263 – Conspiraciones que todos creen

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¿Cuáles son los elementos de una buena teoría de conspiración? De acuerdo a un estudio realizado en 2014 por Joseph E. Uscinski y Joseph M. Parent en la Universidad de Miami (citado por Michael Shermer en Scientific American), hay cuatro características básicas:

(1) Un grupo

(2) Que actúa en secreto

(3) Para alterar a las instituciones, usurpar el poder, esconder la verdad o lucro

(4) Sacrificando el bien común.

Fed UP PosterLa investigación arrojó números alarmantes: Un tercio de los estadounidenses (casi 80 millones de personas) creen que el presidente Obama es en realidad extranjero. También un tercio está convencido que los sucesos del 11 de septiembre de 2001 fueron un trabajo interno del gobierno de Bush.

El perfil de los devotos a las conspiraciones no se reduce a un tipo racial o segmento de edad. Los crédulos son de todos los géneros, razas, niveles de ingresos, afiliaciones políticas, nivel educacional o estatus ocupacional.

Juan Pablo Proal cita, el año pasado en Proceso, otro estudio de la Universidad de Chicago con números similares. Las conspiraciones populares incluyen al gobierno de EU solapando que los celulares provocan cáncer, contagiando a los afroamericanos con SIDA, provocando autismo en los niños en colusión con las farmacéuticas, etcétera.

Movie-Fed-UpAnoche veía Fed Up, documental de Stephanie Soechtig que denuncia el estado de la nutrición en los EU, particularmente el aumento desmedido de obesidad, azúcar añadida en los alimentos, comida basura y procesada en escuelas públicas, y las pocas alternativas que hay para la población que quiere salir del círculo vicioso.

El documental tiene un discurso llamativo y bien argumentado que recorre los cambios en la pirámide nutricional del siglo veinte, la publicidad de comida chatarra a los niños ola transformación de las cafeterías de las escuelas públicas en filiales de franquicias de comida rápida. Detrás de ello hay un decreto de Reagan que redujo su presupuesto al grado que no era económicamente viable cocinar.

Para reforzar sus argumentos sigue casos de familias afectadas por obesidad y entrevista expertos (casi todos ellos con posiciones similares al argumento central). Recurre también a imágenes de archivo, tanto de la campaña de Michelle Obama para activar a la sociedad (que derivó en activar a los niños a hacer ejercicio), como encabezados de periódico (incluyendo noticias sobre México y lo que dicen nuestros políticos que harán para detener la epidemia de obesidad que nos pone en un pavoroso primer lugar mundial).

Sugar comparisonNo sorprende la falta de balance en los argumentos, pero sí el toparse con declaraciones de expertos que afirman que los alimentos infantiles llevan imágenes de caricaturas y personajes televisivos porque “la industria” quiere “marcarlos desde chiquitos para que consuman sus productos”. O que las empresas que han lanzado complementos nutricionales o medicamentos para atender el problema: “quieren que la gente esté más enferma para que compre por siempre sus productos”.

La parte más absurda es cuando uno de sus analistas dice indignado: “las empresas lo único que buscan es mayores utilidades”. Duh! ¡Claro! Son empresas. Esa es su misión corporativa, su obligación legal frente a sus accionistas.

Vamos, es claro que las empresas no ponen azúcar para destruir a la humanidad, sino porque sus productos saben mejor, se vuelven adictivos y venden más. Que sus decisiones de empaque, voceros, marketing, y puntos de venta no esconden un deseo secreto por destruir la salud de su país: sólo les interesa mover más producto, es el capitalismo salvaje: profit above all.

Sugar is the new cocaineLa teoría de conspiración más repetida va así. Una autoridad del gobierno o la OMS descubriría que el azúcar es dañino y lo declara, políticos y empresarios de ciertos estados presionan con dinero para que la institución dé un paso atrás. La institución lo da.

La película no va más allá, pero es claro que detrás de ese diagrama de flujo el verdadero problema lo supone no la malvada industria alimenticia con su imaginario señor Burns frotándose las manos en un salón oscuro; sino la estructura y reglas del propio régimen democrático de su país.

El diagrama de flujo puede leerse así: El secretario de salud consulta a científicos (estos no son malos, como los que trabajan en el bando de la industria) y estos determinan que la gente consume demasiada azúcar. El Ejecutivo propone una ley para regularlo. En el congreso, los senadores de los Estados productores reciben una llamada y se oponen. Si no lo hicieran nunca serían reelectos, sus campañas dependen del dinero y apoyo local, algo que no conseguirán si autorizan una ley que perjudica el empleo y la ganancia de las empresas de su estado. La ley no pasa o se diluye en legislación menor y comprometida. ¿Es un problema nutricional? ¿De ética gubernamental? ¿De estructura democrática?

funny-conspiracy-theories-6¿Puede satanizarse a los productores de maíz por convertirlo en jarabe de maíz alto en fructuosa o el blindaje de las instituciones que cobijan, subsidian y permiten que el barato endulzante se incluya en miles de productos alimenticios?

Todo esto me recuerda a una taxista que hace unos días discurría sobre política. Afirmaba que el presidente de México es un mago, “porque desapareció a 43 y nadie los encuentra y eso ni David Copperfield”. Una investigación como la de Chicago o Miami podría igual comprobar que muchos mexicanos comparten esta y otras ideas absurdas, convencidos que detrás de la tragedia de Ayotzinapa está otro señor Burns en los Pinos, frotándose las manos, malvado sólo porque sí.

Quizá abrazamos las teorías de conspiración porque es más fácil creerlas que pensar que nuestras estructuras sociales, morales y éticas están fallando y requieren trabajo. Quizá porque encontrar culpables y señalarlos nos permite canalizar la frustración por todo lo que sale mal en nuestras vidas y ponerlo en manos de otro, inalcanzable. Una suerte de equivalente moderno de los dioses de la antigüedad que por capricho disponían de vidas y fortunas.

Es posible que si los culpables son ellos, podamos dormir más tranquilos, con la conciencia limpia y la mirada aviesa en el otro, ese quién sea, que es el verdadero responsable de lo que está mal en el mundo.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 22 de abril del 2015

Ligas de interés

El libro American Conspiracy de Joseph E. Uscinski y Joseph M. Parent

14 Replies to “263 – Conspiraciones que todos creen”

  1. ¡Grande! Tal cual, pero en fin, es más fácil y sencillo ser conspiracionista que responsable de los propios actos

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