1. Los muertos
En su muy interesante ensayo en la revista Nexos de este mes, Fernando Escalante continúa su recuento del número de homicidios sucedidos en México durante 2008 y 2009. Hay que recordar que Escalante había, precisamente, escrito un ensayo similar donde demostraba, para desmayo de los cuenta cadáveres mediáticos, que los homicidios en México habían disminuido desde los años 90 hasta 2007, dónde registraron un bajo histórico. Escalante y su metodología fueron cuestionados por algunos medios, que no dejaban de señalar que sus resultados no hablaban de secuestros y otros crímenes; como si los datos estadísticos puros fueran prueba incontrovertible de algún argumento gubernamental que fuera necesario desacreditar.
Para esos escépticos, sirva el nuevo análisis para observar la terrible violencia que ha sumido a partes del país. Escalante muestra un gráfico pormenorizado de cada Estado, donde se ve el promedio de muertes por cada 100 mil habitantes, y el aumento brutal que tuvo en los años señalados.
Más de un lector buscará su Estado en la lista, algunos pocos leeremos con alivio que vivimos en una de las entidades con menores homicidios, a pesar de que hayan aumentado 30% desde el inicio de la llamada guerra contra el crimen organizado. Otros, mirarán con horror el casi 500% de aumento en Chihuahua, como el mayor ejemplo de una estrategia que no podemos llamar fallida, pero sí, cuestionable.
Quizá lo que más me gusta del análisis de Escalante, no es tanto la recopilación de datos duros, sino las hipótesis que elabora para explicar estos datos. Escalante no se conforma con el habitual reclamo al gobierno exigiendo un cambio en su estrategia frente a la guerra.
Los gráficos no podían ser más claros. Desde que se desplegó el ejército en Chihuahua, los homicidios se multiplicaron exponencialmente, resultados similares se dieron en otros Estados. Antes de entrar a debatir qué fue primero, si el huevo o la gallina, Escalante apunta dos hipótesis interesantes. La primera señala que la violencia a la que hacen referencia los datos, no es sólo producto del narcotráfico, sus guerras intestinas y los enfrentamientos con el ejército; sino de otros grupos armados, que en el ambiente desatado por dicha guerra han recurrido más a actos de violencia extrema que en el pasado.
La segunda hipótesis va de alguna manera amarrada a esta. Al entrar las fuerzas federales a estas ciudades, y desmantelar lo que quedaba de policías locales corruptas y podridas por el narco, se rompió algún equilibrio. Y mientras los soldados combaten al narco, ya no hay quién persiga los otros delitos, que inspirados por la atmósfera de impunidad se han multiplicado.
Viene a la memoria esa multicitada frase de Diego Fernández de Cevallos sobre causas de las causas y lo causado; y sirva como lección a los estrategas del gobierno, las consecuencias de la guerra no sólo se miden en drogas incautadas, sicarios y jefes capturados o asesinados, tampoco en las desafortunadas víctimas civiles (mal llamadas alguna vez en argot militar como daños colaterales). El escenario no podría ser más inquietante. El gobierno puede ganar la guerra contra el crimen organizado, pero en las postrimerías de la victoria, ¿el crimen desorganizado será el que domine las calles, y no habrá policía que los persiga?
2. Teorías electorales
Una de las críticas más contundentes que se han hecho a nuestro sistema político, es aquella que señala que su espacio vital es el sexenal, el corto plazo, y su único objetivo el poder.
Cuando los partidos en el congreso tienen como única meta el poder, su trabajo legislativo, políticas implementadas y disposición a la negociación se irá rigiendo por los tiempos electorales.
Este no es un mal endémico de nuestro país, como bien ha demostrado el tea party en los EU. Bajo la lógica de: si le va mal al gobierno en turno la gente votará por la oposición, los partidos en minoría pueden elegir sabotear las iniciativas gubernamentales. Al gobierno le va mal y el descontento les podrá así devolver al poder. Así la estrategia de sembrar descontento y cosechar elecciones, puede parecer de lo más efectiva; si no consideramos que mientras tanto se lleva entre las patas al país.
Lo curioso es que aunque se critique la estrechez de miras de los políticos, que nunca abordarán seriamente reformas a largo plazo porque no salen en la foto; el mismo mal se haya extendido a los medios.
Qué fue primero ¿el huevo o la gallina? nos preguntaremos otra vez, inevitablemente. Desde finales del 2010 hasta la última semana, no sorprende ya que la proyección noticiosa más importante del 2011, para periodistas y analistas, siga siendo (como lo fue el año pasado y en 2009) la elección del 2012.
Con un país lleno de problemas complejos que requieren el trabajo no sólo de la clase política, sino de medios y ciudadanos; la discusión mediática sigue siendo si Peña Nieto ganará o no, si el PAN se tarda en elegir candidato, si el presidente cambió su gabinete pensando en la elección, si el error máximo de la izquierda de subir a Encinas a la palestra dará al traste con cualquier posibilidad de vencer al PRI, etcétera, etcétera.
El país está atrapado en ese ciclo sexenal que tanto forma parte de la ideología de la revolución, tan bien estudiada y definida por Macario Schettino, y no sé ve por dónde alguien decida poner la primera piedra de la sensatez, y se discuta la elección del 2012 en el 2012, y nos demos cuenta que México no es nada más sus elecciones y su violencia.
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Para El Economista – Arte, ideas y gente – miércoles 12 de enero del 2011
Ligas de interés:
El primer ensayo de Escalante en Nexos (01/09/2009)
La muerte tiene permiso, segundo ensayo en Nexos (03/01/2011)
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