324 – El triunfo de la irracionalidad

Brexit series for FT.

Nos gusta pensar que somos racionales. Que tomamos las decisiones importantes después de una cuidada valoración. Que elegimos las maneras correctas, las que funcionan para conseguir lo que queremos lograr. Es una de las definiciones más válidas de la racionalidad.

rationality-kahneman-quizPorque también existe la racionalidad en base a valores predefinidos. Definimos que el valor supremo es, por ejemplo, la soberanía, por lo tanto todo lo que la ponga en riesgo se vuelve irracional. Aún si el valor no está definido y significa algo distinto para cada quien.

Ambos tipos de racionalidad son válidos y tarde o temprano se contrapondrán. El mundo no suele alinearse a las definiciones filosóficas. Mucho menos cuando se trata de aplicar esa racionalidad para controlar, manipular y corregirlo.

Una variante mixta es la racionalidad pragmática. Esa que establece como fin último la felicidad o el placer o el éxito (y hay quien suele equiparar los tres términos como sinónimos).

56fa2a59150000ad000b3573Entra en juego el sesgo de confirmación (confirmation bias), y no sólo escuchamos lo que nos interesa escuchar. Sino que lo que escuchamos, argumente o no lo que pensamos, termina igualmente confirmando lo que ya creíamos (o creíamos en el fondo, aunque pensáramos y dijéramos que creíamos otra cosa).

¿Es eso lo que pasó en Inglaterra?

Veamos algunas de las promesas más sonadas de la campaña realizada previa al referéndum para votar la salida o permanencia del Reino Unido en la Unión Europea (UE). Los políticos que llevaron la campaña adujeron que la salida garantizaría el fin de la inmigración en el país. Dijeron que los millones de libras que se pagaban a la CE se destinarían para el servicio nacional de salud. Que seguirán gozando las ventajas del mercado común pero desde una mejor posición, pues podrían negociar. Que recuperarían la soberanía de su país, volverían a ser líderes mundiales y serían nuevamente la Gran Bretaña de antaño.

JS89532410Cada una de esas promesas resultó ser falsa, como dijeron ellos mismos después de ganar, y documentó The Independent: La migración seguirá igual: la migración que temía la mayoría (ilegales y refugiados), no tiene nada que ver con la UE. No se pagaba eso, ni se ahorrará el dinero para destinarlo al servicio de salud. La posición del país en el mercado es peor que nunca. No serán parte del mercado único y su posición de negociación es francamente desventajosa. La economía se derrumbó junto a la moneda. El costo financiero del primer día ya fue peor que el costo de pertenecer diez años a la UE. Etcétera.

brexit-800x500Algunos de los análisis equiparan la reacción Brexit, con el éxito de Trump del otro lado del océano. El triunfo de la ignorancia y los prejuicios. Un electorado al que le mienten de forma flagrante y estúpida y acepta con entusiasmo lo que le dicen. ¿Hay un desgaste tan marcado de la clase política a nivel mundial que al votante ya dejó de importarle si lo que le dicen es verdad y prefiere que le repitan sus prejuicios?…un momento: ¿Así ha sido siempre?

El votante sabe que mienten. Sabe que los datos, los chivos expiatorios, las promesas que firmarán ante notario, las estrategias planteadas, la gente que acompaña al líder, no son correctos. Que no le responderán, terminarán decepcionando. Y aún así se presenta ante la urna y vota por ellos. ¿Es autodestructivo?

BN-ND559_3dummi_P_20160317191754El inglés, que tuvo doble Brexit con su ignominiosa (y épica) derrota en la Euro, se vuelve el caso de la moneda más fuerte que decide jugarse un volado. Del primer ministro que quema la casa para salvar el mobiliario. Del contraste de votación entre una población mayor, rural y poco educada, apostando por la salida; y una población joven, urbana y educada votando por quedarse. Paradojas aparte: los conservadores votaron por el mayor riesgo. Votaron por el pasado y se jugaron el futuro de los que sí lo tenían, parafraseando a Felipe González.

¿Qué decir de sus contrapartes que pensaban que con argumentos racionales convencerían? ¿Que era posible demostrar que les mentían y cuando se dieran cuenta verían la luz. Una falacia del pensamiento: pensar que tenemos la razón. Peor aún si pensamos que es tan obvio que tenemos la razón que tarde o temprano los demás se darán cuenta y con una palmada en la frente recapacitarán y nos pedirán disculpas.

_88649375_the-sun-front-page-09.03.16Si ese es el punto de partida. ¿Cómo hacer un argumento eficaz? Los del “quedarse” quisieron demostrarle a los otros que estaban equivocados y lo llamaron una campaña racional. Porque la racionalidad es el valor “civilizado”. Pero la racionalidad no es un valor, es un método.

Los políticos defensores del Brexit apelaron al otro tipo de racionalidad: Dijeron lo que tenían que decir para conseguir el resultado. Cínicamente racionales, aunque sus argumentos no se sostuvieran, tuvieron claro una cosa que sus contrapartes nunca entendieron: ¿Qué pasa si el otro no es racional? ¿Qué pasa si no hay argumento que valga?

Descubrieron que la única manera de abrazar su incondicionalidad era apelar a sus instintos, antipatías, fobias y temores. Porque para pensamientos irracionales sólo valen argumentos irracionales, que al final ni siquiera importan. Lo que realmente convence al otro es que su instinto fue correcto, que su antipatía es compartida, que su fobia y temor prometen ser aliviados. Que su nostalgia por el país de antaño es recíproca con gente que también la añora y promete volver. Esas promesas calman algo básico, algo primigenio en el ser humano. Nos hace sentirnos menos solos, menos aislados, y gana nuestra incondicionalidad a prueba de balas.

Es el triunfo de la irracionalidad.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 29 de junio del 2016

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