273 – La nostalgia como memoria

Berlin

“Éramos cada uno a su modo agentes del calor, del deshielo y del olvido”. Doy vuelta por segunda vez a la última página de También Berlín se olvida de Fabio Morábito, y sigue siendo imposible escapar a una emoción que una década después sigue siendo inusual en las páginas de la literatura mexicana contemporánea: nostalgia.

Berlin tambien se olvida_portadaNostalgia instantánea por una ciudad en la que nunca has vivido, las calles que nunca caminaste; la panadería donde el tiempo se define por el misterio de un parroquiano omnipresente. Complicidad que nunca sentiste con un inexperto voyeur a la orilla de un lago inmóvil. El café solitario donde no compartiste inesperados minutos de inasible placidez.

Y es que la prosa perfecta y desconcertante de Morábito tiene la sutil cualidad de invocar la memoria como si fuera nuestra. Inscribiendo en ella los trece textos casi inclasificables que conforman este breve volumen. ¿Cuentos? ¿Ensayos? ¿Partes de un libro de viajes? No importa.

El libro acaba de ser reeditado por Sexto Piso (el libro se editó por primera vez en 2004). Una colección de recuerdos, de reflexiones y de bromas elevadas a nivel de arte, gracias a un dominio sobre la prosa que refleja esa lúcida fluidez al alcance de muy pocos escritores. Trece textos que juegan con el lector a atreverse a mirar una ciudad, una calle, un río invisible, un muro como extensión de una nación y un codiciado asiento de autobús como guiños cómplices, anécdotas compartidas entre amigos en la cálida intimidad de una conversación de sobremesa una noche de verano.

imageLos textos de Morábito se leen con asombro y también con una sonrisa: Ya sean sus reflexiones sobre las manchas urbanas y las ciudades sin ríos. El viaje místico por el metro elevado con sus breves atisbos a las vidas y ventanas de los berlineses. Las pequeñísimos refugios veraniegos de un pueblo vistos como puerta al infierno. La curiosa coreografía alrededor de un accidente de tránsito o las razones por las que la enseñanza vanguardista de gramática puede dividir a un pueblo.

Cada texto tiene peculiaridades con las cuales es posible un grado insólito de identificación, en “Ciudad Rusa”, por ejemplo, aparecemos todos los que en busca de un turismo casi intuitivo nos hemos dejado seducir por un nombre en un mapa.

BerlinermauerLos motivos históricos son inevitables, y nada más berlinés que “El Muro”. Recordatorio de aquel que dividió la ciudad, pero también Alemania y para ser más claros al mundo entero en eso que se llamó la guerra fría. Morábito realiza una serie de apuntes que incluyen una narración real o ficticia (no importa) sobre un momento en que las autoridades de la Alemania del este se propusieron renovar la estructura del muro. Por un error de logística muy poco alemán, la cuadrilla que quitaba ladrillos terminó mucho antes que la que colocaría placas de concreto. Eso permitió que durante semanas no hubiera muro. El gobierno de la RDA avisó por radio que el fenómeno era parte de la renovación y básicamente que la gente debía continuar viviendo como si éste siguiera ahí. El muro persistía, invisible, en la mentes de los ciudadanos desconcertados que tardaban en descubrir que era posible cruzar sin obstáculo. “Los más confundidos eran los que tenían pensado huir a Berlín occidental…sólo unos cuantos aprovecharon la posibilidad de cruzar la frontera para adquirir en el sector occidental ciertas herramientas que según ellos les facilitarían su huída una vez que el muro volviera a edificarse”.

Fabio Morabito“Mi lucha con el alemán” realiza el acercamiento más entrañable al alma de un escritor desde El arte de la fuga de Sergio Pitol : “Al fin y al cabo la lengua literaria es una lengua extranjera, la más extranjera de todas, la más inasible de todas, porque no tiene referentes fijos ni verdades estables. Cuando creemos que la dominamos es cuando menos la aprehendemos. En otras palabras, no se puede escribir sin una dosis de inexperiencia, de desamparo y de niñez; sin una necesidad oculta de perdón.”

Este último texto remite ahora a ese otro libro maravilloso de Morábito: El idioma materno (publicado el año pasado también por Sexto Piso), y se convierte en una suerte de adelanto de lo que abordará en ese libro. En más de un sentido, ambos volúmenes forman una suerte de díptico. No sobre Berlín, por supuesto, sino sobre el lenguaje, esa otra preocupación omnipresente de Morábito, el poeta y el narrador. El lenguaje no sólo como tema o materia prima, sino como esencia de una voz y una mirada al mundo. El que llamamos real y el que sólo existe en la buena literatura.

Twitter @rgarciamainou

Para el Economista Arte Ideas y Gente del miércoles 1 de julio del 2015

13 Replies to “273 – La nostalgia como memoria”

Comments are closed.