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357 – El buen multimillonario y otros mitos televisivos

Hemos escuchado aquello de que no hay ideas nuevas. Que todo ya fue realizado y como dice la canción de rapero Nas: No hay ideas originales, no hay nada nuevo bajo el sol, nunca es lo que haces sino cómo lo haces… Las televisoras estadounidenses lo entienden mejor que nadie. Tres de sus nuevas propuestas son refritos directa o indirectamente influenciados por el nuevo héroe del sueño americano: el buen multimillonario.

En Pure Genius (CBS), James Bell (Augustus Prew), un exitoso empresario de Silicon Valley, decide poner toda su tecnología en el asador para construir el mejor hospital del planeta. El lugar es tan increíble como la idea de que cada paciente tiene a su disposición una docena de médicos de primer nivel (y un billonario ocioso para dominarlos a todos).

La serie empieza cuando Bell mueve cielo, mar y tierra para contratar al Dr. Wallace (Dermot Mulroney), lo que le permite una serie de secuencias expositivas sobre su personal y el hospital.

Aunque la premisa no es muy distinta a lo que vimos en House o en el estándar del género ER, cualquier aficionado a los dramas médicos se verá seducido por el lugar, elenco y el dilema médico de la semana. La verdadera motivación de Bell puede no ser totalmente altruista, pero igual beneficia a sus pacientes VIP.

En APB (Fox), Gideon Reeves (Justin Kirk) un antipático multimillonario tecnológico decide hacerse cargo de la policía del peligroso distrito 13 de Chicago. Reeves, quien ponía sus talentos al servicio de conglomerados petroleros y de armamento, sufre una crisis de conciencia cuando uno de sus colaboradores es asesinado durante un asalto.

Reeves se vale de su dinero para obligar al alcalde a cederle el distrito y después se dedica a regalarle a sus policías autos de ensueño, pistolas eléctricas y drones para perseguir los crímenes que los ciudadanos reportan a través de la nueva App. La idea es interesante y en el piloto funciona bien. Una especie de modernización del Robocop de Paul Verhoeven, pero sin una pizca de ironía o cuestionamiento moral.

Para conseguir ganarse al precinto, Reeves debe conquistar la admiración de Theresa Murphy (Natalie Martinez), una patrullera que cumple con todo el estereotipo latino en la televisión: madre soltera con hijo pequeño; vive con su mamá que habla en español y lucha por los valores familiares; desafía a la autoridad y tiene baja autoestima.

Todo lo que funciona en el piloto, se va por el drenaje en el segundo episodio que tiene todo el encanto de una secuela serie B. Y es que mientras el hospital de Bell debe enfrentar un caso difícil cada semana para mantener el interés, el distrito 13 resulta profundamente aburrido cuando sus crímenes recurrentes son asaltos a licorerías, farmacias y disputas domésticas. La serie busca crear tensión en tres sitios distintos: política con el alcalde, tecnológica cuando los policías rechazan los nuevos dispositivos y sexual a través de miradas solapadas. Ninguno de los tres es muy interesante o creíble.

Fox decide que las mejores ideas están en el almacén, por lo que este año resucita 24 y Prison Break. Después de la despedida de Jack Bauer (Kiefer Sutherland) en la extemporánea temporada 8, quedó claro que todavía hay mercado para thrillers de conspiración terrorista en tiempo real.

Llega 24: Legacy (que pretende ser 24: legado, pero debería traducirse como 24: Las sobras). En lugar de Bauer tenemos al agente Carter (Corey Hawkins), un veterano de las fuerzas especiales que cazaron a al terrorista más buscado en Pakistan (el equivalente en TV de Bin Laden).

En el operativo uno de sus compañeros se llevó una cajita de recuerdos del terrorista y ahora un grupo armado los persigue por la capital estadounidense para hacerse con ella. Dentro está el plan para un atentado terrorista inminente que involucra al gobierno federal y a grupos de estudiantes de apariencia musulmana.

La nueva 24 tiene toda la chispa, estilo y receta de las ocho encarnaciones previas, pero con un elenco menos atractivo. Está construida encima de la paranoia republicana que llevó a otro multimillonario a la presidencia en enero pasado, nutriéndose del insomnio provocado por los encabezados de Breitbart y Fox News.

Una de las grandes cualidades de la franquicia era su profunda inmediatez y visceralidad. Sus héroes no tienen tiempo de comer ni ir al baño. Dedican todo su tiempo a conspirar, reaccionar en forma arbitraria, ser perseguidos y echar tiros, todo para detener un suceso terrible en el que presumiblemente morirán miles de personas. El 24 reciclado no es menos efectivo en ello que sus predecesoras y dejando de lado su alimentación amoral de los prejuicios nacionales de la derecha estadounidense, resulta tan entretenida como la cinta promedio de acción veraniega.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 22 de febrero del 2017

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356 – Soluciones falsas para problemas inventados

“Se tienen que resolver los problemas desde la raíz, es decir atendiendo las causas y no las consecuencias, sólo así se pueden prevenir muchos males”. Este remanso de sabiduría parece resumir una idea constante en las redes sociales: Los problemas son claros, sus soluciones obvias, y lo único que hace falta es voluntad.

Parece el tipo de axioma indiscutible que proviene del sentido común y está asentado en el firmware mental de mucha gente. Es lógico, ¿no cree, usted? La mejor manera de resolver un problema es solucionando lo que lo causó.

Es tan evidente que puede aplicarse directamente a la lógica científica o seudocientífica con que se enfrenta, por ejemplo, una enfermedad. Atendiendo lo que provoca la enfermedad y no sus síntomas. Por supuesto, lo primero que notamos son los síntomas. Un paciente tiene fiebre y problemas para respirar, sigamos el ejemplo. El argumento arriba enunciado dice que no se deben atender los síntomas, sino su causa. Esta puede ser una bacteria, un virus, o hasta, dicen algunos, un pensamiento o una emoción reprimida. Eliminada la causa, el cuerpo buscará la salud y se recuperará. ¿Qué pasa si atacamos la supuesta bacteria, el virus, el problema psicosomático, la falta de autoestima, y la fiebre y la falta respiración empeoran? ¿Dirigimos todos los esfuerzos hacia otra causa?

Otro ejemplo. Una ciudad está inundada. Se identifica una grieta en el muro de una presa. Bajo la premisa señalada arriba, solucionar el problema desde la raíz supone reparar la grieta. Atender a los damnificados por la inundación, impermeabilizar y reconstruir caminos no basta, porque el agua sigue llegando. La grieta se repara. Problema solucionado. ¿Sí?

¿Qué pasa si la grieta es un síntoma de otra cosa? Como malos materiales de construcción. Y estos son consecuencia de una mala licitación, y esta a su vez fue provocada por corrupción en algún funcionario. Y este está ahí por problemas de impunidad y rendición de cuentas, pero llegó al poder por manipulación democrática cuyo origen es la desigualdad social que surge de un modelo económico e industrial con raíces sociales, económicas, religiosas e históricas. ¿Cuál es la raíz a resolver? ¿Cuáles consecuencias ignorar?

El dilema de ese tipo de problemas, no es que no exista voluntad o valor para enfrentar su causa y dejar zanjadas de una vez por todas, sus fuentes de injusticia e iniquidad. El problema está en identificar esas causas más allá de las opiniones mal informadas o prejuiciadas del político, editorialista, funcionario, mesías en turno y la discusión impulsiva de las redes sociales.

Entre más amplia sea la “consecuencia” que atender (entre más social es el problema), más complejas serán sus causas y más difíciles de identificar. La principal discusión radica no en la manera de solucionar los problemas sino en el consenso mismo para identificar las situaciones como “problemas” que merezcan solucionarse.

Uno de los grandes retos de un país, y esto va tanto por México como por EEUU o el mismo Reino Unido, está en identificar los problemas que necesitan ser atendidos, los que urgen se atiendan y aquellos cuya atención resulta vital. El primer consenso debe ser el diagnóstico: qué problema requiere nuestra atención ahorita.

Quien logra vender el problema, consigue endosar por consiguiente su solución. Poco importa si el problema es real. Trump no es el primer político en inventar soluciones para problemas ficticios: reconstruir un país que no necesita reconstruirse, resolver un desempleo imaginario y enfrentar crisis económicas y de seguridad más producto de la paranoia que otra cosa.

Su diagnóstico encontró eco en parte de su población de igual manera que un estafador de internet siempre encuentra alguna víctima dispuesta a dar click. ¿Por qué sorprende que sus órdenes ejecutivas sean descabellados intentos por resolver problemas inexistentes? Los problemas existen porque él dice que existen, y suficientes votantes compraron el discurso.

Después, por supuesto, se evidencia la disonancia entre su lectura y la realidad misma. Una que tiene su origen, si siguiéramos el ejercicio, en muchos factores, entre los cuales está la desigualdad económica, política, racial, generacional y geográfica de su país.

Pero este problema no es exclusivo de los EEUU. La historia humana está llena de malos diagnósticos y soluciones descabelladas.

Quizá la única posición realmente sensata sea entender que tanto en el diagnóstico como en sus propuestas de solución hay a veces más subjetividad que conocimiento fáctico. Y darnos cuenta que cuando empezamos a estar convencidos que el problema es obvio y la solución más aún; es el momento ideal para empezar a cuestionar precisamente, nuestro sentido común.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 15 de febrero del 2017

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355 – Lecciones del Súper Domingo

Durante años la dualidad optimismo/pesimismo se ha descrito con la imagen de un vaso con agua hasta la mitad. Para algunos observadores (etiquetados optimistas) el vaso está medio lleno; para otros (pesimistas), medio vacío. Ambas funcionan para describir el mismo fenómeno físico:“la realidad” del vaso; pero según sus apologistas, describen mejor el temperamento del observador.

Detrás está la idea de que los optimistas resultan ser personas más felices, saludables y ricas; mientras que los pesimistas terminan pasándola mal (y a decir verdad, no esperaban otra cosa). Investigaciones como la de la psicóloga Susan Segerstrom afirman que diez años después de graduarse, los sujetos del vaso medio lleno ganaban más dinero que sus compañeros del vaso medio vacío. En la filosofía pragmática estadounidense: más dinero es igual a más felicidad.

El centro del argumento ha dado tela de sobra para los consejos facilones y las charlas de autoayuda: quien espera buenas cosas obtiene resultados positivos. Mientras que esperar mala fortuna impide que realices las cosas que hubieran prevenido que ésta se diera.

Sirva lo anterior para explicar dos lecturas posibles del juego del pasado domingo. Para algunos, los Patriotas ganaron porque son los mejores (o porque hacen trampas, pero eso es otro tema) y para otros, lo que sucedió en realidad fue que los jugadores de Atlanta no le echaron ganas, se confiaron, y se dejaron ganar.

En la justa deportiva tradicional, para que haya un ganador hay necesariamente un perdedor. La cultura de la corrección política ha inventado esa patraña de “todos son ganadores” bajo el argumento de que así nadie se siente mal. Todos reciben diploma de participación, lo importante del vaso es que tiene agua y es líquida.

De acuerdo a Jean M. Twenge, autora de The Narcissism Epidemic: Living in the Age of Entitlement (La epidemia narcisista: viviendo en la era de sentirse con el derecho), la mentalidad de “todos ganamos” no sirve para construir verdadera autoestima. Al contrario: “construye el sentido vacío de ‘soy genial’, no porque hice nada, sino sólo por estar aquí”.

James Harrison, defensor de los Pittsburg Steelers, provocó polémica cuando obligó a sus dos hijos a devolver los trofeos de participación que les dieron en la escuela. Harrison afirmó que para él, todo en la vida debe ser ganado por merecimiento, y que a veces tu mejor esfuerzo no es suficiente y eso te motiva a ser mejor”. Bravo #92.

Al igual que el vaso, el partido del domingo tiene dos lecturas. Veamos el vaso medio vacío: Los jugadores y entrenadores de Atlanta celebraban desde mediados del tercer cuarto. Aflojaron la intensidad en el campo de juego (por cansancio o exceso de confianza, ellos sabrán). Se dejaron ganar o no supieron hacerlo. Son, en el estilo más Trumpista, losers.

Veamos el vaso medio lleno. Los patriotas nunca se dieron por vencidos. Hicieron lo que había que hacer. Enfrentaron la adversidad con resolución y enfocados en la victoria y su capacidad para hacerlo, vinieron de atrás para un triunfo histórico (e insólito, para quien conoce el deporte).

Dejemos de lado las imaginarias teorías de conspiración (entre ellas que Trump arregló el juego porque los de Boston son sus cuates). El 53% del público estaba con Atlanta y las estadísticas los daban por triunfadores. Como dijo el gran Stephen Colbert: Atlanta gana el voto popular, Nueva Inglaterra el Colegio Electoral.

Pero lo que realmente sucedió el domingo, fue como el vaso: medio vacío y medio lleno a la vez.

Los Halcones aplastaban porque nadie los daba como favoritos y salieron a dejar el alma en la cancha. Cuando vieron que ganaban fácil, se confiaron. Al empezar el cuarto cuarto aflojaron la presión defensiva. Sólo necesitaban que corriera el tiempo restante para irse a casa con el trofeo, pero eligieron jugadas agresivas que detenían el reloj. Esta decisión los llevó a perder el balón, perder terreno y cometer castigos estúpidos.

La filosofía de los Patriotas es distinta. No importa lo que digan los expertos o los medios. No importa lo que ya pasó. La siguiente jugada es lo que importa y hay que hacerla bien. Empezaron equivocándose en todo, hasta que dejaron de hacerlo. Se aplicaron y aprovecharon los errores del rival para tener el mejor regreso de la historia de su deporte. No les importa si los odias por Trump o los amas por Bundchen, juegan siempre a ganar y no se dan por perdidos. Nunca.

El resultado se da por ambas cosas. Si Atlanta no comete los errores, la mentalidad y capacidad de los Patriotas no hubiera bastado. Y aunque Atlanta falló, el regreso de los Patriotas fue increíble. Podemos condenar la ineptitud de unos o aplaudir la capacidad de los otros. También podemos disfrutar el partidazo. Levantar el vaso y bebernos el agua refrescante.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 8 de febrero del 2017

   

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354 – Mexico unido y la paradoja de la hamburguesa

Nos gustaría pensar que México está nuevamente unido. Que ante la adversidad, los mexicanos que corren a cambiar sus avatares por banderas y puños tricolores se ven a sí mismos como una masa compacta con una sola meta e ilusión. Que basta un tuit impulsivo del vecino para que nuestros políticos entren en razón y se conviertan en negociadores ejemplares. Que lo que México necesita es abandonar los cafés de la sirena y resonar mariachis en cada esquina. Que reproducir videos con bellezas naturales y bailes regionales es la mejor manera de demostrar que somos muy orgullosos y lo hecho en México está bien hecho y… México…México…México!

Pero algo hace ruido en tanto trasnochado golpe de pecho patriótico fuera del mes de septiembre. No cuestiono la sinceridad de quien clama en redes sociales y mensajes de WhatsApp que sólo debemos consumir lo mexicano, que debemos volver al mercado de la esquina, al taco callejero y al refresco Pascual. A hacer que las empresas que apestan a extranjero quiebren; envolvernos en la bandera y tirarnos del castillo de Snapchat e Instagram; quienes reproducen comerciales de Coca Cola o Corona (sin preguntarse si Coca Cola o Corona son mexicanas); congratulándose por la unidad como panacea a los problemas que días atrás nos llevaban a saquear el Coppel de la esquina.

Y aún así, conviene hacernos algunos cuestionamientos.

La campaña contra Starbucks en Twitter

El primero es moral. ¿El mejor remedio contra la violencia es la violencia? ¿El odio para vencer el odio? ¿La exclusión contra los que excluyen? ¿El nacionalismo rancio para el nacionalismo rancio? ¿Ser más trumpistas que Trump?

El segundo, tiene que ver con entender quién es el villano. Trump asegura poner a “America primero” con retórica populista. Sigue con la idea de un muro fronterizo impracticable, incosteable y que nunca va a poder construir o pagar; porque piensa que por eso deliran sus seguidores. Dice que cancelará el TLC, cuando eso lo decide el Congreso, y los analistas estadounidenses aseguran que su país se vería debilitado por hacerlo. Habla de impuestos a México…que tendrá que pagar su propio pueblo. Es un tuitero impulsivo y como dice Enrique Krauze, un bully. De hecho, la mayoría de los estadounidenses lo desaprueba y protesta cada improvisada sandez de su aprendiz a gobernante. ¿Quién es el villano entonces? ¿Trump? ¿Su gobierno? ¿El país entero? ¿Todos los extranjeros que “no valoran” nuestra apasionada mexicanidad? ¿Vale la pena sacrificar la buena voluntad y solidaridad internacional con México en nombre del resentimiento añejo por lo gringo?

El tercer cuestionamiento es pragmático. La gente que dice que hay que vetar a Starbucks y abrazar el café de olla, que hay que repudiar los arcos de McDonalds como símbolo imperialista, que debemos cambiar la CocaCola por agua de Tamarindo y las playeras Polo por guayaberas; lo hace en Facebook y Twitter, tecleando furiosamente en su iPhone, después de transportarse con gasolina Pemex importada y  fumarse un Marlboro (nota: hay redes sociales mexicanas, o por lo menos hay publicidad de redes sociales 100% mexicanas en las otras redes sociales que la gente sí usa).

No se trata sólo de exhibir la inevitable hipocresía del nacionalismo en un mundo globalizado, sino su imposibilidad material. Todo lo que usamos para comunicarnos, lo que comemos, el combustible, los automóviles, lo que vestimos, leemos, vemos en televisión y partes de la pantalla misma, el software con el que hacemos los memes y ponemos banderitas en los avatares, todo ello, tiene partes pensadas y hechas en otros países (entre ellos EEUU). Estamos tan interconectados en lo comercial, económico y tecnológico como biológica y ecológicamente.

Peor aún. Las empresas que se llama a vetar, son empresas mexicanas, con empleados mexicanos, que pagan sueldos, renta e impuestos en México. Sus productos pueden o no gustarnos, pueden o no ser nutritivos, pueden o no ser culturalmente “auténticos” (si hubiera tal cosa), pero fuera de los derechos de marca, el nombre y la apariencia, no son en absoluto estadounidenses ni deben fidelidad a Trump y sus políticas.

México puede implementar estrategias para diversificar su interdependencia con EEUU. Podemos abordar relaciones comerciales con otros mercados y hacer pintas en los tramos de muro que Trump alcance a construir. Podemos defender los tratados y solicitar compensación comercial como indican los acuerdos internacionales. Podemos aplicar estrategias de negociación política, fortalecer nuestras instituciones, reducir la corrupción, cultura de ilegalidad e inseguridad que desaniman la inversión extranjera. Y todas ellas son mejor solución que dejar de comer hamburguesas.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 1 de febrero del 2017

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353 – Mi música del 2016

En poco tiempo habrá que preguntarse si la idea conceptual del álbum sonoro dejó de ser pertinente una vez que apareció el playlist y los servicios de streaming musical. Aún así, es claro que muchos músicos siguen pensando en el álbum como una unidad conceptual creativa y que valorar su música por un single, por más sonado, es un despropósito.

Álbumes

1. A Moon Shaped Pool / Radiohead

Hay algo particularmente inquietante en el último ofrecimiento de Radiohead, sea la voz de Tom Yorke (daydreaming) flotando como un instrumento más, o la atmósfera tonal hipnótica que la banda no había sostenido consistentemente desde Amnesiac o el maravilloso In Rainbows. De las cuerdas intensas de la quema de brujas a la melancolía implícita de True Love Waits, es música que conviene escuchar de principio a fin y después repetir.Descargar: Burn the Witch, Identikit.

2. Lighght / Kishi Bashi

El segundo disco del violinista y multiinstrumentalista Kaoru Ishibashi es un ejercicio genial y accesible, aunque por momentos sea igualmente desconcertante, sublime y absurdo (si se me permite la sobreadjetivación). Es una suma humorística y virtuosa del talento que lo llevó a ser revelación entre los músicos Indie (por su participación en Of Montreal, la fundación de Jupiter One, y sus álbumes en solitario bajo el nombre Kishi Bashi). Descargar: Philosophize in it! Chemicalize with it!, The Ballad of Mr. Steak, Carry on Phenomenon, In Fantasia.

3. Nothing but thieves / Nothing but thieves

Con cierto retraso, después de prometedores aperitivos desde su formación en 2012, llegó el álbum debut de este quinteto británico de rock alternativo que alguna vez abrió giras para Arcade Fire y Muse. Y aunque la primera impresión deja entrever palpablemente sus influencias, hay un guiño igualmente honesto y cínico en asumirse como ladrón para después conjurar la reinvención/homenaje de tus ídolos. Descargar: Wake Up call; If I get high; Lover, Please Stay; Tempt You

4. Lady Wood / Tove Lo

Si no se conoce a Tove Lo, podría pensarse que esta depurada confluencia de electrónico, pop y R&B surge de alguna urbe de Norteamérica. Lo ha sido etiquetada como la más oscura exportación de la música sueca, y si sus letras configuran imágenes casi melodramáticas, lo que mejor funciona de este segundo ejercicio es la irreverente mezcla de humor y erotismo; su voz límpida contrapuesta a arreglos deliberadamente sobreproducidos. Descargar: Lady Wood, True Disaster, Vibes, Imaginary Friend.

5. The hope six demolition project / PJ Harvey

Si el arte con mensaje bordea peligrosamente cerca de ser clasificado como propaganda, es una línea en la arena que Harvey cruza sin problemas, porque su única ideología es señalar la injusticia y el dolor, y porque no se siente dueña de las soluciones del mundo, al contrario. En sus mejores momentos su música nos señala precisamente los matices y complejidad que implica intentar corregir la injusticia. Descargar: The Wheel, The Ministry of Defence, The Community of Hope.

6. Here / Alicia Keys

Keys busca sacudirse la depuración virtuosa de sus primeros discos en esta nueva propuesta, más exploración de emociones, ideas y pequeñas narrativas urbanas que otra cosa. Para quien espere el romance fluido y amable de The Element of Freedom esta nueva Alicia que cuenta historias de adicción, desesperación y marginalidad puede resultar un trago difícil. Pero hay en su expresión sin refinar, en sus interludios de voces callejeras, una conexión cruda y vital que su música nunca había tenido, y resulta profundamente conmovedora. Descargar: Pawn it all, Kill your Mama, Blended Family.

7. Primitives / Bayonne

Alter ego electrónico de Roger Sellers para su faceta más experimental, Primitives se forma de capas superpuestas de sonidos, efectos, sintetizadores, instrumentos, voces, piano y percusiones acústicas.

Su complejidad desafía la clasificación y consigue que cada vez que lo escuchamos nos descubramos en territorios inexplorados.

Descargar: Appeals, Lates, Hammond. 

8. WALLS / Kings of Leon

El sonido de los Followill es tan distintivo, que parecen ilustrar el tipo de banda que cada año presenta encarnaciones de un mismo disco que empezamos años atrás cuando “Sex of Fire” y “Use somebody” los consolidaron en el mapa. Dicho lo anterior, su séptimo álbum es un breve y satisfactorio intento por reencontrar el punto intermedio entre el rock indie de su origen y los grandes escenarios en los que han terminado por sentirse cómodos. Descargar: Waste a moment, Around the world, Find me, Muchacho.   

9. Bayou Electric / Duane Pitre

La historia personal de Pitre da material para un texto mayor. Sirva mientras destacar este singularísimo disco, parte de una trilogía experimental, en que el ex patinador profesional, matemático, roquero y músico conecta con sus raíces en las tierras pantanosas de Louisiana. Una sola pieza de 45 minutos que inicia y termina con los sonidos de la noche en el Bayou, grabados por el propio Pitre y complementados con cuerdas y sintetizadores. Como el trabajo de Brian Eno, funciona en forma palpablemente distinta si se escucha en forma pasiva o activa.

10. In Dream / Editors

En su quinto disco, Editors consigue una producción sofisticada y madura que debe ser una pesadilla presentar en vivo.

Es sin duda el mejor álbum de su primera década y por momentos parece un catálogo de sus aciertos desde el postpunk ochentero hasta la catarsis electrónica.

Descargar: No harm, Ocean of Night, Salvation, Life is a fear, Marching Orders.

Destacados

Revolution Radio (Greenday), You and I (Jeff Buckley), We move (James Vincent McMorrow), Good Grief (Lucius), Stay Together (Kaiser Chiefs), Starboy (The Weeknd), Still do (Eric Clapton), Love Stuff (Elle King), Supernova (Ray LaMontagne), Carrie & Lowel (Sufjan Stevens) 9 Dead Alive (Rodrigo y Gabriela), Dangerous Woman (Ariana Grande), W:/2016ALBUM (deadmau5), Cleopatra (The Lumineers), Future Present Past (The Strokes)

Playlist

Moonlight (Ariana Grande), Starboy (The Weeknd), Million Reasons (Lady Gaga), Daft Punk is playing ad my house – Live at Madison Square Garden (LCD Soundsystem), Mercy (Eric Bachman), Outlaws (Greenday), Make me like you (Gwen Stefani), We Stay Together (Kasier Chiefs), Born again teen (Lucius), Dusty Trails (Lucius), On hold (The xx), Over your head (Pale Honey), The Weather (Paper Pilots), Good Morning Mr. Wolf (Patrick Wilson), One (Moving Panoramas), Peace of Mind (The Killers), Chess (Petite Noir), All for One (The Stone Roses), Pink Medicine (Bearson), The singer addresses his audience (The Decembrists), Siete-D (Gina Chavez, Adrián Quesada), Kocaine Karolina (Elle King), Burn the Witch (Radiohead).   

Para acceder al Playlist en Spotify

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Oscars 2017 – El Oscar rectifica

La primera cosa que queda clara cuando la Academia de Hollywood anuncia las nominaciones de este año, es que hubo una rectificación. Imposible saber si se trata de uno de esos virajes temporales en que se compensan actitudes previas, o si estamos hablando de un verdadero cambio en la mentalidad de una de las instituciones más conservadoras de la industria del espectáculo. Lo cierto es que el núcleo no cambió, el grueso de los votantes sigue constituido por hombres mayores de raza blanca.

No es cuestión de merecimiento. En los años vergonzosos del #OscarSoWhite, películas y trabajos loables eran menospreciados. Esta vez, sin embargo, hay una palpable toma de postura frente a la presidencia de Trump por parte de la industria. La Academia no quiso quedarse atrás, apuntándose como baluarte de apertura y tolerancia, aunque sólo sea por este año.

El cambio no es cosmético. Tres de sus nueve nominadas como Mejor Película abordan temas de diversidad: Fences, adapta una obra teatral sobre un ex beisbolista amargado por no haber participado en la “integración” en rey de los deportes. Hidden Figures (Talentos Ocultos), cuenta la historia de tres mujeres afroamericanas superdotadas en matemáticas que debieron enfrentar el racismo y sexismo de los años sesenta mientras llevaban a cabo labores vitales en la NASA durante la carrera espacial. Finalmente Moonlight (Luz de Luna), con ocho nominaciones, cuenta la historia de un hombre buscando encontrar su camino y aceptar su homosexualidad en un medio ambiente de adicción y opresión racial.

La diversidad se extiende a las categorías de actuación donde repiten las nominadas de The Help Octavia Spencer y Viola Davis como actrices de reparto. Pero también Denzel Washington (Fences) a Mejor Actor: Mahershala Ali (Luz de luna) favorito para la presea de actor de Reparto (que también incluye al actor inglés de ascendencia hindú Dev Patel por Lion); y Ruth Negga (Loving) para Mejor Actriz por una película que narra los conflictos del amor interracial. Tres de las cinco nominadas como Mejor Documental abordan también temas raciales (13th, I am not your Negro, O.J. Made in America)

Lo único que le importa más a la Academia que aplaudir su propia tolerancia son las historias sobre Hollywood. Por ello, la evidente favorita resulta La La Land, una historia de amor entre una actriz aspirante y un pianista de jazz en un musical que critica la naturaleza comercial del mundo del espectáculo al mismo tiempo que lo idealiza. La La Land recibió 14 nominaciones (junto a Titanic y All About Eve son el máximo que ha obtenido una película).

Aunque desde hace algunos años el número de nominadas a Mejor Película aumentó para incluir hasta diez cintas, es evidente que algunas reciben una mención que casi podría catalogarse como honorífica. Es decir: no tienen posibilidades de ganar. Para identificarlas no sólo basta el número de nominaciones, es más sencillo cotejarlas con con los cinco directores nominados y eliminar el resto. Así, las películas con posibilidades de llevarse la noche serían La llegada, Hasta el último hombre, La La Land, Manchester junto al mar y Luz de Luna. Y entre ellas, a menos que se diera una gran sorpresa, la apuesta está entre Luz de Luna y La La Land.

Algunas notas merecen comentarios individuales. Como la devoción de la Academia por Meryl Streep, aún si su trabajo es más bien flojo. Más de uno nos preguntamos si su inclusión se vio influenciada por su formidable discurso en los Golden Globes. O la vuelta al ruedo de Mel Gibson, quien sale sorpresivamente de la lista negra después de sus exabruptos antisemitas de hace algunos años, para aparecer nominado como mejor director.

Para quien lleva el registro de esas cosas, hay un mexicano nominado en cinematografía. No se trata de Emmanuel Lubezki en su peregrinaje anual para recoger estatuillas, sino del brillante Rodrigo Prieto que lleva la única nominación para Silencio de Martin Scorsese.

Como cada año, los despreciados merecen una mención: Desde Scorsese hasta Amy Adams (quien probablemente repartió sus votos entre La llegada y Animales Nocturnos). Tom Hanks y Annette Bening que parecen haber caído de la gracia de los votantes. El cine de Pixar (Buscando a Dory) y el desprecio que todavía recibe el cine de superhéroes (Deadpool).

Para la lista completa de nominados ver aquí.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 25 de enero del 2017

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352 – La TV del 2016

Las 92 mejores (y peores) series de TV del 2016 en TV abierta, paga o streaming

1. The Fall (Netflix) – La temporada final del mejor procedural televisivo de que tenga memoria. Testimonio de la visión de Allan Cubitt (escritor, productor, director). Mientras Stella Gibson caza al estrangulador de Belfast, Cubitt repasa temas espinosos como los derechos de los acusados, la misoginia y el rol de la mujer en la esfera pública, pero sobre todo, la fragilidad de esa estructura que llamamos civilización. 2. The Americans (FX) – Estos espías soviéticos en los turbulentos años de Reagan, tienen retos mucho mayores que la geopolítica…en su propia casa. 3. Bloodline (Netflix) – El pasado (y sus secretos) son un lastre del que resulta difícil escapar, nadie lo sabe mejor que la familia Rayburn. 4. Stranger Things (Netflix) – Lo que inicia como homenaje a una era familiar para cualquier Gen X, con referentes que van desde Spielberg hasta King pasando por Carpenter; pronto se convierte en uno de los mayores placeres televisivos del año (incluyendo el resurgimiento de Winona Ryder). 5. Casual (Hulu) La irracionalidad nunca fue más seductora (o perversamente divertida). 6. Bosch (Amazon) Una clase maestra de cómo adaptar una serie exitosa de novelas a la pantalla chica. 7. UnReal (Lifetime) Detrás de cámaras de un reality pasmosamente parecido a The Bachelor se cuecen todo tipo de deliciosas manipulaciones, intrigas, ambiciones y crímenes. 8. Roadies (Showtime) – Cameron Crowe habla un lenguaje desconectado con esta época: una devoción emotiva y nostálgica por la música, los conciertos como templos y los acólitos que los hacen posibles. Magia pura. 9. Black Sails (Starz) – Desde los tiempos de Salgari no habían navegado piratas más apasionantes. Si no fuera tan buena, sería placer culpable. 10. Orphan Black (BBC) – Nadie multiplica la intensidad más que Tatiana Maslany en esta delirante saga melodramática de ciencia ficción. 11. Pitch (FOX) – Ella es la primera jugadora en Ligas Mayores y la serie una oda al rey de los deportes. 12. Flaked (Netflix) En un universo salido del cine Indie, un vivales que vende nada en una tienda vacía, es el más entrañable y egoísta amigo que quisiera uno tener. 13. Black Mirror (BBC) – Estas miradas oscuras en el espejo tecnológico no podían ser más provocadoras o perturbadoras (por favor regálame cinco estrellas). 14. Shut Eye (Hulu) Entre estafadores, adivinos, gángsters y gitanos, encontramos al antihéroe más atípico del año. 15. Timeless (NBC) Mientras estos viajeros en el tiempo intentan salvar su país o a sí mismos, lo interesante es su devenir por la historia oculta de los EU. 16. Outcast (Fx) El mundo es calladamente invadido por seres oscuros y oleosos que toman posesión de tus seres queridos. Si la solución sólo fuera un exorcismo… 17. Master of None (Netflix) El segundo episodio, sobre los padres, es una de las mejores piezas creativas del año, y Anzari tiene muchas más. 18. People vs OJ: American Crime Story (Fox21) Recreación histórica perfecta del caso mediático que cambió la justicia estadounidense por siempre. A la distancia, su histeria realista parecería casi satírica. 19. Club de Cuervos (Netflix) Todavía no sé si estos Cuervos de Nuevo Toledo son un placer culpable o una mirada genial al futbol mexicano. 20. Fleabag (BBC) 21. Broadchurch (BBC) La segunda vuelta es menos sorpresiva pero más eficaz. 22. The Night Manager (AMC) Suzanne Bier reinterpreta a Le Carré con elegancia y AMC decide censurarla. Mejor esperar el DVD. 23. Shades of Blue (NBC) Mal timing para una serie sobre policías corruptos. 24. Mr. Robot (USA) Una oda a las conspiraciones y paranoia desquiciada de nuestra época. 25. Marcella (Netflix) El paradigma irracional como solución racional al crimen. 26. The Affair (Showtime) Una temporada tres con problemas de identidad, pero casi ningún otro. 27. The good place (NBC) ¿Genial o absurda? Ese es el dilema. 28. The Timeline (NFL Network) El documental deportivo a grado de excelencia. 29. Key & Peele (Comedy Central) Irreverencia pura. 30. Occupied  (Noruega) Los noruegos también temen a los rusos y con razón. 31. Homeland (Showtime) Carrie es el pariente intenso que aguantamos sólo en pequeñas dosis. 32. How to get away with murder (ABC) Deliciosa malteada de mala leche (con vodka). 33. This is us (NBC) Equilibrio precario entre entrañable y cursi. 34. Chance (Hulu) Noir psicoanalítico 35. Masters of sex (Showtime) ¿Erotismo clínico? 36. Billions (Showtime) Entre la justicia y este antihéroe de Wall Street las líneas morales se desdibujan. 37. iZombie (CW) Aún viven zombis inteligentes. 38. Conviction (ABC) 39. Mom (CBS) Humor sardónico a nivel de arte. 40. Life in pieces (CBS) A lo mejor llega tarde para reinventar el sitcom, pero más vale tarde que nunca. 41. Catastrophe (Channel4) 42. American Housewife (ABC) y Speechless (ABC) Dos divertidas herederas de Los Simpsons. 43. Luther Un asesino en dos episodios basta para quitarnos el sueño el resto del año. 44. Superstore (NBC) The Office sobrevive en Walmart. 45. The Newsroom (HBO) Temporada final, lástima: Sorkin se hubiera dado vuelo con la elección de 2016.  46. American Crime (ABC) Provocadora y brillante, pero muy deprimente. 47. 12 Monkeys (SciFi) Desde La Jetée conoce uno el final, pero aún así seduce. 48. Scandal (NBC) y BrainDead (CBS) especie de documentales sobre Washington. 49. Wayward Pines (FOX) Sopresivamente entretenida. 50. American Gothic (CBS) Tantas vueltas de tuerca y termina uno mareado. 51. Fear the Walking Dead (AMC) La supervivencia del menos apto. 52. Hand of god (Amazon) 53. The Voice (NBC) 54. Inside the NFL (Showtime) 55. American Idol (FOX) Adiós *snif*. 56. Person of interest (CBS) 57. Agents of S.H.I.E.L.D. (ABC) 58. Blindspot (NBC) 59. Uno contra todos (Fox-1) 60. Luke Cage (Netflix) 61. 11.22.63 (Hulu) 62. River (BBC) Alguien necesita medicación: el protagonista, el director o el público. 63.The Grinder (FOX) Gusto adquirido. 64. Top Chef (Bravo) 65. Bull (CBS) El proceso judicial como autoayuda. 66. The Catch (ABC) 67. The Blacklist (CBS) Al final de la lista dejaron al guionista. 68. Nashville (ABC) 69. Inside Amy Schumer (Comedy Central) 70. Mozart in the jungle (Amazon) Sin la frescura o el encanto de su debut. 71. Magic City (Starz) o cómo perdió toda su magia. 72. The Strain Siempre hay mercado para un vampiro mal maquillado. 73. Lethal Weapon (NBC) Sólo para nostálgicos. 74. Suits (USA) – Blah blah blah. 75. Murder in the first (TNT) Les juro que era buena.76. Supergirl (CBS) Súpercansancio de superhéroes. 77. Last man on Earth (FOX) ¿Last screenplayer too? 78. Telenovela (NBC) 79. The great indoors (CBS) Descongelada después de su fecha de caducidad. 80. The Good Wife (CBS) La vida de Alicia Florrick cuando ya a nadie le importa (ni a sus guionistas). 81. Fortitude (SkyAtlantic) 82. NCIS New Orleans (CBS) El equipo sabe pasársela bien mientras resuelve crímenes sangrientos. 83. Man in the high castle (Amazon) Mucho concepto poca realización. 84. Second Chance (FOX) 85. The X-Files (FOX) Así nos pagan después de añorarlos tanto tiempo 86. The Walking Dead (AMC) Intenta responder cómo sobrevivir con más personajes, más audiencia y menos ideas. 87. Castle (ABC) El verdadero misterio es cómo la renovaron los últimos tres años. 88. The Family (ABC) Ugh! 89. The Big Bang Theory Ni Friends exprimió tanto la misma naranja. 90. Designated Survivor (ABC) La mayor virtud de este gobierno de ineptos es que casi consigue que veamos con optimismo la futura administración Trump (casi).

Nota aclaratoria: Imposible verlo todo (aunque lo intento). Invitación abierta, como cada año, al lector a sugerir y recomendar omisiones flagrantes. Las horas del día serán limitadas, pero la disposición para encontrar en qué perderlas, no.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 18 de enero del 2017

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352 – No atiendo el teléfono hasta mediodía – Entrevista con Ricardo Piglia

Foto:Susanna Sáez

La entrevista es un género difícil que involucra desde una preparación previa hasta el diseño de una estrategia para hacer sentir cómodo al entrevistado, para crear el vínculo momentáneo que permita ir más allá del interrogatorio y la charla, hacia el ambiente propicio para llegar a compartir ideas y sentimientos.

Desafortunadamente no hay estrategia que valga cuando no se está cara a cara con el entrevistado, cuando se establece el teléfono como escudo o peor aún, cuando ésta se realiza a través de la frialdad electrónica del e-mail.

Así, no podré introducir este texto con la descripción que ofrece la atmósfera del lugar, la expresión de Ricardo Piglia frente a alguna pregunta, la manera en que toma el café o se da un respiro para reflexionar. Tampoco saber si una respuesta determinada fue dicha al bote pronto, casi con impulsividad, o si fue cuidadosamente matizada y editada posteriormente. La entrevista la realicé en 2006 para la desaparecida revista Revuelta.

¿Qué te atrajo del acto de escribir?

La posibilidad de contar historias

¿Cuál fue tu primer acercamiento a la escritura?

Empecé escribiendo un diario (que todavía sigo escribiendo), siempre me ha gustado esa forma, muy fluida, con registros múltiples.

Como escritor continuo de un diario, ¿te interesa el fenómeno de los blogs, esta suerte de diarios online públicos?

Parecen muy interesantes, todo el mundo puede decir lo que piensa. Pero, en un sentido, son la inversa del diario, que tiende a ser una escritura sin destinatario.

¿Cómo escribes? ¿Cuál es tu proceso?

Habitualmente escribo varias versiones. Digamos que, por cada página publicada, hay cinco escritas.

Cuando trabajas diferentes versiones de un texto, ¿corriges sobre la anterior para crear una segunda, o reescribes por completo?

Escribo una versión completa y luego trabajo sobre ese material. A veces no vuelvo a leer el manuscrito durante meses.

Has ensayado distintos géneros literarios, ¿con cuál te sientes más a gusto?

Me siento más a gusto en la ficción; no sé si más a gusto, en todo caso más libre.

¿Cómo es tu día típico?

Me levanto temprano y no atiendo el teléfono hasta el mediodía. Ese es todo el secreto para mí. Por supuesto no estoy todo el tiempo escribiendo.

¿Con no responder el teléfono basta? ¿No interrumpen los libros, los diarios, el televisor, los e-mails?

Supongo que por eso se habla tanto de la torre de marfil o de la isla desierta. Digamos un lugar para estar tranquilo… durante la mañana.

Cuando digo “escribir todo el tiempo”, no me refiero, por supuesto, al acto de poner palabras en papel (o la pantalla), sino a estar inmerso en el proceso de creación de alguna obra.

Por supuesto las musas no tienen horario o para decirlo en un lenguaje más moderno (o más argentino), el inconsciente siempre está ahí.

Cómo evitar que al traducir una idea a la escritura esta cobre cierta permanencia que te impida volver a contemplarla de otra manera.

Desde luego cuando uno escribe piensa de otra manera, el lenguaje tiene una lógica propia. Recordemos lo que decía el siempre modesto Nabokov: “Pienso como un genio, escribo como un autor de talento, y hablo como un idiota”.

Mientras escribes ¿lees o permaneces inmerso en tu trabajo?

Leo menos cuando estoy escribiendo ficción

¿Buscas lo mismo en un libro como lector que como autor?

Busco lo mismo pero no lo consigo.

¿Lees como escritor o como un lector común? Con esto me refiero a tu acercamiento al texto, buscando las costuras o dejándote llevar por la historia y los trucos de cada quién.

A veces leo como un escritor, a veces como un lector común, a veces como un lector aburrido.

¿Qué escritores te formaron?

Difícil saberlo, en todo caso recuerdo muy bien el efecto que me produjeron los cuentos de Hemingway y las novelas de Roberto Arlt.

¿Qué efecto te produjeron?

Precisión extrema en el caso de Hemingway y lenguaje propio en el caso de Arlt. Me gustaría poder combinar esas dos virtudes

¿Qué tan difícil fue para ti publicar por primera vez?

Desde el principio estuve ligado a pequeñas revistas literarias que se editaban en Buenos Aires en los años 60. Publiqué por primera vez en la revista El escarabajo de oro en 1963, un cuento llamado “Desagravio”.

Has manifestado muchas veces tu devoción por Kafka y Arlt. ¿Qué literatura te gusta leer más? ¿Eres lector de novedades o te gusta volver continuamente a los clásicos?

Hay épocas en las que estoy más atento a lo que se publica y otras en las que vuelvo atrás. Ahora por ejemplo estoy leyendo a Dürrenmatt. Y como siempre que me interesa un escritor trato de leer todo lo que ha escrito.

Hay quien dice que para realmente conocer a un autor hay que leerlo todo y de continuo.

Es una cuestión de medida. Cuando admiro a un escritor me gusta todo lo que escribe.

¿Sin dosificarlo?

No me parece una virtud postergar los placeres

En “Respiración artificial” nos topamos en medio de la otra historia con un debate literario, casi académico, sobre los méritos de Arlt. ¿Qué te impulsó a incluir esta discusión en medio de la narración?

Supongo que era natural para los personajes de la historia discutir esas cuestiones. Como es natural para los personajes de Fiesta de Hemingway discutir sobre el estilo de los toreros.

En “El último lector” haces referencia, en esta historia sobre el hombre que trabaja una versión diminuta de la ciudad, a “La invención de Morel” de Bioy, ¿es para ti importante hacer una homenaje de tus autores de cabecera?

No lo veo como un homenaje. Me parece que los relatos se relacionan entre sí, no importa quien los haya escrito. Son como calles en una ciudad, uno dobla una esquina y se encuentra con la pensión donde vivía Raskolnikov.

Has dicho que “trabajar en una trama definida y escribir una historia que ya existe me ha parecido siempre un modo de afirmar la autonomía de la literatura” de ocuparse de los tonos del lenguaje y ritmos de la prosa. En ningún momento más claro que en “Plata Quemada”. ¿Qué te llama la atención de este asalto en el que sale todo mal?

No sale todo tan mal. Se llevan una fortuna y escapan y al final los encuentra la policía. Pero se llevan el dinero que van a buscar y después, para no entregarlo, lo queman. Ahora bien, ¿quemar el dinero es un prueba de triunfo o de fracaso?

No hemos hablado de las versiones fílmicas. Hay una película sobre “Plata Quemada”, ¿qué te ha parecido?

Ya sabemos que un novelista es el peor espectador de una película basada en su libro. No digo que no le guste la película, digo que siempre está viendo lo que no está.

Desventajas de las entrevistas de ida y vuelta, en este punto, Piglia decidió terminar.

Desde luego paramos aquí. Gracias por todo y hasta pronto.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 11 de enero del 2016

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351 – Mis libros del 2016

 

Aclaración pertinente y siempre obligada: esta lista no se restringe a libros publicados en 2016, ni pretende destacar entre ellos a los mejores. Para atreverse a ese tipo de lista tendría que leerlo todo, tener una opinión a prueba de fallas y un sentido de atribución crítica al cual no pretendo aspirar. Venga pues:

Signor Hoffman de Eduardo Halfon (Cuadernos del Asteroide)

Estos seis textos son relatos que son crónicas y por momentos reportajes, podrían catalogarse como literatura de viajes profunda, pero sería casi injusto, pues son piezas literarias magníficas inclasificables. Los une una liga común: los viajes y reflexiones de Eduardo Halfon, protagonista, escritor, periodista, turista (acaso), cronista y narrador. Más allá del recuento geográfico, sumergida en recuerdos de infancia, historia familiar y cartas y conversaciones de las que no seremos testigos. Entre el extrañamiento de su mirada encontramos una perplejidad natural ante a la indefensión del viajero, la vulnerabilidad del testigo y la inquietud que producen los espacios y situaciones que se descubren sobre la marcha en la búsqueda inefable de sentido: “Todos, eventualmente, nos convertimos en nuestra propia ficción”.

Slade House de David Mitchell (Random House)

Pocos autores desafían más las etiquetas que David Mitchel. Perpetuo explorador de géneros y estilos, aborda con su singular ambición cada uno de sus proyectos sin que la forma se vuelva una loza de virtuosismo vacío sobre el lector. Esta novela, emparentada con The bone clocks, es una historia gótica de fantasmas. Una novela de terror fantástico (¿o ciencia ficción?) por momentos espeluznante o muy divertida. Algo sucede tras los muros de Slade House, juegos infantiles, romances inesperados y parrandas de antología, con una pequeña salvedad, entre sus muros es muy posible que el tiempo se nos escurra y termine plasmado en una galería nocturna que redefinirá lo que hasta días antes considerábamos pesadillas. Imposible clasificar a Mitchell como autor de horror, pero igualmente imposible reprimir un escalofrío al a toparse con su nombre en la carátula de otro libro.

The Outsider – My Life in intrigue de Frederick Forsyth

A veces es fácil pasar por alto que antes de El día del chacal, el thriller político no dominaba las mesas de novedades y listas de libros vendidos. Antes de Follett, Ludlum y tantos otros, Forsyth inventó, casi a ciegas y por desesperación, un género de novelas que alimentaría a Hollywood por décadas. Como muchos libros de memorias, lo mejor de The Outsider son los recuerdos lejanos donde el autor se refiere a personas y situaciones que ya no forman parte de su vida y no hay temor o pudor. Forsyth que se formó en el periodismo duro de guerra y el espionaje, es tan entretenido como conmovedor mientras recorre su vida y obra a través de décadas de política exterior británica (incluida una secuencia africana particularmente poco halagüeña para el foreign office).

Luna llena y otros cuentos de Yasushi Inoue (Sexto Piso)

Aperitivo de tres relatos exquisitos para entender a uno de los grandes de la literatura japonesa del siglo veinte. En Vida de un falsificador un periodista es contratado para escribir la biografía de un famoso pintor. Aburrido, termina obsesionándose por la vida de otro: un desgraciado falsificador del artista. En Obasute recupera una leyenda popular  que recuerda cómo los ancianos eran llevados hasta un monte para a contemplar la luna y dejados ahí para reducir el número de bocas que alimentar. Mientras que Luna llena, es un recuento del ascenso y caída de un ejecutivo que pasa a ser presidente de una compañía. Retrato implacable de una cultura empresarial donde el presidente es casi Dios.

Ciencias Morales de Martín Kohan (Anagrama)

Con una prosa delirante, Kohan cuenta la historia de un estricto colegio de Buenos Aires y de una prefecta dispuesta a todo para demostrar su lealtad a un siniestro jefe. Historia sobrecogedora que funciona también como metáfora ambiciosa de la sociedad argentina durante la dictadura. Un libro bello, feroz, perfecto y perturbador que será difícil olvidar mucho tiempo después de haber cerrado sus últimas páginas.

Las palmeras salvajes de William Faulkner (Edhasa)

Quién se acerque a esta deslumbrante obra, atraído por el nombre de su traductor (Borges), más le valdría buscar el original en inglés. La traducción, sea del Borges que la firma o de uno de sus parientes como se rumora, es infame. Y aún así, entre sus metidas de pata imperdonables, se cuela la absoluta genialidad de una prosa que uno quisiera al mismo tiempo ser capaz de memorizar como ejercicio devoto y dejar fluir como el río desbordado que arrastra a los prisioneros en una de las dos caras de su historia. Un libro que se lee aprisa y se termina agotado y sin aliento, acaso para ávidamente volver a empezar.

Veneno de tarántula de Julian Maclaren-Ross (La Bestia Equilátera)

Apenas una introducción a un escritor injustamente olvidado, y que de alguna manera representó una de las voces posmodernas más interesantes de la literatura británica de la primera mitad del siglo veinte. Mientras el narrador cuenta sus desventuras en una desquiciada vacación en la campiña francesa, Maclaren destila ironía, un humor afilado y perverso y una prosa vertiginosa y adictiva. El romance y la camaradería como fachada trivial para esconder una visión desencantada y brutal sobre los seres humanos.

Anything you want de Derek Sivers (Portfolio)

A medio camino entre el manual de autoayuda y la guía de consejos empresarial, Sivers redacta un manifiesto de una visión de negocios que ha redefinido la manera de trabajar en el mercado global. En su lista de lecciones, sin embargo, se esconde un testimonio inusual y crítica del propio fracaso que invita tantas preguntas como revelaciones.

222 Patitos y otros cuentos de Federico Falco (Eterna Cadencia)

Un libro de cuentos divertido, inquietante y melancólico que gira alrededor del desencanto existencial que provoca  la incapacidad de encajar en la vida que nos tocó. Y aunque algunos de sus personajes no consiguen mirar más allá de los barrotes de sus jaulas particulares, otros son capaces de encontrar su sitio justo, aunque este resulte incomprensible para los demás. Mi favorito del libro es “Un hombre feliz”, un relato con la complejidad narrativa de una novela poderosísima, trágica saga familiar incluida, y sin embargo no rebasa las diez páginas.

El último coyote de Michael Connelly (Ediciones B)

Me sumergí en sus páginas aprovechando que la trama entera de este coyote es desperdiciada de pasada en un episodio de la por lo demás estupenda serie televisiva Bosch (de Amazon). ¿Será este la última gran novela de Connelly? Un autor que abandonó la ambición compleja de sus primeras novelas, que discutiblemente podrán considerarse entre las clásicas del noir de Los Ángeles.

Libros Destacados

La simetría de los árboles de Verónica Llaca (Joaquín Mortiz), Bahía Blanca de Martin Kohan (Anagrama), Tropic of night de Michael Gruber (Harpertorch), El reverso de los demás de Kaouther Adimi (Xordica), Traiciones de la memoria de Hector Abad Faciolince (Alfaguara), The beautiful bureaucrat de Helen Phillips (H. Holt), La resurrección de los muertos de Wolf Hass (Siruela), Gambito Turco de Boris Akunin (Salamandra), La carne de Rosa Montero (Alfaguara), Cuerpo a tierra de Martín Kohan (Eterna Cadencia), Benediction de Kent Haruf (Knopf), El ojo de Vladimir Nabokov (Anagrama Compactos), Soldados de Salamina de Javier Cercas (Tusquets), Nocturnes de Kasuo Ishiguro (Faber & Faber)

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 4 de enero del 2017

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350 – Mis películas del 2016

A Carrie Fisher

La sal de la tierra de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado

Cuando Juliano se propuso hacer un documental sobre su padre, el gran fotógrafo Sebastião Salgado, lo hizo con la intención de conocer mejor a una figura a la que siempre había visto con admiración a la distancia. La película, codirigida por Wenders consigue recrear un arco vital, una narrativa que trasciende la mera biografía. La sal de la tierra explora no sólo la valentía de Salgado como testigo de algunos de los momentos más terribles de la humanidad; sino su visión para atrapar la inefable luz que se filtra entre las grietas de los momentos más oscuros, transformando al testigo en participe de un reto aún mayor: la construcción de esperanza.

Mr Holmes de Bill Condon

El último caso de Sherlock Holmes no lo escribió Conan Doyle, sino uno de los irregulares de Baker Street: Mitch Cullin. Esta adaptación de su novela A slight trick of the mind propone a un vetusto Holmes (Ian McKellen) retirado en la costa británica en las primeras etapas de demencia. Holmes trata de recordar un caso sobre una misteriosa mujer con la ayuda del hijo pequeño de su ama de llaves (Laura Linney). La dirección de Condon saca provecho de su elenco, alternando momentos de lucidez y fantasía con elegancia conmovedora.

Siete Samurais de Akira Kurosawa

Como antídoto frente al remake de Los siete magníficos, la versión western de este clásico japonés, nada mejor que volver a la sublime cámara de Kurosawa y dos conceptos básicos que nunca entraron en el paradigma de Hollywood. El heroísmo como una tarea colectiva donde la supervivencia del grupo va siempre por encima del sacrificio individual en busca de gloria; y la idea de que los soldados nunca resultan victoriosos en la guerra. “Nosotros siempre perdemos, los que ganan son ellos”.

Force Majeure de Ruben Östlund

¿Cómo reaccionamos ante situaciones de peligro? Una familia está de visita en un centro vacacional en los Pirineos cuando una avalancha sacude sus cimientos de amor, respeto y confianza. Östlund se sumerge en el debate sobre la moralidad de los instintos frente a la adversidad. Una inmersión profunda y resonante en la vida familiar y de pareja.

Wadjda (La bicicleta verde) de Haifaa Al Mansour

No sólo es la primera película filmada en Arabia Saudita, país sin industria fílmica o cines; sino que fue dirigida por una mujer en una sociedad donde las mujeres no tienen permitido no digamos votar, sino conducir un auto. La película se centra en la historia de una niña que desea una bicicleta. Algo pasmosamente mal visto. Más que un comentario político, social o de género (aunque suma los tres), la directora narra la historia desde la visión determinada y conmovedora de la pequeña Wadjda (Waad Mohammed) dispuesta a todo para conseguir su inocente objetivo, incluso a aprender a recitar el Corán en un concurso de devotos.

Rogue One: A Star Wars Story de Gareth Edwards

El director de la prometedora Monsters consigue hacer la película que Lucas nunca se atrevió (o pudo hacer). La octava entrega de una opera espacial hasta ahora más emparentada con la fantasía camp y el marketing que con la ciencia ficción. Edwards añade atmósferas inquietantes y agobiantes, guiños para fans de la wookiepedia, paralelismos políticos y homenajes a sus influencias cinematográficas. Una pieza perfecta de relojería, que no sólo es la mejor de la saga, sino que eleva el valor de todo el conjunto.

About time de Richard Curtis

No es una comedia romántica, tampoco una historia fantástica o de ciencia ficción. Hay viajes temporales y una idealización casi cursi del destino y el amor romántico, pero ambos en función de una pregunta más relevante: ¿De qué sirve viajar en el tiempo si cualquier intento por modificar la vida se vuelve caótico e incontrolable? Quizá para atrapar efímeros momentos de felicidad (y esta inteligente y sorpresiva cinta es uno de ellos).

Arrival de Denis Villeneuve

El director de Sicario aborda una historia que aparenta ser una más de invasores extraterrestres. Juega con las expectativas de un público que aprendió de ciencia ficción viendo churros veraniegos y construye su narrativa interna en forma lineal. Nada es lo que parece en La llegada, una cinta que no es sobre naves extraterrestres sino sobre el tiempo, la comunicación, el dolor, la nostalgia y la soledad. En ese sentido es más cercana a Solaris que a La guerra de los mundos.

Remember de Atom Egoyan

Zev (Christopher Plummer), un anciano sobreviviente de Auschwitz recibe una carta de un viejo amigo que le recuerda su compromiso de cobrar venganza contra el oficial que mató a su familia. En medio de la demencia senil, Zev escapa de su casa de retiro para hacerse justicia. En la trama flota un subtexto inquietante que combina la fragilidad de la memoria con la de la una civilización que aparenta sanidad escondiendo a sus monstruos.

Doctor Strange de Scott Derrickson

El superhéroe místico de Marvel funciona en los márgenes del universo que tanto ha cuidado Kevin Feige desde que tomó la batuta de los estudios. Esa marginalidad combinando el misticismo new age y la historia de origen típica de la franquicia Marvel, permite a Derrickson, talentoso director de cine de horror, aventurarse en nuevos imaginarios visuales. Un vehículo de acción visionario que funciona en muchos más niveles que sus espectaculares efectos visuales.

Sleeping with other people de Leslye Headland

Esta extraña y deliciosa comedia se plantea la posibilidad de la relación platónica perfecta entre dos antihéroes románticos: Jake (Jason Sudeikis), el mujeriego y Lainey (Alison Brie), incapaz de permanecer fiel a su pareja. El resultado es la When Harry met Sally del nuevo milenio.

Destacadas

Populaire de Régis Roinsard, Spotlight de Tom McCarthy, Star Wars VII: The force awakens de J.J. Abrams, Cartel Land de Matthew Heineman, The best offer de G. Tornatore, The imitation game de Morten Tyldum, Capitan America: Civil War de Anthony y Joe Russo, La elegancia del erizo de Mona Achache, The Good Dinosaur de Peter Sohn, St. Vincent de Theodore Melfi, Jersey Boys de Clint Eastwood

Decepciones

I nostri ragazzi de Ivano de Matteo

Adaptación italiana de La Cena de Hermann Koch. Al quitar la estructura, punto de vista y construcción psicológica de la novela, la película se queda en lo sensacionalista y ya.

The revenant de Alejandro G. Iñárritu

Como saga de venganza es un tanto tramposa, y aunque visualmente es casi perfecta, sus decisiones estéticas, paradójicamente, se las arreglan para sacar al espectador, haciendo un trueque entre empatía y admiración.

Irrational man de Woody Allen

La más palpable señal del deterioro creativo de uno de mis cineastas más admirados. A medio camino entre la comedia y el policial, se queda en un territorio blando intermedio. Todo se percibe derivativo y forzado, desde un guión anacrónico hasta la sobreactuación de un elenco desperdiciado.

The hateful eight de Quentin Tarantino

Los odiosos ocho es la película más autoindulgente de Tarantino, y también la más fallida. La cháchara y retórica habitual del director substituida por el doble de mala leche y la mitad del humor.

Star Trek Beyond de Justin Lin

Hay un momento en toda saga en que todas las premisas parecen haber dejado atrás la fecha de caducidad. Armada con lo que parecen remiendos de una docena de películas mejores, es la peor y más estúpida de toda la serie.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 28 de diciembre del 2016