4 – Lo más difícil es lo más sencillo


En un giro extraño de los acontecimientos, las dos televisoras más grandes del país decidieron pasar a transmitir los Juegos Olímpicos de Invierno. Televisa arguyó que al no competir mexicanos, el evento revestía muy poco interés para el auditorio. No tenía mucho sentido movilizar el equipo de TD hasta Vancouver, si ya lo tenía desplegado en una costosa campaña alrededor del mundial de futbol de Sudáfrica.

La decisión nos salvó de ver a Doña Lucha buscando esquís o a Derbez en combate de bolas de nieve con el compayito. Los protagonistas, desinflados desde la salida de José Ramón Fernández, apenas se dan abasto con su noticiero diario.

La única señal olímpica en la televisión quedó en manos de Canal 22 de Conaculta, envalentonado por tener la exclusiva en la gesta. Adiós a las innumerables menciones al valor de Pierre de Coubertin. Adiós a la idea de Enrique Garay o Pepé Segarra de que hasta una partida de ajedrez merece una narración de gritos entusiastas.

El 22 tiene a Mauricio Mejía como parte central de un sobrio trío de comentaristas cuya mayor cualidad es el manejo de los silencios. Ver las competencias invernales es como estar ahí, con viento de la montaña como acompañamiento. La discreción del equipo del 22 le ha merecido llamadas de apoyo: ustedes sí dejan ver el patinaje sin hablar todo el tiempo.

Exento de la verborrea que es política corporativa en las otras televisoras, el 22 complementa su presencia con magníficos cortos, donde se visita el archivo olímpico. Nos podemos enterar de la historia de aquel prodigio del Luge Noruego, o la conmovedora formación de Shani Davis, primer patinador negro de velocidad en ganar medallas.

El 22 nos demuestra que tiene vínculos con sus televidentes, leyéndonos llamadas de felicitación y peticiones que llegan por teléfono y correo electrónico desde todos los rincones del país. Además de realizar simbólicos enlaces con la pista de hielo de San Jerónimo, donde cualquiera puede iniciar sus pininos olímpicos. Es como ver las olimpiadas en la televisora local de Guaymas.
Pero todos tienen su talón de Aquiles. El lunes, fue el turno de uno de los eventos más populares: la danza sobre hielo (antes patinaje artístico). Ahí, Mejía (lo veo todo con ojos completamente analfabetos de patinaje) fue acompañado por Ricardo Olavarrieta, experto en la disciplina y dispuesto a regalarnos innumerables perlas de sabiduría (los deportes afectan a las emociones, pero este en específico afecta a los sentimientos).

Basten unas muestras:
“Va a estar de morir…va a estar mortal…se van a dar hasta con la cubeta las niñas”
“Qué tan efímero puede ser que tengas una medalla y esta sea totalmente obsoleta. Es como la catafixia, ¿no?”
Después de que Domnina y Shalalin, dos rusos que se habían vestido como antropófagos de Lego el día anterior, regalaran uno de los mejores números de la noche con la música de La doble vida de Verónica de Zbigniew Preisner. Olavarrieta estaba convencido de haber escuchado Réquiem por un Sueño de Clint Mansell:“…en qué clase de forma mental toman a los jueces siendo que ya se ha repetido cuatro veces la música de Réquiem por un sueño”. Mejía:“Aquí fue un distractor y si algo caracteriza esta disciplina es la naturalidad.” Huemantzin Rodríguez complementó: “aunque sea forzado debe verse natural”. “Lo más difícil es lo más sencillo” remató Mejía.

Para El Economista, miércoles 24 de febrero del 2010

Descargar el PDF: 20100224 Las horas perdidas4