1 – Los Asesinos

Después de una semana saturada de dictámenes médicos, buenas intenciones y reflexiones sobre el lado oscuro de los antros, leo sobre la milagrosa recuperación de Cabañas y no puedo sino pensar en las noches de noticieros televisivos y radiofónicos que la semana pasada nos regalaban lindezas como describir a sus agresores como los asesinos, o matizando: los presuntos asesinos.

Por supuesto: el atentado sobre Salvador Cabañas tiene más punch que hablar de un pleito de cantina (antro) con mal final.

La indignación fue tal que inevitablemente generalizamos: ¿Que no se puede ir a un bar sin temer que te metan un tiro? O en palabras de Cuauhtemoc Blanco: sales y no sabes si vas a regresar. Frente a ello, sólo la conmovedora y (un poquito) inquietante respuesta de los fanáticos, para dar un poco de color a los grises videos de seguridad, deslucidos procedimientos policíacos y declaraciones de funcionarios. En el bar ídem no le abrieron a los peritos mientras desinfectaban la escena del crimen: Jerry Bruckenheimer cancela el proyecto de CSI México.

Dan ganas de juntar firmas, armar una ONG o de perdida un grupo de apoyo en Facebook para pedir un periodismo sin melodramas. ¿Suena tan mal: los sospechosos de realizar el disparo?

Televisa apuntaba a la culpabilidad del delegado. Televisión Azteca a la incapacidad de Javier Alatorre por improvisar sobre la impunidad y Milenio TV aprovechaba para colar la perturbadora imagen del herido centrodelantero en sus comerciales de identidad corporativa.

Temblar de miedo


La nota roja televisiva, aún en los apóstrofes noticieros deportivos, resultaba tan agotadora, que nada mejor para distraer la mente que un ratito de Actividad Paranormal. Ejemplo de que se puede hacer cine con tres pesos y conseguir resultados extraordinarios (tomen nota compatriotas cineastas). Claro, además de los tres pesos hace falta un buen guión,  sonido sobresaliente y un concepto visual que no por simple es menos cuidado. Chico conoce a chica con variación: la chica ha sido perseguida desde la infancia por un “ente” inexplicable que la acosa por las noches. El chico está dispuesto a valerse de la última tecnología para descubrir qué demonios pasa.

Después de una hora y quince noches de grabación, no podemos sino pensar que más le hubiera valido una llamada a la mano peluda, atrás quedan las casas embrujadas, bienvenidas las novias embrujadas.

Placer culpable

Para dejar de temblar hay poco. El fin de semana vacío con los estertores de la NFL. El domingo se jugó el ProBowl, un partido completamente intrascendente, donde las estrellas se lucen sin pegarse, en un deporte cuyo mayor atractivo es la ferocidad de los cazacabezas; es como ver Tercer Grado sin Carlos Marín.

Mejor sintonizar las audiciones de American Idol, donde se juega más violento. El reality sobre la búsqueda de talento se da vuelo precisamente con su inexistencia. Placer culpable contemplar la increíble capacidad del ser humano para el autoengaño y la delirante fantasía que provoca la ansiedad de fama (vienen a la mente las declaraciones de los presidenciables tempraneros: yo soy su próximo presidente ilegítimo). Los productores del súper-hit de la TV estadounidense saben bien la receta: el humor negro es la diferencia entre llorar y reír. Ahora, volviendo al presunto magnicidio…

Para la columna LAS HORAS PERDIDAS en El Economista, miércoles 3 de febrero del 2010