131 – Una década de Redes Sociales (recuento)

Hace once años, buena parte del mundo occidental estuvo pegada al televisor. Los atentados en Nueva York, desde el segundo en que nos enteramos que el primer avión se había estrellado contra una de las Torres Gemelas, nos robaron la atención y el aliento. CNN se convirtió en la fuente. Los medios masivos de comunicación nunca fueron más masivos y mainstream, la única auténtica red social era el correo electrónico.

Era inevitable que internet diera origen a mejores mecanismos para comunicarse y compartir. Si desde principios de los noventa, con AOL, Tripod, Earthlink, Geocities y varios servicios muy localizados, incluyendo foros de discusión y chat en línea, se establecían los principios de interconexión de lo que después llamaríamos redes sociales. La primera red realmente masiva, la estableció el e-mail, y su acceso gratuito (Hotmail, Yahoo, etc.).

Fuera de las comunicaciones personales entre usuarios, los primeros esfuerzos “sociales” se reducían a cadenas de forwards con maldiciones y bendiciones, solicitudes de apoyo en una desaparición o una colección de estampas de béisbol para un niño enfermo, amenazas de virus peligrosísimos, invitaciones a ser millonario con el dinero que Microsoft regala a los que reenvían su correo, o advertencias de que Microsoft piensa ahora cobrar (los malditos!) por hotmail. Las imágenes de los museos más lindos del mundo con música y enormes frases sobre las virtudes de apreciar la vida, apreciar a tus abuelos, abrir los brazos a Dios, ser un buen hijo, o lo que sea. Tu bandeja de correos se volvía la sala de la casa de tu tía, la que gusta dar sermones a los niños en los días de lluvia. Hasta que aprendimos que los podíamos borrar sin que la tía se enterara (o fuera a ofender).

En 1998 aparece Google, y sólo dos años después Friendster, MySpace y LinkedIn. Fuera de esta última, claramente dirigida al mundo laboral. Las primeras redes parecían destinadas al chisme escolar, a la broma entre amigos, el ligue, y más pronto que tarde: la foto del gatito, los nuevos nietos y el café que te sirvieron en la mañana. Se compartían casi a fuerzas, participar en ellas era un contagio. Todos tus contactos recibían una invitación, y se les insistía cada tantos días, no aceptar era casi decepcionarte. Alguien en el CDC de Atlanta pudo mirar su multiplicación con inquietud.

Desaparece MySpace más rápido que lo que tardó en aparecer, y Facebook se vuelve el centro del universo. Hasta una película (y nominada al Oscar) le hicieron a su creador. Las principales compañías se dieron cuenta de que querían una rebanada de ese pastel, la mayoría del tiempo sin entender qué era el pastel, con qué se comía, y qué iban a hacer con la rebanada.

Se escuchaba a gente decir que nunca tendría una página en Facebook porque su vida no es asunto de nadie, mientras le platican a su peluquero hasta el último pormenor de la cirugía de riñones de su perro. Los gobiernos quieren páginas en Facebook, los despachos de plomería, las cadenas de hoteles, los bancos, los partidos políticos, los fans de Shakira, la misma Shakira, los fans no oficiales de Shakira, usted saque la cuenta.

Pronto son la mejor manera de estar conectado (pero desconectado) con la familia, los ex compañeros de colegio, prepa y secundaria, ex novios. Todos son mis amigos, pero nunca realmente hablamos o nos vemos. Aparecen los juegos en red y con ellos las invitaciones de tu primo para que juegues Aburreville o te ganes unos chips para la ruleta en CasinoFun.

Entonces Facebook, que valía billones de dólares según las cuentas chinas de algún especulador financiero, abre en la bolsa y fracasa estrepitosamente. La publicidad vendida en Facebook tampoco parece llegar a ningún lado, sea porque no funciona o porque las mentes encargadas de ella son incapaces de saber cómo diablos vender su producto ahí.

Para el mes pasado, The Daily Mail reporta que un estudio entre departamentos de Recursos Humanos y psicólogos afirma que estar “alejado” de las Redes Sociales, particularmente de Facebook, es una señal de que eres “sospechoso”. Forbes afirma lo mismo, si un candidato a un empleo no usa Facebook se encienden focos de alarma en los tableros de RH de las compañías. ¿Qué tiene que ocultar? Parecen asegurar que si un candidato a un empleo es incapaz de molestarse en armar un perfil social, aunque esté lleno de trivialidades y mentiras, es que hay algo grave con él: vamos, ni siquiera lo intenta.

Facebook es más popular que nunca y al mismo tiempo no estamos lejos de afirmar que como red social está muerta. Los incesantes cambios en sus políticas y estrategias de privacidad, la manera en que las páginas se llenan de posts basura, fotos basura, chistes basura, videos basura, y versiones de los forwards a los que creímos haber escapado cuando bloqueamos la cuenta de la tía Jacinta.

Nuestro usuario solitario, en su casa, quiere compartir su vida con sus amigos, familia y el mundo, y no le importa si el mundo tiene mejores cosas que hacer. Podemos compartir lo que sea, y para muchos se trata de compartirlo todo (para no errar).

El contenido basura es la señal de que el medio esta muriendo. Son los buitres carroñeros de la red, inundando las bandejas de correos con ofertas de medicamentos baratos y recetas para la felicidad, ahora extendidos a Facebook, inundando las bandejas con peticiones, invitaciones a eventos del otro lado del país, a recibir un beso, una plaquita de amistad, un cafecito, diez dólares en fichas, una metralleta para combatir en el juego en turno. Todos alzando la mano en busca del click pródigo.

Sólo queda un poco de vida en sus grupos y páginas de intereses muy particulares. El resto de perfiles se vuelven habitaciones nunca visitadas en tu casa. Llenas de retratos, diplomas, muebles viejos y uno que otro cartel y osito de peluche. Queda un sillón para las visitas que nunca vienen, aunque a veces cambies el marco de una foto, pongas un libro en la mesa y abras las ventanas para que circule un poco el aire. No importa: hay que tenerlos.

Luego aparecieron Twitter, Pinterest, FourSquare y media docena más, pero esas son tema para la próxima semana.

twitter @rgarciamainou

Para El Economista, arte ideas y gente, del miércoles 12 de septiembre del 2012

One Reply to “131 – Una década de Redes Sociales (recuento)”

  1. Excelente…
    Sigo sin entender mucho de las redes sociales, sus fenómenos, sus “tribus”, sus alcances…

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