Dos crímenes, dos escritores investigando casos donde quizá les hubiera convenido no meter la nariz. La novela que está haciendo más ruido en Europa y la más reciente entrega de Stephen King. Libros muy distintos, pero con vasos comunicantes el mejor de todos, que sería buena idea ponerlos hasta delante en nuestra lista de lecturas para el verano.
La verdad sobre el caso Harry Quebert de Jöel Dicker (Alfaguara)
Este sería el libro ideal para leer en vacaciones, si no fuera un tabique de seiscientas sesenta páginas. Al lector que se sienta intimidado por su tamaño, habría que recordarle que la trilogía de Stieg Larsson era de un calibre similar, y que de acuerdo a sus editores (que por otra parte suelen decir ese tipo de cosas), esta novela promete ser el Larsson de este año. O sea, la novela que todos leerán, que provocará noches de desvelo y será discutida en clubes del libro, sobremesas y posteriormente reuniones de producción de Hollywood.
¿Tienen razón los editores de Alfaguara? Probablemente sí. Por lo menos esa ha sido la respuesta en Europa, donde este policíaco suizo arrasó con los premios literarios franceses (el Goncourt, el Lire y el gran premio de la Academia) y ha ido escalando las listas de más vendidos. Si las primeras doscientas páginas son un ejemplo, es una lectura deliciosa, con sentido del humor fresco y muy buen suspenso.
La novela transcurre en la costa este de los EU donde un escritor de éxito con problemas de bloqueo (ese miedo tan común a la página en blanco), se ve obligado a volver al pueblo donde pasó su juventud, a investigar un caso de asesinato transcurrido treinta años atrás, pero recién descubierto. El crimen involucra a su viejo amigo, escritor legendario y mentor, Harry Quebert en un escándalo nacional. Harry es un tipo solitario, que a mediados de los setenta escribió una de las novelas paradigmáticas de la literatura estadounidense, un clásico que ahora se ve bajo una nueva luz, como el relato de un amor prohibido que terminó en un crimen brutal.
Dicker es un narrador hábil, que juega con todos tipos de niveles meta, sea porque estamos leyendo la novela que Goldman escribe a propósito del caso, fragmentos de la de Harry, los consejos del mentor al discípulo, la reconstrucción de lo sucedido en 1975 a partir de lo que van recordando los participantes y la investigación en 2008. Y hay que decirlo, la traducción española, es más que pasable.
Joyland de Stephen King (Hard Case / Random)
La más reciente novela del rey del terror estadounidense, no es una pesadilla, sino una historia de misterio, con (inevitables) tintes sobrenaturales, y un pretexto policíaco. Un libro corto (288 páginas), sobre todo si consideramos el largo aliento de las dos novelas previas de King (La cúpula y 22/11/63). En EU la publica Hard Case, una editorial especializada en eso que solemos llamar género negro, en España circula bajo el sello Random.
Joyland es un parque de diversiones independiente, en una ciudad costera de Carolina del Norte. Uno de los últimos parques tradicionales, antes del boom de los parques temáticos inspirados por Disney: con rueda de la fortuna, tiovivo, sillitas locas, un perro mascota y una casa del horror, que se dice embrujada, donde los rumores dicen, se cometió un crimen años atrás.
King regresa a la novela de formación (viene a la mente El cuerpo, y su versión cinematográfica Stand by me). Joyland transcurre básicamente durante un verano en los años setenta, cuando Devin Jones, un chico virgen de veintiún años, toma un trabajo temporal en el parque de diversiones. Será un “verde” milusos: encargado de lo que haga falta: limpiar, servir palomitas y algodón de dulce, atender juegos mecánicos o a vestir la temida botarga conocida como “el peluche”, la mascota del parque.
La historia la narra el propio Jones, cuarenta años después, lo que le da distancia, quita un poco de suspenso (sabemos que sobrevivirá), pero le permite a King administrar la narración con toda la habilidad ominosa que acostumbra, en un tono más íntimo que no le hubiera permitido un narrador omnisciente.
El contenido sobrenatural es mesurado, un fantasma por aquí, un par de personajes con alguna clarividencia, poco más. El resto es la nostalgia por los carnavales que solían recorrer parte de los EU, ferias itinerantes que llevaban diversión, ilusión y misterio. King construye el lenguaje carny a partir de términos reales y de su propia invención, y se nota que se divierte de lo lindo.
Devin llega al verano con el corazón roto, dispuesto, primero a superar ese trance, y después a resolver un crimen casi olvidado. De pronto parece un caso para el Scooby gang, un guiño del que King puede haber estado perfectamente consciente, aunque con él al volante, sabemos que el trayecto merecerá la pena tanto como el destino.
Twitter @rgarciamainou
Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 17 de julio del 2013
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Buen artículo! Me encantó la novela de Dicker.
@rgarciamainou recomienda lecturas veraniegas: http://t.co/Im8bT1Qtgl
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Lecturas para el verano – de Ricardo García Mainou – http://t.co/OjEsegZPv0 http://t.co/UZ0XY5BKXh
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