274 – La distracción como felicidad

distractions

Una característica de nuestra era, es la omnipresencia de dispositivos móviles. Sean estos smart phones que nos mantienen conectados con todos sitios menos en el que estamos, o las tabletas y sus innumerables apps, siempre a un click del acceso a interminables cantidades de contenido, diversión e información.

Nos gusta pensar que así estamos conectados, que la gran oportunidad de nuestro tiempo es que nos permite llevar siete conversaciones por Whatsapp mientras cenamos con la familia. Before After SmartphonesQuizá por ello en EU ha empezado una campaña para apagar los teléfonos y dejarlos a un lado una vez por semana durante la cena dominical. La idea es que seamos capaces de hablar, de contar algo sobre nosotros mismos, de aprender algo de los extraños con los que convivimos cada día.En su artículo sobre una nueva teoría de la distracción para The New Yorker, Joshua Rothman recuerda una entrevista de nuestro compatriota Louis C.K. en el programa nocturno de Conan O’Brien. Louis argumentaba que la gente se había vuelto adicta a sus teléfonos porque “no quieren estar solos por un segundo, porque es demasiado duro”. Es la teoría espiritual para justificar la necesidad de la distracción: “necesitamos distraernos porque nuestra alma está perturbada”.

Otra teoría, la material, radica en la complejidad de la vida urbanizada y tecnológica de la actualidad. Hay tantos estímulos a nuestro alrededor que permanecemos distraídos gran parte del tiempo. Times SquareDe acuerdo a Rothman si la teoría material fuera cierta, y la tecnología fuera la culpable de la perpetua distracción de los seres humanos, entonces el efecto sería perfectamente reversible mediante cambios en esa tecnología o la simple supresión de dichos estímulos. Mientras que si la explicación espiritual fuera verdadera no habría solución. El hombre huyendo de sí mismo podrá correr en círculos, pero lo seguirá haciendo por siempre con tal de no detenerse y afrontar su última soledad.

El texto de Rothman se centra en el nuevo libro de Matthew Crawford: The world beyond your head: becoming an individual in an Age of Distraction (Farrar Straus & Giroux). Un filósofo que sostiene que la obsesión de la civilización occidental con la autonomía, la ha puesto en el centro de nuestras vidas convirtiendo la conversación sobre la felicidad a que ésta sólo sea posible si somos libres de nuestras circunstancias. static1.squarespaceA tal grado que nos hemos vuelto adictos a la liberación, que buena parte de las situaciones de la vida cotidiana se vuelven prisiones metafóricas. La distracción, es entonces, una manera de retomar el control.

Crawford va aún más lejos. Para él es claro que solemos caracterizar mal a las distracciones. Desde la temprana infancia culpamos a los demás, a los sucesos, a la vida, de distraernos de lo que estamos haciendo. La distracción la provocan otros sobre nosotros. No nos dejan “concentrarnos”. Sin embargo, la distracción tiene un lugar más importante dentro de nosotros: nos provoca placer, el placer de ser libres, de liberarnos de lo demás, de las obligaciones cotidianas, de las monsergas que la vida tiene reservadas (y de esas hay una lista interminable que puede empezar con el trabajo, pero también en convivir con los demás). Nos distraemos activamente para rebelarnos contra el mundo, sostiene Crawford; para ser autónomos, libres y ultimadamente felices.

Colin McConnell/Toronto Star
Matthew Crawford Foto: Colin McConnell/Toronto Star

En el ámbito de las distracciones, también hay una feroz competencia, una que sostienen los mercadólogos, los publicistas, los responsables de conectar al mundo y exprimir dólares de cada segundo online. Podemos aspirar a la libertad distrayéndonos en la web, o las redes sociales, pero alguien más buscará distraernos de esa libertad, con ventanitas flotantes de comerciales, peticiones de validación, ligas para llevar nuestra distracción a otro sitio, más llamativo, escandaloso, perturbador. El mundo conectado está lleno de publicidad y de pequeñas trampas, sean estafas digitales o simples agujeros negros virtuales, que nos transportan vía un click o dedazo por error, a otro lugar. El poder corporativo contra la voluntad individual, es la suma de nuestro tiempo y tal pareciera ser, del futuro, argumenta Crawford. El poder corporativo reemplazando, desde hace décadas, al del Estado, como antagonista.

Age of DistractionBuscamos la distracción como si fuera una burbuja en la que podremos encerrarnos del mundo y al mismo tiempo liberarnos de sus pesares. “Every gambler knows  that to lose / is what you’re really there for” canta Bono, refiriéndose a quienes se atrapan en la obsesión “ganadora” de jugar en los casinos. La distracción del juego como una acción liberadora, que provoca el efecto opuesto.

Al argumento de Crawford se le escapa otro factor: la satanización del aburrimiento. Una familia hace un viaje largo en auto. En años anteriores, los niños se aburrían de lo lindo. Fuera de escuchar la conversación de los adultos, la música en la radio, mirar por la ventanilla el paisaje o jugar a localizar autos azules, placas terminadas en 3 ó vochos entre los demás vehículos, no había gran cosa que hacer. Hoy, aburrirse es considerado “malo”, y los padres buscan “soluciones” para entretenerlos (para distraerlos).

article-2605146-1D20C48C00000578-597_634x423Qué mejor manera de pasar el tiempo que mirando una pantallita portátil, al igual que hacemos casi todos, viendo las pantallas en el autobús, en el bar, en salas de espera, durante la cena con la familia. Lo que inicia como estrategia para “matar al tiempo”, termina secuestrándolo, haciéndonos creer que lo mejor está allá, en ese otro sitio, real o virtual, donde realmente transcurre la vida. Y mientras las contemplamos, una parte de nosotros se convence poco a poco, que en esa fuga momentánea, distraída y voluntaria, está la verdadera felicidad.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 8 de julio del 2015