172 – No te conozco, no vengo contigo.

JusticiaLa imagen clásica de la justicia es una mujer vendada con una balanza en una mano y una espada en la otra. Cuando se trata de la justicia mediática, bien podría ser la misma, sin venda, sólo cambiemos la balanza por un smartphone o un control remoto del televisor.

Quizá la principal diferencia entre ambas es que a la justicia mediática le importa muy poco si alguien es legalmente culpable o no de lo que se le acusa. Basta que lo parezca. Tres casos recientes, tres diferentes estándares.

Paula Deen, chef, restaurantera y celebridad que cae en desgracia de la noche a la mañana, al reconocer un exabrupto racista años atrás.

Alec Baldwin insulta a un reportero de un tabloide británico cuando éste se inventa que la mujer de Baldwin tuiteaba tonterías durante el funeral de James Gandolfini.

Aaron Hernandez, ala cerrada estrella de los Patriotas de Nueva Inglaterra, es arrestado por el asesinato de su cuñado.

Deen y sus postres irresistiblesEl caso de la Deen es paradigmático, porque se sostiene enteramente en lo políticamente incorrecto de un epíteto racista. La historia se resume así: Deen es demandada laboralmente y por daño moral por una exempleada. La chica (de raza blanca) afirma entre sus múltiples quejas, que Deen había hecho un comentario racista durante la organización de una boda y eso la había perturbado porque tiene sobrinas mulatas.

Al declarar, Deen niega esa afirmación. Cuando se le pregunta si nunca había dicho la palabra nigger (forma insultante para personas de raza negra), afirma que sí, una vez, cuando era cajera de banco: la asaltó un tipo y le puso un arma en la cara, y entonces se le salió.

Por eso (sólo por eso), Deen cae en desgracia y es crucificada en los medios estadounidenses, incluyendo los segmentos cómicos nocturnos y redes sociales. The Food Network cancela su programa de TV después de once años. Sus editores, el contrato editorial para sus libros de cocina; y la mayoría de sus patrocinadores su respaldo: enseres domésticos, infomerciales, medicamentos para la diabetes, etcétera.

Sus intentos para “disculparse” en TV no funcionaron. El clima de corrección política en EU es absolutamente intolerante frente a expresiones racistas, incluso de mujeres sureñas. Deen vendía su imagen, como chef familiar que de la nada se formó a sí misma, con platillos decadentemente calóricos y postres seductores. En el momento en que su imagen se convierte en sinónimo de “racista”, no vale un dólar.

Baldwin en el funeralBaldwin, por su parte, se indigna justamente por los embustes del periodista y en los siguientes minutos le receta media docena de tuits que incluían: “reina”, que le metería una patada en el trasero pero sabía que la iba a disfrutar, además de amenazas de golpes, destrucción y muerte. Después borra todos los tuits y declara que no eran homofóbicos sino específicos al periodista.

Aunque Baldwin ha tenido una participación activa como defensor de los derechos de igualdad social de los homosexuales, para algunos sectores, sus insultos son equiparables al desliz de la Deen. Baldwin, sin embargo, no pierde un solo patrocinador.

El doble estándar ejemplifica la diferencia entre una postura social, mediática y de marketing frente a insultos “racistas” y “homofóbicos”.

Hernandez en sus 15 minutosEl caso de Hernandez amerita la cobertura policíaca y la deportiva. Hernandez, élite de la NFL, es arrestado por asesinato. Su tratamiento mediático ha sido cuidadoso de su estatus como sospechoso. Se puede utilizar como ejemplo de cómo la presunción de inocencia es manejada por los principales medios estadounidenses.

Aún así, ni la NFL ni el equipo donde jugaba, están para escándalos y su respectiva exposición; por lo que minutos después de su detención, el equipo lo corta sin contemplaciones. No importa un contrato recién firmado que le asegura millones aún siendo despedido.

Puede observarse una similitud aparente en el caso de Hernandez y la Deen en cuanto al distanciamiento inmediato de empresas, socios y patrocinadores frente a una situación de daño potencial a su imagen corporativa o la particular distracción que supondría para el equipo competitivo, un largo y escandaloso juicio.

Cabe distinguir entre un crimen violento con armas de fuego, y un exabrupto en un momento de tensión personal; pero, para cierta parte de la cultura mediática y mercantil estadounidense, ambos son igualmente reprobables, irredimibles, de generarse una imagen cuestionable. De ahí el rápido viraje al consabido no te conozco, no vengo contigo.

Twitter @rgarciamainou

12 Replies to “172 – No te conozco, no vengo contigo.”

Comments are closed.