Crepúsculo moral

Ángeles en la nieve (Roca Bolsillo, $109, 252pp) es la primera novela del escritor estadounidense James Thompson, y también un auténtico thriller escandinavo que resulta escalofriante por partida doble.

Primero porque transcurre en Laponia, a menos cuarenta grados, en la larga noche finlandesa que dura meses y que convierte a sus habitantes en miserables sobrevivientes en la oscuridad y el frío más bestial.

Segundo porque Thompson, quien vive en Finlandia con su mujer, escribe como esperaríamos en un novelista en la tradición negra que tanto furor ha causado desde que Mankell y Larsson se convirtieron en mega-sellers. Con una novedad, es capaz al mismo tiempo de contrastar la particular óptica de los locales con el extrañamiento de quien lo ve desde fuera, sin ser obvio al respecto. Perfecto para quiénes lo leemos a la distancia.

Kari Vaara es un es el jefe de la pequeña comisaría local, que pocos días antes de navidad debe resolver el asesinato brutal de una modelo somalí, abandonada en la nieve de una granja de renos. Para ello debe lidiar fantasmas de su propio pasado, la turbia política local, la presión mediática y la ahora “habitual” podredumbre detrás del paraíso social escandinavo.

Quizá lo mejor de la novela de Thompson es que consigue transmitir la desesperación y la desesperanza que provoca no sólo la prolongada oscuridad sino la brutal soledad en que viven estos seres, ciudadanos de un país que bien puede ser la envidia del mundo civilizado, pero que no deja de estar sumido en la misma aislamiento, la misma callada miseria psicológica, y el mismo vacío con que se enfrenta la raza humana cuando el abismo les devuelve la mirada.

Thompson convierte la noche gélida en una atmósfera asfixiante y claustrofóbica llena de peligros y amenazas, algunas evidentes y otras ocultas. No le hacen falta más que unas páginas, para obsesionarnos con la investigación del crimen y la suerte de su memorable protagonista.

Lo grave, es que si las novelas de Stieg Larsson (Suecia), Anne Holt (Noruega), Karin Fossum (Dinamarca) y la larga lista de escritores de estas truculentas novelas criminales donde la muerte y los peores ejemplos de depravación humana coexisten en el hielo, tienen un ápice de verdad: la decadencia moral del norte de Europa es terrible.

Y no me refiero aquí a los meros crímenes, o a la falsa certidumbre que da la dedicación, heroísmo y principios de los protagonistas, desde Kurt Wallander, hasta Lisbet Salander, pasando por el propio Vaara. Sino a las preguntas que flotan en el trasfondo de estas historias: Los ancianos abandonados, el alcoholismo imparable, el racismo, la proliferación de la pornografía y la explotación de mujeres y niños, las familias destruidas, la política minada por la corrupción.

Es el mismo panorama de cualquier país occidental menos afortunado económicamente, una invitación a revisar esas gastadas hipótesis que señalan el origen del crimen en la pobreza. Quizá simplemente sea una característica más de lo que significa ser humano.

Para El Economista, Arte, ideas y gente, lunes 20 de septiembre del 2010

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