
Apenas en octubre pasado, hablaba en este espacio sobre los nuevos replicadores 3D, impresoras de objetos que crean objetos sólidos a partir de modelos tridimensionales por computadora.
Como suele suceder, más pronto que tarde estuvo disponible un servicio que se llama Shapeways donde podemos solicitar la “impresión” de juguetes, modelos a escala, joyas, y otros objetos de su catálogo o sobre pedido, siempre y cuando tengamos el archivo CAD/CAM correspondiente.
Tampoco pasó mucho tiempo antes de que alguien anunciara que pondría en internet, a disposición del psicópata en turno, los archivos para imprimir en plástico una pistola. Esta recibió el nombre de “The Liberator” y se arma a partir de dieciséis piezas, una de ellas metálica (para cumplir con la ley y dificultar su elaboración casera).
The New York Observer sentenció: “si la humanidad es buena en algo, es en tomar innovaciones tecnológicas aparentemente inocuas y usarlas para el mal”. Una posición compartida por el senador Chuck Shumer y grupos a favor del control de armas.
Shumer celebró una conferencia de prensa un tanto histérica, donde declaró que este tema de pistolas de plástico impresas en 3D “le revolvía el estómago”. Propuso crear legislación llamada Undetectable Firearms Modernization Act , donde se prohibiera directamente poseer armas que no pudieran hacer sonar el timbre en el detector de metales promedio.
Es claro que los legisladores estadounidenses están al día y listos para abordar los temas y dilemas que genera la tecnología de punta. Su propuesta me recuerda esos avisos de copyright que se ponían hasta hace poco, donde se prohibía reproducir esto por cualquier tecnología existente o por existir. Eso lo deja cubierto, ¿no?
En la mente de Shumer flota una suerte de pánico sembrado hace décadas por Wolfgang Petersen en su película En la línea de fuego. El senador recordó en su comunicado, como Clint Eastwood, un agente del servicio secreto, debe vérselas con un asesino profesional (John Malcovich) que cuela un arma de plástico por el módulo de seguridad, para disparar sobre el Presidente de los EU.
La pistola de plástico 3D apareció en noticieros y periódicos de todo el mundo, en uno de esos ciclos noticiosos que combinan el asombro con la satanización de la tecnología. El cuadro pintado por Shumer incluía ejércitos de terroristas con armas indetectables producidas al mayoreo y en barata en cocheras, y un llamado a poner “manos a la obra” antes de que esto “se salga de control”.
Señores: desde hace tiempo está absolutamente fuera de su control y si no lo entienden deberían dedicarse a otra cosa. Podríamos recurrir al lugar común de señalar al internet como el culpable de todos los males, y detrás de la web a la ciencia misma: por qué la humanidad tiene que seguir hurgando en esa caja de Pandora si estábamos todos tan bien.
El debate de fondo tiene cientos de años y casi ningún argumento nuevo. La religión contra la ciencia. La curiosidad humana contra los designios divinos. ¿Hay dilemas morales que discutir? Seguramente, pero prohibir el futuro en ánimo de una suerte de medioevo de negación no es la salida.
El problema de Shumer es que cree que la mejor forma de tapar una fuga en una presa es usando el dedo. No entiende a lo que se está enfrentando. Las implicaciones de la fabricación aditiva 3D y lo que realmente cuesta. Y no nos detengamos en que piense que el tráfico de armas, su adquisición y mecanismos de regulación “tradicionales” no están también fuera de control. ¿No sería buena idea controlar las armas detectables primero?
Resulta más interesante explicar cómo estas impresoras pueden producir objetos de madera, cerámica, fibra de carbón, bronce, hierro, acero, celulosa y hasta tejidos humanos. Que entre sus logros se incluye recrear buena parte del cráneo de un paciente; la elaboración de tejido orgánico a partir de células madre; y hasta lo más “inocuo”: facilitar la fabricación de objetos y refacciones de todo tipo sin costos de plantas de producción, almacenaje, disponibilidad, caducidad o transporte. Nada más.
Twitter @rgarciamainou
Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 15 de mayo del 2013
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dioses !!!! que futuro
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Buen artículo la tecnología es eticamente neutra nosotros elegimos como usarla
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¡Impresionante! Muy recomendable columna
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“Si la humanidad es buena en algo,es en tomar innovaciones tecnológicas aparentemente inocuas y usarlas para el mal”