Seis maneras de contar la India

Su primera novela (Q&A) conocida en español como ¿Quién quiere ser millonario?, y en el cine como Slumdog Millonaire, fue un éxito rotundo de ventas y crítica en todo el mundo (se tradujo a 17 idiomas). La historia transcurría en Mumbai, y fue considerada “el retrato de la India del nuevo milenio”.

Vikas Swarup tenía un reto descomunal. Demostrar en su segunda novela, que lo suyo no había sido un golpe de suerte; cuestión de estar en el lugar y tiempo y publicar frente al mercado correcto.

No hay mejor manera de constatarlo que en su costosa segunda novela, Seis Sospechosos (Anagrama, 549pp, $665.00). Un mosaico aún más ambicioso, que escapa las fronteras de Mumbai para abarcar la India entera.

La premisa es de policíaco clásico. Un misterio de habitación cerrada. Vicky Rai es un tipo que encierra todo lo que va mal en la India: Empresario joven, corrupto, playboy célebre, hijo de un político aún más corrupto y por propio mérito, criminal impune. Para celebrar su absolución en un juicio por asesinato, del que era culpable, Rai realiza una gran fiesta en su mansión. Ahí (¿adivinan?) es asesinado.

Seis sospechosos del crimen. Seis armas, seis motivos, seis personajes deliciosos y completamente dispares.

El primero es Mohan Kumar, ex–ministro del interior de la provincia de Uttar Pradesh, una suerte de dinosaurio del Priísimo hindú, quien, en un giro insólito, ha sido poseído por el mismísimo Mahatma Gandhi, después de un ritual esotérico.

En segundo lugar, la superestrella de Bollywood, Shabnam Saxena, ídolo sexual de las masas en la India.

En tercero, un tejano brutísimo que se las da de productor Hollywoodense.

En cuarto, un aborigen de una aldea perdida en las islas Jharkhand.

En quinto, Munna, es un licenciado que vive del robo de celulares en las calles.

El sexto, es el propio Ministro del Interior de Uttar Pradesh, padre de Rai, quien controla su vasto imperio de intereses políticos y corruptelas a través del teléfono.

Lo que hace Swarup es partir del crimen para después volver atrás y dejar que cada uno de los seis nos cuente su historia, so pretexto de construir su móvil. Para ello recurre a distintas técnicas narrativas. La farsa para Kumar, el diario de confesiones para Saxena, la crónica para el aborigen, un humor británico delicioso para el tejano,  la narración noir para Munna, y finalmente, la transcripción de las llamadas del ministro Rai.

No importa que la novela transcurra en sitios impronunciables, lugares lejanos y provincias exóticas de la India; para un lector mexicano, las situaciones, diálogos y las redes entretejidas de mafia, gobierno, corrupción y política, sonaran tan familiares como si transcurrieran en nuestro país.

Swarup hace gala de un oficio literario deslumbrante, cocinando cada una de las historias con gran aliento narrativo. Y mejor aún, con un sentido del humor delicioso que nos obliga a detenernos para reír a gusto, particularmente los delirantes segmentos del tejano, dignos del mejor Sharpe o Wodehouse.

Hacía mucho tiempo que no me topaba con una novela que doliera tanto dejar. Y es que Swarup se superó a sí mismo. Escribió una de las mejores novelas del año, si no es que la mejor. Trasciende el género policíaco para hacer, ahora sí, el vivo retrato de la India que, ahora vemos, se esbozaba en su novela previa.

El misterio de la muerte de Rai, llega incluso a ser lo de menos (no por ello deja de ser resuelto en forma genial). Al final, la mayor cualidad de Swarup no es su magnifico entramado de historias, su sentido del humor, o su capacidad para ver a la India actual (como hacen Avida, Chandra, Ghosh o Lahiri, sus contemporáneos), sino que detrás de la ironía, la acidez, la crueldad y el ingenio, hay un enorme amor por su país y sus personajes, y sin que nos demos cuenta, nos envuelve y contagia para que lo acompañemos en el viaje y no seamos capaces de olvidarlo.

Para El Economista – Arte, Ideas y Gente del martes 12 de octubre del 2010

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