
A principios de este año, una universidad de Londres y la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD), realizaron un estudio en las escuelas primarias británicas y de varios países. Se entrevistó a niños de hasta 11 años de edad para preguntarles sus aspiraciones profesionales. El estudio menciona que las percepciones que los niños tienen de ciertos trabajos y carreras, y quién las desempeña, se forman a muy temprana edad (desde los siete años).
La cuarta respuesta más popular de los jovencitos fue perseguir una carrera en las redes sociales y los videojuegos. El estudio se llamó “Dibujando el futuro” y de acuerdo a sus autores, las aspiraciones de los entrevistados habían virado significativamente de estudios previos.

Las respuestas se dieron así: Atleta o personalidad deportiva (21%), Maestro (10.9%), Veterinario (6.9%), Redes sociales y Videojuegos (5.7%), Policía (5.2%), Doctor (5.2%), Científico (4.2%), Artista (3.9%). Aunque algunas carreras eran el doble de atractivas para niños (ingeniería, policía y ciencia) y otras eran doblemente atractivas para niñas (medicina, educación, diseño de modas y veterinaria).
Un rasgo general de ambos es la desconexión entre sus aspiraciones y las realidades de la economía y la sociedad. Desconexión que permanece en estudios similares realizados en la escuela secundaria.
De acuerdo al reporte, el fenómeno de los YouTubers y las celebridades del video blogging (vlogging), y su popularidad en audiencias jóvenes, ha tenido una influencia muy importante en su percepción como una carrera válida y viable para los niños. Después de todo, la industria de los videojuegos es más grande que la industria del cine.
El estudio hace mención a una diferencia entre países en desarrollo, donde los niños aspiran a profesiones más prácticas (Doctor, maestro); mientras que en los países más desarrollados, la aspiración gira alrededor de la cultura de la celebridad.
El diario Telegraph del Reino Unido menciona que en un estudio de alfabetización de 2017 se encontró que la estrella del YouTube, Zoella (de 27 años) era ya más popular entre los adolescentes, que Tolkien. Zoella es una vlogger de moda y belleza con más de 12 millones de suscriptores al día de hoy y cuya última entrada invita a una degustación extrema de Pizza (1.4 millones de vistas), además de recomendaciones de productos de belleza y maquillaje.
De acuerdo a una columna de Forbes, los llamados milenials (millennials), se han vuelto la mayor demografía de consumo, que ya en 2015 significaba 1.3 trillones de dólares. Y es una generación, que a diferencia de sus predecesoras, no elige qué comprar a través de la televisión: elige a través de sus tribus de redes sociales y el consejo de sus amigos.
La columna menciona un estudio de Defy Media donde el 63% de los entrevistados entre 13 y 24 años de edad, dijeron que probarían una marca o producto recomendada por un YouTuber antes que cualquier otra celebridad. Además de otro de Variety donde Milenials identificaban a las personas más influyentes para ellos: en 2015 los primeros seis de la lista eran ya estrellas de YouTube.
Una de las razones que se atribuyen a ello, es que estas celebridades comparten experiencias más personales con ellos. Una investigación de Google determinó que el 70% de los adolescentes se identifica más con los YouTubers que con celebridades “tradicionales”. El 40% de ellos, incluso afirmó que su Youtuber favorito los entiende más que sus amigos.
Estos YouTubers son vistos por este público como los que establecen tendencias y determinan y forman la cultura. Un ensayo de la revista académica española Comunicar concluye “Los Youtubers no sólo entretienen. Invitan a suscribirse al canal e interactúan con sus seguidores de manera que estos opinan y expresan sus ideas. En algunos casos se vuelven ejemplo y modelo en temas clave como la formación de identidad, autoestima, identidad vocacional y de género.” No sólo crean temas de conversación con sus seguidores, los invitan a compartir sus propias experiencias y rara vez los rechazan, creando identificación social y sentido de pertenencia al grupo.
The Atlantic publicó en 2015 un análisis lingüístico de Julie Beck sobre los Youtubers. Además de ciertas modulaciones de voz, elongación de vocales y tono coloquial diseñadas para enfatizar palabras, Beck menciona cómo los monólogos suelen acelerar o frenar el discurso, para atrapar la atención de su público. Un estilo a veces frenético que recuerda al de los merolicos, y que ayuda a construir un discurso diseñado para llamar la atención, conectar, crear identificación y ultimadamente influir.
Pensemos en Casey Neistat, de 37 años y con más de 10 millones de seguidores. El video más visto de su canal (9.6 millones de vistas) es Do what you can’t (Haz lo que no puedes). Que básicamente dice a su público que lo único que se necesita en la vida es un teléfono celular, una conexión wifi y una gran idea, y que todo lo que te dicen desde la infancia (tus padres, tus maestros, tus familiares y amigos) que no puedes hacer, y todo lo que te dicen que no puedes decir, se convertirá en lo que quieres hacer y lo que necesitas decir. Y que si lo haces bien puedes dejar tu trabajo, hacer amigos y visitar lugares a los que nunca has ido, con una vida tan llena y activa que no tendrás tiempo de procesarla.
El video es un grito pueril de libertad y un himno que se pretende inspiracional (y explica de muchas maneras) a su audiencia: “No tienes que escuchar a nadie, porque en este mundo, nadie sabe nada. Los que odian y los que dudan de nosotros están bebiendo champán en la cubierta del Titanic y nosotros somos el puto iceberg”.
Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 29 de agosto del 2018