El domingo pasado, a las diez treinta de la noche, se transmitió el primer programa de ese nuevo reality show que se llama Iniciativa México.
En una suerte de cadena nacional en televisión abierta, impulsada principalmente por Televisa y TV Azteca (la lista de medios que donan espacio es grande), el programa fue conducido por Carlos Loret y Sergio Sarmiento. Estructuralmente no es distinto de otros programas de concurso: Tenemos cinco competidores, semifinalistas en la categoría de esa noche: Justicia y derechos humanos.
Al inicio de la transmisión, se presenta un breve resumen de cada proyecto y se abre la votación mediante llamadas a un número 800, SMS o a vía internet. El único con costo para el votante es el SMS.
Similar a La Academia, la fotografía del concursante y su nombre aparece en pantalla cada segundo, invitándonos a votar por él, para que pase a la final donde cuatro proyectos serán beneficiados con un millón de pesos, y el ganador con dos.
Después vemos un video donde reporteros del equipo de lujo de Televisa presentan cada caso, y recibimos un corte parcial de los votos. Dos “expertos” (Leo Zuckerman y Andrés Rohemer, uno por cada televisora) hacen de sinodales, cuestionando a los participantes. La votación continúa y un proyecto pasa a la final por voto directo. Uno más Es elegido por un comité técnico compuesto por tres representantes de instituciones educativas (UNAM, ITESM, IPN). Y dos serán rescatados en un repechaje de último minuto, una vez terminados los cinco programas temáticos.
Al margen de la indudable pertinencia, relevancia, méritos extraordinarios, y valor que llevó a estos cinco mexicanos a dirigir iniciativas tan valiosas para la sociedad, me parece que hay algunas preguntas que quedan abiertas sobre el proyecto en sí y su realización.
Recordemos que Iniciativa México surge como una convocatoria, híper-publicitada, a toda la sociedad mexicana, con mensajes llenos de intenciones positivas, patriotismo y motivación. Cada noticiero de las televisoras, dedicó por semanas un espacio a hablar de mexicanos con iniciativa: Perfiles de celebridades del mundo del arte, la ciencia, los deportes, el éxito profesional y económico; seguidos por las definiciones que estos y otras celebridades, hacían de lo que es un buen mexicano, un país deseable, un futuro más feliz.
Después de su lanzamiento, mucha gente lloró conmovida: en medio de la crisis y la violencia, por fin se hacía algo por México. El resultado, son más de cuarenta mil proyectos de todo tipo, algunos muy sólidos, otros poco más que una lista de buenos deseos.
Sorprende, ante tanto ruido, promoción y costo mediático, que la cantidad del premio sea tan nimia. Un ganador de American Idol, o The Amazing Race, se lleva más al bolsillo (un millón de dólares) que un proyecto destinado a salvar, mejorar o dar dignidad a cientos o miles de vidas en Iniciativa México (no caeremos en la desmesura del reportero de Televisa que dijo, millones de vidas).
El mismo Big Brother de Televisa, daba un millón de pesos al ganador, y eso hace casi una década. Para un concursante de un reality, dos millones de pesos puede ser un dineral. Para una institución que debe consolidar un trabajo comunitario, no será una cantidad despreciable, ni mucho menos, pero tampoco representa un monto que garantice la realización o viabilidad real de un proyecto social. Frente al costo de lo publicitado, es una cantidad ridícula.
Hay que apuntar que Iniciativa México, no se trata, como se ha dicho, de un concepto innovador o inédito. Y en el fondo no importa demasiado que el concepto se haya inspirado en Lead India (ganador del Gran Premio en el Festival de la Publicidad en Cannes, y cuyos spots son demasiado parecidos a los que se transmitieron después en nuestro país).
El problema real es que como suele suceder en México, esta Iniciativa parece ser más un producto mediático inflado, que una solución real de un mejor mañana para el país.
Vamos, ¿no era posible respaldar los 25 proyectos seleccionados de mejor manera que unas palmadas en la espalda y quince minutos de fama? ¿Es necesario este programita de concursos para ayudar a México a pasar del sí se puede al ya se pudo?
Hay incongruencia en el discurso: se elige el horario más barato de la semana: domingo muy noche. Me hizo recordar aquella cápsula genial de Les Luthiers donde se promociona Cultura para todos “…en su horario habitual de las tres de la mañana”.
Después, los participantes deben pasar una eliminatoria a todas luces grosera. Y lo digo así por varias razones. Primero, porque uno de los proyectos seleccionados ni siquiera pretendía ganar algún dinero al presentarse, y por lo tanto, su creadora tuvo que improvisar frente a la cámara en qué se lo pensaba gastar. Me refiero a la Madre Antonia, una monja anciana que realiza una labor social encomiable en una de las cárceles más espeluznantes del país en Tijuana.
Segundo, por el desafortunado papel que jugó Andrés Rohemer como sinodal. El conductor tenía una pregunta para cada participante: A Miriam Israel, la promotora de la procuración de cuidados paliativos, un pequeño y maravilloso grupo que se dedica a atender, orientar y acompañar a pacientes de bajos recursos en fase terminal; la cuestiona sobre quién merece más el dinero: la atención a gente que de todos modos va a morir o un niño con cáncer que puede vivir hasta setenta años.
A Carlos Aviña, proponente del finalista proyecto de Jalisco para proteger a niños del abuso sexual, lo cuestiona relatando un supuesto caso estadounidense sobre una niña que se “inventó” el abuso para “desquitarse” de un maestro que la reprobó y terminó ante la denuncia…”quitándose la vida”.
Al margen del pésimo gusto de sus ejemplos, Rohemer se las arregló en minutos, para descalificar y distraer la atención de los proyectos en competencia, y dirigirla a melodramáticos y tramposos hipotéticos, que impulsaban a los ponentes a replicar a la defensiva, más que a realmente hablar de lo que hacen, o lo que podrían hacer con el dinero del premio.
Quizá el mayor acierto de Iniciativa México está en la atención que se le da, no sólo a los problemas del país, proyectados en las noticias diarias; sino a las valiosas contribuciones que muchos están haciendo, a su manera y muchas veces con recursos propios, para solventarlos. Que sirvan los reflectores no sólo para aplaudir sino para invitar a otros a colaborar, que siempre significará más de lo que aportará el monto de premio de este reality pobretón.
Pero pongamos a Iniciativa México en su justa dimensión. Se vale querer lo mejor para México. Se vale reunir, mediante un gran esfuerzo a todos aquellos que día a día hacen algo valioso por nuestro país. Lo inmoral es valerse de lo que ellos sí están haciendo, para pararse el cuello diciendo que es esta iniciativa, y su deslucido programa de concurso, lo que hará la diferencia.
Para El Economista – Arte, ideas y gente, miércoles 25 de agosto del 2010
