En Desde las alturas, el escritor coreano estadounidense Chang-rae Lee se ganó el reconocimiento generalizado de la crítica literaria de su país por su prosa impecable, cuidado del lenguaje y la profundidad de su narrativa.
Su más reciente novela, The Surrendered recién publicada en español por Anagrama como Rendidos, apareció en las listas de más de un crítico de lo mejor publicado en inglés durante 2011, y hay que decir que la traducción no la desmerece en absoluto.
La novela inicia durante la guerra de Corea, mientras unos niños, guiados por su hermana mayor June, de apenas once años, huyen del frente en una larga y penosa travesía donde sus padres y hermanos se van quedando en el camino. Es uno de los capítulos más duros que he leído. Absolutamente estrujante. Podríamos incluso pensar que Lee es cruel y va demasiado lejos, pero tiene sus razones, el capítulo fue basados en la propia experiencia de su padre, durante esa guerra.
Son tres los protagonistas de Rendidos, la mencionada June, y Hector, un soldado estadounidense que después de la guerra decide quedarse en Corea como intendente en un orfanato. El tercero es Sylvie Tanner, la mujer del párroco que lleva el orfanato, alrededor de la cual giran Hector y June, con amor y una devoción que raya en lo obsesivo.
Los tres son seres rotos, quebrados por la vida y una sucesión de experiencias trágicas que marcaron sus existencias en el pasado, y ahora suponen un peso imposible que los hunde más allá de toda salvación.
La historia también transcurre años después, cuando June, una exitosa empresaria de antigüedades en Nueva York, decide reconectar con Hector para que la ayude a encontrar a su hijo, un mochilero que se fue a dar una vuelta por Europa y nunca regresó.
El motor de la novela de Lee, es como puede imaginarse, la búsqueda de redención, o si acaso un atisbo de reconciliación con la vida, de sus personajes. Para entenderlos debemos volver y descubrir qué pasó en el orfanato durante ese año, de dónde viene Sylvie y qué fue de ella. Por qué Héctor se ha sumergido en una espiral de resignado trabajo, alcohol y soledad. Qué hace la guerra con la gente, más allá de las marcas físicas. Qué hace con su espíritu.
No es una novela fácil. Y no porque el autor recurra a lo experimental o nos ponga en aprietos con malabares estilísticos. Al contrario, la prosa de Lee es de costuras casi invisibles, para él no hay nada más importante que narrar, sin sentimentalismos o melodrama. Contar la historia de estos seres destruidos y los secretos que han guardado durante años, mientras emprenden un último viaje en busca del imposible futuro, simbolizado en ese hijo perdido y una expiación a la que ya no creen aspirar siquiera.
Una de las grandes virtudes de Lee, es que escribe como una suerte de cronista brutal, capaz de mirar detrás de las emociones de sus personajes, pero no de sus secretos. Lee los acompaña pero no intenta explicar o simplificarlos, son tan complejos, contradictorios y vulnerables como cualquiera de nosotros.
Para conocerlos, debemos sumarnos al viaje, muchas veces con un nudo en la garganta, otras con la alegría que provoca toparse con momentos de belleza en el paisaje desolado. Las más, un poquito desconectados, porque la distancia frente a tanto dolor es tan necesaria como esas drogas ( alcohol, opio o morfina) a las que recurren sus personajes a modo de anestesia. Todo para seguir adelante, un poco más.
El destino, que no voy a revelar, es un final sobrecogedor y perfecto en uno de los sitios más terribles e inolvidables del planeta. A pesar de ello, cuando damos vuelta a la última página, no podemos más que sentirnos un poco aliviados.
Rendidos (Anagrama, noviembre 2012, 480 pp, $605.00)
Twitter @rgarciamainou
Para El Economista, Arte Ideas y Gente del lunes 25 de febrero del 2013
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