Era el tipo de proceso perfecto para ejemplificar eso de que todos son iguales ante la ley, aquí la ley vale de la misma manera para un barrendero que para el presidente. Por eso se actuó con celeridad frente a la denuncia. No importó si la que ponía la queja era una mucama inmigrante. Tampoco si el denunciado era el presidente del Fondo Monetario Internacional, y posible próximo mandatario de Francia. Al señor Strauss-Khan lo bajaron del avión donde partía de Nueva York. Se le recitaron sus derechos. Fue arrestado y presentado frente al Gran Jurado.
En el sistema judicial estadounidense, antes de proceder en un juicio criminal, la fiscalía debe presentar sus pruebas más contundentes frente al Gran Jurado; suerte de panel de ciudadanos que votan, no por su inocencia o culpabilidad, sino si la fiscalía completa la carga de la prueba para ir a juicio. ¿Hay suficientes evidencias para proceder contra el presunto culpable?
En el caso de Strauss-Khan, el Gran Jurado votó afirmativamente. Con la declaración de la mucama, los antecedentes calenturientos del francés, y la evidencia médica, era más que suficiente.
El tema es que en los delitos de orden sexual, el peso del proceso: la decisión de la fiscalía de proceder, la eficacia policial, la intensidad de la acusación y los recursos dedicados a ella dependen en gran manera de la credibilidad de la acusación.
La diferencia en la mayoría de los casos, cuando se trata de adultos, por supuesto, entre el sexo rudo consensuado y una violación, radica en el testimonio de la víctima. A la fiscalía le corresponde exponer el caso a un jurado más allá de una duda razonable, y esa línea es una muy tenue.
Si no hay testigos, videos o grabaciones. Si sólo depende de la palabra de una persona contra otra: el resultado del juicio, incluso la existencia de un crimen o no, depende exclusivamente de a quién le crees.
La velocidad con la que actuaron las autoridades neoyorkinas fue motivo de aplauso. Surgió de la confianza que les inspiró la víctima: había reportado el incidente de inmediato, su relato fue detallado y de acuerdo a los fiscales “convincente”; tenía tiempo laborando en el hotel, aparentaba ser una persona religiosa, y había evidencia que corroboraba sus afirmaciones. El personal de seguridad del hotel encontró semen en las paredes y suelo de la habitación, y el examen clínico de la víctima era consistente con lo que alegaba. La prueba de DNA identificaba a Strauss-Khan como “autor material” de los rastros de semen en la habitación y camisa de la mujer.
De acuerdo al espléndido texto de William Saletan en Slate: no importa lo que pienses sobre las violaciones, la fiscalización agresiva, o el comportamiento de Strauss-Kahn con las mujeres: el derrumbe del caso es motivo de celebración. No es una derrota para las mujeres o el sistema de justicia, es una victoria para el poder de la corroboración.
En los EEUU la fiscalía no detiene la investigación cuando se inicia el proceso judicial. Las autoridades examinaron de cerca a la presunta víctima, y la realidad no soportó el análisis. Descubrieron que al refugiarse en el país, la mujer declaró que había sido perseguida, golpeada y violada en Guinea, cuando fue cuestionada en preparación para el juicio, admitió haber estirado la verdad un poco para conseguir el asilo político.
Después surgió que en sus declaraciones de impuestos deducía los gastos de un niño, que resultó ser prestado, no suyo. En sus cuentas bancarias había depósitos considerables realizados entre otras personas por su novio, en lo que parece un esquema de lavado de dinero. Además declaró que sólo tenía un teléfono, pero se descubrió que pagaba cientos de dólares al mes a cinco compañías telefónicas.
La prueba más contundente, sin embargo, llegó casi por azar. Un día después de acusar a DSK, la mujer llamó por teléfono a su novio. Como el galán estaba detenido por posesión de narcóticos, la llamada fue grabada por el sistema penitenciario. Como la conversación fue realizada en un dialecto de Guinea, fue necesario traducirla. La traducción completa apenas se tuvo el miércoles pasado. En ella se le escucha decir algo así como “no te preocupes, este tipo tiene mucha lana, sé lo que estoy haciendo”.
La verdad ya queda fuera de nuestro alcance. Como concluye Maureen Dowd su columna en el NY Times: “cuando un predador habitual se enfrenta a una mentirosa habitual, la mentirosa perderá; incluso si es el raro caso en que decía la verdad”.
Si la detención del presunto violador fue aplaudida internacionalmente como un ejemplo de “estado de derecho” e igualdad ante la ley, la investigación posterior, rectificación y desistimiento de la fiscalía y su liberación, debe ser motivo de mayor reconocimiento.
No tiene caso imaginar cuál hubiera sido la suerte del francés si hubiera caído en un juzgado mexicano, particularmente si no consiguió comprar a alguien y escabullirse en los mil agujeros de impunidad. Si el MP llevó el caso hasta una orden de aprensión formal de un juez, DSK estaría podrido en la cárcel por muchos años, intercambiando postales y anécdotas carcelarias con Florence Cassez.
Los franceses se pueden desgarrar las vestiduras: después de todo a su futuro candidato le quitaron el puesto en el FMI, el honor y el respeto internacional, y eso antes de probar nada en la corte. Los que aman las teorías de conspiración ya elaboraron una truculenta cadena que parte desde Sarkozy hasta la CIA, con el propósito de impedir la llegada a los Campos Elíseos del presunto violador. Esa teoría flota tan bien en Francia que no se sorprendan si una vez liberado Strauss-Khan se apunta y arrasa en la elección como candidato del PRI en provincia.
Para El Economista – Arte, ideas y gente del miércoles 6 de julio del 2011
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Actualizaciones
Después de terminar y enviar la columna (el texto anterior) al Economista, empiezan a circular noticias que ratifican que el señor Strauss-Kahn tiene mucha cola que le pisen, y que el drama que rodea su lujuria seguirá dando encabezados. De entrada estas notas que se volverán seguramente muchas más en los próximos días. Sumo la liga a la espléndida columna de Maureen Dowd, cuya mención se escapó en la versión que publiqué en El Economista:
Nueva denuncia La periodista francesa Banon denuncia a Strauss-Kahn por intento de violación
En El País: “Si denuncio a DSK no será para vengarme, sino para reponerme”
En El País: La periodista denunciante implica a otro líder político francés.
La columna de Maureen Dowd: When a predator collides with a fabricatorx
En The Daily Beast Strauss-Kahn maid fights back
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