pasado salió a la luz Wrong Creatures, producido por Nick Launay (productor de Yeah Yeah Yeahs y Arcade Fire), del que ya habían lanzado dos singles.

Wrong Creatures suma a su estilo que hoy ya es bastante complejo (influencias de blues, gospel, americana y garage rock), con exploraciones progresivas.

Muchas veces se ha señalado que su música y su inspiración, surge de la pérdida y el dolor. Que Beat the Devil’s Tattoo salió días antes del ataque al corazón y fallecimiento de Michael Been, padre de Robert e ingeniero sonoro de la banda.

Specter at the feast fue un disco sombrío que flotaba en una atmósfera de duelo. Para 2014 Shapiro, la baterista, sufrió una cirugía mayor del cerebro para atender un problema neurológico.

Wrong Creatures, su primer disco en un lustro, es en ese sentido, un retrato de la crisis espiritual de una banda que ha visto tiempos difíciles y ha encontrado el camino de salida.

Hay una recapitulación de todos los sonidos de la banda. “Spook”, alegre y burlona “It’s another song / then it’s gone”. La rítmica “King of Bones” que barrunta “No quiero desperdiciar mi vida mientras la suerte cambia”. Y entonces vienen las dos maravillas que pondrán a este disco inequívocamente entre la mejor música del 2018: “Haunt” y “Echo”.

Dead flag, ship of fools you command / I’m trying not to wither away / And I’m wondering if I’ll feel the grace / I’m trying to unlove this world / But it has no other place / I just keep playing that empty hand / Nothing I can cheat

Bandera muerta, comandas un barco de idiotas / Trató de no marchitarme / Y me pregunto si sentiré la gracia / Estoy tratando de dejar de amar este mundo / Pero no tiene otro sitio / Sigo jugando la mano vacía / Nada en que hacer trampa

La banda encuentra su mejor forma en años, conectando con su origen post-punk y exploraciones sonoras que parecerían recordar por momentos a Pink Floyd, pero sólo porque flotan cual neblina nocturna, como si les hubiera sido posible capturar una inspirada sesión de improvisación.

Imposible saber si en “Echo”, ese himno sublime de influencias tan tangibles como elusivas (algunos dicen que U2, a mí me suena más Echo and The Bunnymen) hay una referencia a la caverna platónica o una continuación de esa conversación que Hayes dijo tener con la muerte.

“Me encuentro escribiendo mucho sobre la muerte”, escribió sobre Wrong Creatures, “tengo una discusión con la muerte lo que suena oscuro, pero para mí es humor negro”.

I don’t want to run / I don’t want to hide / All I’ve ever known echoes why / Listen to the world / Listen to the ground / I just wanna fade under the sound.

No quiero correr / no quiero esconderme / Todo lo que he sabido resuena por qué / Escucha el mundo / Escucha el suelo / Yo solo quiero desaparecer bajo el sonido.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 21 de febrero del 2018

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408 – El gramófono irrelevante

Seamos honestos, cuándo fue la última vez que compraste un disco o lo descargaste o añadiste a tu playlist de Spotify porque ganó un Grammy. Los premios de la academia de grabaciones son los trofeos menos valiosos (aún menos que los Golden Globes o los People Choice Awards), y sin embargo, cada año, despiertan pasiones, miradas aviesas y declaraciones irritadas entre los músicos.

La categoría Record of the year (grabación del año, que se da al artista y productor) puso frente a frente, al monstruo creado por YouTube y las redes sociales (el Despacito de Fonsi), a tres grandes del R&B: JayZ, Childish Gambino y Kendrick Lamar, y a otro músico R&B en su cara cercana al pop: el 25K Magic de Bruno Mars. La academia escogió esas cinco entre los miles de canciones grabadas durante el 2017 (primer tema para pensar).

No sorprende que el ganador de la noche haya sido Bruno Mars (aunque se etiquete de sorpresa). Tampoco que haya provocado erupciones airadas en otros músicos y redes sociales. Uno de los más certeros fue el sitio humorístico The Onion que apuntó: “Bruno Mars se lleva el codiciado premio al artista menos riesgoso”.

Muchos se preguntaron. ¿Esta es la música que representa el 2017? El mayor éxito de Mars en 24k Magic habla de chicas ardientes despertando el cohete en sus pantalones. Su ganadora como canción del año celebra “hacer el amor en alto estilo”. Mars tiene años en esa zona: su música es facilona, pegajosa, sobreproducida y bien ejecutada, pero fundamentalmente derivativa.

Artistas de mayor vanguardia, como Lamar, pueden haber sido los favoritos de los críticos, pero su estilo agresivo y contestatario apasiona tanto como enfría: entropía pura. Por otro lado, Puerto Rico y Fonsi ya habían mandado hacer el estante para lucir sus gramófonos de plata. Iba a ser el primer premio en la categoría principal para una canción en español desde 1959. Despacito es la canción más descargada y el video más visto de la historia (hasta hoy). ¿Eso importa para ganar? (segundo tema para pensar).

Es claro que los votantes no eligen pensando en qué canción representará el año, que tampoco eligen a la más provocativa, arriesgada, innovadora o al mejor talento. ¿Qué votan entonces?

Este año causó polémica por una segunda razón. Así como los premios Oscar fueron vituperados por tener puros contendientes de raza blanca hace unos años, los Grammy se metieron en problemas… con las mujeres.

Durante la transmisión de la ceremonia, sólo Alessia Cara recibió un premio como Mejor Nuevo Artista. En los últimos seis años, se han nominado a 899 personas (reporta The New York Times), y sólo el 9% son mujeres.

Un tema al que no ayudó el presidente de la academia, Neil Portnow, quien declaró: “Las mujeres tienen que ponerse las pilas, porque yo creo que serían bienvenidas”. Una declaración aparentemente sostenida en un dato estadístico: De acuerdo a la USC (Universidad del Sur de California), sólo el 12% de los compositores y el 2% de los productores de las 600 canciones más importantes de los últimos cinco años son mujeres.

Por supuesto, las cifras no explican si el fenómeno es porque las mujeres “no se ponen las pilas” creativamente, como aludió Portnow, o si se debe a una discriminación sistemática de un medio cerrado (tercer tema para pensar).

Un artículo muy interesante de Kaitlyn Tiffany en The Verge, cita estos datos y se cuestiona si los hombres escriben el 88% de la música popular “porque sólo ellos participan en la experiencia humana y la saben traducir para conseguir resonancia trascendente”. Una pregunta que busca ahondar más allá de la evidente ironía.

Lo cierto es que todos los nominados a disco del año (album of the year) fueron invitados a presentar un número en el escenario excepto Lorde (que por lo visto no se puso las pilas). Para el productor del show no había problema en llenar la cartelera con otros números.

¿Podrá la Academia de grabaciones sacudirse esa imagen de macho discriminador que favorece la música blanda y comercial? Quizá haga falta una conversación entre Neil Portnow y Cheryl Boone Issacs de la Academia de Hollywood.

Portnow podría, por lo menos, tomar algunas notas sobre como cambiar la imagen institucional para parecer más incluyente. Es claro que cualquier cambio real tendría que darse en la industria entera, no vía la corrección política, las cuotas o la cacería de brujas al estilo #metoo. Pero bien podría comenzar con instituciones que deciden sacudir inercias y poner el ejemplo.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 14 de febrero del 2018

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407 – Lecciones del Súper Domingo

“La historia la escriben los vencedores”, dice la cita de Winston Churchill devenida en filosofía política (y mediática) por generaciones posteriores. Debatida y polémica, la frase implica que los “vencedores” tienen el poder para dar forma a las narrativas históricas, sea a través de los libros de texto, la iconografía pública, y cualquier cantidad de propaganda. Una estrategia que nace desde una perspectiva de perpetuación del status quo desde el poder.

Aún si vemos la justa deportiva como una derivación evolucionada de la guerra, la narrativa sigue siendo de vencedores y vencidos, de triunfo/éxito contra fracaso/decadencia. Los similes entre el enfrentamiento bélico y el deportivo no se detienen en el vocabulario, ni en la relación de dominio entre vencedor y vencido, también se extienden fuera del campo de juego.

La idea del deporte como una actividad lúdica, se acaba cuando florece la competencia y sus recompensas. La parte recreativa y divertida del juego, donde lo importante es competir y participar, puede ser suficiente para algunos. Pero cuando la filosofía del deporte se sustenta en “ganar no es lo importante…es lo único”; y la frase la dijo un entrenador legendario, cuyo nombre lleva el trofeo máximo, las expectativas son muy distintas.

Quien conoce el futbol americano sabe que hay equipos para los que sólo vale el triunfo final, son aquellos que se rigen bajo la exigencia del “Superbowl or bust“. En los demás hay un pragmatismo reconfortante, postura familiar para quienes siguen el futbol mexicano: lo importante es calificar.

Siguen aquellos que se conforman con tener un record ganador, y al final de la lista, las expectativas se invierten cual espejo: por lo menos ganar un partido y abrazar la posibilidad de quedar en los últimos y desde ahí la esperanza en el futuro, aunque sea una apuesta incierta (la selección colegial del año siguiente).

En una cultura como la estadounidense que celebra el éxito por encima de cualquier otro valor, los pedestales mediáticos son tan efímeros como veleidosos: las definiciones y los ídolos transitan del mármol al barro de una semana a otra.

Venga a ejemplo el juego del pasado domingo entre los Patriots de Nueva Inglaterra y las Águilas de Filadelfia. Una de las franquicias más exitosas del milenio enfrentada a una de las legendarias perdedoras. Una que a diferencia de Cleveland (otro legendario punch line del humor deportivo), sí había tenido oportunidades pero había fracasado por razones que sus ardientes seguidores atribuían al aciago destino.

Un día antes del evento, Nueva Inglaterra, comandada por el GOAT (Greatest of All-Time) Tom Brady, era la favorita. Durante el último año, gracias a su triunfo épico en el Superbowl LI, el consenso mediático era uno: Brady era el mejor que jamás había jugado, su entrenador: Bill Belichick, un genio y el mejor coach en haber pisado la grama. La narrativa apunta la inevitabilidad de su victoria.

Y entonces aparece ese juego del domingo, un partido donde las defensivas no se presentaron, y los equipos de ataque rompieron las marcas previas del deporte, no sólo para un juego de campeonato, sino para cualquier partido. Filadelfia consigue la victoria, gracias a una estrategia agresiva y una ejecución casi impecable, y los Patriots se quedan a segundos de repetir el milagro.

Y entonces, en un suspiro, la narrativa cambia. Ya no es la historia que celebra la filosofía ganadora y la inevitabilidad de la victoria de los más fuertes porque son los mejores, sino la historia del triunfo de los desvalidos. La saga de Nick Foles, el quarterback suplente cuyos entrenadores fueron también suplentes, que surge de la oscuridad subestimada de la banca para dar el partido de su vida y ganarle al más poderoso. Casi podemos imaginar a Foles con su resortera, mientras el Goliath con el número 12 se derrumba frente a la multitud de Minnesota.

El cambio en la narrativa es tal, que minutos después los medios mencionan que Brady es el mayor perdedor (más Superbowls perdidos) No importa que haya ganado 5 ó que haya estado en 8, algo que nadie ha conseguido. Que Belichick encabeza la lista de entrenadores con más derrotas y su franquicia comparte el mismo penoso primer sitio entre los equipos que han perdido en más ocasiones el trofeo Lombardi.

Brady tuvo el mejor juego de su carrera estadísticamente, una actuación casi irreprochable a una edad insólita, y sin embargo, fue el derrotado. Más de un comentarista aventuró necesario cuestionar la inmanencia de su pedestal. Belichick pasó de ser un genio, a ser un entrenador caprichoso. La nueva narrativa tiene roles distintos.

Filadelfia es el equipo “milagro”, ese que se sobrepone a la adversidad. El papel de “underdog” que tanto abrazaron Chris Long y Lane Johnson usando máscaras caninas después vencer a Atlanta, va perfecto con el equipo: es el arquetipo detrás de Rocky (una de las películas icónicas de la ciudad).

En cada jugador aparece una historia, emotiva y dolorosa, que los motivó a lograr lo imposible, inclinando la balanza caprichosa. No es la narrativa en la que gana el mejor, ni aquella del dominio total (esa aburre al público); es la favorita de todos: la narrativa del débil que subestimado, prueba su valía a la hora de la verdad. Los ganadores se llevan el trofeo a casa, y en un giro irónico, son sus felices seguidores quienes saquean la ciudad.

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 7 de febrero del 2018

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406 – Pueblo chico, infierno grande

El escenario es paradisíaco. El tipo de lugar al que sueñan escaparse quienes disfrutan ir de camping. El poblado de Little Big Bear en la región montañesa de Alberta (cerca de Calgary), las faldas de las rocallosas en Canadá.

Excepto que es una zona con una larga historia de conflictos con la reservación indígena, una refinería petrolera que recién abrió y trajo todo tipo de tráfico, incluidas bandas de motociclistas y ex criminales.

Little Big Bear es un sitio ficticio, por supuesto. Es el escenario de Tin Star una serie original de Amazon estelarizada por Tim Roth. Un policial a medio camino entre el noir, el western y el thriller político. Un pequeño poblado como una olla de presión, ha sido uno de los escenarios favoritos de la literatura, el cine y la televisión noir, desde Fargo hasta Twin Peaks.

La serie fue filmada en el bellísimo poblado de High River, con una población de poco más de trece mil habitantes, en una región que ha sido repetidamente favorecida por producciones de Hollywood (desde Fargo hasta Interestelar de Christopher Nolan fueron rodadas ahí).

Y aunque la locación, el aislamiento, la naturaleza y el clima recuerden estas magníficas predecesoras (y vienen a la mente de paso, la espléndida Ozark…y Happy Valley y la islandesa Atrapados) la historia de Tin Star, es muy distinta, y es enteramente canadiense.

Roth es Jim Worth, el nuevo jefe de policía del pueblo, un ex policía británico que más que un ascenso, parece haberse mudado a Canadá con su mujer y dos hijos, huyendo de alguna situación terrible en Inglaterra.

Worth es un alcohólico con dos años de sobriedad, es afectuoso con su familia y no parece demasiado interesado en las exigencias de la labor policial. Hasta que la refinería abre sus puertas y alguien aparece muerto, y debe vérselas con Elizabeth Bradshaw (Christina Hendricks), jefa de la maquinaria de relaciones públicas de la compañía petrolera y su siniestro jefe de seguridad Louis Gagnon (Christopher Heyerdahl).

La serie fue escrita por Rowan Joffe (hijo del director de La misión), y autor de los excelentes guiones  de 28 Days Later de Danny Boyle y The American de Anton Corbijn. Joffe hace honor a sus credenciales, con un guión que transita por las rutas previsibles del género para después escapar por caminos ocultos en la maleza.

En ese sentido, cualquier policial con un protagonista ex alcohólico, sabemos que tarde o temprano pasará por alguna cantina. Cualquier thriller sobre una corporación que promete progreso, sabemos que pasará por una conspiración para encubrir algo turbio. Cualquier historia noir sobre una familia perfecta, sabemos que descubrirá lo que se oculta detrás de las cortinas. Cualquier historia de suspenso en un lugar idílico, transita hasta descubrir la podredumbre y los secretos bajo la superficie aparente. Cualquier saga de venganza, termina cavando dos tumbas (o más). Y Joffe sabe todo eso.

La historia juega tanto con las apariencias como con nuestras expectativas, con revelaciones sorpresivas y con giros dramáticos insólitos. Pequeños juegos de humor retorcido, flashbacks, estructuras circulares, y una cuidada mesura para revelar los secretos detrás de cada gesto.

Una de las grandes virtudes de Tin Star además de dejar de lado cualquier idea de corrección política, está en su elenco, no sólo Roth. También Genevieve O’Reilly (que ha aparecido desde en Rogue One como en Matrix) es su mujer Angela, Abigail Lawrie como su hija adolescente y Oliver Coopersmith como el siniestro y conflictuado Whitey. Todo el elenco fluye en el mismo tenor, lo aparente y lo subterráneo, la calma y el dolor, la paz y la violencia que se oculta debajo.

Es un discurso bastante sofisticado para un western, aún para uno moderno. También es uno que espera y gratifica a un espectador maduro tanto como al ocasional, con distintas lecturas para quien busca sólo entretenimiento o quien quiere ahondar un poco más en el abismo.

La sección de créditos inicia con una estrella de sheriff que parece estar oxidada, pero ojo: lo que vemos no es óxido. Tin Star es una de esas series que se necesitan ver de un tirón en uno de estos fines de semana helados de enero, un ejemplo más del esfuerzo, presupuesto y talento que Amazon Studios ha puesto detrás de sus producciones recientes.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 31 de enero del 2018

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405 – Oscars 2018 – Intentando hacer historia

Primero lo primero: Guillermo del Toro tiene su primera nominación al Oscar como director. Su película La forma del agua pinta como favorita en la entrega #90 de premios de la Academia de Hollywood. La lista de nominados que se anunció esta mañana incluyen, como suele suceder, tantas sorpresas como ausencias polémicas, pero en general (y esto no solemos decirlo): la Academia lo hizo bien.

Ha sido un año tormentoso para Hollywood. La industria del cine se vio sacudida por el caso Weinstein y el #MeToo más que ninguna otra. Pero eso no es nada nuevo para una Academia que tiene años bajo la lupa policial de la corrección política. Su estrategia de décadas que alternaba un conservadurismo escandaloso con intentos grandilocuentes a la apertura, vio sus notas más bajas con los #oscarsowhite de 2015 y 2016, años en que todos los nominados en categorías relevantes eran de raza blanca. A estos, siguieron ceremonias donde se buscaba un viraje de compensación racial tan poco sutil como ineficaz en su hipocresía.

En 2017, ante la amenaza neoconservadora del gobierno de Trump, la Academia pintó una raya muy clara. El triunfo sorpresivo de Moonlight, apenas atemperado por la torpeza con que se entregó, significaron una toma de postura, una que afortunadamente continúa este año.

Get out de Jordan Peele, una película que pasó de noche por nuestra cartelera, recibió cuatro importantes nominaciones. Entre ellas, tres históricas: Peele es el primer afroamericano en ser nominado como mejor director, guionista y productor en un mismo año. Todo por una cinta polémica que venía a ser una suerte de reverso actualizado y ácido de aquel clásico de Stanley Kramer de 1967 ¿Adivina quién viene a cenar?.

Los problemas de equidad no sólo son raciales, sino de género. Mientras Meryl Streep recibe su histórica nominación 21, Octavia Spencer hace también historia al ser la primera afroamericana en ser nominada tres veces! Denzel Washington, por su parte, se apunta el récord para actores de raza negra con su octava nominación.

Celebramos la primera mujer en ser nominada por cinematografía (Rachel Morrison por la cinta de Netflix Mudbound). Al tercer actor más joven en ser nominado (Timothée Chalamet por Llámame por tu nombre) y al actor de mayor edad en tener también una mención (Christopher Plummer por Todo el dinero del mundo de Ridley Scott: el papel que se volvió a filmar cuando Kevin Spacey cayó en desgracia).

Uno de los primeros indicadores de que una película es favorita, es el número de nominaciones, el segundo es en qué categorías está nominada. En ambos renglones, La forma del agua de Guillermo del Toro pinta con la delantera. Tiene 13 nominaciones (Película, Director, Actriz (Sally Hawkins), Actriz de soporte (Spencer), Cinematografía, Edición y guión, además de Música, Vestuario, Diseño de producción y ambas categorías de sonido).

En segundo sitio está Dunkerque de Christopher Nolan con ocho (Director, Edición, Cinematografía, Diseño de Producción, Música, y Sonido), pero ausente en las importantes categorías de actuación y guión. Un caso similar a la tercera cinta: Tres anuncios por un crimen de Martin McDonagh, que aunque tiene siete (Película, Actriz (Frances McDormand), Actor de Soporte (Woody Harrelson y Sam Rockwell), Edición, Música y Guión), fue dejada de lado en la categoría de dirección y en la mayoría de las competencias técnicas.

En cuarto lugar sumando seis nominaciones, están por igual la cinta biográfica sobre Churchill, Darkest Hour de Joe Wright (Película, Actor (Gary Oldman), Cinematografía, Vestuario, Maquillaje y Diseño de Producción); y Phantom Thread el drama romántico de Paul Thomas Anderson que le valió su segunda nominación como director y la quinta para Daniel Day-Lewis (quien puede ganar su cuarto Oscar en su película de despedida). La cinta sumó también actriz de soporte (Lesley Manville, Vestuario y Música original).

Las otras cintas en ser nominadas en la atestada categoría de Mejor Película, son Lady Bird, cuya directora Greta Gerwin tuvo también mención; The Post de Steven Spielberg (con sólo dos nominaciones, una de ellas la de Streep), y Llámame por tu nombre de Luca Guadagnino.

Las categorías de actuación tienen también sorpresas, como son Daniel Kaluuya y Chalamett que completan junto a Oldman, Washington y Day-Lewis la competencia a Mejor Actor. O en la de Actriz, que junto a la perenne Streep, están McDormand (que ganó hace mil años por Fargo) junto a Hawkins y y las talentosas Saorise Ronan (Lady Bird) y Margot Robbie (Yo, Tonya).

La categoría de “película extranjera” es también de interés, con la cinta chilena de Sebastián Lelio: Una mujer fantástica; encabezando una cerrada competencia con El insulto de Ziad Doueiri por Líbano; la rusa Loveless de Andrey Zvyagnitsev (a quien recordamos por El regreso de 2003); The Square de Robert Östlund de Suecia (director de la magnifica ForceMajeure); y En cuerpo y alma de la directora húngara Ildikó Enyedi.

Las cintas de ciencia ficción siguen siendo relegadas a las categorías técnicas: 5 nominaciones para Blade Runner 2049, la más destacable en Cinematografía. Dentro de esos prejuicios genéricos, una nota positiva: Logan es la primera cinta de superhéroes en ser nominada como Mejor Guión Adaptado a partir de un cómic. Quizá la Academia está rejuveneciendo después de todo.

El resto de nominaciones a escritura incluyen algunas de las cintas que pintaban favoritas pero fueron al final ninguneadas por los votantes: The disaster artist, Apuesta Maestra, Mudbound en guión adaptado y The Big Sick en original.

En cine animado, la batuta la lleva Coco de Pixar, pero la competencia no está tan clara, pues tanto la brillante Loving Vincent como The breadwinner, Boss Baby y Ferdinand tienen posibilidades.

Hay tantas diferencias entre las nominaciones de la Academia y los resultados de los Golden Globes, que estos últimos ya no pueden llamarse precursores del Oscar. Pensemos en uno de los ganadores la semana pasada: James Franco (The disaster artist), que fue completamente ignorado por la Academia (como básicamente su película). En una lista de ausencias que siempre invitan a la polémica, quizá las más notables sean para las cintas: In the Fade, Apuesta Maestra, Proyecto Florida y el documental Jane; los actores: Tom Hanks (por The Post), Hong Chou por Downsizing, Jake Gyllenhaal por Stronger, Diane Kruger por In the fade (ganó Cannes) y Jessica Chastain por Apuesta Maestra.

Aún así, es claro que la Academia hizo bien su trabajo para posicionarse como abierta y liberal en una atmósfera mediática y de redes sociales más dispuesta que nunca al linchamiento moral. La mesa está puesta para su nonagésima entrega el próximo 4 de marzo a las 18 horas, que será conducida por segundo año consecutivo por Jimmy Kimmel.

Ver la lista completa de nominados.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 24 de enero del 2018

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404 – Mis películas del 2017

Dunkirk de Christopher Nolan

La apuesta de Nolan era recrear la ominosa batalla de Dunkerque, el momento que dio vuelta a la segunda guerra mundial y dio pie a uno de los mejores discursos de la historia (El “…we shall never surrender” de Churchill). A manera de un ambicioso rompecabezas temporal, seguimos y construimos las vivencias de un puñado de personajes durante el fatídico día. Esta estructura, que podría parecer deliberadamente confusa, le permite, por el contrario, abordar varios arcos narrativos que sin ser paralelos multiplican el dramatismo emocional y nos ponen en medio de la acción. Es una forma inusual y riesgosa de narrar la historia y sin embargo, consigue algo muy difícil en la época actual de cinismo, desencanto y agotamiento hacia a las soluciones armadas; conectar con la escala épica, el heroísmo y el valor de un momento que cambió la historia moderna de la humanidad.

O.J.: Made in America de Ezra Edelman

Extraordinario documental de casi 8 horas, que se transmitió en la televisión deportiva estadounidense. No obstante su longitud, no hay desperdicio en esta reconstrucción de la vida de O.J. Simpson, paralela a su asenso a la cima de la fama de la NFL y Hollywood, y su caída en la locura, el asesinato y el fraude. Tan apasionante que uno quisiera verla de un tirón. Ganó merecidamente el Oscar en su categoría.

La La Land de Damien Chazelle

Es casi irónico que el proyecto personal de Chazelle y su amigo Justin Hurwitz (que hizo la espléndida banda sonora) fuera un musical a manera de homenaje y celebración del mundo del espectáculo, sólo para después ser criticado por su superficialidad. Haciendo a un lado su falta de corrección política, la cinta es un deslumbrante ejercicio visual y sonoro, con una puesta en escena que trasciende la cualidad teatral del musical y la coloca en una nueva dimensión.

Hell or High Water de David Mackenzie

En su cinta más notable, Mackenzie abreva de media docena de géneros para construir esta saga de justicia financiera. Una de sus grandes virtudes está en poner en suspenso el código moral habitual de Hollywood: no sólo es una cinta de héroes y antihéroes, sino que es muy difícil determinar cuál es cuál. Entre tiros y asaltos bancarios, la película cuestiona los valores de sus personajes y de paso los del espectador.

Manchester by the Sea de Kenneth Lonergan

Desde el primer minuto queda claro que estamos frente a una terrible tragedia, una de esas cintas de intensidad dramática, donde sólo el espectador empático consigue entrar y de alguna manera no quisiera hacerlo. La cinta de Lonergan es una durísima exploración del dolor y del duelo, y de alguna manera el reverso de los manuales facilones de autoayuda y sus fórmulas para la felicidad. Polémicas aparte, Casey Affleck consigue uno de los retratos de dolor contenido más desconsoladores del cine reciente.

Moonlight de Barry Jenkins

La sorpresiva ganadora del Oscar es una pequeña historia de formación, amor y redención urbana, que destaca precisamente por mantener su centro íntimo en Chiron, su protagonista: un joven negro gay en una zona marginal de Florida. Jenkins evita caer en los lugares comunes que hubieran convertido su historia en un panfleto de denuncia, y lo hace a través de un guión preciso, una cinematografía bellísima y un elenco sobresaliente. Le interesa más contar la historia de Chiron, su formación y los valores que le permiten escapar de las trampas fáciles de la vida criminal, que el amarillismo de la denuncia social, y gracias a ello conecta con nosotros de manera profunda e inesperada.

Elle de Paul Verhoeven

Verhoeven invierte la premisa clásica de víctima y verdugo. Una mujer de negocios (Isabelle Huppert) es violada, y en lugar de derrumbarse, asume una lacónica y determinada cacería para encontrar al culpable. Este juego de gato y ratón donde no sabemos quién es quién, invita a sacudir prejuicios y preconcepciones morales. Es la mejor cinta del director holandés y posiblemente también de su musa Huppert, una de las más grandes actrices francesas.

It pt.1 de Andy Muschietti

Este nuevo Eso es la encarnación de un infierno que existe en cada rincón de la ciudad, el mal trasminado a cada persona que interactúa con los protagonistas. Una visión desencantada e inquietante de la humanidad que funciona de muchas maneras, entre ellas en el contrapunto con la solidaridad, valor y amistad de los niños que lo enfrentan. Recurre, por supuesto, a los arquetipos del género de horror, pero más allá de ellos, recrea una pesadilla que no sólo es un payaso espeluznante, sino su contraparte social, oculta y podrida, detrás de las fachadas idílicas de un pueblo pintoresco de EEUU. Apunta a la equivoca creencia de que que las cosas que no queremos ver no existen, y no nos conciernen, hasta que nos muerden.

Blade Runner 2049 de Denis Villeneuve

Más que una improbable e inmerecida secuela sobre la icónica cinta de Ridley Scott, Villeneuve proyecta a esa sociedad distópica su propia derivación distópica. Mientras que la cinta de Scott daba vueltas al concepto de la identidad y lo que nos define como humanos; la historia de Villeneuve se centra en la muerte, la memoria y la trascendencia, temas que le interesan al director y de alguna manera permean su cinematografía reciente. Villeneuve entiende que la realidad existe sólo en la percepción subjetiva y su transmutación emocional y ahí encuentra el centro. La cinta es larga y por momentos deliberadamente críptica, pero su manejo visual y sonoro es tan deslumbrante, que esas dos horas y media en 3D fueron una de las experiencias más memorables del 2017.

Otras películas sobresalientes

Logan de James Mangold, Bernie de Richard Linklater, Jumanji: Welcome to the jungle de Jake Kasdan, Brooklyn de John Crowley, Sully de Clint Eastwood, Be here now de Lilibeth Foster

Decepciones

Alien Covenant de Ridley Scott

Cuando se trata de reimaginar cintas icónicas de Ridley Scott, quien dio el mal paso fue él mismo. Esta ¿secuela? ¿precuela? en la mitología Alien, nos receta aburridos monólogos de androides confrontados con su propia programación, tripulaciones incompetentes y arquetipos gastados. Es la máquina devenida en Doctor Moreau, buscando en la creación de sus propias criaturas, alguna trasnochada trascendencia, pero poco más.

Ghostbusters de Paul Feig

Nada más Hollywoodense que el remake, especialmente si se trata de un clásico popular. Esta vez se trata de reinventar la cinta de horror camp que Ivan Reitman y su elenco volvieron parte de la cultura pop. Para ello Feig quiere repetir la fórmula y elenco de la exitosa Bridesmaids, el resultado es una vulgar y fallida imitación que nunca entendió lo que funcionaba en la original.

Los amantes pasajeros de Pedro Almodóvar

La respuesta de Almodovar a todos los que lo elogiaron la madurez de su cine desde Hable con ella es esta absurda y grotesca bofetada. No es de este año, pero fue cuando penosamente la vi.

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 17 de enero del 2018

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403 – Mi TV del 2017

Las 90 mejores (y peores) series de TV del 2017 en TV abierta, de paga o streaming

1. Legion T.1 (Fx) – La tele puede estar invadida por Marvel, pero estos mutantes marginales que viven al margen de un universo paralelo tan onírico como surrealista, de pesadillas y negación, supusieron no sólo la propuesta más refrescante del género, sino de la TV del año que recién terminó. 2. Black Sails T.3 (Starz) – Culpen a mi formación leyendo a Salgari, pero esta saga de piratas del Caribe es una de las recreaciones mejor escritas y fascinantes de un género desmejorado por Hollywood y Disney. 3. The night of (HBO) – De cómo las decisiones más simples se acumulan y destruyen vidas cuando un mal paso te atrapa en la rueda de la “justicia” estadounidense. Un ejemplo de cómo la TV puede superar la literatura. 4. Atlanta T.1 (Fx) – Donald Glover podría ser el artista revelación del año, y no importa que su carrera en la pantalla chica tenga ya algunos años. Esta saga de raperos marginales contada en episodios que son más bien cortometrajes brillantes llenos de humor. 5. How to get away with murder T.3/4 (ABC) – De alguna manera, cada episodio exprime minutos sobrecogedores a Viola Davis y al resto del elenco. Un thriller que sigue subiendo la apuesta con éxito. 6. The Americans T.4 (Fx) Intentando con éxito reinventar la dinámica de los personajes conforme evolucionan naturalmente. 7. Casual T.3 (Hulu/Fox) – La familia disfuncional es presencia continúa del imaginario creativo estadounidense, y entre todas ellas, los Meyers y su deliciosa locura, merecen un sitio honorario en el club de constelaciones familiares. 8. Mindhunter T.1 (Netflix) – David Fincher vuelve a la estética de Zodiac para relatar los pininos de la unidad de análisis del comportamiento del FBI, en una época en que ni siquiera se imaginaban los asesinos en serie. 9. Big Little Lies T.1 (HBO) – La serie más fantástica de empoderamiento femenino. 10. Abstract T.1 (Netflix) – Visitar a estos artistas en la cima de su poder creativo es no sólo interesante sino inspirador. 11. Banshee T.2 (Cinemax) – Intensa, desbordada y sin ánimo de contención. Es una delicia cuando no hay que ser políticamente correcto. 12. Ozark T.1 (Netflix) – La corrupción del sueño americano como thriller moral. 13. Atrapados T.1 (Netflix) – un thriller caldeado en medio del hielo islandés. 14 – Bosch T.3 (Amazon) – el personaje de Connelly nunca estuvo más redondo que en manos de Titus Welliver. 15. National Treasure (Forge) Una miniserie excepcionalmente conectada con el zeitgeist a pesar de haber sido producida un año antes del #metoo 16. Master of None (Netflix) 17. The Crown T.1 (Netflix) Realeza pura. 18. Chance T.2 (Hulu) – El buen doctor se debate entre proteger a sus pacientes o reconciliar su deseo de venganza con quien los maltrata. ¿Qué puede salir mal? 19. Black Mirror T.3 (Netflix) – Un perturbador what-if al borde del amarillismo, hasta que con San Junípero redefine su mejor temporada. 20. Silicon Valley T.1 (HBO) – Todos los mitos del startup tecnológico de Jobbs a Gates desmitificados a carcajadas. 21. The Code T.2 (Australia) – El hacker como brújula moral y sentimental (Superior a Mr. Robot). 22. Billions T.2 (Showtime) Pasión financiera pura. Un duelo actoral inolvidable. 23. Romanza Criminale T.1 (SkyTv) 24. Sneaky Pete T.1 (Amazon). 25. Bron ||| Broen T.3 (Suecia). 26. The Good Place T.1 (NBC) – Sería absurda si no la llevaran aún más lejos, un sitcom sobre el bien, el mal, filosofía y helado de yogurt. Genial. 27. Girlfriend Experience T.1 (Starz) Ni pretexto ni apología del mundo de las escorts de alto nivel. Un thriller erótico eficaz. 28. The Sinner T.1 (Netflix) 29. Orville T.1 (ABC) – Una parodia de Star Trek con mejor ciencia ficción que la saga original en la última década. 30. Stranger Things T.2 (Netflix) Abusa del plot device, pero una vez puestas las piezas en su lugar, se mueven excepcionalmente bien.  31. Taboo T.1 (Fx) Las cualidades evocadoras de lo prohibido y condenable sólo suman una parte a su atmósfera fascinante. 32. Goliath T.1 (Amazon) – David E. Kelley todavía tiene filo. 33. Timeless T.1 (NBC) – Repasar la historia reciente de los EE.UU nunca fue más entretenido. 34. Ballers T.1 (HBO) 35. Shots Fired T.1 (FOX) 36. The Affair T.3 (Showtime/Netflix) – más terapia que romance, pero igual no podemos dejar de ver. 37. Manhunt: The unabomber T.1 (History Channel/Netflix) – El asesino más elusivo de la historia y el policía que lo atrapó. 38. Angie Tribeca T.2 (TBC) 39. Marvel Agents of SHIELD T.3 (ABC) – Abrevando de todo el universo Marvel para seguir relevante. 40. Preacher T.1 (AMC) – Surrealista, cruel, mala leche y divertida. Un cóctel muy recomendable. 41. Bloodline T.3 (Netflix) – Alucinante. 42. UnReal T.2 (Lifetime) 43. Club de cuervos T.2 (Netflix) – Una campaña que anticipa la locura que será nuestro 2018 y aún así, va perdiendo fuelle. 44. Murder in the first T.3 (TNT) 45. Fearless (Amazon) 46. Outcast T.2 (Cinemax)  47. Fear the walking dead T.2 (AMC) Los zombis son más peligrosos en México. 48. The good fight T.1 (CBS) – Sin censura y sin los Florrick, este universo es más fluido, pero menos interesante. 49. Shades of blue T.2 (NBC) 50. Hunted a.1 (CBS) La moraleja es, no tienes escapatoria. Un reality fascinante. 51. Inside the NFL  (Showtime) – El paradigma del programa deportivo con clase. 52. American Housewife T.1 – La vida suburbana de la costa oeste como parodia de excesos. 53. Superstore T.2 (NBC) Es divertido ir al súper. 54. Mr. Robot T.2 (USA) – Cyberparanoia surrealista. 55. The Late Show with Stephen Colbert (CBS) – Una pieza de resistencia política en formato de variedades. 56. The Expanse T.1 (Netflix) – La ópera espacial en serie B redefinida. 57. Wisdom of the crowd T.1 (CBS) – Suspenso para millennials según la generación X. 58. Taken T.1 (NBC) Si sólo dejaran a los espías fuera las narcotramas. 59. Star Trek Discovery (CBS) 60. Scandal T.6/7 (ABC) – De héroe a villano. 61. Blindspot T.2/3 (NBC) – Guilty pleasure. 62. London Spy T.1 (BBC/HBO) – Aburridos espías vol.1 63. Law & Order True Crime: The Menéndez Murders – No todos los crímenes de los ochenta merecen contarse. 64. The Catch T.2 (ABC) – guilty displeasure. 65. Daredevil T.2 (Netflix) – A falta de luz, más balas. 66. 24: Legacy T.1 (FOX) – Porque hay héroes de otras razas también. 67. Midnight Texas T.1 (NBC) – enésima variación de Buffy, pero sin carisma (o humor). 68. Luke Cage T.1 (Netflix) – Cage cumple la cuota de diversidad pero era más interesante como personaje secundario en Jessica Jones. 69. Blacklist T.4 (ABC) – Podemos anotar la serie en la lista. 70 – Shooter T.1 (Netflix) – Ineptos espías vol.1 71. Ransom T.1 (CBS) – Dispareja serie B eurocanadiense. 72. APB T.1 (FOX) – La premisa daba para una película de TV. 73. Mom T.5 (CBS) – buscando infructuosamente un poco de frescura. 74. Jimmy Kimmel Live (ABC) 75. Powerless a.1 (NBC) – Puestos a ello, The Tick es muy superior. 76. Last man on earth T.2 (Fox) – en este apocalipsis también falleció el humor. 77. 13 Reasons Why T.1 (Netflix) – La apología del suicidio buscando ratings en la polémica. 78. The Walking Dead T.7/8 (AMC) – Casi no queda nada de lo que la hizo grande. 79. Conviction T.1 (ABC) 80. Suits T.6/7 (USA) Recalentado y refrito. 81. Guilt T.1 (ABC) – A nadie le importa quién fue el asesino. 82. Bull T.1 (CBS) 83. Iron Fist T.1 (Netflix) – La nota más baja de Marvel en años. 84. Estocolmo T.1 (Netflix) Mucho ruido, cero nueces. 85. The mist a.1 (Netflix) – Si solo la neblina cubriera a sus malos actores. 86. Crisis T.1 (Amazon) – Woody Allen debería contemplar el retiro. 87. Nashville T.5 (CMT) 88. The Big Bang Theory T.8 (CBS) 89. SNL T.42 (NBC) – Dos parodias buenas de Trump y Spicer no justifican una temporada. 90. Doubt (CBS) – No hay duda, hicieron bien en cancelarla.

Nota pertinente: Imposible verlo todo (se intenta). Invitación abierta, como cada año, al lector a sugerir y recomendar omisiones flagrantes. Las horas del día serán limitadas, pero la disposición para encontrar en qué perderlas, no.

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Para El Economista Arte Ideas y Gente del miércoles 10 de enero del 2018

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402 – Mis libros del 2017

Aclaración obligada y pertinente: esta lista no se restringe a libros publicados en 2017, ni pretende destacar entre ellos a los mejores. Para atreverme a ese tipo de lista tendría que leerlo todo, tener una opinión a prueba de fallas y un sentido de atribución crítica al cual no pretendo aspirar.

The Night Ocean de Paul La Farge (Penguin Press)

Puede uno pensar que esta es la historia de Marina Willett, psiquiatra y narradora, tratando de investigar la misteriosa desaparición de su marido Charlie, un escritor obsesionado con la vida de H.P. Lovecraft. Pero también es la historia de Lovecraft, y la de su amigo (¿amante?) Robert Barlow, académico y experto en los aztecas, maestro de William Burroughs, quién murió (¿o no?) en la Ciudad de México en 1951. ¿O es la historia de L.C. Spinks, escritor, fan desmedido de la edad dorada de la ciencia ficción, cuya vida fascinante los envuelve a todos? La Farge crea una historia ambiciosa e imaginativa, sobre el poder de la literatura para recrear el mundo, para descubrir la verdad o para ocultarla. Una suerte de palimpsesto virtual de historias, anécdotas, diarios, libros apócrifos, poemas, verdades a medias, historia, romance y venganza. Una de las mejores novelas de la última década.

La ciudad blanca de Karolina Ramqvist (Anagrama)

Al inicio está Karin una mujer sola y su bebé en una casa desolada en un paisaje invernal. Su pareja, jefe de una banda criminal murió, no sabemos cómo. Karin está en duelo que no sabemos si es por él, su estilo de vida, la casa que está a punto de perder, la juventud y vida perdidas o las amigas que ya no están. Hay un trasfondo de misterio, pero Ramqvist revela poco, mira a Karin con fascinación, absorta en solucionar sus necesidades más elementales, casi desvalida, incapaz de escapar de una vida que se ha vuelto una trampa. Un thriller psicológico construido mediante una extraña tensión suspendida en el aire gélido de sus paisajes invernales.

El expreso de Tokio de Seicho Matsumoto (Libros del Asteroide)

Este clásico japonés de la novela negra ha sido llamado el Simenon nipón. El libro inicia con lo que parece el suicidio de dos amantes. Jutaro Torigai, un policía local, mira la “verdad” oficial con desconfianza. Torigai comparte sus sospechas al subinspector Mihara de Tokio y juntos deciden echar otro vistazo. Matsumoto construye un laberinto con una estrategia distinta al policial occidental, sus detectives van desentrañando el misterio sin aparente urgencia, con una elegancia meticulosa que resulta no sólo inteligente sino muy emocionante.

Chemistry de Weike Wang (Knopf)

Una estudiante de posgrado enfrenta su amor por la ciencia y la química con la ausencia de la misma en todas sus relaciones humanas. Wang escribe un diario íntimo, a veces divertido, a veces desolador, sobre la presión académica, la lealtad familiar, la soledad y el amor que se escapa entre las grietas en que inadvertidamente construimos en la vida. Un libro extraño, memorable y conmovedor, que nos hace reír mientras nos preguntamos si no deberíamos estar llorando.

Clavícula de Marta Sanz (Anagrama)

Un detonador universal: el dolor. Un dolorcillo indeterminado que aparece durante un viaje de la autora. Sanz acompaña su padecimiento y la penosa investigación médica para identificarlo compartiéndonos el libro que va leyendo, sus desventuras en el viaje, las cosas que dan salud y bienestar y las que no. Fragmentos cortos, líricos o humorísticos, casi siempre inquietantes, donde los mejores momentos son tangenciales al dolor: una entrañable visita a sus padres, su relación con su marido o los avatares de los festivales literarios.

Clean Room de Gail Simone, John Davis-Hunt, Quinton Winter (Vértigo)

En la primera entrega de esta densa y perturbadora novela gráfica, Simone nos conecta con religión pseudocientífica (que recuerda en más de un aspecto a la Cienciología), y a un universo lleno de monstruos y alucinaciones, que pueden ser reales (o no). Una periodista investiga el suicidio de su novio, ligado con el culto religioso inspiracional de la gurú Astrid Mueller. La inteligencia de Simone y el arte de Davis-Hunt consiguen impactarnos más de un sólido puñetazo, mientras nos arrastramos, sin aliento, página tras página incapaces de abandonar.

El nombre del juego es muerte de Dan J. Marlowe (La Bestia Equilátera)

A la altura de lo mejor escrito por Hammett, Chandler o James M. Cain. Inicia con un asalto bancario y sigue las desventuras de Chet Arnold, narrador y antihéroe, mientras evade la justicia e investiga lo que sucedió con su cómplice Bunny. Marlowe destierra por completo la idea del conflicto moral, su narrador cuenta lo que le sucedió y lo que él hizo a consecuencia de ello, y todo cobra sentido.

Desarticulaciones de Silvia Molloy (Eterna Cadencia)

Molloy hace un recuento de sus visitas a ML, una vieja amiga que ahora padece Alzheimer. En la exploración de la memoria de ML, Molloy hace lo propio, constatando el frágil tejido que constituye nuestra identidad y lo que llamamos “vida”. Un testimonio breve, lleno de amor y nostalgia que nos hace preguntas, a veces incómodas, sobre el pasado y la fugacidad de la existencia.

Libros destacados:

Tiburón de Edmundo Paz Soldán (Almadía), Lamia de Rayco (Astiberri), The vegetarian de Hang Kang, La Uruguaya de Pedro Mairal (Emecé), Momentos de Inadvertida Infelicidad de Francesco Piccolo (Anagrama), Memory de Donald Westlake (Hard Case), No voy a pedirle a nadie que me crea de Juan Pablo Villalobos (Anagrama), Non-Places de Marc Augé (Versobooks), , I’m thinking of ending things de Iain Reid (Simon and Schuster), On Street Photography and the poetic image de Alex y Rebecca Webb (Aperture), Bystander de Colin Westerbeck y Joel Meyerowitz (Laurence King).

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 3 de enero del 2018

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401 – “Me convertí en escritora porque no quería necesitar a nadie más”

Entrevista con Karolina Ramqvist

Karolina por la alberca, Hotel Hilton Guadalajara, 2017 – Foto: © Ricardo García Mainou

Karolina Ramqvist parece relajada con el éxito de La ciudad blanca (Anagrama), su primera novela traducida en español. Visita México para presentar la edición en español durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. La entrevista es en el ruidoso centro de negocios del Hotel Hilton. Después de comentar brevemente sobre su carrera como periodista, Ramqvist señala el ejemplar que llevé de La ciudad blanca. La entrevista es en inglés (la traducción mía).

Este libro es una especie de secuela única para una novela previa llamada La novia. Ese fue el primer libro en que me pude alejar de escribir como periodista, porque en Suecia me era muy difícil mantenerme como novelista.

En todos lados

Ja ja ja, sí en todos lados. Supongo que no hay un lugar ideal donde funcione. (Sigue riendo) Después de que La novia tuvo algunas traducciones tuve la posibilidad de escribir ficción. Así que eso es lo que hago ahora. Aunque hace poco publique un libro sobre la escritura y ser el Escritor con mayúscula, que es la persona que asiste a ferias del libro y habla confortablemente desde el escenario; en contraste con el escritor que escribe. El que está sentado en piyama en su recámara con su computadora.

¿Con cuál te sientes más cercana?

Con el segundo. El que está realmente escribiendo. La novela que escribí antes de La ciudad blanca se llamaba El principio de todo, un libro basado en mi propia biografía, una novela de formación sobre una chica entre los 14 y los 23 años. El libro fue un gran éxito en Suecia, quizá por la moda de la autoficción. Era como si no pudieras escribir ficción nunca más, porque alguien te iba a preguntar sobre la realidad.

Me sentí atrapada siendo el Escritor con mayúscula, disminuida y perdida en eso, hablando de los libros en lugar de escribiéndolos. Había planeado unas vacaciones con mi familia pero me di cuenta que no podía tomarme unas vacaciones, que necesitaba escribir. Quería escribir algo que no fuera a ser publicado, porque no quería estar en esa situación otra vez (ríe).

Cuando La novia se editó me preguntaron mucho si iba a escribir una secuela, y yo les decía que eso nunca iba a pasar. No entendía por qué la insistencia en una secuela. Había muchos otros libros que yo quería escribir. Así que agarré mi laptop y me dije “esto nunca será publicado”.

¿Continuaste la historia o se trata de una distinta en el mismo universo?

Karolina Ramqvist © Ricardo García Mainou

En mi mente se llamó “el cambio” una palabra que en sueco significa muchas cosas, entre ellas “el bebé”. Era una nueva perspectiva en el personaje, en una situación completamente nueva. El primer libro lo escribí en primera persona y éste está en tercera.

Un poco más de distancia

Sí. Me alejé, porque en el primero estás dentro de su cabeza, es un monólogo constante. Ella vive en esa casa, la misma casa de La ciudad blanca (menciona el título en español), pero en el primer libro la casa es perfecta y a ella le interesa mantenerla así. El primer libro es sobre el deseo, el deseo de cosas materiales, la estética, lo superficial. Y también sobre la manera en que ella quiere sentirse deseada. La ciudad blanca es sobre necesidades, las necesidades básicas de los seres humanos.

Has dicho en otras entrevistas que el primer libro era sobre la preocupación. Me parece interesante que en el inicio de éste, digas “la gente se preocupa de que nada vaya a suceder y sucede de todas maneras”. Así que era como cerrar el tema.

(Ríe) Exacto. Una salida. En el primer libro ella pasa un fin de semana encerrada, preocupada de que John (su pareja) regrese. Él esta probablemente robando un camión de transporte de valores con un helicóptero o algo así. Ella está confinada en casa porque debe darle una coartada, así que no puede salir. Me importaba retratar el sentimiento de preocupación, porque lo había sentido mucho… Uso mis miedos cuando escribo.

¿Como detonadores?

Sí, pueden ser el punto de partida, y sólo cuando acabo el libro me doy cuenta que estaba escribiendo sobre mí y lo que yo quería resolver, controlar quizá, es como si pusiera todas esas cosas que temo dentro del objeto físico del libro para poder manipularlas, y es algo de lo que no me doy cuenta mientras escribo.

Finalmente, para eso escribe uno, ¿no es cierto?

¿Entonces escribes como un diálogo contigo misma?

Sí. Eso creo. O un diálogo con el libro anterior. Es como si no le importara a nadie más. Y entonces, cuando se imprime el libro se vuelve completamente ajeno a mí. Digo “no tengo idea quién escribió esto” [Ríe]. Y entonces, en ese periodo de tiempo, le pertenece completamente al lector y es el lector el que tiene que terminarlo para convertirlo finalmente en un libro, o en una novela, y antes de eso es una cosa tan frágil. Siento que no soy la persona que debe hablar sobre él, que sólo puedo destruirlo si hablo sobre él.

Imagino que después de un libro exitoso como este, te deben preguntar sobre tu siguiente proyecto.

Sí, y me pone un poco nerviosa. Porque al final esto fue un éxito para mí como escritora. Digo, estoy feliz con el texto. También es la primera vez que tuve un editor que estaba dispuesto a hacer lo que yo quería hacer. El número de correcciones que necesitaba hacer, sin ponerme límite.

¿Cuál es tu proceso, que te lleva a escribir una historia?

Bueno, principalmente es el lenguaje, y las imágenes que tengo, y estas emociones y el tema y el misterio que quiero retratar. Fue muy difícil escribir este libro porque tiene mucha trama. Eso fue un reto, tuve que salir de mi zona de confort.

Este libro empieza con tu personaje mirándose en el espejo. Es una imagen poderosa. Tiene muchas referencias al plano físico, el cuerpo y la conciencia del cuerpo y el cuerpo de su bebé. Ella está rodeada por una casa en decadencia y de alguna manera ve esa decadencia en su propio cuerpo. ¿Fue el tema de la decadencia el que te movió?

Sí, absolutamente. Creo que hay muchas cosas sobre ese tema que pensaba mientras lo escribí. Crecí en Suecia donde tenemos esta idea muy fuerte sobre la independencia individual. La familia no es muy importante en la cultura sueca. Dependemos más bien del Estado y el Estado tiene una gran influencia. Así que crecí con todas estas ideas socialdemócratas suecas de clase trabajadora sobre ser independiente, que combinadas con ideas feministas se volvía en ser una mujer independiente. Toda mi vida literaria es consecuencia de esto. Me convertí en escritora porque no quería necesitar a nadie más. Quería estar conmigo misma, crear mi propio mundo, protegerme de la vida, de la existencia y de alguna manera del dolor y todas estas cosas que son inevitables.

En los noventas fue muy popular en Suecia un libro de John Gray titulado Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus. Este libro tuvo muchas consecuencias para mi generación en términos del debate feminista. Estábamos obsesionadas con quitarnos de encima esta manera de pensar, y creo que ni siquiera éramos capaces de mencionar el cuerpo femenino, temien

do hablar sobre diferencias biológicas porque eran usadas como excusas para la desigualdad.

Si alguien me hubiera dicho que iba a escribir una novela que tenía tanto que ver con el cuerpo femenino y la lactancia, no les hubiera creído. Pero quería enfrentar un tabú muy profundo en mí misma, envejecer y tener la conciencia de las limitaciones del cuerpo y cómo este determina nuestro lugar en la sociedad y dentro de las estructuras de poder. No importa si somos hombres o mujeres, si funcionamos completamente o no, o el color de nuestra piel o el tipo de trabajo que hacemos.

Luego está la naturaleza. Desde la perspectiva sueca puede uno tener la idea de que nada puede lastimarte, que estás en la cima de la cadena alimenticia, que vivirás para siempre. Esto conecta con la naturaleza y el impacto que tienen, para los suecos, las estaciones del año. Siempre me asusta llegar al otoño y al invierno: vivir en la oscuridad y el frío. Esto influye nuestra cultura muchísimo y no solemos hablar sobre ello, sobre el cuerpo y la naturaleza.

También estaba el cuidado del bebé y la relación entre madre y bebé cuando son básicamente una persona, un cuerpo, tanto en el embarazo como durante la lactancia y sus cuidados. Me sorprendía haber leído muy poco sobre ello. Pensaba que era un tema ya gastado. De alguna manera tenía en mente el arte visual feminista de mis años de formación en que el cuerpo femenino y la lactancia son lugares comunes. Y yo pensaba que sería igual en la literatura, y empecé a buscar novelas que hablaran sobre ello y apenas encontré una.

Esto me dijo mucho sobre cómo vemos las vidas de las mujeres, que incluso yo, como feminista, crea que el tema de la lactancia es tan viejo y gastado que todo mundo debe haber escrito sobre ello [ríe]. Y no es así. Lo que más me interesa de la lactancia es un fenómeno que se da. Si estás dando pecho o recientemente lo hiciste, incluso si han pasado años, y escuchas llorar a un bebé, tus pechos pueden empezar a lactar y producir leche o empiezas a percibir la misma sensación física. Oyes llorar a un bebé y tu cuerpo se transforma.

Esto me recordó el arte y la literatura y cómo trascendemos y cómo podemos percibir lo que otro está sintiendo. Cuando leo un libro que me gusta, quiero sentir lo que el protagonista siente. Muchas mujeres me dijeron que al leerlo se despertaban las sensaciones de la lactancia en sus cuerpos.

¿Hay algo que preferirías que no te preguntaran?

Bueno, cuando salió La novia, me preguntaban repetidamente mis experiencias como novia en una banda criminal. Una productora de televisión me llamaba insistentemente para que participara en páneles sobre mujeres viviendo con mafiosos, le dije que no sabía nada sobre el tema, que el libro era completamente ficción y me preguntó “y cómo sabes que así sucedió?

Después de eso estaba constantemente irritada porque a los escritores hombres nunca les preguntan esas cosas. Son vistos como artistas que escriben sobre cosas profundas para todos, mientras que las escritoras son vistas como gente que sólo puede hablar de sus vivencias. Ahora pienso que es más bien el poder de la ficción, que el lector se sienta tan parte del libro que lo confunda con la realidad. Es algo hermoso de alguna manera.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del jueves 28 de diciembre del 2017

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400 – Deseos Navideños

Una parte socialmente condicionada de las festividades de fin de año, es la idea de desear a propios y extraños paz y felicidad. Los lugares comunes construidos por décadas de tarjetas de regalo y promocionales televisivos nos enseñaron que entre brindis e intercambios de regalos podemos reunirnos con seres queridos, desempolvar decoraciones y valores guardados en cajas de cartón, y apuntar nuestras esperanzas para un nuevo ciclo anual. Son los días en que no se ve mal el darle palmadas en la espalda al otro y decirle, sinceramente (o no), que deseamos que le vaya bien.

Que la magia de la navidad ilumine las ideas de nuestros futuros aspirantes presidenciales. Que piensen antes de hablar y que si consideran que su calificación depende de la descalificación de otros, reconsideren.

Que todos los candidatos ciudadanos serios consigan navegar la burocracia cibernética del INE y registrar sus candidaturas. Porque simpaticemos o no con sus causas, la inclusión es una virtud democrática que parece cada vez más olvidada. Ahórrese el grito indignado por su propia lectura parcial del presente y futuro de México, el que estén en la boleta no quiere decir que tengamos que votar por ellos (o por los candidatos perennes).

Que todos los intentos por empresarios y gobernantes estadounidenses por acabar con la neutralidad de la web, no florezcan y esa anarquía libre que tanto les irrita vuelva a florecer sin restricciones comerciales o políticas.

Que los gobernantes recuerden que sus posiciones de poder no los legitiman, que cualquier legitimidad la encuentran en el servicio y representación de las necesidades de sus pueblos.

Que la justicia de género persista más allá de la moda de cacería de brujas de celebridades. Que las denuncias sean justas y no revanchistas y que detrás de cada escándalo semanal se consolide poco a poco una cultura social y empresarial donde no sean necesarios los cursos para sensibilizarse a la dignidad del otro por razones raciales o sexuales.

Que las redes sociales redescubran su potencial como vínculo de comunicación en una sociedad global y dejen de ser el vehículo anónimo para ventilar odio y frustración.

Que este año, antes de reenviar y difundir esa noticia urgente, te detengas a comprobar si es noticia y si es urgente.

Que los seres humanos entiendan que los discursos de odio y exclusion son siempre como arrojar piedras hacia arriba.

Que sigamos aprendiendo a perder el tiempo con conciencia de hacerlo en las cosas que realmente importan en la vida.

Que Vargas Llosa, Falco, Oz, Mendoza, Mandel, Ramqvist, Munro, Bollen, King, Barnes, McEwan, Palou, Fonseca, Muñoz Molina, Wolfson, Halfon, Amis, Ishiguro, Cercas, Kohan, Mairal, Chabon, Olguin, Moyano, Llaca, Echenoz, Piñeiro, BEF, Chimal, Bagaciolupi, Sacheri, Atkinson, Eldrich, Boyd, Stamm, Eggers, Pelecanos, Paz Soldán, Fresán, Le Carré, Bärfuss, Caparrós, Malpica, Rankin, Zambra, Barba, Magris, Walton, Pitol, Marías, Simmons, Pérez Valero, García Mainou y tantos y tantas que siempre se me escapan cuando intento este tipo de listas, publiquen un nuevo libro y sea su obra maestra.

Que la mejor televisión siga encontrando canales visionarios para hacerse, distribuirse y llegar a nuestra pantalla particular.

Que se siga haciendo cine donde la expresión y el arte vayan primero en en la mente de sus creadores que las certidumbres de la taquilla. Cine valiente, arriesgado, propositivo, trascendente e inspirador. Que ese cine pueda verse en todo tipo de salas y pantallas, y que sus creadores sigan encontrando inversionistas incautos dispuestos a jugárselas con ellos.

Que sea un año de imágenes poderosas y bellas, de textos lúcidos y pertinentes. Que encontremos inspiración y fuerza en todo lo que elegimos consciente o inconscientemente vivir.

Que al mirar a los demás no se nos olvide que en ellos existe siempre el espejo de todo aquello que nos gusta y disgusta de nosotros mismos.

Que el clima sea benigno y que si el planeta continúa empecinado en sacudir a los seres humanos para recordarnos las consecuencias del capitalismo salvaje, que seamos capaces de encontrar en la solidaridad las herramientas necesarias para reconstruir el futuro hoy.

Que haya salud para ti y para los tuyos y que si ésta no es posible, que el aprendizaje sea profundo, el trance temporal y del dolor tolerable.

Que en este año, de elecciones o no, de escándalos o no, de injusticia o no, de nuevas y viejas tragedias y revanchas y causas justas e injustas, prevalezca sobre todo la tolerancia y el respeto hacia todo aquello que creemos hoy (especialmente) que no lo merece.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 20 de diciembre del 2017