El domingo pasado The Houston Chronicle reportó: Dos mexicanos enfrentan cargos por terrorismo. Cuando leemos la nota, nos queda claro que dos personas en México serán juzgadas con cargos de terrorismo y posibles treinta años de cárcel por haber enviado tuits!
Según la nota, el 25 de agosto, Gilberto Martínez Vera supuestamente tuiteó “Mi cuñada me acaba de hablar histérica, secuestraron a cinco niños en una escuela”. La otra supuesta culpable es María de Jesús Bravo, maestra de escuela que aburrida, mientras sus pupilos disfrutaban del recreo, tuiteó advirtiendo que había violencia en las escuelas.
Sigue el diario: los abogados de ambos tuiteros alegaron que sus clientes sólo repetían rumores que escucharon de otras personas. La ciudad de Veracruz, ya alterada por la violencia relacionada con el narcotráfico, tuvo 26 accidentes de tránsito, provocados por gente que abandonaba sus automóviles en medio de la calle para correr a recoger a sus hijos de la escuela. Los abogados también se quejaron de que sus clientes permanecieron incomunicados tres días.
La noticia parece absolutamente descabellada, y sin embargo, es aparentemente verídica: ambos Gilberto y María de Jesús, acaban de recibir un auto de formal prisión por terrorismo y sabotaje en los juzgados veracruzanos.
Precisando la noticia, la maestra (que en realidad es periodista según Amnistía Internacional) se valió de Facebook y Martínez Vera de Twitter para difundir estos mensajes el pasado 25 de agosto. Javier Duarte, flamante gobernador jarocho, señaló al día siguiente que los causantes serían castigados con todo el peso de la ley como terroristas y saboteadores que son. Dos días después fueron detenidos y cuatro más tarde, procesados penalmente para ser juzgados. Pura efectividad policial.
El suceso, sin embargo, no ha tenido la suficiente relevancia en nuestros medios plagados de noticias súper interesantes como las probabilidades de que tres personas más voten por el Secretario de Hacienda si se anima este semana a renunciar; o las especulaciones frívolas a partir de los desvaríos de Vicente Fox, que siguen consiguiendo espacio mediático, gracias a que muchos medios necesitan contenido humorístico.
Estamos hablando del primer caso judicial en nuestro país por el mal uso de redes sociales. Un caso que el gobernador Duarte parece abrazar como símbolo de cómo, en Veracruz, sí se actúa contra los delincuentes peligrosos para la sociedad.
¿Eres usuario de Twitter? ¿Te gusta perder unas cuantas horas en Facebook o alguna otra red social? ¿Alguna vez le has dado retweet a un mensaje descabellado que te pareció simpático? ¿Alguna vez a un mensaje de alarma que te pareció merecía correr la voz sólo por si las moscas? El gobierno veracruzano te vigila.
Este caso va mucho más lejos de la libertad de expresión, de lo que realmente merece un crimen para ser llamado terrorismo y del debido proceso de los “cibernautas”, como son llamados. Sienta un precedente muy peligroso de lo que significa para el Estado autoría intelectual, y la responsabilidad que tiene cualquier persona con un Blackberry en la mano y unos minutos que matar mientras espera que le preparen un café.
No voy a apuntar el dedo al Presidente Calderón, por haber iniciado el uso un tanto frívolo de la etiqueta de terrorista por un suceso que, si acaso, pintaba como tal. Pero lo cierto es que poco basta para que el siguiente personaje en busca de un encabezado, empiece a enarbolar la palabrita como chiste altisonante en fiesta adolescente.
Veamos: yo tuiteo que no se vayan por la calle 5 de mayo porque hay suelto un enjambre de abejas africanas, muchos automovilistas que me siguen en Twitter lo retuitean hasta hartarse, provocando un embotellamiento en la avenida alterna Morelos y Pavón, dos ambulancias se retrasan y los pacientes que llevaban fallecen. ¿Homicidio imprudencial y sabotaje para el tuitero maldito?
¿Tiene una idea el gobierno veracruzano de lo que tiene que suceder para que una estupidez enviada por Twitter o puesta en una página de Facebook llegue a un grupo de gente lo suficientemente amplio como para que suceda algo grave? ¿De la imposibilidad de probar quién la puso primero? ¿De quién es mayor responsabilidad legal? ¿Del tuitero inicial con 15 seguidores, del tuitero celebridad con cien mil, o de los cuarenta tuiteros con cuatrocientos, si todos retuitearon el mensaje?
Si el terrorismo fuera tan fácil, los señores de Al-Qaeda estarían reservando asientos en el primer café internet de Islamabad.
No me atrevería a afirmar que no existe cierta responsabilidad moral en quien inicia mal intencionadamente un rumor falso en una red social; pero sé que tendría que tener mucha pericia y suerte para que su difusión sea exponencial, llegue a convertirse en tendencia y provoque algún suceso de consecuencia.
Aún así, estaría hablando de responsabilidad moral, nunca de treinta años de cárcel. Aunque el amparo que interpusieron en su defensa proceda, aunque sean liberados en unos cuantos meses y la ridícula pantomima que será ese juicio sea desacreditada por un Presunto Culpable 2: Los internautas, estamos hablando de dos personas que pasarán un tiempo considerable en una hospitalaria cárcel veracruzana sólo porque un político de segunda pensó que sería muy bueno para la imagen de su gobierno: nosotros perseguimos delitos informáticos, suena tan moderno(!).
twitter @rgarciamainou
Para El Economista, Arte, Ideas y Gente del miércoles 7 de septiembre del 2011
