187 – El resultado que importa

Todo en juego?Aquellos que piensan que lo único importante es el resultado, una filosofía que va muy al parejo con ideas cuestionables como eso de que el fin justifica los medios; no deben extrañar las decisiones recientes  en el manejo de la selección nacional de futbol.

Veamos: se seleccionó a un entrenador que había tenido una trayectoria casi impecable en los torneos locales, se vendió a la opinión pública que se elegía a un ganador, se le mantuvo al volante sin importar que fuera dejando puntos e incertidumbre en el camino. Cuando todo parecía perdido se pensó en rectificar y cambió de entrenador. Se seleccionó nuevamente a uno con una trayectoria casi impecable en torneos locales, un ganador, sin duda. Se lo dejó un par de partidos. Como no consiguió el milagro se le echó sin contemplaciones, para firmar a un tercer entrenador con una buena trayectoria en el torneo local (el más reciente campeón), otro ganador, con la esperanza de que haga (ahora sí) el milagrito en un partido de ida y vuelta al otro lado del mundo. Para que no les llamaran improvisados se aseguró que a este último entrenador se le contrata sólo para ese partido. Después…ya veremos.

Hola y adiosLo anterior resultaría insólito si no fuera una calca, casi idéntica de lo sucedido las últimas dos veces en que Javier Aguirre fue invocado de último minuto para subvertir un proceso cuestionable y completar el milagro mundialista.

Para quien venga siguiendo el deporte mexicano desde hace años, los sucesos de los últimos días no serán mayor sorpresa. La verdadera sorpresa sería que se encontraran los resultados esperados como quien se tropieza con el billete ganador de la lotería en el metro.

Una de las raíces del problema se puede encontrar en el momento en que cambió el paradigma de las expectativas razonables. Podemos estar hablando en este momento del deporte, pero hay vínculos equiparables en la política, la ola de “reformas”, la estrategia de las empresas, y hasta las políticas culturales en nuestro país.

El problema no es el entrenadorEn cultura organizacional elemental se solían dividir los objetivos a largo plazo como aquellos que iban aparejados a la misión de la empresa. Los de medio plazo eran conocidos como tácticos y tenían que ver más con la estrategia que debía encausar la compañía, siempre sin perder de vista esa misión a largo plazo. Finalmente existían los objetivos de corto plazo, los operacionales, esos pequeños cortes de caja que sumados a la táctica llevaban al cumplimiento último de la idealista o difusa misión de la empresa.

En algún momento de los años recientes, los tres tipos de objetivos se compactaron de tal manera que para efectos prácticos empezaron a considerarse uno solo. Qué mejor ejemplo que el futbolístico de esta semana, donde el resultado de un partido implica que no se consigue el objetivo de corto, ni el de medio, ni el de largo. Sobre todo si los tres se definen como “ir al Mundial”, lo que no significa precisamente eso, sino los millones de dólares en patrocinios, uniformes, publicidad, derechos televisivos, etcétera que van en el paquete. Lo que pase en el propio mundial, una vez que se llegue ahí sin entrenador ni proceso, es secundario.

Es cierto que el técnico recién cesado merecía mejor trato y respeto. Que se aguantó demasiado al anterior. Que en las oquedades cerebrales de los directivos sólo giran lugares comunes disfrazados de pragmatismo y miedo a perder dinero. Se pretende vender que la no-calificación al mundial es un fracaso nacional, una herida incurable en el costado de la patria; que el Piojo Herrera se sumará a la lista de héroes de la rotonda de ilustres valientes si consigue la calificación.

El relevoEn algún momento del futuro habrá que detenerse y hacer un balance. No hablo de un balance deportivo del futbol mexicano, que para eso se dedican docenas de profesionales en páneles picantes o insípidos en la televisión satelital. Me refiero a un balance del mensaje patriótico vendido por una televisora y unos directivos con miedo a perder dinero.

Habría que establecer los paralelismos en la búsqueda de objetivos con temas tan simples como lucrar en torneos cortos, buscar sumar puntos sin mediar el espectáculo, poner por delante los patrocinadores, y muchos otros vicios del futbol mexicano. Todos ejemplos de la búsqueda irrestricta del objetivo final, que no nos engañemos, no es hacer buen futbol, ganar torneos, entusiasmar o distraer al público. Se trata de dinero.

Me refiero a esa idea preponderante ahora en la idiosincracia nacional de que el objetivo final, al plazo que sea, es engrosar la cuenta bancaria de alguien (de preferencia la propia) y que lo demás: la tradición, el respeto, la calidad, solidaridad y dignidad humana; vamos: la simple decencia, son aspectos transitorios y prescindibles.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 23 de octubre del 2013

(La versión publicada en el periódico puede ser más breve)