135 – Periodismo ejemplar en vivo

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El primer debate presidencial para las elecciones en EU, se celebró el miércoles pasado en la Universidad de Denver, entre el actual presidente Obama y el candidato republicano Mitt Romney.

Los debates suelen tener cobertura mediática, por supuesto. Se transmiten por televisión y son acompañados por las habituales mesas de discusión donde alguna de las partes se declara ganadora mientras los expertos en spin matizan los errores y tratan de ir planchando aristas y puntos fuertes de las plataformas de sus candidatos.

Ese, por lo menos, ha sido el método hasta ahora.

En los múltiples textos que inspiró la campaña presidencial en nuestro país, se discutió largamente el formato de los debates, reafirmando la importancia de una larga lista de factores que incluían, horario y día de transmisión, la simultaneidad con otros eventos como partidos de futbol, la preeminencia del canal que se enlazaba para llevar el debate al aire, la importancia del conductor, la inobjetable equidad requerida en los tiempos que cada candidato tuviera para exponer sus puntos, la insultante o provocadora presencia de un vestido escotado en la edecán que llevaba los papelitos doblados con los números de orden de participación, etcétera.

Los debates también generaron un acerado furor en las redes sociales, particularmente en Twitter que por su forma breve e interacción inmediata, se prestaba para que partidarios, intelectuales, acólitos y desencantados fueran cuestionado, bromeando o afilando cada una de las declaraciones, a veces insólitas, de nuestros candidatos.

Dentro del hervidero individual de los tuiteros también hubo presencia mediática. Portales noticiosos que hacían eco a un punto u otro de los que declaraban los debatientes. El típico tuit de cobertura mediática de nuestros debates era “tal cosa es de tal manera y debemos hacer esto: fulano de tal”. Una estructura que debe muchísimo a esa idea mediática mexicana de que la noticia es lo que declaran los entes políticos. La bendita declaracionitis del él dijo, aquél declaró, fulano enfatizó, zutano matizó, y demás; de la que ya se ha escrito largo y tendido, en este y otros espacios.

La cobertura en vivo en la red surgió como una alternativa a la estática que podían ofrecer los medios masivos. Empezó con el liveblogging (blog en directo), en la cobertura tecnológica de eventos, donde el usuario de internet podía conectarse a determinado portal, de algún medio especializado, por ejemplo, y seguir la cobertura en vivo de un evento. Este tipo de acceso resultaba atractivo porque permitía que eventos de perfil noticioso aparentemente menor; estuvieran a un click de distancia de quien quisiera estar informado. Así se cubren, desde entonces, los anuncios de nuevos teléfonos, iPads, sistemas operativos o lo que sea, que hacen en Apple y el resto de las principales empresas tecnológicas, cuya cobertura en la red era apenas un paso lógico para un público masivo directamente interesado en sus productos.

Poco tiempo faltó para que el liveblogging saltara a Twitter, un destinatario natural, donde en breves bocados, el corresponsal de algún medio, repetía los anuncios que se iban realizando, a veces aderezados con sus propias observaciones, en una suerte de crónica inmediata del suceso. Combinación entre la crónica, la nota editorial y el enviado especial que espera la conexión en vivo a la cadena de radio o televisión para resumir en sus palabras los sucesos que transcurren en el escenario. Un resumen, pues, la mayoría de las veces, de lo ahí declarado.

Es por eso que la cobertura del debate presidencial estadounidense fue insólita. Sin entrar a resumir o discutir las diferencias de formato entre los siempre interesantes debates de la política estadounidense y su particular relevancia en las encuestas y posibles resultados electorales. Basta centrarnos en un punto de la cobertura.

The New York Times decidió que sentarse a repetir las declaraciones y réplicas de Obama y Romney no era suficiente, y realizó el liveblogging con lo suele llamarse fact checking, pero sobre la marcha. El fact checking que a veces parece superfluo en nuestros medios, es una de las áreas fundamentales en los medios impresos estadounidenses. Un área que revisa lo que se va a publicar, lo que dijo fulano, lo que afirma el columnista, y comprueba si hay hechos para sustentarlo. Lo más cercano a decir si lo que se dijo es verdad.

Es posible que la importancia del fact checking se pueda rastrear hasta un sistema judicial donde publicar una barbaridad puede tener consecuencias financieras para el medio, pero no me interesa, por ahora, explorar sus orígenes.

Lo que hizo el NYT fue seguir lo que decían los candidatos, comprobarlo y reportar en vivo si lo expuesto estaba sustentado o no. Lo que ya de por sí suena insólito para la cobertura a la que estamos acostumbrados, donde no se comprueban las declaraciones ni siquiera días después de los debates, y donde un invento difamatorio, conocido como señalamiento, tiene tanto peso como cualquier otro dato, sea enunciado con fotografía, gráfico de barras o un puñado de papeles engrapados enarbolados con furor ante las cámaras.

Después, el NYT complementó el ejercicio con un video en su portal, donde simultáneamente podemos seguir las imágenes del debate, el texto de su liveblogging y la comprobación de lo dicho y declarado. Un documento que por sí solo va más allá del periodismo ejemplar, poniendo en alto una barra, con la que esperamos, algún día, nuestros medios, decidan medirse.

twitter @rgarciamainou

Para El Economista, arte ideas y gente del miércoles 10 de octubre del 2012