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281 – Trayecto legendario

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La divisoria continental – foto: @rgarciamainou

Las excursiones largas, suelen tener pocos momentos de silencio. Llenas con la cháchara interminable del guía o chofer, intentando aprovechar cada minuto para alguna anécdota jocosa, dato histórico manoseado o instrucción para que la siguiente parada dure los minutos requeridos.

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Empire, Colorado – foto @rgarciamainou

La excursión para subir al parque de la reserva nacional de las montañas rocallosas dura poco más de diez horas. La mayor parte del tiempo transcurre en un trayecto de ascenso (o descenso) en el autobús, mientras el guía apunta a las ventanillas de la derecha o la izquierda para que los turistas/fotógrafos con buen pulso capten algo a través del cristal.

La ruta sale de Denver, Colorado (1,609 metros sobre el nivel del mar) y toma una carretera serpenteante que pasa por algunos poblados cada vez más pequeños. Uno de ellos, Empire, es conocido como “la trampa de velocidad”, pues todos los ingresos del municipio son generados por multas de tránsito a los automóviles que lo atraviesan desde la ciudad hasta los centros vacacionales de las montañas. Un pueblo entero que vive de la prisa ajena.

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En la divisoria continental – foto @rgarciamainou

La primera parada importante de la excursión es la divisoria continental, ese punto en la cadena montañosa que baja desde el estrecho de Bering hasta el de Magallanes; desde Alaska hasta la Patagonia. Una línea geográfica, básicamente de carácter hidrológico pues separa las cuencas de los ríos que desaguan al Océano Pacífico de las que drenan hacia el Atlántico (incluyendo el Mar Caribe y el Golfo de México).

Uno de los grandes atractivos de esta ruta en particular es que los caminos de acceso a la divisoria continental y más tarde a la cima de algunas montañas adyacentes, están perfectamente pavimentados y su circulación es segura durante el verano. En el camino está el acceso a algunos de los centros vacacionales invernales más lujosos y codiciados de Norteamérica que durante el verano cambian su perfil ofreciendo actividades para el turista extremo: acampar, el descenso por tirolesa, hang glider, el montañismo o el canotaje por los ríos rápidos.

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Winter Park – foto @rgarciamainou

Entre la plática a veces inane del guía se rescatan historias que despiertan la imaginación. Una de ellas es la de Mary Jane, uno los complejos invernales de Winter Park, que se vuelve una variante curiosa del “sueño americano”. De acuerdo a la leyenda local, Mary Jane era una prostituta que realizaba “favores especiales” (así lo dicen) a los mineros y primeros trabajadores del ferrocarril que cruzaría las rocallosas a finales del siglo diecinueve.

Con el dinero que ganaba sin duda arduamente, Mary Jane compró una de las propiedades que rodeaba la vía. Años después, cuando un delegado de la ciudad de Denver fue enviado a adquirir los parques adyacentes a las rutas, se encontró con que esa tierra tenía dueña. La ciudad terminó comprándola por una suma elevada, lo que permitió a la señora retirarse con fama y cuantiosa fortuna. El centro vacacional abrió en 1975 y sigue llevando su nombre. Considerada una de las montañas de ski más codiciadas y difíciles de la región. Se le apoda en honor a su dificultad y a su leyenda: “No pain, no Jane” (sin dolor no hay Jane).

The Hot Spot Cascades

La librería y su dueña – foto: @rgarciamainou

Otra parada es el casi idílico poblado de Grand Lake: un puñado de casas y negocios de madera, probablemente alimentados por el flujo de turistas, donde también hay una sorpresiva librería. Cascades of the Rockies es una librería independiente que combina una oferta de libros de actualidad, literatura local, infantil y juvenil; junto a artesanías, implementos de cocina y comida gourmet. Una propuesta singularísima y personal que recuerda algunas de las librerías que han surgido en España en los últimos años, como alternativas (y esperanza) durante la crisis editorial y económica.

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Ya en el parque nacional, el camino asciende hasta más de los cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Los árboles reducen su tamaño hasta desaparecer. Hemos cruzado a ese extraño habitat que en primaria nos presentaron como la tundra y asociábamos con osos polares y paisajes desolados. De acuerdo al guía, un sólo pie humano puede alterar su ecología por más de cien años. Está prohibido exceder el perímetro de la carretera, vigilado por guardias forestales.

En la parte más alta, el camino ni siquiera tiene guardas, y los precipicios laterales son kilométricos. El guía bromea sobre su ojo de cristal, mientras miramos por la ventanilla un panorama desconcertante. La tierra como era hace millones de años, un ecosistema casi primigenio, donde la vista del horizonte la constituyen las cimas, más bajas, de docenas de montañas.

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El Stanley – foto @rgarciamainou

En el camino de vuelta, mientras algunos dormitan, el guía toma nuevamente el micrófono para señalar un edificio a la izquierda del camino. Se trata del legendario Hotel Stanley, construido en 1905. En 1974, Stephen King y su mujer Tabitha pasaron una noche en la habitación 217 del hotel. “Estaban listos para cerrar por temporada y éramos los únicos huéspedes en sus corredores vacíos”. Esa noche, King tuvo un sueño que fue la inspiración para su próximo libro. “Soñé que mi hijo de tres años corría gritando por los corredores, mientras lo seguía una manguera de bomberos”. El libro fue El Resplandor y aunque el exterior del hotel dista mucho del Overlook que utilizó Kubrick en Oregón para la versión fílmica, es casi imposible suprimir un escalofrío.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 2 de septiembre del 2015

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280 – Un tren para subirse

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Hace una década, Paula Hawkins era editora de la sección de finanzas personales del periódico The Times de Londres. Entonces publicó un libro de consejos financieros para mujeres, un libro que tuvo un éxito moderado. Siete años después, Hawkins dejó el periodismo y pidió un préstamo familiar para embarcarse en la aventura de escribir una novela. Algo que ella misma ha calificado como “su última oportunidad” para intentar el sueño de dedicarse a la ficción.

Su libro se llama The girl on the train (La chica del tren, Planeta), un thriller psicológico que de inmediato tuvo buena tracción con la crítica de habla inglesa y las recomendaciones “boca a boca” de sitios web como Goodreads, o de la misma Amazon que lo etiquetó como uno de los libros del mes en enero de este año.

Esa recepción la colocó en las listas de libros más vendidos, algo inusual para el debut literario de una autora prácticamente desconocida. Para julio de este año, La chica del tren había roto el récord de Dan Brown al pasar 20 semanas continuas en la cima de la lista de best-sellers. Hawkins le quita importancia a la noticia: “Las listas son algo artificial y desde el punto de vista del autor, ni siquiera lo más importante”, dijo en una entrevista a The Guardian.

jpgComo es costumbre entre la crítica, la novela ha sido comparada con predecesoras que pueden generar identificación de algún tipo con los lectores. Así, ha sido llamada “hitchcockiana” y recibe frecuentes menciones de estar en la “tradición” de novelas como Gone Girl de Gillian Flynn. Calificativos que bien pueden ayudan a impulsar las ventas, aunque tengan poco que ver con la realidad.

Primero porque cualquier thriller psicológico que pase por el tamiz mediático es llamado en algún punto “hitchcockiano”. Y aunque es probable que la novela le hubiera llamado la atención a Hitchcock si hubiera sido escrita en su tiempo, especialmente porque una de las protagonistas es rubia; lo cierto es que la narración en sí tiene poco que ver con el trabajo del gran maestro del suspense.

Un caso similar sucede con la novela de la Flynn. Aunque con esta última se podría argumentar que hay vasos comunicantes: un narrador subjetivo y poco confiable, un misterio alrededor de los secretos y las complicaciones de la vida marital. Pero poco más, particularmente porque el rol femenino es muy distinto bajo la óptica de Flynn, que podría decirse sostiene una postura opuesta a la de Hawkins.

The Girl on the TrainLa novela parte de una buena premisa. Rachel, una mujer complicada y conflictuada (no una “chica” bajo ningún concepto) toma el tren todas las mañanas para pretender ir a trabajar. La ruta tiene tramos donde el tren se ve obligado a detenerse por algunos minutos. Tiempo que Rachel aprovecha para espiar en las casas de esa zona, particularmente la casa donde vive su exmarido con su nueva mujer (y bebé), y sus vecinos, un matrimonio desconocido con el que Rachel se obsesiona y empieza a imaginar historias (Rachel es alcohólica sin remedio y vive cada día en periodos intermitentes de consciencia e inconsciencia, y hay una frecuente disociación entre lo que piensa, siente, dice y hace).

Cada capítulo de la novela es narrado como una suerte de diario con dos entradas (mañana y noche). Poco después, Hawkins salta a una entrada similar e igualmente parcial de Megan, la vecina protagonista de la fantasías de Rachel; y posteriormente a Anna, la nueva mujer de su exmarido Tom.

Cada narradora nos somete a su propia subjetividad, lo cual se complica cuando Megan desaparece y la policía entra en juego. Los puntos de vista enfrentados sirven para construir el suspenso y funcionan bastante bien hasta la mitad de la novela, donde el peso de la trama y la decisión de Hawkins de apostar por vueltas de tuerca y giros “sorpresivos” la hacen trastabillar un poco.

Quizá el punto más débil de la novela (sin echar a perder nada a quien no la ha leído) es que en más de una manera, su autora apuesta el suspenso a una estructura de whodunit, donde saber Paula Hawkins, author of 'The Girl on the Train'quién es “el asesino” se vuelve la zanahoria para que el lector siga adelante. Y ahí, Hawkins tropieza con su propia inexperiencia en el género, porque los whodunit con un puñado reducido de sospechosos suelen ser un tanto predecibles.

La novela, sin embargo, tiene aciertos destacables. La caracterización de casi todas las mujeres, sean las tres narradoras o incluso la benévola e ingenua compañera de piso de Rachel, es bastante efectiva. Una excepción podría hacerse con la detective Riley, quien resulta poco más que un dispositivo de la trama. Sus hombres son desconfiados, inestables, desordenados, cachondos y violentos.

Pero esos personajes tan complejos y bien dibujados no funcionarían si Hawkins no hubiera sido capaz de crear el mundo oscuro y misógino donde estas habitan, y donde los roles femeninos están demarcados por sus expectativas como compañeras, madres, esposas, amantes, pecadoras o víctimas y muy poco más a lo que aspirar. Un mundo de violencia, fragilidad psicológica y verdades a medias, lamentablemente muy parecido al que todavía constituye la existencia cotidiana en buena parte del planeta.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 19 de agosto del 2015

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279 – Google+: El clon que fracasó

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Vic Gundotra durante la presentación de Google+

Su origen está bien documentado. Una vez establecido su dominio en los buscadores de internet, los mapas y el correo electrónico, el “gusano” de las redes sociales empezó a quitarle el sueño a los creadores y directivos de Google.

La compañía que en algún momento se empezó a creer el mito de que era dueña del internet (para 2013 de acuerdo a Forbes, Google sumaba el 40% del tráfico global de internet) empezó a mirar a Facebook como quien mira al vecino con auto nuevo.

meanwhile-on-google-plus_pwrqopVic Gundotra, vicepresidente social empezó a repetir a Larry Page (Cofundador y director de Google) un mantra pesimista “Facebook nos va a matar. Si no creamos una red social pondremos todo en riesgo”,  reporta Seth Fiegerman en su blog en mashable.com.

Google apuraba remedos que fracasaban. Primero fue Orkut en 2004. Después fue Reader, un lector de noticias (2005). Wave, pretendía ser la plataforma de comunicación del futuro, excepto que nadie entendió el concepto. Después fue Buzz, pegada a Gmail hasta que tuvo que desaparecer por su manejo terrible de la privacidad de los datos de sus usuarios.

Mientras Google hacía sus pininos y fracasaba una y otra vez, Facebook crecía. Para 2010 sumaba 500 millones de usuarios y se valoraba por encima de los 13 mil millones de dólares. La compañía de Zuckerberg no sólo generaba envidia en los cuarteles de Google, también se llevaba sus ejecutivos, sus usuarios, anunciantes y clientes.

Google-Plus-failFaltaba poco para que tanto Facebook como Twitter empezaran a comercializar publicidad, otro de los hasta entonces pilares del gigante.

El mandato fue claro: tenemos que tener una red social como Facebook pero mejor. Y la hicieron. La empresa que hasta entonces se acercaba a nuevos proyectos como quien moja los pies en la alberca para medir la temperatura antes de meterse, decide de pronto saltar a ciegas.

El compromiso fue tal, que la nueva red se ligaba a todos los servicios de Google. Pronto quedó claro que el uso de muchos de las aplicaciones gratuitas de Google se condicionaba a tener una cuenta en su “red social”, aunque esa cuenta se abriera como un trámite más y nunca más volviera uno a asomarse por ahí.

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Como debían funcionar los Hangouts

Internamente, la compañía apostó el todo por el todo. Cambió su sistema interno de videoconferencias por el Hangout (aunque el funcionamiento de éste era inconsistente). Amarró lo que ya funcionaba al barco del Google+ pensando que en la interconexión de todo lo que funcionaba sacaría a flote su elefante blanco.

Mientras otra de las ramas de la empresa anotaba un éxito tras otro con su lenguaje para dispositivos móviles (Android), la red social no despegaba.

Google+ tenía todas las características del benchmarking. Un producto que se construyó con los ojos en el otro, listo para superarlo en cada competencia, real o imaginaria sobre el terreno.

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Larry Page, cofundador de Google

Por supuesto uno de los bemoles de construir con la mirada en el otro es que el foco de la organización deja muy poco lugar para diferenciarse y ya no digamos innovar. Si lo que te interesa es sumar la lista de funcionalidades de otro producto, el compromiso está ahí, no hay espacio para la mirada fresca que se necesita para romper esquemas. Su mejor acierto, los círculos, fueron poco después integrados a los esquemas de privacidad de Facebook.

Al final poco importa que fuera paso a paso “mejor” que Facebook: carecía de personalidad propia. Era una versión mejorada de Facebook que sin embargo no era Facebook. Google+ ofrecía una larga y confusa lista de cosas que podías hacer si te “cambiabas de red social”.

Mientras Twitter o Pinterest ofrecían visiones radicalmente distintas a la interacción, Google+ era una alternativa sustituta que llegaba a usuarios que ya estaban en otro lado.

Pinterest Google+Dentro de la empresa, según los reportes que se han filtrado, la filosofía corporativa se ligó tanto al éxito obligatorio que cualquier objetividad quedó en el camino. Inadvertidamente abrazaron el camino al fracaso que ha sumergido una y otra vez las empresas humanas: Leer cada señal positiva como lo que falta para triunfar, mientras que las señales negativas se ignoran y no se discuten.

Google ha rectificado (más o menos). Cambió a sus directivos y renombró sus departamentos de desarrollo. Quitó funcionalidades a su red (la edición de fotos y Hangout fueron los primeros sacrificados) y dejó de volverlo obligatorio para usar otros servicios. Su nuevo foco está en permitir que sus usuarios compartan cosas que les gustan, o sea, dejó de emular a Facebook para parecerse a Pinterest.

Ayer, Google anunció que la compañía se volvería subsidiaria de una entidad llamada “Alphabet”. La compañía que empezó como “el buscador” más conocido del mundo, se tropezaba con su propio éxito. Se descubría financiando y desarrollando proyectos contrapuestos, dispersando esfuerzos y recursos. Alphabet pretende remediar eso, cotizará en bolsa y reorganizará internamente las áreas que funcionan, las que son apenas especulación y las que ya no merecen inversión de tiempo o recursos. ¿Existirá Alphabet en diez años?

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 12 de agosto del 2015

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278 – La conciencia en el futuro

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Es frecuente escuchar, entre algunos de sus detractores, que el cine del director ruso de culto Andrei Tarkovsky es un muy buen remedio para el insomnio. En su defensa, Roger Ebert argumentaba que cuando enfrentábamos uno de esos planos largos típicos de su cinematografía, teníamos dos opciones: “aburrirnos o usar el interludio como  oportunidad para consolidar lo que acaba de suceder y procesarlo en términos de nuestras propias reflexiones”.

Hay cine que no envejece bien, y el tiempo suele ser particularmente cruel con la ficción especulativa. Clásicos como Blade Runner son frecuentemente examinados para ver qué tantas de sus apuestas de futuro se convirtieron en realidad. Estas apuestas son a veces cuestión de dirección de arte o diseño de producción: ¿Qué marcas vemos anunciadas en el cielo de esta visión distópica del mundo? ¿Qué aparatos usa el protagonista en su vida cotidiana? O de la construcción social y económica de su versión del mundo.

HALMientras cineastas como Goddard apostaban por presentar el futuro como una realidad distópica noir donde el mañana es más parecido al ayer del cine en las locaciones de hoy (Alphaville); otros como Kubrick se debatían profundamente en que cada aspecto de su película no la remitiera de inmediato, veinte o treinta años después, a la lista de lo obsoleto. En ese sentido, el CPU de su HAL 9000 sigue siendo perfectamente viable: una habitación llena de cristales de cuarzo como almacén de sus recuerdos y redes neuronales.

El 2001 de Kubrick es frecuentemente aparejado con su casi contemporánea Solaris de Tarkovsky. Quizá porque ambas contemplan una visión existencialista del viaje del hombre en el cosmos. Para Kubrick (y en cierta medida para Arthur C. Clarke que escribió simultáneamente la novela) el hombre encuentra una evolución afuera, trascendiendo sus propias limitaciones espacio-temporales para integrarse al universo. En cambio, Tarkovsky (y en cierta medida en la novela del polaco Stanislaw Lem en que está basada su cinta) visualiza el viaje es hacia el interior, lo único que encuentra Kris Kelvin, su psicólogo protagonista, es la trampa de su propia conciencia.

Solaris inicia con una granja donde Kelvin está preparando su viaje hasta una lejana estación espacial donde suceden cosas bastante extrañas. El consejo encargado de la estación ha decidido enviar un psicólogo para ver si el problema que ha decimado la tripulación de 75 hasta dejarla en 3, tiene que ver con el aislamiento y la irracionalidad. Kelvin se despide de su padre y su tía, a los que presumiblemente no verá más.

tumblr_kzokihOBar1qamqmco1_500A Tarkovsky no le interesan los mecanismos del viaje, o decirnos dónde está el misterioso planeta. Sólo sabemos que Kelvin tiene derecho, como línea área de bajo costo, a una maleta de mano y una cajita metálica. Ahí deberá llevar todo lo que significa algo para él en el mundo. En la maleta, va un retrato de su madre y otra de su fallecida exmujer Khari. En la cajita, las cenizas de todos los documentos y fotografías que guardó en su vida, , quemados en una fogata antes de partir.

Al llegar a Solaris descubre que de los tres científicos quedan dos. También que ese planeta, conformado por un largo océano amarillo ha hecho algo con los sobrevivientes. ¿La estación está embrujada o sus tripulantes han perdido la cabeza? Uno de los científicos, el astrobiólogo Sartorius, bombardeó la superficie del planeta con radiación, y eso provocó que pronto cada uno de los tripulantes recibiera una “visita”: una materialización de sus recuerdos de la que es imposible deshacerse.

Para Kelvin, ante la aparente envidia de los otros, es Khari quien aparece. Pero lo verdaderamente interesante es que no es Khari quien se materializa en la nave, sino el recuerdo de Kelvin de Khari.

La subjetividad de la interacción humana está en el centro de la película. Si Kelvin tenía emociones encontradas frente a la verdadera Khari, de la que se separó después de amargas discusiones antes de que está falleciera por cáncer. Con esta nueva versión no tiene problema alguno. “Tienes suerte que fuera ella” le dice Snaut, “pudo visitarte cualquier otra criatura, real o imaginada, de tu mente”.

Blade RunnerLa que no está convencida de su suerte es precisamente esta nueva Khari, quien pronto es informada por los demás que no es real, sino sólo un constructo de la percepción de Kelvin. Sólo recuerda lo que Kelvin recuerda de ella. Sólo piensa lo que Kelvin pensaba que ella pensaba. Al cobrar conciencia de su impostura, Khari entra en crisis.

Si hay algo que no envejece bien en Solaris es el vestuario. El vestido de flores de la tía, la chamarra y botas del astronauta que parece recién bajado de su moto, la camisa del científico Snaut en la estación están más allá de la mirada benevolente del espectador que sabe que la película se filmó hace casi medio siglo. Los paneles llenos de botones de plástico, los casets donde los científicos guardan sus testimonios en video, provocan más ternura que rechazo.

Pero eso no importa. Porque la película no se sostiene en sus premisas futurológicas, sino en sus preguntas: ¿Qué tan real es el mundo que nos rodea? Si nuestro recuerdo de un objeto no es el objeto mismo sino nuestra percepción sensorial de haberlo tocado. Si nuestra memoria de nuestros seres más queridos no está anclada en su esencia e individualidad, sino en la manera en que los sentimos, escuchamos y pensamos. ¿Existe algo en el universo fuera de nuestra mente? La defensa del planeta Solaris está pues, en enfrentar al hombre con su última soledad, con la soledad subjetiva de su percepción y su experiencia.

Twitter: @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 5 de agosto del 2015

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277 – Tres libros para el verano

lectura-de-verano1En otras latitudes, la temporada veraniega es el punto alto de la venta de libros. Tanto en España como en EU, puede uno ver a los editores frotándose las manos por la calle, esperando el ansiado periodo de los “libros de playa”. Momento ideal para lanzar esas novelas de lectura fácil y veloz que algunos intelectuales desprecian, a veces con razón, con la ambivalente etiqueta de best-sellers.

Pero no todo mundo busca ediciones de bolsillo de novelas románticas, la última serie postapocalíptica juvenil, el libro escándalo de la semana o un thriller desechable: léase y tírese, recogido sin ver en la mesa de novedades de un kiosko de aeropuesto o tienda de autoservicio. Otros aprovechan las largas noches de calor y viento marino, para adentrarse en un clásico nunca leído, un volumen de ensayos o hasta esa novela cansada de esperar en el buró, a la que fue imposible sumergirse en la vorágine del trabajo y las distracciones cotidianas.

-var-www-web.farolibros.com-public_html-es-imagenes-9786077-978607778181Uncle Bill de BEF (Sexto Piso) – El lector que reconociendo al autor imagine un narcopolicíaco efectivo o una aventura gráfica de corte juvenil, se llevará una verdadera sorpresa. Puesto que lo que BEF consigue es sacar provecho de las posibilidades y virtudes de la novela gráfica de una manera poco común en nuestro país. El libro, bellamente editado, reconstruye la vida de William Burroughs, escritor de leyenda oscura y literatura delirante que compartió el camino generación Beat, pero por una senda paralela que muchas veces se torcía para adentrarse en territorios insólitos. Uncle Bill es mucho más que una biografía ilustrada. Es un un intento de explicar la propia obsesión por la literatura ajena, un viaje a una época singularísima de la cultura mexicana y un ejercicio de empatía que nace de la admiración creativa y busca a través de ella aproximar o redimir al esquivo escritor, oculto detrás de su obra tanto como de su leyenda.

Las extranjeras de Sergio Olguin (Suma)

-var-www-web.farolibros.com-public_html-es-imagenes-9786071-978607113293En esta eficaz secuela de La fragilidad de los cuerpos, Olguin convierte a Verónica Rosenthal en protagonista de su propia serie de thrillers políticos y psicológicos. Poco tiempo después de los terribles sucesos que casi le cuestan la vida, la periodista decide pasar unas vacaciones en las regiones del norte de su país (Argentina). En el camino se encuentra a dos turistas europeas. Más pronto que tarde, las vacaciones se convierten en una pesadilla que esconde una conspiración siniestra, pero esta vez en un territorio donde la Rosenthal es muy vulnerable. Olguín maneja bien sus piezas. Después de un arranque por momentos forzado, va acumulando tensión y crueldad, con la maestría que lo ha convertido en uno de los imprescindibles de la novela negra latinoamericana. Esta segunda entrega no alcanza los niveles de intensidad devastadora de su predecesora, pero aún así supone una lectura satisfactoria que deja abierta la puerta a un universo que da mucha más tela de donde cortar.

Biblioteca5La biblioteca secreta de Haruki Murakami (Libros del Zorro Rojo)

Una edición que no quieres llevar a la playa. Como la gran mayoría de los libros de la editorial española, hay un conceptualización del libro como un objeto, las ilustraciones y el formato complementando la experiencia estética. En este caso, las ilustraciones de Kat Menschik son una verdadera maravilla. Más que una novela, el libro lo comprende un relato largo del japonés, editado en varios países como volumen independiente. Un adolescente que frecuenta la biblioteca de su ciudad, es invitado a visitar una sala de lectura cuya existencia, hasta ese momento, desconocía. Una vez ahí se da cuenta que cayó en una trampa de la que será difícil escapar. Murakami conecta con una atmósfera onírica que resultará familiar a sus lectores, pero esta vez abordando una pesadilla cercana a los temores y fantasías de la infancia. Un escenario donde la soledad y la pérdida juegan un papel destacado.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 29 de julio del 2015

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276 – Lecturas sobre la lectura

Leer en Islandia

La columna de la semana pasada sobre las exageradas cifras de lectura en México amerita reflexiones complementarias. Una de las primeras y más intrigantes empezaría en pertinencia misma de cuantificar el número de libros leídos. Sea la cifra resultante motivo de orgullo o vergüenza nacional. ¿Son los supuestos beneficios de la lectura de libros exagerados por las élites culturales?

En las Ferias del Libro y eventos de fomento a la lectura, se suelen enarbolar argumentos a favor de leer, como afirmar que quienes leen libros (se especifica) se vuelven mejores personas. Esto gracias a que la lectura abre la percepción a otros puntos de vista, se cultiva la tolerancia y se genera empatía por los otros, o sea los demás que habitamos el mundo. Aunque para contrarrestar dicho argumento no falta quien esgrime el nombre de tal o cual político o dictador ilustrado.

Leer India¿Hay algún beneficio real en un país con altos niveles de lectura, más allá de las obviedades sobre educación, remuneración profesional y desarrollo científico?

Aunque no se ha estudiado una correlación directa, valga una empírica: Los cinco países más pacíficos (y mejores lugares para vivir) de acuerdo al Índice Global de Paz del 2014, son Islandia, Dinamarca, Austria, Nueva Zelanda, Suiza y Finlandia. México tiene el lugar 138 de 162 países (incluso abajo de Ruanda, Myanmar e Irán). En nuestro continente, el primer lugar lo ocupa Canadá (7), el segundo Chile (30) y el tercero y cuarto Costa Rica (42) y Argentina (43) respectivamente. EEUU va por el 101 y México ocupa el penúltimo lugar (el último es Colombia con el 150).

No hay estudios de lectura en todos estos países, pero rastreando los que podemos encontrar, descubrimos que los cinco países en el primer lugar del IGP ocupan también en los primeros lugares en lectura de libros, mientras que aquellos en los últimos lugares del IGP, arrastran también los últimos sitios en lectura.

IGP¿Quiere decir esto que la clasificación en el IGP se debe a que leen mucho? Por supuesto que no podría afirmar tal cosa. Pero hay una interesante coincidencia que no puede soslayarse. El IGP mide, conflictos internos y externos, muertes por estos conflictos, relación con los vecinos, percepción de la criminalidad en la sociedad, refugiados, inestabilidad política, actividad terrorista, homicidios, crímenes violentos, manifestaciones violentas, número de policías, gastos militares, capacidad nuclear, acceso a armas, etc. ¿Cambian algunos de estos factores si buena parte de la población es lectora? Probablemente sí.

Quepa la la distinción frente al dato que arroja la puntuación en el llamado Índice Mundial de Cultura de NOP. Basado en entrevistas  realizadas entre 2003 y 2005 a 30 mil personas mayores de 13 años sobre sus hábitos de consumo cultural; entre ellos el número horas a la semana que dedicaban a la lectura. El resultado fue una lista donde nuestro país registró el lugar 25 de 30 (5.30 horas a la semana de lectura).

indiaSin embargo, el índice NOP merece algunos cuestionamientos importantes: Se contabilizó hace más de una década. De los cinco países que encabezan el IGP, ninguno fue estudiado. Aunque aproximar una cuantificación del consumo de recreativo de internet, televisión, radio y lectura suena en el papel interesante; los resultados divulgados, concretamente en la lectura, no especifican ni qué leen sus entrevistados, ni cuánto leyeron en ese tiempo, ni su nivel de comprensión. Se vuelve una suma de datos anecdóticos: En India leen 10.7 horas, en Tailandia 9.4 pero ven 22.4 horas de TV. En Argentina se escuchan 20.8 horas de radio, en Taiwan se la pasan pegados a la computadora. México sumaba 11.6 horas de TV, 11.1 de Radio, 6.3 de Internet y 5.3 de lectura.

Aún así, queda claro que los hábitos reales de lectura pueden tener significancia y merecen mejores estudios. Análisis más allá del inflado informe de gobierno, el morbo mediático o las necesidades de mercado del sector editorial.

Screenshot-2014-10-09-09.18.12Independientemente de las cifras, la lectura tiene beneficios de los que suele hablarse menos. Por ejemplo, que reduce los niveles de estrés. Un estudio en la Universidad de Susex encontró que leer seis minutos puede reducir el estrés hasta en 68%, particularmente si esa lectura se realiza en forma continua y por placer (leer tuits y actualizaciones de Facebook no cuenta). Otro estudio aduce que los individuos de la tercera edad que leen regularmente, tienen 2.5 veces menos probabilidades de desarrollar Alzheimer o demencia.

El debate entre leer libros en papel o electrónicos ofrece también argumentos interesantes. Por ejemplo, un reporte de Scientific American, menciona estudios realizados a grupos de lectores que leyeron el mismo libro en papel y Kindle (dispositivo para leer eBooks de Amazon). Al evaluar su lectura, estos últimos eran mucho peores en recordar el orden de sucesos de la novela. Algunos científicos afirman que el proceso táctil de pasar páginas en el libro ayuda a reforzar la memoria a través de la experiencia sensorial del papel, el peso y el grosor del libro. Otros estudios comprueban que la misma historia provoca menos inmersión y empatía cuando se lee en la pantalla que cuando se hace en papel.

“Hay algo físico en la lectura” afirma la psicóloga y neurocientífica Maryanne Wolf de la Universidad Tufts, quien se preocupa: “la manera superficial en que leemos durante el día, nos afecta cuando tenemos que leer con un procesamiento neuronal más profundo”.

No es lo mismo leer en forma lineal que leer fragmentos de texto con hipervínculos. El lector de internet suele saltarse información, leer por “encima”, escaneando la pantalla con la mirada para captar el sentido brincándose líneas. Un estilo de lectura aparentemente rápido y acorde a estos tiempos, pero que reduce la comprensión y complica enfocarse en la página la siguiente vez que se enfrenta la lectura en papel.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 22 de julio del 2015

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275 – Cifras mentirosas: la exagerada lectura en México

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Cada año los mexicanos nos tropezamos con las cifra que arroja la Encuesta Nacional de Lectura, después la enunciamos en todos los medios (los masivos y las redes) como si fuera de pena ajena. Negando con la cabeza, con esa mezcla contradictoria de vergüenza y orgullo patriotero autoinmolado. La sonrisa sardónica de quien lee sobre la fuga del Chapo y dice “qué mal estamos”. La realidad es mucho peor.

La encuesta más reciente (2014) decía que los mexicanos leemos 2.94 libros al año. La clase intelectual dio el grito al cielo, los padres de familia señalaron acusadoramente al gobierno y al SNTE, un buen número de jóvenes dijo “¿2.94…? Qué flojera”.

bookPero hay algo aún más inquietante que una encuesta donde el 30.4% de los que responden dicen “haber leído en algún momento de su vida” y un 12.7% contesta que eso de los libros con qué se come. Lo inquietante es que la cifra bien puede ser exageradamente alta al compararla con la realidad, como ya argumentó alguna vez Gabriel Zaid en Letras Libres, y recientemente retoma Juan Manuel Alegría en la revista Etcétera.

Según el INEGI en el 2010 sumábamos 112 millones de habitantes, quedémonos con esa cifra un momento. Quitamos al 12.7% que no sabe qué es un libro (14 millones de mexicanos, incluyendo a alguno que otro gobernante), y nos quedan 97.7 millones. Sólo el 56.4% afirma leer libros (63 millones de mexicanos) y una cifra similar afirma alguna vez en su vida haber cruzado el umbral de ese sitio tan raro que se llama librería. Entre los que leen o han leído alguna vez, a la hora que se les pregunta su libro favorito, sólo el 60% puede mencionar alguno (el que más votos recibe es La Biblia)

1188699Cuando el reporte dice que el promedio de libros leídos en el año es de 2.9, eso significaría que en México se leen 324 millones de libros al año. La producción total editorial del país, según la Cámara de la Industria Editorial, fue justamente de 145 millones de ejemplares (excluyendo los libros de texto gratuito) y se vendieron casi 148 millones de ejemplares. Antes de aplaudir con optimismo, detengámonos un segundo: entre esos 148 millones de libros que vendió el sector editorial, 48 millones los compró el gobierno, 14 millones se exportaron, 25 millones los compraron escuelas (como libros de texto o acervo bibliográfico), y sólo 57 millones se vendieron en librerías, tiendas de autoservicio, ferias del libro o directamente al público.

como-se-enciende-un-libroEso significa que ese hipotético mexicano promedio dice que lee el triple de libros de los que compra. Aunque asumiéramos que el resto los regala el gobierno, los recibe prestados de amigos y familiares o se los vuela; lo cierto es que basándonos en libros vendidos a la población, el mexicano promedio compra medio libro al año. Pero declarar un índice de lectura de medio libro al año no sólo sería políticamente suicida, sino que además sería una exageración: asumiría que los mexicanos leen todos los libros que compran, lo cuál también es ridículo.

Tendríamos que sumar todos los libros que edita la iniciativa privada con los del Estado: libros de texto gratuitos, volúmenes de historia regional, ensayos académicos, reportes de agricultura, manuales técnicos, etcétera; para cuadrar la cifra a 2.9 libros editados al año por persona. Y para empatar con el famoso índice de lectura, tendríamos que asumir que absolutamente todo lo que se edita llega a manos de alguien y es leído. Pero presumir que todo lo editado (privadamente, estatalmente o de ambos) se compra y se lee es tan absurdo como las comparaciones con Finlandia (donde no sólo hay estadísticas más confiables, sino que el promedio de libros leídos al año por cada finlandés es de 47).

mentirasEvidentemente el mexicano miente cuando le preguntan cuántos libros leyó en el año, así como miente cuando cada año contesta que leyó La Biblia y algún otro libro que no recuerda bien…La Encuesta Nacional de Lectura es tan inútil como algunas de las que se publican durante las campañas electorales.

Si Amazon empezó a pagar regalías a algunos de sus autores de libros electrónicos por página leída en lugar de por libro leído, no estaría del todo mal tomar esa terrorífica idea, como inspiración para cambiar la escala de nuestra encuesta. Así la cifra promedio de lectura en México podría ser de un número más realista, algo así como 85 páginas per capita. Ahora sí, se vale cortarse las venas.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 15 de julio del 2015

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274 – La distracción como felicidad

distractions

Una característica de nuestra era, es la omnipresencia de dispositivos móviles. Sean estos smart phones que nos mantienen conectados con todos sitios menos en el que estamos, o las tabletas y sus innumerables apps, siempre a un click del acceso a interminables cantidades de contenido, diversión e información.

Nos gusta pensar que así estamos conectados, que la gran oportunidad de nuestro tiempo es que nos permite llevar siete conversaciones por Whatsapp mientras cenamos con la familia. Before After SmartphonesQuizá por ello en EU ha empezado una campaña para apagar los teléfonos y dejarlos a un lado una vez por semana durante la cena dominical. La idea es que seamos capaces de hablar, de contar algo sobre nosotros mismos, de aprender algo de los extraños con los que convivimos cada día.En su artículo sobre una nueva teoría de la distracción para The New Yorker, Joshua Rothman recuerda una entrevista de nuestro compatriota Louis C.K. en el programa nocturno de Conan O’Brien. Louis argumentaba que la gente se había vuelto adicta a sus teléfonos porque “no quieren estar solos por un segundo, porque es demasiado duro”. Es la teoría espiritual para justificar la necesidad de la distracción: “necesitamos distraernos porque nuestra alma está perturbada”.

Otra teoría, la material, radica en la complejidad de la vida urbanizada y tecnológica de la actualidad. Hay tantos estímulos a nuestro alrededor que permanecemos distraídos gran parte del tiempo. Times SquareDe acuerdo a Rothman si la teoría material fuera cierta, y la tecnología fuera la culpable de la perpetua distracción de los seres humanos, entonces el efecto sería perfectamente reversible mediante cambios en esa tecnología o la simple supresión de dichos estímulos. Mientras que si la explicación espiritual fuera verdadera no habría solución. El hombre huyendo de sí mismo podrá correr en círculos, pero lo seguirá haciendo por siempre con tal de no detenerse y afrontar su última soledad.

El texto de Rothman se centra en el nuevo libro de Matthew Crawford: The world beyond your head: becoming an individual in an Age of Distraction (Farrar Straus & Giroux). Un filósofo que sostiene que la obsesión de la civilización occidental con la autonomía, la ha puesto en el centro de nuestras vidas convirtiendo la conversación sobre la felicidad a que ésta sólo sea posible si somos libres de nuestras circunstancias. static1.squarespaceA tal grado que nos hemos vuelto adictos a la liberación, que buena parte de las situaciones de la vida cotidiana se vuelven prisiones metafóricas. La distracción, es entonces, una manera de retomar el control.

Crawford va aún más lejos. Para él es claro que solemos caracterizar mal a las distracciones. Desde la temprana infancia culpamos a los demás, a los sucesos, a la vida, de distraernos de lo que estamos haciendo. La distracción la provocan otros sobre nosotros. No nos dejan “concentrarnos”. Sin embargo, la distracción tiene un lugar más importante dentro de nosotros: nos provoca placer, el placer de ser libres, de liberarnos de lo demás, de las obligaciones cotidianas, de las monsergas que la vida tiene reservadas (y de esas hay una lista interminable que puede empezar con el trabajo, pero también en convivir con los demás). Nos distraemos activamente para rebelarnos contra el mundo, sostiene Crawford; para ser autónomos, libres y ultimadamente felices.

Colin McConnell/Toronto Star

Matthew Crawford Foto: Colin McConnell/Toronto Star

En el ámbito de las distracciones, también hay una feroz competencia, una que sostienen los mercadólogos, los publicistas, los responsables de conectar al mundo y exprimir dólares de cada segundo online. Podemos aspirar a la libertad distrayéndonos en la web, o las redes sociales, pero alguien más buscará distraernos de esa libertad, con ventanitas flotantes de comerciales, peticiones de validación, ligas para llevar nuestra distracción a otro sitio, más llamativo, escandaloso, perturbador. El mundo conectado está lleno de publicidad y de pequeñas trampas, sean estafas digitales o simples agujeros negros virtuales, que nos transportan vía un click o dedazo por error, a otro lugar. El poder corporativo contra la voluntad individual, es la suma de nuestro tiempo y tal pareciera ser, del futuro, argumenta Crawford. El poder corporativo reemplazando, desde hace décadas, al del Estado, como antagonista.

Age of DistractionBuscamos la distracción como si fuera una burbuja en la que podremos encerrarnos del mundo y al mismo tiempo liberarnos de sus pesares. “Every gambler knows  that to lose / is what you’re really there for” canta Bono, refiriéndose a quienes se atrapan en la obsesión “ganadora” de jugar en los casinos. La distracción del juego como una acción liberadora, que provoca el efecto opuesto.

Al argumento de Crawford se le escapa otro factor: la satanización del aburrimiento. Una familia hace un viaje largo en auto. En años anteriores, los niños se aburrían de lo lindo. Fuera de escuchar la conversación de los adultos, la música en la radio, mirar por la ventanilla el paisaje o jugar a localizar autos azules, placas terminadas en 3 ó vochos entre los demás vehículos, no había gran cosa que hacer. Hoy, aburrirse es considerado “malo”, y los padres buscan “soluciones” para entretenerlos (para distraerlos).

article-2605146-1D20C48C00000578-597_634x423Qué mejor manera de pasar el tiempo que mirando una pantallita portátil, al igual que hacemos casi todos, viendo las pantallas en el autobús, en el bar, en salas de espera, durante la cena con la familia. Lo que inicia como estrategia para “matar al tiempo”, termina secuestrándolo, haciéndonos creer que lo mejor está allá, en ese otro sitio, real o virtual, donde realmente transcurre la vida. Y mientras las contemplamos, una parte de nosotros se convence poco a poco, que en esa fuga momentánea, distraída y voluntaria, está la verdadera felicidad.

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Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 8 de julio del 2015

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273 – La nostalgia como memoria

Berlin

“Éramos cada uno a su modo agentes del calor, del deshielo y del olvido”. Doy vuelta por segunda vez a la última página de También Berlín se olvida de Fabio Morábito, y sigue siendo imposible escapar a una emoción que una década después sigue siendo inusual en las páginas de la literatura mexicana contemporánea: nostalgia.

Berlin tambien se olvida_portadaNostalgia instantánea por una ciudad en la que nunca has vivido, las calles que nunca caminaste; la panadería donde el tiempo se define por el misterio de un parroquiano omnipresente. Complicidad que nunca sentiste con un inexperto voyeur a la orilla de un lago inmóvil. El café solitario donde no compartiste inesperados minutos de inasible placidez.

Y es que la prosa perfecta y desconcertante de Morábito tiene la sutil cualidad de invocar la memoria como si fuera nuestra. Inscribiendo en ella los trece textos casi inclasificables que conforman este breve volumen. ¿Cuentos? ¿Ensayos? ¿Partes de un libro de viajes? No importa.

El libro acaba de ser reeditado por Sexto Piso (el libro se editó por primera vez en 2004). Una colección de recuerdos, de reflexiones y de bromas elevadas a nivel de arte, gracias a un dominio sobre la prosa que refleja esa lúcida fluidez al alcance de muy pocos escritores. Trece textos que juegan con el lector a atreverse a mirar una ciudad, una calle, un río invisible, un muro como extensión de una nación y un codiciado asiento de autobús como guiños cómplices, anécdotas compartidas entre amigos en la cálida intimidad de una conversación de sobremesa una noche de verano.

imageLos textos de Morábito se leen con asombro y también con una sonrisa: Ya sean sus reflexiones sobre las manchas urbanas y las ciudades sin ríos. El viaje místico por el metro elevado con sus breves atisbos a las vidas y ventanas de los berlineses. Las pequeñísimos refugios veraniegos de un pueblo vistos como puerta al infierno. La curiosa coreografía alrededor de un accidente de tránsito o las razones por las que la enseñanza vanguardista de gramática puede dividir a un pueblo.

Cada texto tiene peculiaridades con las cuales es posible un grado insólito de identificación, en “Ciudad Rusa”, por ejemplo, aparecemos todos los que en busca de un turismo casi intuitivo nos hemos dejado seducir por un nombre en un mapa.

BerlinermauerLos motivos históricos son inevitables, y nada más berlinés que “El Muro”. Recordatorio de aquel que dividió la ciudad, pero también Alemania y para ser más claros al mundo entero en eso que se llamó la guerra fría. Morábito realiza una serie de apuntes que incluyen una narración real o ficticia (no importa) sobre un momento en que las autoridades de la Alemania del este se propusieron renovar la estructura del muro. Por un error de logística muy poco alemán, la cuadrilla que quitaba ladrillos terminó mucho antes que la que colocaría placas de concreto. Eso permitió que durante semanas no hubiera muro. El gobierno de la RDA avisó por radio que el fenómeno era parte de la renovación y básicamente que la gente debía continuar viviendo como si éste siguiera ahí. El muro persistía, invisible, en la mentes de los ciudadanos desconcertados que tardaban en descubrir que era posible cruzar sin obstáculo. “Los más confundidos eran los que tenían pensado huir a Berlín occidental…sólo unos cuantos aprovecharon la posibilidad de cruzar la frontera para adquirir en el sector occidental ciertas herramientas que según ellos les facilitarían su huída una vez que el muro volviera a edificarse”.

Fabio Morabito“Mi lucha con el alemán” realiza el acercamiento más entrañable al alma de un escritor desde El arte de la fuga de Sergio Pitol : “Al fin y al cabo la lengua literaria es una lengua extranjera, la más extranjera de todas, la más inasible de todas, porque no tiene referentes fijos ni verdades estables. Cuando creemos que la dominamos es cuando menos la aprehendemos. En otras palabras, no se puede escribir sin una dosis de inexperiencia, de desamparo y de niñez; sin una necesidad oculta de perdón.”

Este último texto remite ahora a ese otro libro maravilloso de Morábito: El idioma materno (publicado el año pasado también por Sexto Piso), y se convierte en una suerte de adelanto de lo que abordará en ese libro. En más de un sentido, ambos volúmenes forman una suerte de díptico. No sobre Berlín, por supuesto, sino sobre el lenguaje, esa otra preocupación omnipresente de Morábito, el poeta y el narrador. El lenguaje no sólo como tema o materia prima, sino como esencia de una voz y una mirada al mundo. El que llamamos real y el que sólo existe en la buena literatura.

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Para el Economista Arte Ideas y Gente del miércoles 1 de julio del 2015

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272 – La evolución del policial

Literatura Negra

En sus orígenes la literatura policíaca (hoy genéricamente coloreada de negra) anteponía a la presumible irracionalidad del crimen, el antídoto natural de la razón. El crimen no sólo visto como ruptura del orden social, sino también como suceso detonado por la pasión desbordada, trastorno mental pasajero o una mirada al abismo, de trasfondo más religioso que científico, que solemos llamar maldad.

Los primeros detectives, del Dupin de Poe a Holmes o a Poirot pasando por toda la colección de protagonistas del whodunit; se enfrentaban a lo que era en esencia un acertijo. Un artefacto que era posible resolver anteponiendo el uso de una metodología casi científica. Su origen radicaba en la vieja lucha del orden y el caos, con una tesis que implicaba, ante el lector, una demostración y un juego: nuestro héroe explicará qué sucedió la noche fatal, pero hay suficientes pistas para que llegues antes a su conclusión.

Agatha ChristieAunque la edad de oro del whodunit termina a mediados del siglo veinte, después del reinado de Agatha Christie, su premisa estructural sigue vigente hoy, después de su paso por el cine, en el nicho natural en la televisión episódica. El acercamiento científico provoca la aparición de protagonistas cada vez más sofisticados, donde la inteligencia estructurada capaz de desentrañar los misterios es un médico forense, un especialista de laboratorio o un superdotado de las computadoras capaz relacionar bases de datos en segundos. No importa si quien resuelve el crimen es un agente de la ley habilidoso o reacio, un detective privado o un improvisado amateur. El triunfo del bien (la ciencia, la razón, el orden) sigue estando en el centro del paradigma.

CSIConforme el género fue evolucionando en la literatura, a la explicación racional se le sumaron dos posibilidades seductoras: la explicación sobrenatural (que deriva a la literatura fantástica y de horror) y la explicación psicológica (el ancestro del policíaco moderno).

Mientras las primeras aproximaciones al crimen permitían al lector la satisfacción de atar cada uno de los cabos con el triunfo final de la razón, en la novela negra estadounidense, ese triunfo no era posible. Las redes del crimen, la pasión, el mal y la perdición, contaminaban cada aspecto de la vida política y económica, se podía aspirar a la justicia pero no era un triunfo racional, era un triunfo casi visceral (cuando se daba).

La sofisticación del crimen, ficticio y real, llevó a emparejar la explicación psicológica con la científica. El profiling y el análisis teórico de la psicología criminal cobraron de pronto la relevancia que casi un siglo antes tenían las huellas dactilares en la escena del crimen.

irish-noirSi se subía la apuesta con el criminal, había que hacerlo con el detective. Al policía infalible, lo siguió el policía obsesionado con su trabajo, alcohólico, con la vida destruida, ese casi a la par del criminal, sólo distinguibles por una pequeña película casi trasparente de moralidad.

La aparición de ciertas afecciones psicológicas fue una mina de oro para los autores del género. Ya no bastaba el orden del procedimiento y la razón. Por qué no crear un héroe que además tuviera una memoria perfecta, una capacidad para leer la comunicación no verbal del sospechoso, alguien con inteligencia inexplicable capaz de encontrar patrones que nadie más es capaz de ver. En la última década, docenas de equipos de investigación, en página o pantalla, incluían policías con Síndrome Asperger, autistas geniales, con memoria eidética, olfato superdesarrollado o facilidad para hackear cualquier sistema informático.

Dom / The BridgeSi el criminal por excelencia se etiqueta como psicópata superdotado, qué mejor que construir un rival a su medida: un héroe antisocial, igualmente superdotado y capaz de resolver la complejidad de los nuevos rompecabezas. El Asperger y el autismo vuelto un gimmick que añade sofisticación pero al mismo tiempo permite al creador hacer un poco de trampa. Ya no están las piezas para que el lector pueda desentrañar el caso, ahora es necesario apabullar y deslumbrarlo.

Entre las docenas de nuevos protagonistas con Asperger, la mayoría son sujetos un tanto excéntricos y simpáticos con peculiaridades tolerables frente a su capacidad innegable de “cerrar” casos. Las características del desorden psicológico han suplantado las adicciones y vicios de sus antecesores, como señales de carácter, pero también obstáculos en la estructura dramática del misterio que protagonizan.

Morir no es tan fácilPor eso resulta refrescante toparse con una novela como Rubbernecker de Belinda Bauer. La novela fue editada en español por Roca como Morir no es tan fácil  (fácil candidata al título peor traducido del año). Bauer escribe una novela negra en todo el espectro del género, es un whodunit, también un thriller psicológico y una exploración marginal del mal en la sociedad contemporánea de Escocia. Y lo hace narrada a través de dos protagonistas singularísimos: un hombre en coma, y un joven estudiante de anatomía con síndrome Asperger.

bauer, belindaSin embargo, su protagonista, como ella misma explica: no es un Rain Man de ocurrencias geniales. Es un tipo difícil, con el que es casi imposible comunicarse. Con habilidades que provienen de sus obsesiones, no de una genialidad asociada a su desorden. Es un tipo frustrado y confundido, movido por una sola obsesión, saber qué pasa cuando alguien muere, saber qué sucedió cuando murió su padre.

Es un personaje que nos recuerda más al Christopher John Francis Boone, protagonista de El curioso incidente del perro a medianoche de Mark Haddon, otra novela de misterio (adaptada exitosamente al teatro), construida a partir de la subjetividad de un adolescente con Asperger.

Cuando la fórmula del policiaco contemporáneo es iniciar con un crimen brutal y luego presentar al protagonista (o su equipo) encargado de enfrentarlo, en la novela de Bauer ni siquiera tenemos claro que exista un crimen que resolver. Y aunque sus páginas estén pobladas por personajes tan oscuros como aquellos frecuentes en la literatura de John Connolly, la autora se toma su tiempo en deconstruir y reconstruir su versión del policial. Rubbernecker es un libro muy recomendable que lejos de apropiarse de modas televisivas y argucias narrativas para escalar la lista de best-sellers, bien puede ser ejemplo de una evolución positiva del género.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 24 de junio del 2015