60 – De buena voluntad

El pasado jueves 24 durante la presentación 2011 de Iniciativa México, 700 diferentes medios de comunicación aprovecharon para suscribir lo que llamaron el Acuerdo para la cobertura informativa de la violencia. Una suerte de carta magna de intención donde se abordan algunos de los puntos más polémicos que ha suscitado la cobertura mediática de la antes llamada guerra contra el crimen organizado y sus consecuencias.

La idea de suscribir un acuerdo como este, surge, primero, de uno similar celebrado en Colombia en un punto en que la sociedad y los medios de ese país se vieron completamente rebasados por la violencia. Hasta ahí la comparación, el caso colombiano con su guerra entre el gobierno, el narco y las FARC y actos de terrorismo; poco tiene que ver con lo que todavía se vive en México.

Desde el 2010, Federico Reyes Heroles, entre muchos otros, a los cuales me sumo, recalcó la necesidad de discutir un acuerdo o en su defecto una toma de postura similar en nuestro país. Particularmente cuando fuimos siendo testigos de cómo México se convertía en uno de los sitios más riesgosos para ejercer el periodismo.

Quizá, para quien que vive en el Distrito Federal y consume principalmente medios de carácter nacional, esto no resulte tan evidente. Pero reportes como el de la MEPI que señalan que sólo 3 de cada 10 historias sobre el narco son publicadas por los medios regionales, nos hablan de una realidad muy distinta cuando se enfrentan cara a cara los sucesos en Ciudad Juárez, Tijuana, Culiacán o Matamoros.

Basta recordar el tristemente célebre editorial del Diario de Juárez que tanto ruido causó, cuando el periódico se puso, irónica o literalmente, a las órdenes de quién estuviera a cargo, en las organizaciones criminales, para que le dictara línea y se abstuviera de asesinar a sus reporteros.

Sin embargo, por más crítica que pueda considerarse la situación, no se parece en nada a los recuentos, números y situaciones que vivió Colombia, quizá por ello, encontrar un consenso, ya no digamos en los términos del acuerdo, sino en la necesidad del mismo, sea tan difícil entre los medios mexicanos.

Coincido plenamente con Gabriela Warkentin, que en entrevista con León Krauze, señaló que presentar el acuerdo junto con el lanzamiento de la nueva temporada de Iniciativa México, no fue la mejor idea: “Iniciativa México es una cosa y esto es otra cosa”, explicó.

Es claro que los mexicanos somos muy dados a querer aprovechar los hitos de atención mediática (incluso los creados por uno mismo), para abordar asuntos varios. A nadie sorprende que el presidente aproveche la inauguración de una clínica para condenar las filtraciones de Wikileaks, o que en una ceremonia de entrega de escrituras a campesinos tabasqueños, se refiera a la incautación de precursores de seudoefedrina en Manzanillo.

Al utilizar la presentación como sitio para la firma ante las cámaras, se abrió la puerta a que se señalara que detrás del acuerdo están las televisoras y por lo tanto lleva implícitos vicios de origen que facilitan la descalificación facilona de algunos sectores de la prensa más “combativa”.

Para blogueros expertos como Marco Lara Klahr, se vale ser escéptico, particularmente cuando acuerdos previos no se cumplieron cabalmente. El acuerdo, en sus palabras, no es más que una guía aspiracional que puede incluso sugerir cierto grado de sumisión al gobierno, y que al final se queda a medio camino porque ni hay normas operacionales claras, ni existe el modelo mental en los periodistas para suscribirlo, ni el público lo exige.

El punto más polémico del acuerdo, es posiblemente el primero. Tomar postura en contra. Donde básicamente se señala que los medios deben tener claro y marcarlo así, quiénes son los malos de la película (el crimen organizado) y quiénes los buenos (el gobierno y las instituciones).

Aunque más adelante se destaca que es deber de los medios no prejuzgar culpables, atribuir responsabilidades explícitamente, y dimensionar adecuadamente la información, los críticos al acuerdo siguen deteniéndose en el primer punto, como si aceptarlo fuera renunciar a su oportunidad de echarle la culpa a Calderón de todo lo que sale mal en la guerra.

Y es que el primer punto del acuerdo es probablemente el más importante de todos. Si no se toma postura en contra, es muy posible que se convierta uno en vocero involuntario de la delincuencia, se sobre dimensione algún suceso y a partir de ahí, todo va quedando en veremos, incluso la solidaridad con otros medios. Pedir  no interferir en el combate a la delincuencia se ve como una censura.

Quizá es a esto a lo que se refiere Marco Lara cuando dice que se necesita un nuevo modelo mental para el periodismo. Un completo cambio de paradigma.

La libertad de expresión no tiene nada que ver con esto, aunque algunos estén siempre dispuestos a desgarrar sus remendadas vestiduras en defensa de su libertad de publicar narcomantas y pilas de cadáveres, si les da la gana; o de acusar al ejército y al gobierno federal de cada bala perdida en el país.

Si se analiza detenidamente, el punto más flaco del acuerdo es el tercero: dimensionar adecuadamente la información. Lo es porque en su definición incluye un elevado número de variables y vaguedades. Dice: “Presentar siempre la información en su contexto correcto, y en su justa medida. Explicar cuál es el tamaño y situación real del problema…mostrar la información según su importancia… (las cursivas son mías).

Y quién va a determinar cuál es el contexto correcto, cuál la justa medida, y qué es importante, real o no a la hora de definir el problema. ¿El gobierno? ¿Los expertos analistas? ¿los lectores/espectadores? ¿Cada medio?

El punto tres, que aparentemente resultaría central en el acuerdo, es el que más abre la puerta a las interpretaciones. Si de cada criterio editorial depende la definición de qué es real, qué es correcto, importante y cuál es la justa dimensión de los problemas nacionales, menos se entiende la renuencia de algunos medios o periodistas a suscribir el acuerdo. A menos que sean los otros puntos: tomar postura, no convertirse en vocero, no prejuzgar, asignar la responsabilidad a cada quién, los que incomodan. Y si es así, ¿qué agenda tienen esos medios?

En la medida en que suscribir el acuerdo es voluntario, y su fuerza radica en la auto regulación, podríamos decir que el último punto de sus objetivos quedará inevitablemente sin cumplir: no hay mecanismos específicos para dar seguimiento, ni conocer el grado de apego al mismo.

Basta leer que cada medio definirá sus propios procedimientos para verificar el cumplimiento del acuerdo, para entender que aunque guía aspiracional, y catálogo de buenas intenciones, no podemos esperar mucho del acuerdo.

Es destacable que los puntos se discutan en los medios, que exista polémica sobre la cobertura de la violencia y el papel que juega para convertir (voluntaria o involuntariamente, da igual) a la violencia en el centro de la agenda pública. El que se esté discutiendo ya es ganancia, han dicho algunos.

El problema es que, como dice el clásico, de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno. Y aunque la toma de postura es un punto de partida fundamental para entender que a nuestro país lo sostienen sus instituciones, por más defectos que tengan. No se trata de darle un espaldarazo a ciegas al gobierno en turno, sino tener claro que entre simpatizar con el sicario en turno y hacerle propaganda al terrorismo, no hay gran diferencia.

La libertad de prensa no es un valor absoluto que esté por encima de la sociedad. Si no sirve a nadie más que al rating, la circulación, el negocio y las ventas, por un lado; y por otro, a la apología del crimen y a contribuir al clima de inseguridad; no merece llamarse libertad, ni defenderse como valor.

Es bueno que al acuerdo se sumen instituciones privadas, organizaciones sociales y académicas, y también individuos. Es relevante que se vaya construyendo un paradigma de respaldo social a las instituciones, la vida democrática y el estado de derecho. Sería un error pensar que este acuerdo es la solución del problema, pero por algún lado hay que empezar.

Para El Economista – Arte, ideas y gente – miércoles 30 de marzo del 2011

Ligas de interés

En El Economista online

Texto completo del Acuerdo

Página de la MEPI

Blog de Marco Lara Khlar

Leo Zuckerman: ¿Por qué firmé el Acuerdo?

José Merino contra el acuerdo: Innecesario y Peligroso.

AMLO descalifica el acuerdo en La Jornada

 

 

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