39 – Estamos aburridos

Después de una semana teñida de notas rojas, llegamos al dos de noviembre, como si este día de muertos pudiera ser el parteaguas que no sólo necesita el país (sino nuestra prensa), para mirar a otro lado.

No digo “mirar a otro lado” como quien dice “hacer la vista gorda”. Me refiero a una necesidad cada vez más palpable de que la prensa y medios de este país redefinan lo que es “nota”, lo que es y debe ser de interés público, y dónde deben enfocar sus titulares y tiempo al aire.

Para los adictos a la cocaína, hay un fenómeno singular. Cada línea es menos efectiva que la anterior, cada vez se requiere más, y nunca se supera la sensación de la primera vez. Nuestro cuerpo va creando tolerancia, se adapta, adormece nuestros sentidos y respuesta.

Esa tolerancia en los seres humanos, va desde la pérdida paulatina de sensaciones, hasta el bloqueo natural psicológico que nos protege de traumas físicos y mentales que no somos capaces de soportar.

Algo similar sucede con la capacidad que tenemos de sorprendernos. Lo que una vez nos desconcierta. Dos veces nos inquieta. Tres, nos irrita. Cuatro, nos impacienta. Cinco veces, nos aburre. Seis, nos genera indiferencia.

Así vemos con más irritación que sorpresa que en muchos noticieros televisivos y radiofónicos se privilegie la declaración verbatim, aunque el político o el columnista en turno sólo sea capaz de ofrecernos lo más pobre de su vocabulario e intelecto.

Vemos imágenes que antes sólo hubiéramos contemplado en Alarma (¿Se acuerda alguien del Alarma de atola, violola, matola). Noticieros dedican más tiempo a decirnos cuántos muertos van en el día, semana o mes, y no quiénes son y por qué murieron. No digamos el mínimo análisis estadístico fuera del comparativo con la cifra del día anterior y la mirada pesimista que sólo confirma lo que a diario repiten: estamos jodidos.

Si vamos poco a poco perdiendo la capacidad de sorprendernos, de sentir el golpe de la nota. No hay problema. El narco podrá ejecutar a los siguientes de forma más sanguinaria. El noticiero encontrará las imágenes más perturbadoras, el titular de un diario se robará la atención de los lectores con afirmaciones más aventuradas. El terrorista podrá buscar un blanco más grande.

El fenómeno no sólo se limita a las noticias y es perfectamente observable en la tolerancia cotidiana a la violencia. En algunas ciudades, los tiroteos se han vuelto parte del paisaje y la conversación diaria, como el tránsito o el clima.

Paradójicamente, quienes tienen la agenda y el mensaje en sus manos quieren seguirnos “informando”, o sea robando nuestra atención, sorprendiendo, provocando emoción: conmoviéndonos. Y  tal pareciera que para ello, su única alternativa es subir la dosis.

Es una falacia afirmar que la agenda la escribe la realidad y que los medios sólo están ahí para reportarla

El asunto va más allá de una política editorial consciente. Se ha vuelto una tendencia que se extiende más allá de los medios de información, con más violencia en el cine de horror, más perversión en la literatura policial, mayor drama y mezquindad en los reality shows, más desmesura en las campañas políticas, en las declaraciones de políticos, en los actos de confrontación pública.

Llega el momento de preguntarnos si la violencia es realmente la única agenda pública que necesitamos (podemos) abordar.

Señores, sirva esto como carta de un lector–espectador–radioescucha fastidiado: estamos aburridos.

Para El Economista – Arte, ideas y gente – miércoles 3 de noviembre del 2010

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