95 – 2011 en la memoria

 

Cuando la ceguera que nos provoca la cercanía se diluya, y los días den lugares a semanas y meses, y nos acerquemos a esa suerte de objetividad que nos genera la distancia, ¿cómo recordaremos el 2011?

No cabe duda que muchos alzarán la mano y apuntando el dedo flamígero a la presidencia de la república, dirán que el año se recuerda por la violencia, las miles de muertes, la estrategia (fallida o no) frente a la guerra. Otros recordarán la tragedia del poeta Sicilia, sus marchas, el emotivo encuentro en Chapultepec, los desaguisados con el Congreso, la aparente imposibilidad de que alguien le ponga nombres y apellidos a los muertos.

2011 como el año donde el congreso prometió una vez más reformar el país y donde la parálisis legislativa impulsada por la bancada priísta prefirió congelar a dar inadvertidamente ventaja a sus rivales políticos.  El año en que el PRI perdió elecciones frente a alianzas y luego aplastó en el Estado de México cuando no se pudo armar una.

El año de las entrevistas a Kalimba y al J.J. De la salida y regreso de Aristegui. De las grandes detenciones y las peores balaceras. El año en que se empezaron a dibujar fronteras invisibles en el mapa nacional, donde se recomienda no cruzar, transitar o siquiera encuestar. El año de nuestro primer narco-diputado, de la muerte del segundo secretario de gobernación en el sexenio; y el primer acuerdo de medios para no hacer apología al crimen, ni en lenguaje ni en imágenes, seguido de los videos de tortura, el miedo a través de las redes sociales y la persecución de tuiteros del estalinista gobierno veracruzano.

Otros apuntarán al terreno internacional, los levantamientos en Egipto y otras naciones de mundo árabe, la sangrienta caída de Gadafi, las lamentables violaciones a los derechos humanos cada vez que uno de estos regímenes escucha pasos en la azotea.

Muchos apuntarán a la crisis económica estadounidense, a los minutos de insolvencia gubernamental, a la parálisis impuesta por el tea party que dejó la reputación crediticia del país por los suelos, y la idea de que Obama sí podía como un lema más de campaña que nunca llega a realizarse.

Algunos recordaremos, como parte de esas pesadillas que nunca ceden, el tsunami japonés, la ola interminable y el terror nuclear de Fukushima, las horas en que el mundo contemplaba a sudorosos funcionarios japoneses temblando mientras el agua invadía los reactores de la vetusta planta.

El año de la masacre de jovencitos en Noruega, de la caída del tabloide inglés más popular por el escándalo de las grabaciones de teléfonos de realeza, celebridades y policía; y con ella la credibilidad del grupo mediático más poderoso del mundo.

El año en que el presidente del Fondo Monetario Internacional fue detenido en Nueva York por abuso sexual, sin saber si detrás había una gran conspiración de Wall Street para borrar sus palabras en The inside job, o la más ejemplar justicia policial frente a un individuo de moral ambivalente y perversa.

El año en que la Unión Europea se tambalea mientras Alemania y Francia se niegan a rescatar las economías de Grecia y España, en que el presidente italiano más corrupto de la historia renuncia dejando una larga pista de basura, corrupción, abuso de poder, y tristes anécdotas de prostitución y desenfreno mediático.

Un año que no soporta un balance detenido, porque una sola de estas noticias es capaz de amargarle el día a cualquiera.

Podríamos hacer un aparte para las notas chuscas, el delicioso humor de López Dóriga para afrontar su Juayderito, y la pasmosa falta de recursos del candidato Peña Nieto para hacerle frente a su propio Watergate de ignorancia.

Lo cierto es que la mayoría recordaremos el año por nuestras propias historias: las familiares, los éxitos personales, las crisis de salud, los pequeños momentos felices y los retos que enfrentamos y nada tienen que ver con el espectáculo mediático. Ya decía Sabina en “Eclipse de Mar”: hoy amor, como siempre el diario no hablaba de ti, ni de mí.

Y son esas historias invisibles, personales, nuestras pasiones, pérdidas, pírricos triunfos, rincones emotivos, las que realmente marcarán nuestra memoria del 2011. Lo demás lo podemos dejar para los resúmenes noticiosos, los almanaques y los libros de historia.

twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte, ideas y gente del jueves 15 de diciembre del 2011