242 – Anatomía de un mensaje

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Las últimas semanas, el panorama informativo mexicano parece una versión región 4 de Scandal. Un escándalo tras otro sumando al descontento y la repetición de noticias, rumores, fotos, marchas y demás que suman Ayotzinapa, con la posesión de una casa en las Lomas y otros sucesos inquietantes.

Si los sucesos de Ayotzinapa cuestionaban al Estado en cualquiera de sus instancias como responsable directo o indirecto en la desaparición de los normalistas. El casa-gate se planteaba como evidencia flagrante de corrupción.

Para responder a los cuestionamientos mediáticos y populares, la señora del Presidente de la República emitió hace una semana un mensaje en video. El mensaje de siete minutos, fue visto en algunos noticieros y continúa su eterno periplo en YouTube con más de tres millones de vistas. Ya surgieron versiones editadas, parodias, chistes paralelos e innumerables memes: el ocurrente “ingenio del mexicano” del que tanto se enorgullecen algunos.

El mensaje lo constituyen dos partes. Lo que dijo y cómo lo hizo. De lo primero se ha encargado y debatido suficiente. De lo segundo, de la forma, se ha hablado poco. Y sin ánimo de ser McLuhaniano, es claro que una vez más, el medio es un mensaje por si solo.

En democracias como la estadounidense, la primera dama tiene un jefe de prensa que labora en conjunto con el jefe de prensa y de personal de la Casa Blanca. La estrategia es una, las labores definidas, los ámbitos y productos tienen casi carácter oficial. Aunque el puesto de consorte no esté tipificado en el gobierno ni responda a mandato popular o la entrega de cuentas a que supuestamente responde el ejecutivo. Se trata de la esposa del presidente, y sea Nancy Bush o Michelle Obama, su imagen está directamente vinculada a la de su marido y por lo tanto a su gobierno y a la percepción del país que se tiene localmente y en el extranjero.

El reportaje que provocó el escándalo
El reportaje que provocó el escándalo

El video, titulado “Precisiones sobre la propiedad de Sierra Gorda 150”, empieza con “Hoy he decidido dirigirme a todos los mexicanos, porque ustedes tienen el derecho de conocer la verdad”. No nos engañemos porque detrás se vea un florero y no una bandera: es un mensaje oficial. No cualquier ciudadano, no funcionario público, es capaz ni tiene el acceso para dirigirse a la nación entera sólo porque se siente con la responsabilidad de aclarar algunos puntos.

El tono de Rivera es serio, de formalidad aprendida en mil y un actos políticos. Se vale de las manos y aspavientos para subrayar como estudiante de oratoria. Lleva un saco morado que le queda grande, el tipo de uniforme de un funcionario menor de un banco. Sus ojos miran a la cámara tratando de equilibrar firmeza y sinceridad. El tono del video es austero, sobrio, quiere ser sensible frente a las recientes acusaciones de derroche al ejecutivo. Aboga por evitar la percepción de que se trata de una producción elaborada. Por eso no cuenta con teleprompter. Rivera lee directamente de un fajo de hojas de papel y levanta los ojos de vez en cuando como conductor de noticiero en los años setenta.

La cámara alterna un medium shot con la primera dama leyendo y un close-up de su rostro mirando directamente a la cámara para subrayar algún punto. El salto de imagen denota torpeza en la producción o postproducción. Después del primer debate presidencial en la elección pasada es técnicamente el peor producto televisivo del gobierno en años.

810El guión es confuso y enrevesado, contrapone la austeridad de la puesta en escena con un texto que se justifica en la idea del dinero ganado por esfuerzo propio; ese que se obtiene por el sudor de la frente y el digno trajinar cotidiano. Después menciona, como si nada, un salario de decenas de millones de pesos. Hay ahí una profunda contradicción de sensibilidad en el mensaje político: la imagen dice “soy una de ustedes”, su voz dice que le pagaron por su trabajo y exclusividad, más de lo que el 90% de los mexicanos puede aspirar en toda una vida.

MemesEl argumento principal es que la primera dama tiene la capacidad económica y recursos para comprar esa y las casas que sean, y cualquier acusación de soborno es ridícula. No me interesa discutir si a Rivera le pagaban lo mismo que a Jennifer Aniston en Friends, o si así paga Televisa a las estrellas de su canal de idem. Más interesante es que detrás de esa afirmación este la creencia de que la única razón para la corrupción es la necesidad, que quien puede comprar algo no aceptará que se lo regalen a cambio de alguna ventaja.

Algunos han aplaudido su esfuerzo como un acto digno de la consorte presidencial, otros lo han criticado a él, por enviar a la esposa a pelear sus batallas. Lo cierto es que como producto comunicativo fracasa. Más eficaz hubiera sido resolverlo en una entrevista con un periodista renombrado o mejor aún, a través del encargado de prensa o comunicación social. El que se haya querido vender como un esfuerzo individual y digno de una mujer respondiendo a rumores que ultrajan su honor, no le da más fuerza ni verosimilitud. Al contrario, mina la institución de la presidencia, que debería ser capaz de defenderse institucionalmente a través de la transparencia y rendición de cuentas.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del viernes 28 de noviembre del 2014

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