235 – Las nuevas propuestas no son tan nuevas (pero da igual)

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Si hay algo que no es nuevo en la televisión, es la idea de vendernos algo que ya conocemos como si fuera flamante y fresco. Si en algún lado saben hacer eso, fuera del truco baratón de poner una etiqueta brillante en un empaque rediseñado, es en Hollywood (y a veces hacen justamente eso). Si los estudios lo hacen, también sus hermanos menores, las cadenas televisivas.

The Bridge - version USEs verdad, de pronto aparece por ahí, en un canal como HBO o FX una propuesta que tiene toda la pinta de estar haciendo algo distinto (aunque a veces sea una adaptación de la versión sueca). El resto, ese pasmoso resto que estrena series de televisión cada año, sólo tiene apariencia novedosa en los clips de diez segundos en que se anuncian los estrenos. De cerca, queda claro que es la misma cosa, con maquillaje, ropa distinta, un marco temporal atractivo, un par de variantes de acá, un par de personajes de allá.

El tema detrás no es la falta de originalidad. Resultaría imposible que una industria se recreara cada año con visiones insólitas nunca vistas. Es más, estoy convencido, como muchos de sus productores, que el grueso del público televidente, se se sentiría alienado si fuera el caso. Sería incapaz de identificar lo que le va a gustar sin asociarlo con recuerdos y experiencias previas.

portada-2vsoriginalidad-loEs más o menos lo que sucede en la industria editorial, si un libro no puede venderse como el nuevo Kafka, o como una mezcla de Agatha Christie, J.K. Rowling y Luc Besson; si los mercadólogos a cargo de las editoriales no pueden relacionarlo con algo que ya estuvo ahí y vendió, y el público puede querer, entonces para qué no editarlo y correr el riesgo.

En Contra la originalidad (Tumbona), Jonathan Lethem arremete contra una industria que vive de derivar y vampirizar los clásicos para después explotarlos a gusto, registrarlos como propios y después pelear a capa y espada que sus derechos no sean vulnerados por terceros. Lethem se refería a Disney, y detrás de ello está un argumento muy interesante: el arte existe gracias a la apropiación e interpretación de obras anteriores y a su reprocesamiento en la cabeza del nuevo “creador”. Para Lethem no existe la originalidad y como no existe, tampoco puede existir la propiedad exclusiva de la obra artística. No es un alegato a favor de la piratería, el artista debe cobrar por su trabajo, sino de la libertad y el fin de los derechos a perpetuidad sobre ciertas obras. Es una diatriba inteligente, idealista, profundamente seductora.

jonathan-lethem-po_2808664bLamentablemente la derivación planificada con que se arman productos vendibles, tanto en el cine como en la televisión y la industria editorial, no tiene mucho que ver con este argumento. No es un asunto de arte como materia prima, ni la derivación integrada en la inspiración artística, aquella aseveración de todo ya fue dicho, todo ya fue escrito, todas las historias ya sucedieron, que hemos escuchado más de una vez. En la industria de lo que se trata es de vender, y para vender nada mejor, como decía el comerciante de autos, que una lavada, una sopleteada y una pintadita.

El efecto es tan eficaz, que son los estudios, las televisoras y los editores los que intentan vendernos estos flamantes monstruos de Frankenstein sin ocultar la estratagema: Es es el nuevo Larsson, El hijo de amor de Stephen King y Neil Gaiman, Es el Chejov Coreano, el Tolstoi brasileño, y demás tonteras que no sólo suponen su estrategia de venta, sino su propia manera de entender el negocio y contratar obras. Además nos dan un marco de referencia, aunque sea ridículo, y convierten un producto en algo familiar, casi necesario.

Como ilustración, un vistazo a tres estrenos en la temporada otoñal de la tele estadounidense:

Fish_Mooney_01_GothamGotham: El origen de Batman llevado a nuestros días, en una Ciudad “Gótica” convertida en megalópolis. Enamorados del éxito de Arrow y Marvel Agents of S.H.I.E.L.D., los estudios Fox decidieron participar. Atractiva visualmente, hiperviolenta y un tanto frenética, al borde, como The Black List de la caricatura camp. Es un policíaco casi convencional, un cop buddy movie, donde el idealista James Gordon y el corrupto Harvey Bullock (en este estilo siempre son opuestos) resuelven el caso de la semana. Sobre ellos flota toda la mitología del cómic más exitoso de DC: El asesinato de los Wayne, el origen del Pingüino, y otros villanos más. Casi cada capítulo es secuestrado por Jada Pinkett Smith, maravillosa como la gángster Fish Mooney.

forever-tv-review-abcForever: La historia de un forense británico que por una maldición mágica no puede morir. Cada vez que es asesinado o se ve envuelto en un accidente o decide suicidarse, aparece idéntico y como dios lo trajo al mundo, en el río Hudson. Ioan Gruffudd encarna al carismático doctor Morgan. En la morgue, tiene un ayudante nerd simpático, y mientras deduce cada caso con habilidad deductiva envidiable, auxilia y seduce a la detective Jo Martinez (Alana De la Garza). Entretenida y simpática, no deja de ser un coctel que mezcla El mentalista, Castle, Body of Evidence, Highlander y Sherlock (aunque si somos justos, cada una de ellas bien podría ser un coctel de ingredientes previos).

How to get away with murderHow to get away with murder: Un misterio sobre una escuela de abogados y una maestra que involucra a los estudiantes en todo tipo de estrategias turbias para resolver casos truculentos que ella misma defiende. La atmósfera es oscura, la construcción es a base de flashbacks desde un crimen, hay un asesino serial suelto, conspiraciones y secretos. Un eficaz coctel que combina The practice, Damages, Twin Peaks, Felicity, El secreto de Donna Tartt, y un toque decadente noir, a lo Veronica Mars, pero sin sentido del humor.

Son tres propuestas absolutamente derivativas, y sin embargo, perfectamente aceptables como entretenimiento televisivo para la temporada otoño-invierno.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miercoles 8 de octubre del 2014

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