1. Seis sospechosos de Vikas Swarup (Anagrama) – La premisa es de policíaco clásico, un misterio de habitación cerrada. Entonces Swarup echa una mirada atrás, a sus seis sospechosos y nos abre la India por completo. El autor hace gala de distintas técnicas narrativas, como la farsa, el diario confesional, la crónica, la comedia de enredos, la narración noir y la transcripción de grabaciones telefónicas. Al final, su mayor cualidad no es el magnífico entramado de historias, su sentido del humor, o su capacidad para ver a la India actual (como hacen Avida, Chandra, Ghosh o Lahiri, sus contemporáneos), sino que detrás de la ironía, la acidez, la crueldad y el ingenio, hay un enorme amor por su país y sus personajes. Y sin que nos demos cuenta, nos envuelve y contagia para que lo acompañemos en el viaje y no seamos capaces de olvidarlo.
2. El hombre del traje gris de Sloan Wilson (Libros del asteroide) – Dice Rodrigo Fresán en el prólogo, que si amamos el amor, la lealtad, la verdad y la justicia, terminaremos el libro de Wilson con lágrimas en los ojos. Tiene razón. El hombre del traje gris se volvió durante muchos años, el ejemplo de la monotonía de los suburbios, los valores anquilosados de american dream y el conformismo de una generación. Nada más distinto a la novela de Wilson. Quizá porque la leemos ahora, con mirada más cínica, y mucho cine de por medio (incluyendo American Beauty), es que su prosa sobria y clara, y la poco ostentosa decencia de su protagonista, nos resulta tan conmovedora. Es más, esta reedición de una traducción de 1957 es el más perfecto ejemplo de un estilo de traducir elegante y sin afectaciones que se echa muchísimo de menos en los libros editados en España.
3. Fiesta en la madriguera de Juan Pablo Villalobos (Anagrama) – La vida del hijo de un capo del narco narrada por él mismo cobra nuevo significado cuando este es de muy corta edad. Villalobos alterna el horror de nuestra lectura, que siempre es una segunda lectura de la visión del niño; con la cotidianidad casi trivial con que el narrador describe su mundo. Provoca a confrontar la brutalidad con un sentido del humor renegrido, pero indispensable para abordar un tema que de otra manera sería insoportable. La novela que nos rompe el corazón (que sabíamos roto hace tiempo, pero que de todas maneras duele) y nos invita tanto a la carcajada como a la inevitable reflexión frente a un subtexto político de actualidad y pertinencia.
4. El cuarto oscuro de Damocles de Willem Frederik Hermans (Tusquets) – ¿Quién es Henri Osewoudt? Este desconocido clásico de la literatura europea del siglo 20, parece dispuesto a responder la pregunta. Para ello, alterna el thriller de espionaje con una macabra comedia de enredos en plena ocupación alemana de Holanda durante la segunda guerra mundial. Un ambiente perfecto para la ambigüedad moral, donde la sobrevalorada verdad se desdibuja con la frágil y maleable percepción humana. Cuando descubrimos que somos testigos tan poco fiables de la historia de Osewoudt como el propio protagonista, caemos en cuenta que nos han tendido una trampa; pero para entonces la novela nos ha encerrado en su lógica cruel y no tenemos escapatoria.
5. Missing – una investigación de Alberto Fuguet (Alfaguara) – Mitad memoria familiar y novela experimental, Missing es el libro que había eludido a Alberto Fuguet durante toda su carrera. Cuando su querido tío Carlos, la oveja negra de los Fuguet, desaparece una tarde de la casa paterna en California, nadie en la familia se extraña. Tampoco a nadie le interesa buscarlo. Lo dan por muerto y ya está. Su ausencia flota como un fantasma en la vida de Alberto, volviéndose no sólo una obsesión literaria, sino una preocupación constante. Y entonces decide tomar un vuelo desde Santiago de Chile y buscarlo él mismo. Un texto duro, valiente y conmovedor que explora tanto el amor filial y la solidaridad como la imposibilidad de vivir (o sobrevivir) en familia.
6. El Turista de Olen Steinhauer (RBA) – El turista es una historia sobre espías, y las complejidades de una nueva era donde las lealtades no existen en medio de la complicada red de intereses globales. Lo mejor es el concepto del turista, este operativo de la CIA entrenado para ejecutar misiones extremas, sin necesidad de preocuparse o entender para qué y por qué lo hace. La novela gira alrededor de un complejo crimen por resolver, lleno de vueltas de tuerca, persecuciones, conspiraciones y personajes siniestros. Su protagonista, Milo Weaver quiere revelar la verdad, y como lectores buscamos lo mismo, hasta que caemos en cuenta que descubrir lo que sucede es lo de menos, y que como suele decirse, el placer máximo está en el viaje.
7. Innocent de Scott Turow (Grand Central Publishing) – Turow intenta algo muy difícil, escribir, veintitrés años después, la secuela de su novela más exitosa (Se presume inocente). Los lectores que todavía recuerdan esa piedra fundacional del thriller legal moderno, recibirán un regalo doble. Primero, el reencuentro con Rusty Sabich, ahora juez, envuelto en otra oprobiosa acusación. Segundo, al descubrir que Turow no ha perdido un ápice de su estilo para mirar dentro de sus personajes: sus debilidades, temores y convicción de que la justicia es un valor que vale la pena. Una absoluta delicia, que esperamos Random House edite en español durante 2011.
8. Correr de Jean Echenoz (Anagrama) – El versátil Echenoz, decide contarnos una especie de biografía del gran corredor checo Emil Zátopek, poseedor durante décadas de los récords más asombrosos en las carreras de fondo. La novela, sin embargo, no se limita a descubrirnos a este personaje tan singular, su formación, amor, talento y frustraciones. Echenoz va mucho más allá de la semblanza deportiva, haciendo el retrato de una época brutal, de la aplastante presión política bajo la cortina de hierro, y de la velocidad y perseverancia, como testimonio conmovedor del ser humano frente a la adversidad.
9. Ángeles en la nieve de James Thompson (Roca Bolsillo) – Puede resultar curioso que justo en la cima de la popularidad de la novela negra escandinava, la mejor publicada este año, haya sido escrita por un inmigrante estadounidense. La historia transcurre en los oscuros días finales del año en Laponia. Thompson convierte la gélida noche en una atmósfera asfixiante y claustrofóbica llena de peligros y amenazas, algunas evidentes y otras ocultas. Quizá lo mejor de su novela es que transmite la desesperación y la desesperanza que provoca no sólo la prolongada oscuridad sino la brutal soledad en que viven estos seres. Ciudadanos de un país que bien puede ser la envidia del mundo civilizado, pero que no deja de estar sumido en el mismo aislamiento, la misma callada miseria psicológica, y el mismo vacío con que se enfrenta la raza humana cuando el abismo les devuelve la mirada.
10. El tercer Reich de Roberto Bolaño (Anagrama) – En esta novela temprana, Bolaño ensaya los elementos que después dominaría como pocos. Lo hace con una historia inquietante y entretenida. Udo, campeón alemán de juegos de mesa de guerra, quiere pasar unos días relajados con su novia en un hotel en la costa catalana que visitó en su juventud. Las cosas no resultan como las esperaba, especialmente cuando se relacionan con otra pareja de turistas, y algunos personajes singulares de la localidad. Bolaño muestra su capacidad para crear situaciones delirantes y personajes memorables. Para atrapar la irracionalidad del ser humano y seducirnos al mismo tiempo. Después de leerlo no puede uno sino pensar, qué bueno que este texto fue rescatado, hay indudable vitalidad en la prosa que después nos llevará a Los detectives salvajes.
Otros libros notables:
- Crímenes de Alberto Barrera Tyszka (Anagrama)
- Cauces de maldad de Michael Connelly (Ediciones B)
- El doctor Salt de Gerard Donovan (Tusquets)
- Necrópolis de Santiago Gamboa (Norma)
- Contra el viento del norte de Daniel Glattauer (Alfaguara)
- Lo que queda de nosotros de Michael Kimball (Tusquets)
- La cúpula de Stephen King (Plaza & Janés)
- Segundo matrimonio de Phillip Lopate (Libros del asteroide)
- El chino de Henning Mankell (Tusquets)
- Un hombre toca a la puerta bajo la lluvia de Rodolfo Pérez Valero (Plaza & Janés)
- El arte de la resurrección de Hernán Rivera Letelier (Alfaguara)
- La chica Einstein de Philip Sington (Alfaguara)
- Un lugar incierto de Fred Vargas (Siruela)
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Horrores y decepciones
1. El asedio de Arturo Pérez Reverte (Alfaguara) – Pérez Reverte intenta una ambiciosa novela histórica sobre el sitio de Cádiz por los ejércitos napoleónicos. Y lo hace con tal precisión de detalles, que su texto se vuelve un ladrillo sólido y estático. No importa una incipiente historia de amor, o los misteriosos crímenes que intentan arrancar la historia, al final cerraremos sus páginas, posiblemente sin terminar, con admiración por su capacidad por retratar una época, pero demasiado aburridos para que nos importe.
2. Zonas húmedas de Charlotte Roche (Anagrama) – El morbo es un gran imán para atraer lectores, pero el vulgar desparpajo con que la autora describe los más pasmosos detalles genitales de su protagonista, hace justamente el efecto opuesto del erotismo. Se nos vende como una transgresora autoexploración fisiológica y moral, pero en realidad es una insoportable colección de viñetas de vulgaridad extrema.
3. El original de Laura de Vladimir Nabokov (Anagrama) – Una cosa es rescatar un clásico escondido entre los manuscritos de un autor consagrado. Otra es publicar los apuntes, inconclusos, que explícitamente nunca quiso terminar o editar en vida. En lugar de un bocado nostálgico de uno de los grandes escritores del siglo, este texto es un ejemplo de la más atroz carroñería literaria.
Para El Economista – Arte, ideas y gente – miércoles 22 de diciembre del 2010













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