123 – Los derechos del perdedor

Tal pareciera que el único tema relevante de discutir en el México post-electoral, es si la previsible decisión de López Obrador de impugnar la elección es legítima o es un ejemplo de “mal perdedor”. ¿Está en su derecho o es un intento por inflamar y polarizar al país rumbo a una tercera campaña de aquí al 2018? La disyuntiva es clara, y tanto las redes sociales como las viales están, como suele decirse: “calientitas”.

Si alguien esperaba que la noche del primero de julio AMLO se adelantaría a tomar la palabra y hacer un discurso de concesión, esa persona vive en Fantasilandia.

Es posible argumentar que en otros países (democracias más avanzadas), el candidato perdedor no tiene problema en realizar el 1-2-3 democrático: (1) reconocer su derrota, (2) levantar el brazo del ganador, (3) hacer un generoso discurso de concesión, a su vez correspondido por el triunfador. Como ejemplo, podemos recordar la noche de la elección en que Obama vence a McCain. A partir de conteos rápidos y encuestas de salida, los candidatos hacen su discurso, corren lágrimas y aplausos y se da vuelta a la página. ¿Qué no saben cómo se las gasta el poder?

El tema ni siquiera fue la precisión de las instituciones o la falta de confianza por el posible “madruguete” que pudiera ser más tarde revocado por el PREP o las juntas distritales. Los datos fueron suficientes para que Josefina cumpliera con el primero de los puntos, pero nada más.

Si uno se guía por la efervescencia de twitter, la mayoría de los usuarios favorables al “Frente Progresista” clamaban que AMLO no se rindiera: que esperara a que fuera “oficial”, el PREP terminara, se contaran voto por voto las casillas, se emitiera constancia, se calificara la elección. La candidata del PAN fue tachada de vendida, el consejero presidente del IFE y el de la República de precipitados, los mandatarios internacionales de intervencionistas por felicitar a EPN. Prevalecía la inmutable esperanza de que en la siguiente instancia alguien alzaría la voz “creo que aquí hubo un error” y se revertirían los resultados.

Si algo probó el IFE esta vez, es que supo contar bien. Sus números cuadraron, del conteo rápido al PREP a las juntas distritales la variación fue mínima. Se recontó media elección: igual. Pero no hay antídoto que valga frente al veneno de la sospecha y la desconfianza.

Una vez que se canta “fraude”, no habrá en los derrotados, quien no mire con ojos entrecerrados y hervor en la sangre a la “imposición” victoriosa.

Es verdad: la ley electoral supone que un candidato puede inconformarse de distintas maneras. AMLO y los suyos han seguido esa ruta, interponiendo alegatos sistemáticos para cada instancia, como suele hacerse en los juicios en México. Si la elección termina en una calificación judicial, los candidatos pueden reservar sus derechos jurídicos y pelear hasta la última apelación posible.

El orden lo establecen las instituciones. Frente al IFE los votos y las actas. Frente a la FEPADE y el Tribunal Electoral, la equidad, los gastos de campaña, la compra de votos, y la teoría de conspiración del momento. Lo más probable, si nos atenemos a los millones de votos de diferencia, es que cada instancia vaya ratificando el resultado de la elección. Nos guste éste o no.

Si alguien espera que al final del proceso, el día último de agosto, el candidato de la izquierda pasará por el 1-2-3 democrático, sigue en Fantasilandia. No obstante, hasta ahora el punto de vista moderado es que el señor está siguiendo los pasos institucionales y aprovechando los derechos que le otorga la ley.

Si hay un conflicto electoral, no es porque las marchas de jóvenes et al rocíen los muros de Televisa o desquicien el tránsito vehicular de la ciudad un poco más.

El verdadero conflicto se da antes, y es irremediable, porque radica en la aceptación más elemental del juego democrático. Cuando éste se envenena de origen con la desconfianza, la sospecha y la posesión de la “verdad”, la polarización es inevitable. Habrá un segmento de la población que nunca aceptará el resultado hasta que los favorezca.

Suscribir que la victoria es lo único, puede ser buen lema en el futbol americano, pero malo en estos menesteres: porque la democracia se sustenta en lo contrario: Que hay gente que no piensa como uno. Que tienen derecho a creer que tienen la razón. Que si son mayoría les toca llevar la batuta, pero deberán gobernar para todos.

A AMLO no se le puede reprochar ejercer sus derechos, pero sí el doble juego moral donde el cauce electoral e institucional sólo son válidos en la victoria. Firmar pactos de civilidad que no piensa cumplir escudado en la retórica. Pero más aún, el sembrar la sospecha y la desconfianza basado en la fe indemostrable en la corrupción de millones de mexicanos. Acusar al adversario por violar reglas que todos los participantes saben que violaron en mayor o menor grado.

La desconfianza en las instituciones, las reglas, las encuestas, los ciudadanos que contaron, los que aceptaron dádivas, los representantes, los consejeros, los jueces, los medios, las matemáticas y los editorialistas extranjeros; puede o no tener sustento en la realidad; pero no es la base para construir un México mejor.

twitter @rgarciamainou

Para El Economista, arte ideas y gente, del miércoles 18 de julio del 2012

One Reply to “123 – Los derechos del perdedor”

  1. Yo creo que el problema de este artículo viene, otra vez, de pensar en la gente que está inconforme con la elección como seguidores de AMLO, ciertamente el movimiento perdería mucho empuje si amlo se rinde finalmente, pero las cosas no son “solo políticas”, al menos no esta vez.

    La irregularidades no solo existieron esta vez, si no que fueron documentadas y un grupo de gente está inconforme con estas. Hasta cierto punto tienen razón en decir que el argumento de “nosotros también robamos, pero nomás tantito” es muy débil, pero el aceptar que la elección la va a ganar el que gaste mas dinero tampoco suena muy convincente.

    Es cierto que el IFE fue golpeado desde antes y que su credibilidad estaba en duda desde antes del primero de julio, sin embargo, es también parte del trabajo de esta institución el darle credibilidad a las elecciones y así misma también. Que pudo haber hecho, bueno, pudo haber congelado las cuentas de monex, pudo haber aceptado la falta de capacidad de la FEPADE para atender a todas las denuncias, pudo haber atendido las denuncias que se hicieron.

    El prep con su crecimiento no orgánico, los conteos distritales con policías impidiendo la entrada de las personas a estos (cosa que es su derecho) no ayudaron.

    Aquí ya no se discute si hubo o no hubo irregularidades, eso pasó a segundo término, por que como somos un país bananero debemos acostumbrarnos a que las cosas se hagan así, ahora el tema es que los delitos electorales no solo pueden de ser aceptados, si no que aquel que haga escándalo por estos no contribuye al bien del país.

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