Podrían mencionarse los libros improvisados sobre la crisis económica o la epidemia de influenza: manuales para aprender a gastar, o ejercicios de fitness financiero, pero si quisiéramos resumir cual fue la tendencia global del año el tema es uno solo, en varias presentaciones:
Una estaca por favor…
“Todo son vampiros” dice un niño frente a la mesa de novedades de una librería. Es inevitable. La industria editorial quiere una rebanada del pastel que significó el éxito de la serie de Stephanie Meyer. Ya sea con la edición de los Diarios del Vampiro de L.J. Smith por parte de Destino (equivocadamente mercadeados como Crónicas Vampíricas, cuando Warner Channel lanzaba la serie con título original). Los chupasangre de Toño Malpica en Océano. La rescatada serie de Charlaine Harris (popularizada por el estreno de True Blood en HBO). La apuesta costosa y errada a la novela de Guillermo del Toro, o la secuela más inesperada del año: la segunda parte de Drácula escrita por su tataranieto. Son sólo la punta del iceberg que incluye libros infantiles (El pequeño vampiro), novelas eróticas, la reedición de la larga saga de Anne Rice (que si se llama crónicas vampíricas), y muchas más portadas en negro con adolescentes colmilludos, flores rojas, lunas llenas…
Narcolibros
La guerra contra el crimen organizado del gobierno federal se traslada a las mesas de novedades. Con novelas sobre gatilleros sonorenses (Malasuerte en Tijuana, Contacto en Cabo, Entre perros), reportajes (El cartel de Sinaloa, …el de Neza, …el de los Sapos… o el de las mujeres del narco, Los secretos de Almoloya…etc.), entrevistas como la de Julio Scherer a la reina del Pacífico, o simplemente con la proliferación de la violencia en la vida cotidiana: Señas particulares, Mujeres asesinas, y colecciones sobre crímenes brutales y sangrientos (Las historias más negras, Nota Roja).
La revelación
El fenómeno de Stieg Larsson tardó en llegar a México. Mientras que en España, las tres novelas de su trilogía Millenium, ocupaban los cuatro primeros puestos de lo más vendido (incluyendo una traducción al catalán) y diez millones de libros vendidos en el continente. En nuestro país, un lanzamiento precavido por parte de Planeta, implicó un tiraje muy pequeño, un precio elevado ($348) y una distribución lenta. Poco a poco la editorial rectificó, y el policial sueco se abrió paso en un país (el nuestro) donde según los directivos de algunas editoriales, no gusta ni se vende la novela policíaca. ¿Será la novela negra escandinava la tendencia para el 2010, como ya lo es en Europa? Quién sabe. Por lo pronto, algunos editores han empezado a cambiar vampiros por zombies, otros tienen la mira puesta en las elecciones del 2012 o en el bicentenario, sólo el tiempo lo dirá.
Para El Economista, viernes 8 de enero del 2009
