433 – Adicción al crimen

Un grupo de criminales fracasados son reclutados (y rescatados) por un misterioso personaje que pronto conoceremos como El profesor. El profesor tiene un plan: el mayor golpe de la historia, y para eso requiere especialistas. El grupo será entrenado por meses, recibiendo una suerte de curso intensivo en su plan, donde cada detalle ha sido estudiado y anticipado.

Si en Perros de Reserva de Tarantino (1992), una de tantas películas en la tradición del heist film, los asaltantes se llamaban a sí mismos con colores (Mr. White, Mr. Pink, etc). En esta ocasión, El profesor (Alvaro Morte) les asignará nombres de ciudades (Tokio (Úrsula Corberó), Berlín (Pedro Alonso), Río (Miguel Herrán), Moscú (Paco Tous), Oslo (Roberto García), Denver (Jaime Lorente) y Nairobi (Alba Flores). Estoy hablando del fenómeno de Netflix: La casa de papel (Money Heist).

El heist film ha sido una larga y celebrada tradición en el cine. Desde Raffles (1939) hasta cintas memorables como La jungla de asfalto de John Huston (1950), The Killing (1956) de Kubrick, El golpe de George Roy Hill (1973), las versiones originales y mejoradas de Ocean’s Eleven y sus secuelas (1960 y 2001-2018), Heist de David Mamet (2001), el Fuego contra fuego de Michael Mann (1995) y las dos clásicas de Sidney Lumet: Tarde de perros (1975) y Antes que el diablo sepa que has muerto (2007). En más de un sentido también supone la premisa de toda la saga de Misión Imposible.

La estructura del subgénero es simple y se divide en tres fases: el reclutamiento y planeación, la ejecución del robo y lo que sucede después. Usualmente el conflicto surge del contraste entre la primera y la segunda fases: el plan y la realidad.

Este tipo de historias suelen provocar, con muy contadas excepciones, que el espectador se identifique con los criminales y simpatice con ellos y su meta: son los héroes de la película. En sus inicios, esto provocaba un conflicto moral entre Hollywood y la conservadora idea social de la justicia, por lo que era comúnmente aceptado que las historias terminaran con la captura o muerte de los criminales.

El heist film es en esencia un juego intelectual entre buenos y malos, aunque la línea entre unos y otros sean poco claras. Buscando alternativas, sus creadores invirtieron la brújula moral, convirtiendo a las víctimas del robo en los verdaderos villanos (compañías de seguros, bancos inescrupulosos, mafiosos), y los que trabajan para ellos en igualmente culpables por asociación. Incluso la policía aparecía como parte de un sistema podrido que merece perder.

Este conflicto lo conoce bien el profesor, que lo ha estudiado todo para su golpe maestro: desde las acciones predecibles de la justicia hasta la intervención mediática y de redes sociales. El profesor es un ajedrecista consumado y ha dedicado años al plan.

La narración de los episodios es un tanto tramposa, contada en off por la impulsiva Tokio: nos lleva de golpe al segundo acto para poco a poco ir revelando en escogidos flashbacks, las clases del profesor para asaltar la Casa de Moneda de España. Los hilos dramáticos no contrastan plan y realidad en el sentido tradicional, nos arrojan al conflicto y después revelan la manera en que El Profesor lo había anticipado.

La apuesta, aún así, va subiendo de tono. Y aunque Tokio lo narra y presumiblemente conoce el desenlace, frecuentemente se nos da a entender que este último es imprevisible y que su éxito dependerá de la improvisación y la manera en que todas las piezas del plan reaccionen ante lo inesperado.

Hoy en día, gracias a testimonios de cámaras de seguridad y videos captados en teléfonos celulares, la verdadera cara de este tipo de asaltos está presente en la memoria del público, y cada vez es más difícil sentir verdadera simpatía por los héroes criminales de fantasía. Algunos críticos un poco mareados por su autoimportancia y supuesta responsabilidad social, han pedido el final del heist film, llamándolo una mera apología del crimen.

La casa de papel no entra en ese debate. Es muy claro quiénes son los héroes y aunque puede haber simpatía por algunos policías o rehenes, esta es limitada. En varios momentos, el mismo Profesor justifica el atraco como una reivindicación social que extrañamente pretende conectar con movimientos sociales como la resistencia partisana y la ocupación de Wall Street.

Dejando eso de lado, la serie creada por Alex Piña para Antena Tres y más tarde distribuida mundialmente por Netflix, es extraordinaria. Si hay un plan mejor que el del Profesor es el de Piña y sus siete guionistas. Prácticamente nada falla en su estructura, trama y ejecución dramática.

The binge report que hace una lista de las series más vistas de corrido en el mundo (monitoreadas por el app TVTime), listó a principios de marzo a La casa de papel como la número uno por seis semanas consecutivas (aún permanece en el top#50).

Una advertencia que debería de venir en la pantalla antes de empezar: “La casa de papel es una de las series más adictivas de la actualidad. No se recomienda empezarla si hay una agenda apretada, o un viaje, en los siguientes días.”

La estructura original la contemplaba como una serie limitada en dos partes. Netflix reeditó los nueve episodios de la primera parte para convertirlos en 13, al estrenarla en 2017. La segunda parte que en España se transmitió en seis episodios, la convirtieron en los nueve que estrenaron en abril pasado. Su gran éxito llevó a que Netflix la renovara para una tercera parte que se estrenará en 2019.

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 22 de agosto del 2018