La semana pasada, durante la transmisión de Tercer Grado, Carlos Marín hizo un aparte, para felicitar encarecidamente a su colega y tocayo Carlos Loret, por sus “extraordinarias” entrevistas. Haciendo referencia a las que el titular de Primero Noticias hizo al cantante Kalimba, acusado de violar a una menor; y al J.J., detenido por el homicidio en grado de tentativa de Salvador Cabañas y delitos contra la salud.
Kalimba dio la entrevista el 13 de enero, en medio de la polémica de su acusación, antes de que se librara orden de aprensión en su contra, de que fuera detenido en El Paso (Texas) y obligado a presentarse frente al MP de Quintana Roo.
El J.J. dio la entrevista, poco después de ser detenido, después de una cacería de un año, tiempo que dedicó a seguir trabajando, o sea distribuyendo cocaína en la Ciudad de México. Unos minutos pasaron desde su presentación como detenido, en ese absurdo y ridículo ejercicio de relaciones públicas que hace la PGR cada vez que agarra a alguien; y la entrevista con Loret y otros medios.
Dice Salvador Camarena en su estupendo blog en El País “Gracias gobierno por los narcos superstars” que el mayor error del gobierno al permitir esa entrevista, es presentar al maleante como un “triunfador”. Tipo con dinero, novia de concurso de belleza (antes estuvo casado con la famosa “chiva”), cuerpo de gimnasio, mirada displicente de perdonavidas.
Antes, al ser presentados ante la prensa, los narcos negaban dedicarse a vender droga. Decían que eran agricultores, o ganaderos. Hoy, lo presumen.
Loret convirtió su entrevista a Kalimba en una suerte de juicio mediático en que envalentonado acorraló al cantante, cuestionando su versión de los hechos y rectitud moral. Enarboló el contenido de pruebas periciales, le exigió respuestas que el otro no podía responder con proceso judicial de por medio; y en suma, le hizo sentir la justa indignación que seguramente supone para Televisa, madrina del cantante (por lo menos en el showbiz) ver a uno de sus pupilos caer tan bajo. Desde su primera pregunta: “Pues, ¿qué hiciste, Kalimba?” estableció el tono de un intercambio que continuaría con lindezas como: Yo no sé que pasa por la cabeza de una chica que acaba de ser violada, las aristas psicológicas, una especie de equivalente del síndrome de Estocolmo…”
Con el J.J., utilizó una técnica distinta: ¿Le gustó hacerse famoso? ¿Tiene lana? A lo que el delincuente respondió que no tenía dinero y entre risas que tuvo que trabajar haciendo lo que lo acusan: narcomenudeo. Loret consiguió sin esfuerzo que el J.J. admitirera que después del disparo a Cabañas su negocio mejoró 80%, que al respecto él no sentía nada: normal. Y después quiso que le contara lo que había sucedio esa noche. A lo que el J.J. primero respondió para qué, y después de que Loret se justificara: es lo que todos se están preguntando, remató pues sigan el caso.
Al final, sin hacerse mucho de rogar, el J.J. se escudó en una calmada y displicente exposición de su versión de los hechos. Jugando a la duda, tildando a Cabañas de borracho loco que a lo mejor se pegó el tiro el solo. Yo no le disparé. Qué diga él quién, a lo mejor fue el contador (su guarura).
Las entrevistas de Loret tuvieron el rating regurgitado por todos los noticieros de Televisa que airearon fragmentos con el orgullo de que uno de sus compañeros hubiera entrevistado al matón de moda.
A estas alturas, no sorprende que la autocomplacencia de algunos medios los lleve a querer no sólo dar la noticia, sino también fungir como jueces, como canales de la supuesta indignación moral del pueblo mexicano. Autonombrados los representantes del pueblo (después de todo el congreso no lo es más que en papel) estos comunicadores quieren resolver de una vez, de cara al público lo que después será un turbio proceso judicial de consecuencias impredecibles.
Pero asumir ese rol tiene sus consecuencias. Algunas simplemente en relación a la agenda, la del medio de comunicación en busca de rating, la del comunicador en busca de reconocimiento, y la que generan en la discusión pública las entrevistas. Otras las que implica darle voz a los criminales, convertirlos, precisamente, en famosos.
No sorprende que Loret sea extremadamente duro con el inofensivo ex vocalista de OV7. “¿Niegas haber tenido una relación sexual con esta niña? Dices que no la violaste ¿pero tuviste relaciones con ella o no?” y mucho más suave con el narcomenudista. Tampoco, que mientras uno sea cuestionado groseramente por negarse a contestar, el otro sea invitado entre risas a compartir los sucesos como si se tratara de una anécdota divertida de borrachera.
En cualquier caso, hace mucho tiempo que los espectadores no se chupan el dedo, y la entrevista a Kalimba dio lugar a un muy divertido trend en twitter[ #preguntocomoLoret, con tuits como: Oye #J.J. ¿Si en lugar de toparte con Salvador Cabañas, te hubieras topado con #Kalimba, ¿quién sacaba la pistola primero? o #preguntocomoloret señor #J.J. quien compró primero la playera polo azul usted o la Barbie?
Alvaro Cueva aborda el tema en su columna de esta semana en Milenio: ¿Quién es más estrella en este país: un chavo que canta y sale en los reality shows dominicales de Televisa o un señor que vende drogas y está involucrado en la historia de un hombre al que le dieron un balazo en la cabeza? ¿Dónde está la justicia, en los juzgados o en los estudios de televisión?
Lo que sorprende, y ahí coincido con Camarena, es que el propio gobierno dé la exclusiva a Loret, a Javier Alatorre y a otros, con oportunidad incluida para que un criminal ocupe tiempo aire, para básicamente hacer una apología de su profesión, presumir sus logros y hasta ensayar frente a la corte mediática lo que será su defensa frente a la otra corte, la judicial.
Sorprende, porque sucede días después del llamado que hizo a los medios el presidente Calderón, en entrevista con León Krauze, para que sean más balanceados en su cobertura informativa.
Desde las sonrientes declaraciones de la Barbie, hasta las estudiadas respuestas del J.J. frente a los cautelosos periodistas, queda en entredicho pedir balance a los medios. Queda en entredicho la postura intolerante, un segundo, respetuosa otro, de los mismos medios frente a dos acusados, y con ella la imagen triunfadora que proyectan para los televidentes.
Quizá los minutos dedicados por las televisoras para dar el perfil del J.J. con logros, conquistas y toda su vida criminal, sean extraordinarios, como dijo Marín de las entrevistas de Loret, pero quizá también, nuestros medios estén jugando un juego peligroso, que no está muy lejos de publicar narcomantas y desmentidos de los señores de la droga.
Para El Economista – Arte, ideas y gente – miércoles 25 de enero del 2011
Como apareció en El Economista online
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La entrevista de Loret al JJ (primera parte)
La entrevsita de Loret al JJ (segunda parte)
La entrevista de Loret a Kalimba (primera parte)
La entrevista de Loret a Kalimba (segunda parte)
La entrevista de Loret a Kalimba (tercera parte)
Ligas de interés
El texto de Salvador Camarena en El País
El texto de Álvaro Cueva en Milenio
La columna EPICENTRO de León Krauze en Milenio

One Reply to “51 – Según el sapo, la pedrada”
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