182 – Prevenir y lamentar

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Antes de aceptar la nueva promoción de tu compañía celular, incluyendo un ilimitado número de mensajes de texto por unos pesos, pregúntate si al usarla no estarás (próximamente) violando la ley.

El dilema no es tan real en México, donde el comité de legislación tecnológica aún no sabe qué hacer con el fax y las fotocopiadoras, sino en nuestro vecino país, donde algún ingenioso legislador estatal decidió que no sólo es delito escribir un mensaje de texto mientras se conduce un vehículo, también lo es “escribir un mensaje a quién lo conduce”.

Pausa para reflexionar. La nueva ley no sólo se dirige a un problema detonado por la tecnología, sino presupone también que los usuarios de los nuevos smartphones son videntes.

Desde el 2012 se reportaba que las primeras prohibiciones estatales para castigar a quien enviara mensajes de texto al conducir, no habían disminuido los accidentes sino los habían aumentado. Una explicación aducía que los conductores trataban de mantener sus teléfonos lo más abajo posible para no ser vistos, y entonces miraban más abajo, y…bueno.

Manual para Conducir y enviar mensajes de textoCon mucho tino, Megan McArdle, de Daily Beast, apuntó que la existencia de un problema real no implica necesariamente que exista una solución legislativa.

La situación demuestra una de las paradojas de la legislación punitiva. Los castigos no disminuyen la compulsión a cometer la falta, disminuyen el deseo de ser atrapados. Los defensores de la legislación punitiva hablan de su efecto disuasivo más que de otros, como la necesidad de justicia o reprimenda social para ciertas conductas. El deseo de que “alguien pague” por el dolor provocado.

Niall Ferguson abordó del problema de los mensajes de texto en su artículo “Texting Makes U Stupid” de 2011, donde empezaba: “La buena noticia es que los adolescentes de hoy son lectores ávidos, la mala es que lo que leen son mensajes de texto”.

Su artículo, más que una reflexión humorística sonaba como la queja amarga de un escritor que lamenta ya no se lean libros como antes. Analizaba, con cierto desprecio el lenguaje de los mensajes de texto y el deterioro del idioma cuando es usado por gente que no se acerca a un libro ni por error.

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No exenta de humor, la web de Freakonomics, retomó en diciembre pasado un consejo más audaz: No enviar mensajes de texto mientras se camina. El soporte de su argumento fue un estudio en Seattle donde peatones enviando mensajes de texto tardaban más en cruzar la calle, no veían semáforos, y en general estaban en camino de sumarse a la estadística de 4,000 peatones fallecidos en accidentes de tránsito.

Incluso un autor usualmente lúcido como Seth Godin, nos regaló hace un par de días una diatriba a propósito del tema. En ella propone que la única solución sea programar los celulares para que no puedan enviar o recibir mensajes de texto, o ya si estamos en ello, hablar, mientras están en movimiento. Su argumento es que eso salva vidas. ¿Podría paralizar la economía? Quizá. ¿Podría evitar que servicios de emergencia se comuniquen por vía celular? Quizá. ¿Podría evitar que pasajeros de tren, autobús, automóvil, etcétera se comuniquen? Quizá…pero salva vidas.

El problema de la sobreregulación es que es una espiral sin fin que transfiere la responsabilidad del individuo al Estado. Esperando que sea una intervención externa la que contenga, corrija y se convierta en brújula moral de una población indolente.

Herzog-headshotLa diatriba fue detonada cuando Godin vio el nuevo documental de Werner Herzog: From one second to the next (De un segundo al siguiente), patrocinado por AT&T y otras compañías telefónicas estadounidenses. Una pieza de media hora sobre cuatro familias destruidas por accidentes provocados por conductores que enviaban mensajes de texto al volante.

El documental es brutal, con toda la maestría de Herzog para sacudir y conmover. Un niño robado de la mano de su hermana en zona escolar, un conductor que pasa por encima de una carreta con una familia Amish, un joven que provoca una carambola que cuesta la vida a dos científicos. Hay mucho más que melodrama. Herzog consigue poner sobre la mesa la fragilidad de la vida, el dolor de la pérdida, el choque de civilizaciones frente a la tecnología y la posibilidad de redención.

La rabia de Godin se centraba en su afirmación: “el documental te hará llorar, y no importa, porque la gente seguirá enviando texto mientras conduce”. Cuestión de posturas. Mientras algunos aseguran que los medios influencian y manipulan a la sociedad a su antojo; otros sentencian que un esfuerzo realizado para conminar a la conciencia social será totalmente inútil.

Quizá Niall Ferguson tenga razón, y enviar mensajes de texto nos vuelva estúpidos. Es posible también, que exista otra solución en manos de la tecnología. Si el smartphone es capaz de detectar que va en movimiento y alguien está tecleando o leyendo un mensaje de texto, siempre puede programarse la intervención de un asistente digital inteligente: una voz, tipo Siri, que diga: Si vas manejando mientras haces esto, eres un completo idiota.

Twitter @rgarciamainou

Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 11 de septiembre del 2013

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