191 – El niño murciélago y las redes sociales

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Las redes sociales suelen ser criticadas por ser (a) una pérdida de tiempo, (b) un refugio para gente resentida que se escuda en el anonimato para atacar políticos y celebridades, (c) por su irrelevancia real cuando se trata de medir un fenómeno social o político (cuando, paradójicamente, no se exagera su participación en revueltas políticas en el medio oriente).

Sin embargo, las redes son también un elemento indispensable para entender la sociedad de nuestro tiempo, el centro energético y vital de la comunicación social al que todos los medios intentan conectar buscando relevancia (o sobrevivir). No sorprende que todo tipo de programas televisivos, desde The Voice hasta el evento deportivo de nuestra preferencia, pasando por noticieros, entregas de premios y hasta alguna que otra serie, recurran constantemente a etiquetas o menciones en Twitter, o a solicitar a su auditorio un me gusta en Facebook para demostrar vigencia y vitalidad.

La tónica general del flujo de noticias de Twitter suele estar llena de cinismo, críticas, comentarios burlones, poetas improvisados, frases célebres, noticias recicladas de portales y genios del palíndromo; y sin embargo, no podemos olvidar que la red social también es el destino y punto de partida natural para fenómenos como el sucedido el fin de semana pasado con el Batkid.

Miles the heroLa historia comienza así: Miles, un niño de cinco años, cuya familia vive en un pequeño poblado del noroeste de los EU (Tulelake), ha batallado con la leucemia linfoblástica aguda desde los 20 meses de edad. A los cinco, después de una agotadora quimioterapia que terminó en junio pasado, el cáncer entró finalmente en remisión.

La fundación Make a wish se acercó, vía una recomendación, con el pequeño para preguntarle que deseaba. Esa fundación se dedica desde 1980 a conceder deseos a niños con padecimientos médicos graves (lo suficientemente como para poner en peligro su vida). Make a wish ha ganado seguimiento y tiene afiliaciones en nuestro país (Pide un deseo México A.C.), así como en Argentina, Chile, Costa Rica y Panamá. Hasta el día de hoy, concediendo más de 200 mil deseos a niños como Miles.

A todo esto, el pequeño expresó su deseo: “Quisiera ser Batman”. La tarea cayó en manos de Patricia Wilson, coordinadora de la fundación en el área de la bahía, que comprende la ciudad de San Francisco, que de inmediato pensó “podemos hacer eso”. Ese tipo de deseos no son extraños en una fundación que inició hace más de tres décadas con un niño que quería ser policía porque veía Patrulla motorizada (C.H.I.P.S.).

BZIn0TVCcAAcCgTWilson pidió voluntarios a través de las redes sociales en una de las ciudades más conectadas del mundo, y la respuesta fue abrumadora. Más de diez mil voluntarios se apuntaron en un evento que dejó de ser en un espacio íntimo y se extendió a toda la ciudad, hasta que llegó un momento en que “tuvieron que empezar a rechazar voluntarios”.

El plan original era hacer algo en escala lo suficientemente llamativa para el niño, pero pronto se convirtió en un fenómeno que alcanzó la escala nacional, explicó Wilson a los medios. San Francisco se convertiría en Gotham (Ciudad Gótica) por dos días en los que el pequeño superhéroe de la noche recorrió la ciudad en un batimóvil enfrentando a los villanos clásicos (el Acertijo y el Pingüino) y rescatando a la mascota los Gigantes (el equipo de béisbol local). Edwin Lee, el alcalde, le entregó las llaves de la ciudad, y Greg Suhr, el jefe de policía se apuntó con el papel del Comisionado Gordon para encargar las distintas misiones al pequeño.

BZJI63fCcAEEtV5Las calles de la ciudad se abarrotaron de gente para aplaudir el paso del Batkid, mientras las redes sociales hervían con noticias, fotografías, exclamaciones a favor del evento y la ciudad. Casi todas las celebridades opinaron y medios estadounidenses llevaron la noticia del niño superhéroe en sus encabezados. En una nota ingeniosa, el periódico local (SF Chronicle) emitió una edición especial convirtiendo su primera plana en un diario de Gotham que llevó la noticia (escrita oportunamente por Clark Kent y Lois Lane), y agotó su tiraje completo, llevándolos incluso a repetir la plana en interiores del diario un día después, y regalar más de mil ejemplares en una de las plazas principales del centro de la ciudad.

Varios medios, especialmente columnistas y portales online, dejaron claro que aunque detrás de todo el furor había algo de cursilería, se apuntaban a celebrarlo por contraste, conscientes que los comentarios preponderantes en Twitter, YouTube y otras esferas de las redes sociales suelen estar llenos de negatividad.

Poder de convocatoriaEn cualquier caso, el fenómeno podrá ser materia de futuros estudios y análisis. Demuestra, entre otras cosas, que las redes sociales son campo fértil para la difusión y la generación de movilización social para algo más que reportar tragedias, denuncia, crisis meteorológicas o convocar marchas de protesta. Y que como muchos medios de comunicación, la tónica de su contenido tiene más que ver con sus emisores que con el propio medio.

Por lo pronto, el entusiasmo y participación social alrededor de un evento fantástico para aplaudir la voluntad de un niño por derrotar a uno de los grandes supervillanos de nuestro tiempo (el cáncer), ha conseguido derrotar, por lo menos en forma temporal, a otro de los imbatibles: la indiferencia.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 20 de noviembre del 2013

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