310 – De catálogos curados y otros platillos

House of cards 4 billboardCuando se trata de estrenos, el cine no es el único medio en que la maquinaria publicitaria se pone al servicio de los mejores gallos. El modelo se repite desde las grandes empresas mediáticas hasta la más oscura productora televisiva. Si se invirtió mucho, si lleva actores taquilleros, si el argumento o los personajes son populares o considerados de interés en más de uno de los estratos socioeconómicos en que se midió la muestra, la apuesta publicitaria será mayor.

Entre productores independientes suele escucharse cierta fingida perplejidad frente a cuentas sobre películas cuya publicidad costó más que una docena de propuestas independientes “más vivas y pertinentes” (como la que ellos realizaron con tres corcholatas y empeñando su casa).

La etiqueta de independiente ha cobrado también su propia celebridad, lo que ha llevado a algunos estudios a fabricar (o comprar) sus sellos “independientes” de la misma manera en que las grandes productoras de alimentos sacan líneas “orgánicas” o los grandes grupos compran pequeñas editoriales para apuntarse su prestigio, como quien compra una medalla para convertirse en héroe.

netflix-televisionLo curioso es que el modelito se repite hasta en sitios donde no hay de por medio venta directa. Pensemos en distribuidores de televisión vía streaming como Netflix. Netflix produce (y compra) varias series de televisión cada año. Sus “series originales” se han vuelto bandera para captar la atención de espectadores que valoran (y están dispuestos a pagar) el contenido “premium” de canales de paga como HBO, Showtime o Starz.

Si llevara la metáfora al ámbito restaurantero, Netflix es una suerte de buffet de todo lo que pueda comer por $99 al mes. Un buffet con platillos recalentados de restaurantes de comida rápida, pero también algunos traídos de cocinas de más prestigio. Y también tienen contratados algunos chefs, y estos ofrecen, cada mes, algún platillo exclusivo, cocinado al momento, para ese público que no se contenta metiendo papas fritas al microondas. A veces ese platillo se anuncia en pizarrones, fotografías en las mesas, y alguno que otro medio, sea para convencer a aquellos que no frecuentan el buffet, a acercarse, o para recordarle a sus clientes cansados de comer pasta boloñesa, que este mes hay un bonito pulpo a las brasas.

7dcbed46ba09594137ff75815ee6ac24Netflix apuesta en todos los países donde tiene presencia, por producciones locales, y con estrenos mensuales, a veces exitosos, a veces fallidos. Sin embargo, hay un giro particular a este buffet que cobra interés. Las series se estrenan en determinado momento, pero siguen disponibles para ser vistas por el resto de la eternidad (si los zombis, ISIS o Trump no se cargan al mundo antes).

No hay urgencia a que sean consumidas de inmediato. A diferencia de los contratos de explotación temporal que establecen con otros estudios, cada producción propia se suma al catálogo sin que su presencia tenga mayor costo en los servidores online de la empresa.

No sorprende que en los últimos meses, Showtime y Starz apuraran convenios de distribución premium con Amazon y Hulu, además de sus propias Apps, para sacar provecho a catálogos que de otra manera estaban destinados (y aún lo están) a la venta en cajitas coleccionables de DVDs, y poco más. La propia HBO que tenía un convenio similar con Amazon, ahora comercializa canales “bajo demanda” que no son más que la explotación online de su propio catálogo. Todos buscando una rebanadita de los 65 millones de clientes en el mundo de Netflix.

blimtelevisaComo solíamos decir en México cuando todavía había teléfonos públicos de monedas: tarde o temprano le cae el veinte a los demás. Y así Televisa, se ha sumado a la oferta con algo que llama blim y que de acuerdo a su propio boletín de lanzamiento ofrece contenido “curado”. Y con eso no se refieren a ese argot norteño para chido, o a la técnica culinaria de ahumar un buen jamón. Sino a ese termino un tanto pretencioso de la museografía, para describir la conservación y cuidado de un patrimonio artístico.

Si volviéramos a la metáfora restaurantera, blim ofrecerá un buffet recalentado de sus mejores tamales y garnachas escogidos por chefs de prestigio para salir del congelador hasta tu mesa. También algunos platillos internacionales, debidamente sazonados con picante y menús en español. Ya corresponderá al público decidir si hay algo en ese catálogo que pueda ser curado de tal manera que valga $109.00 al mes.   

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 23 de marzo del 2016

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