Hace un año escribía que México no ha tenido nunca mucha suerte en los Oscars, tocaba entonces el turno para la tercera nominación de González Iñárritu por Biutiful, y más que documentar el pesimismo se trataba de analizar las verdaderas posibilidades de que el director se hiciera con la codiciada estatuilla dorada.
Un año después son otros dos mexicanos los que reciben nominaciones. Uno de ellos: Demián Bichir, en una categoría donde hasta ahora nunca había sido reconocido un compatriota: mejor actor. No considero a Anthony Quinn, a pesar de haber nacido en Chihuahua, como “actor mexicano”, aunque en los sesenta nos gustara ponerle la etiqueta nacional. Quinn vivió toda su vida y llevó su carrera en los EEUU donde fue nominado a cuatro Oscars y ganó dos.
Bichir es nominado por A better life (Una mejor vida), la historia de Carlos Galindo, un inmigrante ilegal que trabaja como jardinero en el este de Los Angeles y sólo busca lo mejor para su familia. Paradoja que en un momento en que la agenda bilateral entre México y EEUU parece haber dejado el tema migratorio en uno de sus sitios más fríos; mientras en los debates republicanos a la presidencia se discute si se debe reforzar el muro fronterizo o ampliar los alcances de las leyes racistas como la lanzada en Arizona en 2010; sea Hollywood el que regrese el tema al escaparate público y lo haga desde su ángulo más relevante: el humano.
Es la única nominación para A better life, lo que dice mucho sobre el trabajo de Bichir (también nominado por el gremio de actores de Hollywood, el National Board of Review, la Sociedad de críticos de Phoenix y los premios latinos: ALMA).
Bichir apenas declaró a Entertainment Weekly que dedica su nominación a los once millones de migrantes mexicanos “que hacen nuestras vidas en EEUU más fáciles y mejores.”
La cinta fue dirigida Chris Weitz, un director irrelevante, responsable de Luna Nueva, la segunda cinta basada en las novelas de Stephanie Meyer, pero también de las medianamente interesantes About a boy y American Pie.
Desde su debut en Rojo Amanecer, Bichir ha tenido una reconocida carrera en el cine y la televisión. Telenovelas, y varias películas en los años noventa, como Santitos, Todo el poder, Sexo Pudor y Lágrimas, y apenas un puñado en la primera década del siglo. Por lo menos hasta 2008 en que emigra a los EEUU y consigue el papel de Esteban Reyes en la aclamada serie de Showtime, Weeds (la historia de una madre suburbana que florece como distribuidora de mariguana). Año positivo para Bichir en que aterriza el papel de Fidel Castro en Che, el argentino de Steve Soderbergh, justo antes de volver a México para Hidalgo: la historia jamás contada.
Su próximo proyecto es un rol secundario en la cinta Savages de Oliver Stone, basada en la novela de Don Winslow sobre dos cultivadores de mariguana que se enfrentan a un cártel mexicano (se vale suspirar).
El triunfo de Bichir en esta disputada categoría es casi imposible (va contra el favorito George Clooney por Los descendientes y Brad Pitt por Juego de la fortuna), pero sin duda será un punto de inflexión en su carrera que posiblemente le dé papeles más allá de los lugares comunes que Hollywood le tiene destinados en estos días a los mexicanos (¿Una pista? piensen en la mariguana y el narco).
Emmanuel Lubezki, por otra parte, no es ningún novato en la Academia de Hollywood. Suma su quinta nominación por su extraordinario trabajo en El árbol de la vida, segunda colaboración (segunda nominación) con el también nominado director de culto: Terrence Malick.
Su participación fue nominada también por el gremio de cinematógrafos estadounidenses; además de ganar los premios respectivos de las asociaciones de críticos de Austin, Dallas, Florida, Los Angeles, Chicago, Boston, San Diego, San Francisco, Washington, la Sociedad Nacional de Críticos, la de críticos online, críticos del sureste, y los críticos de la televisión estadounidense.
El nacido en 1964 ya había sido nominado en 1995 por La princesita de Alfonso Cuarón, La leyenda del jinete sin cabeza de Tim Burton (1999), El nuevo mundo de Malick (2005), y la magnífica Hijos de los hombres, también de Cuarón en 2006.
Desde su debut en Bandidos de Luis Estrada, y la más conocida Sólo con tu pareja, Lubezki se convirtió en un nombre que difícilmente se nos olvidaría. Su talento cruzó la frontera para La dura realidad de Ben Stiller, justo antes de recibir su primera nominación por La princesita. Cinematógrafo de cabecera de Cuarón y Malick, Lubezki ha trabajado también con los hermanos Coen (Quémese antes de leer), Michael Mann (Ali), Mike Nichols (La jaula de las locas) y varios directores más. Su dos siguientes cintas son Gravity, precisamente de Cuarón (en postproducción) y lo que se conoce hasta ahora como Futuro proyecto sin título de Terrence Malick.
De los dos mexicanos nominados es Lubezki quien tiene más probabilidades de adornar su chimenea este año con un Oscar, favorito, sin duda, en su categoría.
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Para El Economista, arte ideas y gente, del miércoles 25 de enero del 2012
