La invención del amor, premio Alfaguara 2013 para José Ovejero, inicia con un equívoco. Samuel, el narrador y protagonista, recibe de madrugada una llamada telefónica que le avisa de la muerte de Clara en un accidente de auto. Su interlocutor espera que la noticia sea devastadora. Sólo hay un problema, Samuel no conoce a ninguna Clara. Aún así, sea por aburrimiento o curiosidad, finge estar conmocionado y toma nota de la fecha y hora del funeral.
La novela entera se sostiene en ese momento. En la decisión de Samuel de fingir ser el otro Samuel, el amante de Clara que la echa de menos y sufre por su partida. Así, decide asistir al funeral donde es golpeado por un marido doliente, conoce a la hermana de la fallecida, y es mirado con recelo, si no desprecio, por los asistentes.
Ese punto de partida es clave y de ahí depende en buena parte si entraremos o no en la novela: si nos creemos o no el juego de Samuel. Si nos involucramos en su relación imaginada con Clara y las que van surgiendo a partir de ella, con su hermana, el viudo o sus extraños vecinos de edificio. ¿Quién es Clara? ¿Quién es el Samuel que estaba relacionado con ella? ¿Por qué este otro Samuel asume la impostura?
Inevitable preguntarse si estamos en uno de esos thrillers donde el narrador es poco confiable y miente al lector. Uno de esos personajes que recuerda mal o tiene una agenda oculta. La de Samuel es una vida aburrida, sin asidero, relaciones afectivas duraderas o vínculos más allá de echar tragos con los amigos, contemplar Madrid desde su terraza, o la constructora donde trabaja a desgana y es socio minoritario.
A lo largo de la novela, Samuel se irá involucrando en la historia de Clara, tratando de reconstruirla a partir de los recuerdos de sus familiares o inventando sus propias versiones. Ya sea para creerse capaz de amar a alguien, porque participar en esa historia de amor ficticia es más parecido a vivir que su propia existencia, o porque eso lo acerca a esa otra historia posible: la hermana.
Siendo Samuel el narrador, Ovejero se pone por momentos en la cuerda floja. Samuel se justifica ante nosotros, explica sus ideas, describe sus emociones aparentes, narra sus acciones; pero también deliberadamente oculta algunas de sus intenciones, planes y la manera en que va evolucionando o mirando distinto lo que lo rodea. Eso provoca cierta desconexión emocional con los impulsos del personaje y lleva a que sus momentos de catarsis no nos afecten como la novela pretende que lo hagan.
El trasfondo es una España muy actual: desempleo y economía a la baja, donde el único alivio parece suponer capital de origen cuestionable. Todo ello no sabe más que a escenografía, hasta que Samuel sale de su terraza y empieza a vivir en el Madrid a nivel de suelo.
No me queda claro si la transformación de Samuel es del todo convincente. Si ese viaje primero por su imaginación, después para reinventar a Clara y con ella a sí mismo y la percepción que los demás tienen de ella y del otro Samuel, sea capaz de cambiar su aislado egoísmo por empatía o su conformismo por acción.
Recuerda la mutación del protagonista de Tormenta de verano de Juan García Hortelano, una de las mejores novelas españolas del siglo veinte. Aunque en esa, el viaje de conciencia es de ida y vuelta, y se construye tanto en la historia, que detona también con la muerte de una extraña, como en la transformación sutil del estilo narrativo.
No hay duda de que la prosa de Ovejero es fluida y eficaz. Va atando los pequeños nudos que arman y justifican cada aspecto de la historia, tratando de borrar toda posible interpretación fantástica, hacia una resolución con el amor como centro redentor individual e inspiración frente a la crisis social. Sin embargo, la novela nunca escapa de esa primera premisa y de que nos funcione o no su artificialidad: la llamada equivocada de un desconocido que no vuelve a aparecer, la homonimia, la impostura devenida en reinvención de la vida propia y la ajena.
Ovejero es un autor serio con una trayectoria más que respetable. Hace algunos meses se hizo acreedor al Premio Anagrama de Ensayo por La ética de la crueldad. Antes de eso, ganó otros reconocimientos, incluyendo el Primavera de novela, y el Grandes Viajeros que convocaba Ediciones B. Hay que decir que ya había publicado con Alfaguara, el año pasado, el volumen de ensayos Escritores delincuentes.
Twitter @rgarciamainou
Para El Economista, Arte Ideas y Gente del jueves 20 de junio del 2013
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Ayer que lo oí en la entrevista, me pregunté como se le ocurre amar a alguien que no conoció? pero eso ha de ser lo mejor.
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