79 – Juegos de patriotas

Si hiciéramos caso a los medios, estamos a punto de otra catástrofe financiera mundial. La semana pasada, todo era culpa del congreso estadounidense y su enredado el debate para aumentar (o no) el techo de la deuda externa de su país.

Como su gobierno opera con gran déficit (gasta más de lo que ingresa), el bloqueo en el congreso lo hubiera puesto en moratoria, violando su propia Constitución y sacudiendo, de paso, el orden económico global.

Al final lo autorizaron, y aún así EU perdió su calificación crediticia AAA, las bolsas de valores se vinieron abajo, y Obama no dejó contentos ni a propios ni a opositores. Los demócratas alegando que “cedió demasiado” y la virulenta facción del Tea Party “que no lo suficiente”.

Sin embargo, culpar a la necedad casi fundamentalista de unos y a la debilidad política y negociadora del otro, no explica lo que realmente sucedió.

Paradójicamente, el Tea Party está formado en su mayoría, por personas que se verán muy afectadas por las medidas que sus representantes han promovido con tanta determinación.

Es un mito muy difundido el que afirma que el Tea Party surgió del descontento que provocaba el excesivo gasto federal y los rescates federales durante la crisis financiera del 2009. Una suerte de movimiento contra el Fobaproa estadounidense.

En realidad, el origen de esta facción republicana asociada con la parte más conservadora y fanática de la población, está en dos sucesos complementarios de origen casi simultáneo (y mediático).

El primero es la vehemente convocatoria que hace Rick Santelli, editor de noticias de negocios en el canal CNBC para que un “tea party”de operadores financieros, arrojara al lago Michigan certificados de valores derivados (los que crearon la burbuja inmobiliaria), en protesta por el rescate del gobierno de Obama a “esa bola de perdedores”. Santelli no se refería a las quebradas instituciones financieras sino a sus víctimas: la gente que había perdido sus casas durante la debacle inmobiliaria.

En forma casi sincronizada un grupo llamado AFP (Americanos por la prosperidad) colocó una página en Facebook para un “renacido” Tea Party y empezó a organizar eventos en su nombre: ahí despegó el movimiento.

Detrás del AFP estaban Charles y David Koch, magnates con una fortuna que suma 43 mil millones de dólares; quienes dirigen, en sus propias palabras: “la compañía más grande de la que has oído hablar”. Industria petrolera, minera, química, maderera y de gas natural; las empresas Koch tienen una gran actividad política, financiando campañas y grupos de presión. Su creación más importante es el Tea Party.

La referencia al Tea Party no era gratuita. Buscaba equiparar su movimiento con un momento simbólico de la independencia estadounidense: el equivalente a nuestro Grito de Dolores.

En diciembre de 1773, un grupo de colonos de Boston (The Boston Tea Party), en protesta contra el gobierno colonial británico y el monopolio del té de The East India Company, se enfrentó a funcionarios aduanales en el puerto de Boston, quienes se negaban a devolver a Inglaterra un cargamento de té. Protestaban por los elevados impuestos que cobraba la corona y la falta de representación política de los colonos. El grupo abordó los barcos y destruyó el té arrojándolo al mar, ahí empezó su guerra de independencia.

En un giro, sin duda perverso, el nuevo Tea Party fue capaz de canalizar la indignación de una población que veía derrumbarse su nivel de vida, hacia un movimiento que los dejará peor.

Simplificando, sólo hay dos maneras de atacar el enorme déficit que el gobierno de Bush, sus guerras, la tibieza de Obama y la crisis financiera dejaron a los EU. Subir impuestos o recortar gastos. El primer caso afecta directamente a la clase más pudiente, el segundo a los más pobres.

El bipartidismo estadounidense ha reflejado el paradigma de ambos modelos: los demócratas, aumentando impuestos y el gasto gubernamental; los republicanos, recortando el gasto y, por supuesto, incentivando, en sus palabras, la producción reduciendo impuestos a las clases más pudientes.

Un modelo redistribuye los ingresos mediante programas sociales, el otro alega beneficiar a la población provocando que los ricos inviertan más en generar empleos, por ejemplo.

El mayor absurdo del Tea Party es que pretende ambas cosas: reducir la deuda cobrando menos impuestos y pagarla también, no se sabe con qué. Cuando hablan de “reducir el gasto” no caen en cuenta que el primer recorte estará en los servicios sociales de los que dependen. Dicen cosas como “alejen al gobierno de mi Medicare”, sin darse cuenta que Medicare es un programa gubernamental.

“Estamos tan metidos en el debate ideológico, que se nos olvidó lo que realmente importa”, dijo E.J. Dionne en The Washington Post.

A la incapacidad que ha mostrado buena parte de la población para vislumbrar las contradicciones y absurdos de su movimiento, se suman dos factores. La ignorancia de su propia historia, la cual conocen en una versión sintética casi Disney; y la efectiva persuasión mediática de Fox News (propiedad del polémico magnate Rupert Murdoch) capaz de combinar el miedo al terrorismo y la incertidumbre económica, con estridentes verdades a medias, prejuicios y mucho furor patriótico.

Hay quien afirma que lo que sucedió en los EU va más allá de una ingeniosa maniobra política en el congreso, y constituye un auténtico golpe de estado. Teorías de conspiración aparte, es claro que las consecuencias de estos juegos patrioteros llegarán allende sus fronteras (para empezar, el gobierno Chino está de plácemes), y que sus ramificaciones más importantes, están aún por verse.

 

twitter @rgarciamainou

 

Para El Economista – Arte, ideas y gentedel miércoles 10 de agosto del 2011

 

Ligas de interés

Global finance has dysfunction at its heart de Ha-Joon Chang en The Guardian (08/08/11)

Debt deal: anger and deceit has led the US into a billionaires’ coup de George Monbiot en The Guardian (01/08/11)

¿Can America still lead? de E.J. Dionne en The Washington Post (07/08/11)