Parece que nos resultará imposible olvidar la fiesta que celebraron los seleccionados mexicanos en un hotel de Monterrey. El tema no sale de la agenda mediática desde el polémico anuncio de sanciones a los participantes, y la reiterativa y torpe carta firmada por trece jugadores que básicamente exigía la remoción del director de selecciones nacionales: Néstor de la Torre.
“Nadie lo quiere” dijo Cuauhtémoc Blanco quien aprovecha cada micrófono para declarar una tontería; mientras Rafael Márquez se echa en los hombros establecer la agenda de discusión para componer el futbol mexicano.
Podría parecer, a simple vista, que este malestar ilustrara los llamados males endémicos del futbol mexicano; sin embargo, lo que en realidad exhibe, es la pobrísima calidad de nuestra prensa deportiva.
Para muestra, como se dice: un botón.
Televisa estrena un nuevo programa de televisión: Tribunal TD, simulación de un juicio penal estadounidense que pretende refrescar el debate deportivo alejándose de las ahora omnipresentes mesas de discusión.
En el programa hay un juez o presentador, que anuncia el caso. Un fiscal, un defensor, tres jurados y el acusado. El juez suele ser un comentarista de Televisa (Arturo Brizio u otro). Los demás roles son intercambiables, de manera tal que tenemos un fiscal nuevo cada semana, un defensor nuevo, y tres jurados con cara de circunstancias.
Primero los aciertos. Conseguir que en la mayoría de las emisiones, el acusado del programa haga acto de presencia y se defienda. Sea Miguel Gurwitz interpretando a Jonathan Dos Santos (inocente), Bernardo de la Garza (inocente), Néstor de la Torre (inocente) o el presidente de la comisión disciplinaria (¿adivinan?).
Un jurado externo amplía el debate fuera de los límites que, a veces, pinta Javier Alarcón para la casa. Anunciado el tema, el público televidente vota y cada jurado tiene la oportunidad de dar su opinión y voto para llegar al veredicto final.
Cuando juegan a tomárselo en serio resulta interesante. El problema es que el peso de sus deficiencias echa abajo una idea que podría haber sido prometedora.
Quizá la peor, sea que su corte parece el juzgado del michoacanazo: todos son absueltos. Mientras el público suele decantarse por la culpabilidad del acusado antes de siquiera escuchar el primer argumento, el jurado suele preferir un inocente unánime o por mayoría. Conocido el esquema no hay interés por saber qué decidirán. Pocas razones para desvelarse y soportar los interminables comerciales de medicamentos milagrosos.
El segundo problema está en el fiscal. Fuera de la apasionada labor de Roberto Gómez Junco en la primera emisión, el resto de participantes ha sido tibio y difuso. No han preparado sus casos, ni sus argumentaciones. No llevan cifras. No enumeran “pruebas”, no confrontan al acusado y hablan en generalidades sin ton ni son. El peor: Eduardo Trelles, quien ni siquiera fue capaz de declarar culpable al del banquillo.
A eso podemos sumar una sobreproducción sonora que recarga el audio entero del programa con música de suspenso; y mobiliario que parece reciclado de aquel programa de los años setenta donde se enjuiciaba a los héroes de la patria (¿recuerda alguien el juicio a Hidalgo?).
Pero el problema principal de este tribunal, es precisamente el mal endémico de la prensa deportiva mexicana: La idea de que sólo hace falta tener opinión para hablar, y como todo mundo tiene una…
Contadas las excepciones, gran parte de la prensa deportiva sigue pensando que lo suyo es alzar la voz, simular entusiasmo, hablar rápido, escupir adjetivos y recitar datos estadísticos.
Otra parte, heredera de la generación DeporTV, piensa que lo importante es ser crítico. O sea, que no te guste nada. Duro con el desempeño del deportista, pero sobre todo de la autoridad, sean dueños, federativos o funcionarios. Cualquier análisis, mesa de discusión caliente o picante, empezará por discutir una mala decisión del árbitro y terminará enlistando todos los males del futbol mexicano.
Tal pareciera que sólo podemos elegir entre la prensa alegre o la furiosa. La superficial y la fatalista. La que piensa que deportes son chistes vulgares, visitas al zoo y mujeres semidesnudas; y la que está convencida que todo está mal, y que primero, como suele decir José Ramón Fernández, tienen que rodar cabezas (analogía desafortunada hoy en día) para exista un cambio.
Bastan dos horas frente a NFL Network para darse cuenta a dónde se puede llegar en producción, inteligencia, análisis a fondo y debate con argumentos. Destaca la igualdad de género (real, no chicas guapas en minifalda para la nota de color), se incluyen voces de otros medios sin mezquindad, y se privilegia, sobre todo, la seriedad.
Basta leer una entrevista, crónica o un reportaje en Sports Illustrated y otros medios internacionales, para ver las limitaciones de nuestra prensa escrita: siempre a medio camino entre listar resultados, transcribir boletines, tergiversar declaraciones anodinas buscando conflicto, publicar tablas y horarios; y descansar cualquier análisis en la opinión ácida de los columnistas.
No todo está mal (claro). Todavía hay periodistas como Francisco Javier González, Rafael Ocampo, Gómez Junco, Sutcliffe, Peláez, o Von Rossum capaces de elevar el nivel de discusión. El problema es que por cada uno de ellos hay docenas que buscan inventar el hilo negro, la frase ingeniosa y la sentencia improvisada (la cosecha juvenil tampoco es muy prometedora que digamos).
¿El nivel de futbol, los seleccionados, los federativos, las políticas deportivas o los medios y su debate inane? ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?
Para El Economista – Arte, ideas y gente – miércoles 6 de octubre del 2010

One Reply to “35 – Juicio deportivo”
Comments are closed.