
Algunas cosas ya las sabíamos: Harvey iba a golpear la costa de Texas y el golpe iba a afectar a Houston. Era difícil predecir su intensidad: cuánta lluvia caería y en qué forma arribaría a la costa (categoría de huracán o tormenta tropical).
Hoy, con las fotos de las terribles inundaciones, con la quinta ciudad de los EEUU atrapada por el agua: las carreteras de acceso (y salida) y el aeropuerto sumergidas. Con 6.7 millones de habitantes atrapados por días en el centro de un huracán, los medios nacionales empiezan a cuestionar por qué no fue evacuada la ciudad.
El viernes pasado, el gobernador republicano de Texas, Gregg Abbott, anunció que “aún si no hay orden obligatoria de evacuar, si vives entre Corpus Cristi y Houston te aconsejo evacuar antes de que tengan que ir a rescatarte”.
El alcalde demócrata de Houston, Sylvester Turner, contradijo al gobernador: “Francamente, dejar tu casa e ir por la calle te pone en mayor peligro”. El jefe de la oficina de seguridad y administración de emergencias de la ciudad, Francisco Sánchez, inició una campaña en Twitter a partir del lema: “Los funcionarios locales saben más”, instando a la gente a quedarse en sus casas y no evacuar. Esa campaña fue respaldada por Ed Emmett, respetado juez local. Hay razones para ambas posturas, y no son necesariamente políticas.
En 2005, cuando el huracán Rita iba a golpear Houston, apenas días después de la destrucción que dejó Katrina en Nueva Orleans, se generó pánico en la zona. Tres millones de personas intentaron salir de la ciudad. El caos vial provocó 139 muertos, 73 de los cuales sucedieron antes de que llegara el huracán. Al final Rita no golpeó como se predecía y llegó en forma de una tormenta bastante manejable. Pero las carreteras y autopistas de Houston eran un escenario de película apocalíptica: bloqueadas, con gente asustada dispuesta a todo para “salvarse”.
Evidentemente las autoridades locales no querían que se repitiera ese escenario. Evacuar una ciudad de ese tamaño requiere consideraciones mayores. Planeación de contingencias y modelos matemáticos intentando responder un sinnúmero de variables: ¿Cuánta gente mover? ¿A dónde? ¿Se quedarán con familiares o en hospedajes en la ruta? ¿Se requerirán campos de refugiados? ¿Se deben mover antes de que llegué el huracán o hasta después de saber con qué intensidad llegará?
Por más modelos matemáticos y análisis científicos, el clima, y la forma en que puede impactar una urbe moderna, sigue siendo básicamente “un volado”. La apuesta por evacuaciones verticales (pasarse al segundo piso o la azotea), puede funcionar en ciertas zonas, pero es limitada y poco óptima. Sumemos la variable de los efectos de la mala planeación urbana, la deforestación, las presas y reservas acuíferas y lo que sucede cuando éstas llegan a tope; o peor aún: la manera en que la gente reacciona cuando tiene miedo.
Por los próximos años, flotarán acusaciones entre funcionarios y políticos, correrán hipótesis e investigaciones. ¿Actuaron correctamente Turner y Sanchez? ¿Hizo bien el gobernador en meter su cuchara y apelar directamente a la población?
Al día de hoy se reportan 8 muertos, 2,000 personas han sido rescatadas, 30 mil perderán sus hogares (las cifras finales serán mucho peores).
Las evacuaciones parciales han sido pocas y realizadas en forma tardía. La lluvia continuará unos días más (se espera un metro más de agua), y las presas y reservas se han empezado a vaciar, dejando fluir el agua hasta zonas habitacionales.
Las presas Barker y Addicks, han protegido a la ciudad de inundaciones por casi setenta años. La mañana de hoy martes, ambas presas se desbordaron por primera vez en su historia, dejando caer miles de metros cúbicos de agua por segundo en los barrios que las rodean.
El mayor temor es que las presas se rompan. De acuerdo a los ingenieros del ejército estadounidense, según un reporte de Daily Beast, las dos presas son de las seis más peligrosas del país, y si se llegaran a fracturar, sería absolutamente devastador. Para prevenir el desastre, el cuerpo de ingenieros ha ido soltando agua hacia una ciudad ya inundada.
Las implicaciones detrás de las contradicciones entre autoridades en medios y redes sociales, de cara al desastre, tendrán que ser estudiadas con detenimiento. Es evidente que los planes de contingencia requieren establecer también estrategias de comunicación social sólidas.
Mientras el país se debate observando a un presidente poner en riesgo el equilibrio global con sus tuits ocurrentes, no sorprende que a nivel local, se repita el fenómeno.
El propio Sánchez, que inició la campaña “Los funcionarios locales saben más”, reconoció más tarde que quizá hubiera sido buena idea empezar a evacuar ciertas zonas. Pero para entonces, ya no había (o hay) manera de sacar a la gente de la ciudad.
Queda otra reflexión para los meses venideros: si los seres humanos pretendemos vivir en zonas metropolitanas cada vez más grandes, y las autoridades elegidas no toman estrategias ambientales para prevenir el impacto de los cambios climáticos de mediano y largo plazo…¿de quién es la responsabilidad de los futuros desastres? En más de un sentido, la humanidad sigue viviendo, como en épocas antiguas, a merced de la furia de los dioses.
Twitter @rgarciamainou
Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 30 de agosto del 2017
Terrible experiencia, excelente columna