El debate (1): del escote a Santa Ana

Una de las primeras cosas que pudimos constatar, después de ver el debate entre los candidatos presidenciales el domingo, fueron los innegables valores de producción que contempló el IFE.

Hay que destacar la previsión de quién colocó dos botellas de agua, una a cada lado del atril de la moderadora, para asegurarse que Lupita no pasara sed.

En ánimo de sumar al entretenimiento familiar y robar espectadores al futbol, la producción seleccionó a una ex playmate argentina como edecán para llevar los papelitos con turnos a los candidatos. Labor fundamental para evidenciar que no había trampa en el orden de participación.

Según se defendió el productor en Radio Fórmula, su criterio para seleccionar a la edecán fue la estatura de la misma. “No podía ser muy alta, por lo que miden los candidatos”. Mientras López Dóriga le preguntaba si él había hecho el casting “personalmente”, el productor explicó que una vez elegida la chica, le pidió que se trajera tres vestidos blancos (la pureza del color), para usar el día de la transmisión. Después alegó, en un alarde de profesionalismo, que no vio el vestido que la chica había elegido hasta que estaba al aire.

Los consejeros del IFE se escandalizaron. Uno de ellos se “indignó profundamente” por el escote de la susodicha. Eso pasa cuando los productores mexicanos se acostumbran a trabajar con los estándares de TV Azteca. Deberíamos agradecer que no salió en bikini. La noticia llegó a periódicos y televisoras de todo el mundo.

El debate

Peña Nieto abrió afirmando que la economía de nuestro país tiene el peor desempeño que de los últimos ochenta años. Le faltó mencionar las crisis del 76, 80, 82 y 95, y que el país en 1936 no se parece nada al de hoy; pero a lo mejor mis asesores no me informaron correctamente.

AMLO arranca con “Todos los mexicanos sabemos que las cosas marchan mal en el país”, de ahí salta a lo que será su discurso durante la noche: el grupo que se ha venido apoderando de todo, los de arriba, los que mandan, para desgraciarnos a todos.

Mientras para Vazquez Mota hace falta la “verdad”. Gabriel Quadri empezó: yo soy un ciudadano y ellos son políticos que se atacan entre ellos; casi dijo: yo soy el diferente.

Entramos de lleno al tema económico con los monopolios en telecomunicaciones. Josefina dijo que está del lado de la competencia. Quadri que los monopolios son pésimos, y Peña Nieto que la economía tiene su peor desempeño en los últimos diez años, y que Perú ha crecido tres veces lo que México (¿alguien verifica estas cifras? Sí. Son falsas).

AMLO habla del grupo compacto de Salinas, mientras que a Josefina la sorpende que Peña Nieto tenga el deseo de ser competitivo cuando en su gobierno estatal no lo logró (como si fueran excluyentes).

Quadri alega que México está en un estado lamentable en Ciencia y Tecnología. Emite su mantra de la noche: la banda ancha e internet como nuevo derecho social del siglo XXI.

El discurso de Peña Nieto es casi uno solo. Dice que las cifras de que lo acusan no son correctas. Que los asesores informaron mal a los otros. Que no tiene tiempo para responder, y que no hay sustento alguno en lo que le dicen.

Además sale con linduras como: “No haber llegado a acuerdos en su momento, en quien estaba la responsabilidad de concretarlos, me parece que es deslindar o repartir culpas por no haber logrado los acuerdos que se requerían”. Necesitaremos a alguien como Rubén Aguilar para que nos explique qué quiso decir.

AMLO asegura que el grupo que manda ha privatizado el gobierno. Luego saca un tema de actualidad para la polémica: Fobaproa.

Hace cuentas: no hay bienestar porque dicen que no hay presupuesto, pero que sí hay. Que hay 3,700,000,000 pesos que repartidos entre 28,000,000 de familias significará 11,000 pesos mensuales para cada familia, “pero eso no sucede”.

Bien por sus asesores, la aritmética es correcta. Mal por sus asesores: cómo está eso de que “no sucede” que repartan el presupuesto de la nación entre todos.

Quadri, que se negaba a atacar a los políticos, revira que es un sinsentido que proponga desaparecer al estado y repartir el presupuesto. AMLO explicaría al día siguiente en Radio Fórmula, que los tres candidatos se pusieron de acuerdo para atacarlo.

Nota: desaparece la república amorosa, bienvenida la república paranoica.

Josefina quiere becar a cada niño talentoso para que se convierta en un gran científico. Quadri enfatiza que no es posible que el presupuesto para subsidiar consumo de combustibles sea mayor al de ciencia y tecnología o al de educación (¿es?).

Peña Nieto mira a la cámara y dice muy serio: “He comprometido con toda claridad mi compromiso”. Después, que habrá seguro social universal. No explica cómo, cuando el IMSS ya está quebrado con las pensiones que tiene, él pretende pensionar a todos los demás.

Josefina insiste que el Estado de México es el segundo estado más corrupto según transparencia mexicana (¿cuál es el primero?). Peña dice que no es cierto, que los calificadores de deuda le subieron la calificación en siete niveles. ¿Tiene idea de lo que habla? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

Para AMLO el problema del país es: No hay crecimiento–>No hay empleo–>No hay bienestar–>no hay paz–>hay violencia e inseguridad. Por eso nos informa que la TV pretende imponer a Peña Nieto.

Peña se defiende diciendo que si la TV contara, AMLO sería presidente porque se gastó un dineral en publicidad cuando Jefe de Gobierno y promete exhibir papeles que no exhibe. AMLO le contesta “si fuese cierto, bastaría aclarar que no es cierto lo que él plantea”, añade que Peña gastó más y promete sacar otros papeles y después advierte “para los que creen que exagero que la TV puede imponer a un presidente, acuérdense de Santa Anna”.

Como en el siglo diecinueve no había televisión (si recuerdo bien), pienso en Carlos Santana por unos segundos, él podrá creerse el rey de la guitarra, pero nunca su presidente.

La próxima semana continuaré la revisión del resto del este bello ejercicio democrático.

twitter @rgarciamainou

Para El Economista, arte ideas y gente del miércoles 9 de mayo del 2012

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