394 – Pesca del día

Aunque de larga tradición, es poco lo que de literatura Boliviana se conoce en México. Apenas algunos libros de Edmundo Paz Soldán, uno de los escritores latinoamericanos que alguna vez fueron etiquetados como parte del movimiento McOndo. Ese que rompía con el realismo mágico y apuntaba a una narrativa urbana moderna y lejos de los atavismos del boom.

Quizá ayudó que Paz Soldán resida en los Estados Unidos desde 1991, o que haya sido el primer boliviano en ser publicado por la editorial francesa Gallimard. Su presencia recurrente en El País, The New York Times o la revista Time.

Los primeros libros de Paz Soldán se podían conseguir en México hace una década, cuando Alfaguara todavía circulaba sus ediciones locales en otros países: Sueños Digitales editada en Perú. La materia del deseo y Amores imperfectos en Colombia. Más tarde fue la estremecedora Norte, porque la editó Random House en México en 2011; y Río fugitivo por Libros del Asteroide en España.

Los editores latinoamericanos no han escuchado de la globalización, y a veces son incapaces de ver más allá de sus gafas regionales. Sólo, apenas hace poco, han empezado a distribuir sus fondos editoriales (principalmente colombianos y argentinos) en nuestro país. Quizá por ello, el feliz encuentro con un libro de Paz Soldán es capaz de alegarle el día a un lector.

Tiburón, coedición de Almadía y la Secretaría de Cultura, una autoantología (suele llamársele Antología Personal) realizada por el autor, con sus cuentos favoritos en casi dos décadas de publicar.

Como es de esperarse,Paz Soldán ha evolucionado su estilo y mudado su interés en diversos temas a lo largo de los años. Y aunque el volumen no está ordenado en forma cronológica, es posible identificar, aún sin la nota del autor al final, qué cuentos pertenecen a la misma época.

En los dos breves que vienen de su primer libro Las máscaras de la nada (1990) y los cuatro de Desapariciones (1994), hay todavía una estructura clásica del cuento: se plantea una situación atípica y se remata con una sorpresa. Son pequeñas joyas, algunas más logradas que otras. Quizá mi favorito es el emotivo “Faulkner”, donde ante la visita de su distanciado padre, un joven estudiante en el extranjero, encuentra una conexión que creía inexistente, gracias a la literatura del gran narrador estadounidense.

“Faulkner” tiene el mismo tono melancólico que los relatos de Amores imperfectos, al que pertenece el espléndido cuento que da título este volumen. Son historias donde un estudiante boliviano en el extranjero regresa de visita su país y descubre los efectos culturales y sentimentales de la distancia.

De igual manera que “la puerta cerrada” pareciera formar parte de la etapa anterior, “Dochera” que abre el volumen, es una historia de obsesión que despliega el talento que siempre ha caracterizado a Paz Soldán para dar una voz única a sus personajes.

Cuando llegamos a los relatos que aparecieron en Billie Ruth (Páginas de Espuma), la melancolía y el humor de Paz Soldán parecen haberse esfumado. Son siete relatos, más cercanos en términos estéticos a lo que experimentamos con Norte. Cuentos perturbadores que nos afectan en más de un sentido. Desde la excepcional crónica policíaca que sigue al asesinato de un futbolista, hasta la inquietante historia de amor entre dos antropólogas que ayudan a identificar cadáveres en fosas comunes en Bosnia.

La prosa de Paz Soldán se vuelve menos juguetona, más sobria y dura. Y esa mutación de estilo está en servicio de unos cuentos que más que robarnos una sonrisa o una mueca de sorpresa, nos sacuden más de un puñetazo en el estómago.

Los tres últimos relatos, acaso los más técnicamente depurados, fueron parte del libro Las visiones (2016). Etiquetados como ciencia ficción, aunque el término genérico sea francamente incorrecto. Son más bien relatos que transcurren en un futuro distópico, con vínculos lingüísticos comunes, en que Paz Soldán propone su propia bastardización del español que se puede hablar en Bolivia en el futuro.

Son textos más demandantes para el lector, pero encuentran en esa desconexión temática con lo que identificamos cotidianamente, la posibilidad de explorar emociones y situaciones más complejas que paradójicamente tienen total relevancia hoy en día. Como la discriminación en “Artificial”, la guerra a través de los drones y el impasse que se puede dar en una situación de terrorismo urbano cuando la religión, la moral, la empatía y la desesperación colisionan de frente.

Tiburón es una buena puerta de entrada a la narrativa de Edmundo Paz Soldán. Una suerte de carta de presentación que el autor ha elegido para nosotros y como tal nos da acceso a un universo literario que vale la pena explorar con más detenimiento.

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 8 de noviembre del 2017

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