481 – Bienvenidos a Villefranche

Bienvenidos a Villefranche. El pueblo es pequeño, un sitio apartado y excéntrico rodeado por bosques eternos y mágicos, cubiertos por la niebla. 

El pueblo está casi aislado, en una zona que en español y francés se llama blanca, pero que en inglés se conoce como black spot: la cobertura de telefonía celular y GPS no funciona del todo, lo que lo vuelve un sitio ideal para perderse y descansar de los agobios de la vida cotidiana.

Una alusión involuntaria del título en inglés (que eligió la distribuidora internacional de la serie) hace referencia a Stevenson y su célebre novela La isla del tesoro. La marca negra que reciben los culpables para conectarlos con una injusticia cometida. En Villefranche sobran estas últimas, especialmente las que se cometen contra el bosque.

El gobierno francés envía a Franck Siriani (Laurent Capelluto), uno de sus fiscales más capaces (e hipocondriacos) a descubrir qué diablos sucede ahí. Conviene no hacer caso a rumores de que Siriani fue castigado por sus superiores. 

Villefranche vive una época de cambios. El aserradero que dio de comer al pueblo, propiedad de la familia Steiner, está por cerrar y la realidad económica está en buscar nuevas alternativas para que la población sobreviva. Los visitantes optimistas y con ideas son bienvenidos, también inversionistas que quieran recuperar las artesanías locales: muñecos, joyas, atrapasueños, móviles hechos con huesos. El hospital local tiene mucho potencial.

La atmósfera es reforzada por la neblina, el lodo, y el canto de los cuervos. En sus muros y postes está presente la solidaridad local, convocando la ayuda de vecinos y amigos para localizar a alguna de las chicas desaparecidas en tiempos recientes. La más celebre es Marion, la hija única del alcalde Bertrand Steiner (Samuel Jouy).

Los artistas locales también colaboran, mediante grafitis de arte urbano sofisticado. Son símbolos que sólo un misterioso grupo conoce. Hacen referencia a grabados medievales conectados a leyendas de la zona. A su cargo está la comunidad de anarquistas y hackers ecológicos: los hijos de Arduinna, obsesionados con salvaguardar el ecosistema local y destruir a los Steiners.

La seguridad del pueblo está a cargo de la sheriff Laurène Weiss (Suliane Brahim). Una mujer dedicada a que su población deje de ser la zona con más homicidios en Francia. Laurène, que durante años ha llevado una relación de amor frustrado con el alcalde, su dedicación la lleva a recorrer el bosque de noche buscando entender quién o qué la secuestró en su adolescencia.

En Villefranche, los jóvenes que llegan a la mayoría de edad son llevados al bosque a pasar la noche solos. Se llama la velada y es un ritual que fortalece su sentido de pertenencia con la naturaleza y la crueldad humana. Este no es un bosque como cualquier otro. Por momentos recuerda a Aokigahara, el bosque japonés conocido porque en él, cada año, entre cincuenta y cien personas se quitan la vida.

Aquellos turistas que disfrutaron de su última visita a los bosques de Maine y Castle Rock o a la belleza bucólica de Twin Peaks, han encontrado su casa en Europa. La hospitalidad local está en manos de El Dorado Café que hace las veces de bar, café, centro comunitario y saloon. No olviden reservar la suite real.

El responsable de este mundo es Mathieu Missoffe, escritor francés dedicado a la televisión de su país (y un cómic de culto). Missoffe ha creado algo parecido al western (con guiños a Leone), al thriller escandinavo y a la atmósfera mágica e irracional de la que abreva Lynch en Twin Peaks. ¿Sería justo decir que es un policial western de horror contemporáneo? Sólo si nos importan las etiquetas.

Siriani (Mr. Lonely) es el forastero que llega al pueblo, siempre en guardia frente a la flora y fauna local (es alérgico a todo). Un tipo normal que se vuelve contrapunto a la irracionalidad que circula en la sangre de sus habitantes. Pareciera que todos están un poco mal de la cabeza y sólo Siriani es capaz de descubrirlo y encontrar algún posible desenlace justo.

Esta Zona blanca fue fotografiada por Christophe Nuyens y Bruno Degrave. Su trabajo no tiene punto de comparación con producciones similares para la pantalla chica (salvo la primera temporada de True Detective). La identidad visual de Villefranche, sus azules y verdes desaturados y rojos inquietantes bañan por igual habitantes y árboles, flotan detrás de nuestra mirada alerta, invitándonos a respirar el aire frío y cruel.

Missoffe tiene claro que hay docenas de series televisivas de misterio, casos policiales “de la semana” y bolsas de trucos para crear horror. Pero él quiere construir su mundo a partir de nuestras expectativas. no importa si cada semana hay un nuevo crimen que atender, lo que importa es no haya nada previsible en los sucesos o la forma en que se resuelven. Missoffe no ha caído en el truco estadounidense de robarse historias de la prensa roja, le interesa más crear su propia mitología, dejar que seamos nosotros quienes conectamos los puntos y creemos descubrir la clave. 

Lo que crea Missoffe es una estructura híbrida que nace de saber que será consumida bajo los esquemas del streaming: no es lo mismo ver una historia con episodios cada semana, que tenerla toda disponible en la plataforma digital. El ritmo y la estructura son distintos. 

Su manera de resolverlo es llevarnos a Villefranche como quien visita un mundo transitorio en el que lobos salvan a los niños, las criaturas musitan en los crujidos del bosque, los seres humanos se abandonan a sus peores instintos, y sólo unos pocos, heroicos o desesperados, se aferran a la idea de encontrarle sentido a todo. 

Las dos temporadas de Zone Blanche (Zona Blanca / Black Spot) están disponibles a través de Netflix.

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 21 de agosto del 2019