255 – Oscars 2015: La noche del hombre pájaro

La ceremonia de entrega del Oscar del pasado domingo deja algunas cosas claras: es extremadamente complicado encontrar un conductor competente, escribir un guión para una entrega de premios no es el trabajo más fácil del mundo, y la calidad de nuestros cineastas está fuera de toda sospecha.

La ganadora

Inarritu1Fue la noche de González Iñárritu (o G. Iñárritu, como lo escribió ahora), más aún que la de Cuarón hace un año. El director de Birdman, pasó tres veces al escenario, y curiosamente parecía que podría haber quedado perfectamente satisfecho con el primero.

Hasta el momento de entregar el premio a mejor guión original, Birdman iba prácticamente en blanco (sólo contaba con el esperado segundo premio consecutivo de Lubezki en el marcador), y entonces ganó mejor guión, un premio que suele etiquetarse como el de “consolación” para aquellos que no van a ganar mejor película (por lo menos desde que Tarantino lo dijo al recoger la estatuilla por Pulp Fiction). Iñárritu lo recogió con gracia, él y su equipo agradecieron hasta al perro y regresaron felices a sus asientos.

Si hasta hace unos años se estilaba que una película que barriera en los Oscars debía llevarse entre media docena o más estatuillas (la última fue El regreso del rey de Peter Jackson), en los últimos años, las ceremonias se han dividido entre ganadoras “técnicas” que se llevan los premios mal considerados “menores” (este año para El gran hotel Budapest de Wes Anderson). Y las ganadoras “reales” que acumulan en las vitrinas reconocimientos de actuación, guión, dirección y película. Ahí estuvo Birdman. Y aunque con menos Oscars que la cinta de Anderson, fue la ganadora indiscutible de la noche.

El anfitrión

NeilPatrickHarris464192868Como anfitrión Neil Patrick Harris fue cuando mucho mediocre. El actor (y mago) que se había labrado una reputación como el hombre capaz de conducirlo todo, alcanzó como decía el viejo “principio de Peter”: su nivel de incompetencia. No por falta de voluntad, hay que decirlo, el hombre salió hasta en ropa interior al escenario, cantó y bailó al nivel de Hugh Jackman e intentó alguna vuelta de tuerca ingeniosa, a la Ellen. Pero falló, y falló feamente.

Los Oscars con una bestia muy distinta a las otras entregas de premios. El anfitrión debe ser capaz de un sentido del humor, rápido, ingenioso al borde de la acidez y la ferocidad. Debe meterse con las estrellas con un guiño. NPH fue tibio, sangrón, temeroso y cuando se atrevió a más, lo hizo con peor gusto que el mismísimo Seth McFarlane.

Algunos chistes requirieron “explicación”, como el dedicado a Oprah. Otros invitaban a mirar al cielo y contar hasta diez (aquel de presentar a Reese Witherspoon, como aquella que pasa con su cuchara: with her spoon), juegos de palabras que su personaje, Barney, nunca hubiera intentado en How I met your mother. Su entrevista a los “rellenadores” de asientos, insistencia en que Octavia Spencer vigilara su portafolios y demás tonterías; encontraron su peor momento al burlarse del vestido de una mujer que acababa de mencionar al micrófono el suicidio de su hijo. Su mejor momento: despedirse diciendo “Buenas Noches, everyone”

El guión

Saldana on the RocksSi el año pasado el teleprompter puso en aprietos a John Travolta, esta vez pareció perjudicar a la mayoría de los presentadores (Travolta se volvió a perjudicar solito). Llegaban al micrófono, leían sin naturalidad, como actores de telenovela de media tarde. Los chistes forzados y diálogos acartonados sólo se comparaban con el manejo torpe de las cámaras, como si no lo hubieran ensayado. Sólo Meryl Streep (pero es ella!) fue capaz de leer la introducción a los fallecidos en el año, con gravedad y elegancia conmovedora.

Momentos de Oscar

La noche tuvo sus grandes momentos, todas las entregas del Oscar los tienen. Dos números musicales para las ninguneadas de la ceremonia: El alegre y colorido de Everything is awesome de la película de Lego; y el conmovedor, de Selma que dejó llorando a David Oyelowo y a Chris Pine.

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El rapero Common mencionó hasta Ferguson y se dio el lujo de despreciar el “chócala” de Oprah al pasar a recoger su premio.

jk-simmonsLady Gaga sorprendió a todos con una rendición elegante de un popurrí de La novicia rebelde, demostrando que su presencia siempre será juzgada como “excéntrica”, hasta por intentar la normalidad.

Los discursos de aceptación tuvieron lo suyo. Algunos actores aprovecharon para reivindicar causas personales: J.K. Simmons usó la palestra para invitar a sus hijos (y a los de todos) a llamar y no enviar mensajes de texto a sus padres y Patricia Arquette para exigir igualdad laboral para las mujeres.

Pawel Pawlikowski no se callaPawel Pawlikowski recibió su Oscar a película extranjera y dijo lo que quería decir: “Hicimos una película sobre la necesidad de silencio, contemplación y alejarse del mundo y aquí estoy en el epicentro del ruido y la atención. La vida está llena de sorpresas.”  Y aunque la orquesta le puso la música de apúrate y vete. Siguió hablando hasta que los músicos resignados callaron y entonces se despidió ante el aplauso de la concurrencia.

oscars-poitras-greenwald-article-display-bLa nerviosa Laura Poitras temblaba al recibir su premio por el documental Citizenfour sobre Edward Snowden, desaprovechando el escenario más grande del mundo para reforzar su mensaje. Por lo menos aprovecho para acompañarse del periodista Glenn Greenwald, y sí, dijo, trompicada y sin fuerza, que Snowden era un héroe. Un segundo después, NPH lo trivializó con un chiste tan insufrible como intraducible: “Snowden couldn’t be here for some treason”.

Juliane Moore empezó con un simpático traspiés: “Dicen que el Oscar te quita cinco años de edad, lo cual me alegra porque mi marido es más joven que yo”.

eddie-redmayne-1Eddie Redmayne, encantador, parecía a punto de besar a Cate Blanchett como el legendario arrebato de Adrien Brody con Halle Berry. Exultante, daba saltos, abrazaba la estatuilla, después dedicó el premio a aquellos que sufren esclerosis lateral amiotrófica.

Los Oscars tan transparentes en sus preferencias: Los cortometrajes ganadores (ficción y documental) fueron sobre centros de llamadas para suicidios. Las dos categorías de actuación, para personajes que sufren enfermedades degenerativas.

Birdman-gran-triunfadora-de-lo_54427525830_53699622600_601_341Sin duda el momento de la noche y no sólo para los mexicanos que gustan envolverse en la bandera cual niños héroes y celebrar en el ángel cualquier triunfo de otro como si reivindicara a la patria, fueron los tres premios (y tres discursos) de Alejandro G. Iñárritu. El más recordado (y mencionado) puede ser el que cerró la ceremonia, donde dedica el premio a los mexicanos, los que vivimos en México para los que pide tengamos y construyamos el gobierno que nos merecemos. Y los que viven en EU, esa última generación de inmigrantes que pide sea tratada con la misma dignidad y respeto que los que llegaron antes y construyeron ese país de inmigrantes. Un discurso sentido, fuerte y poderoso que aprovecha el escenario para recolocar el tema polémico en la agenda política mediática.

Sin embargo, me quedo con el que dio al recibir el premio de dirección, no sólo porque tiene todo que ver con su película, sino porque dice mucho más sobre las entregas de premios y el valor del arte: “Es una locura hablar de ese pequeño cabrón llamado ego. El ego ama la competencia, ¿cierto? Porque para que alguien gane, alguien tiene que perder. Pero la paradoja es que el arte verdadero, la verdadera expresión individual, como fue el trabajo de todos estos increíbles colegas cineastas, no puede compararse, no puede etiquetarse, no puede derrotarse, porque existe y sólo será juzgado, como siempre, por el tiempo.”

Transparencia

Por cierto, las predicciones publicadas por un servidor el viernes pasado, fueron correctas en un 89%.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 25 de febrero del 2015

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