Como suele suceder, primero fue el libro. Escrito por Blair Tindall, pianista que luego adoptó el oboe y por razones alfabéticas terminó tocando el fagot (era la última de la lista de estudiantes y le tocó escoger instrumento al final). Con más de 23 años de experiencia como músico profesional en Nueva York, Tindall estuvo nominada al grammy, tocó en varias bandas sonoras, Broadway y la Sinfónica de San Francisco entre otros grupos. Más tarde dio clases de periodismo y música en varias universidades.
En 2005, Tindall publicó Mozart in the Jungle: Sex, Drugs and Classical Music (Mozart en la jungla: sexo drogas y música clásica) un libro confesional sobre las vicisitudes de ser un músico en Nueva York. Resumido por Publisher’s Weekly como fiestas de cocaína, sexo grupal, y tenerse que preguntar “por qué será que suelo ser contratada para conciertos en la cama”. La vida bohemia de los músicos, el aburrimiento en los fosos orquestales de Broadway, y como al pasar de los años fue guardando resentimiento para una industria que “me exprimió seca de cualquier posible espontaneidad” y convirtió a otros músicos en “esclavos de galeras de ojos vacíos”. Su mirada ácida, irreverente y divertida, apunta a los conservatorios y sus miles de graduados cada año apuntando a un puñado de empleos. Un mundillo controlado por conductores y solistas súperestrellas.
El libro tuvo gran recepción crítica y fue etiquetado por el Times de Londres como uno de los seis mejores libros escritos sobre música. Algunos de sus compañeros de escuela y orquesta se sumaron a los apuntes, acusándola, si acaso, de ser demasiado benévola.
Después de leer una reseña del libro, Jason Schwartzman (actor de Rushmore y frecuente de Wes Anderson) se entusiasmó. “Esto nació para ser una serie de televisión”. Se acercó a su primo, Roman Coppola y durante meses intentó contagiarle su interés. Cuando lo consiguió se acer
caron a HBO.
En el canal estaban interesados por una serie neoyorkina protagónico femenino. En esos días firmaron a Lena Dunham y Girls, Schwartzman y compañía tuvieron que buscar en otro lado. La oportunidad volvió a abrirse con el lanzamiento de Amazon Studios, y el interés del gigante online por generar contenido original que pusiera su Amazon Prime Video a la altura de Netflix.
Para Schwartzman el momento definitivo se dio conversando durante una cena con un famoso director de orquesta. Le comentaron el proyecto de su serie, “después de todo Nueva York es la capital del mundo”. El director respondió: “No en la música clásica. La música clásica en Nueva York ha estado muerta por 30 años. ¿No sabían eso?”. Schwartzman le explicó que parte de la idea de su proyecto era la llegada de un famoso director que revitalizara la orquesta filarmónica de la ciudad. “Oh, es casi imposible rejuvenecer un cadáver”, replicó el director. Para Schwartzman esa fue la clave de todo el concepto.
Aunque basada en el libro de la Tindall, los creadores de la serie buscaron historias individuales y nichos de inspiración entre músicos y conductores. El episodio piloto inicia con Hailey Rutledge (Lola Kirke) oboísta desempleada, que da clases a un adolescente calenturiento y trata de conseguir algún trabajo estable. Rutledge coincide en el deprimente foso de orquesta de una ópera rock con la chelista Cynthia Taylor (Saffron Burrows) quien después de consejos amorosos “dime qué instrumento tocan y te diré como son en la cama”, la conecta con un posible trabajo en la Sinfónica.
La orquesta ha sido dirigida por años por un legendario pero anquilosado conductor (Malcom McDowell) obligado a dejar el podio a favor de Rodrigo (Gael García Bernal), un joven director traído del extranjero para salvar a golpes de marketing la orquesta. Al brillante Rodrigo lo acompañan las etiquetas de la moda y el talento.
No queda claro si Rodrigo es español, italiano, brasileño o mexicano. Gael habla en portuñol, suelta términos italianos y en momentos de pasión alguna expresión chilanga, sazonando incluso su pronunciación del inglés con un acento exótico. Un batiburillo por demás eficaz para construir un personaje entrañable y carismático que balancea humor, seriedad, camaradería, extravagancia y genialidad.
La orquesta es un circo: el cimbalista vende drogas, la chelista se acuesta con el director, uno de los violinistas está más preocupado por los ratos de descanso que otra cosa. La administradora (Bernadette Peters) quiere recaudar fondos y complacer a Rodrigo, mientras sea dócil: “A veces no sé si juntamos dinero para tocar música, o tocamos música para juntar dinero”, confiesa este durante un evento para financiar la orquesta.
La espléndida primera temporada de Mozart in the Jungle la comprenden diez capítulos de media hora que consiguen sumergirnos en el submundo de la música clásica neoyorkina, con una docena de líneas narrativas, inteligencia y momentos de elegancia casi sublime. La serie se estrenó en diciembre pasado en Amazon Prime Video, y en estos días aparecerá en nuestro país vía FoxLife y Clarovideo.
Twitter @rgarciamainou
Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 18 de febrero del 2015

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Serie que es para los músicos lo que ER es para los médicos.
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Felicidades por tu artículo de “Mozart en la jungla de asfalto”. Creo que Rodrigo (Gael García ) podría ser Dudamel.