494 – La vida acelerada

De acuerdo a su perfil en IMDB.COM, Russell T. Davies “suele ser descrito como un genio, uno de los más importantes guionistas británicos de su generación”. Sus primeros guiones abordaron temas polémicos como la religión y la sexualidad., pasó a las ligas mayores con Queer as Folk (la versión original) una serie que exploraba el ambiente gay de Manchester. Colaborador frecuente en series de ciencia ficción y fantasía (entre ellas Torchwood y Dr. Who), puerta a una treintena de nominaciones y diecisiete premios nacionales e internacionales.

Su más reciente trabajo es una colaboración entre la BBC y HBO: la miniserie Years and Years. Sus seis episodios siguen la historia da la familia Lyons de Manchester a lo largo de quince años. En el asombroso piloto nos sumergimos en la vida cotidiana de los Lyons. Stephen (Rory Kinnear), su esposa Celeste (T’Nia Miller) y sus hijas; Daniel (Russell Tovey) a punto de casarse con Ralph (Dino Fetscher) conoce a Viktor (Maxim Baldry); Rosie (Ruth Madeley) que busca un socio para su negocio de eventos, y Edith (Jessica Hynes) una activista de todo tipo de causas sociales y políticas. 

Los Lyons son una familia bastante unida que se mantiene en contacto constante, y reúne por lo menos una vez al año para celebrar el cumpleaños de Muriel (Anne Reid), la matriarca familiar. Frente a ellos, el país convulsionado por el Brexit y la figura seductora de Vivienne Rook (Emma Thompson, magnífica) una billonaria ingeniosa, irreverente y ambiciosa que se lanza a la política local con promesas de cambio.

Lo que podría en un principio parecer un drama familiar convencional da un giro extraordinario en la reunión familiar de 2019. En medio de los sucesos de la noche (que no pienso revelar) el tiempo súbitamente acelera y en un par de minutos vemos un montaje de los sucesos más relevantes en la vida de los Lyons y su país de los siguientes años.

La serie retoma las historias individuales en el futuro, construyendo escenarios distópicos y la manera en que estos afectan la vida de los Lyons. No es una premisa al estilo Black Mirror, donde se exploran distopías especificas centradas alrededor de las preocupaciones tecnológicas. Es más bien la exploración sucesiva de la pregunta, qué es lo peor que nos puede pasar, junto a la sensación, muy actual, de cómo sobrevivir en una realidad donde suceden demasiadas cosas a la vez.

Los avances tecnológicos son sólo una parte del fenómeno social que rodea a la familia. Otra es la situación geopolítica con un trasfondo que incluye los delirantes gobiernos de EEUU (empezando por Trump), las guerras comerciales, el ascenso político de Rook y la inestabilidad Europea frente a los nacionalismos. La genialidad de la serie es que su centro no son todas esas piezas seductoras externas y los cambios que provoca en la sociedad inglesa donde viven los Lyons, sino la manera en que estos se intentan a adaptar a cada cambio, justo cuando el siguiente ya está encima de ellos.

Hay mucho a destacar en estos inusualmente conmovedores episodios. Viene a la mente el diseño de producción y su visión del futuro; y por supuesto la música de Murray Gold (frecuente del equipo de Davies) amarrada a esa percepción del tiempo que pasa veloz y  los sucesos sociales que siempre parecen cogernos en forma desprevenida. 

Hay historias, arcos narrativos, que sólo pueden contarse en mayor escala. La familia de los Lyons se vuelve eco de la nuestra, al mismo tiempo impermeable y vulnerable al mundo que la rodea. 

“El mundo está cada vez más caliente, rápido y loco”, dice Edith, “y nunca nos detenemos a pensar y aprender, sólo corremos hacia el siguiente desastre”. No cabe duda que Davies pretende que hagamos esa necesaria pausa y para ello va dejando notas y advertencias, sin ser didáctico o forzar la moraleja. Nos envuelve para entender (y sobre todo sentir) a los Lyons y a este mundo, que suele ser un poquito mejor y mucho peor al mismo tiempo.  

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 27 de noviembre del 2019