1. El malo desconocido

Decir que la sociedad está harta de los políticos y que la confianza en sus virtudes de liderazgo a llegado al mínimo puede parecer un lugar común. También depende de qué país estemos hablando. No se trata de las manifestaciones en Guatemala, la bajísima popularidad de nuestro presidente o la renuncia de su colega de Grecia. Estamos hablando de la nación que enarboló la democracia como el valor universal que el resto del mundo debía asumir (aunque no les guste).
Recientes encuestas han comprobado que el hartazgo entre los electores republicanos ha llevado a que las dos figuras hasta ahora prominentes en la campaña interna de su partido para encontrar candidato a la presidencia en las próximas elecciones, no sean precisamente políticos.
Trump se colocó en la cima de las encuestas republicanas a base de declaraciones controvertidas, flagrantes insultos raciales, agresiones a periodistas, muecas, desplantes y frases como “Estados Unidos es el basurero del mundo”.
Incluso el surgimiento del insólito Ben Carson se ve como un intento por alejarse del gris tibio que aportaban candidatos como Rubio, Cruz o la más reciente versión de Bush. Carson es un neurocirujano pediátrico, adventista del séptimo día y a pesar de ser uno de los favoritos del tea party es, comparado con Trump, un moderado recalcitrante. Sus discursos no pretenden abonar a la construcción de su propio mito redentor en los negocios y la confrontación, sino emular al sermón religioso: humor y mensajes bíblicos.
El que ambos candidatos lleven a cabeza no sólo de las preferencias de su partido, sino también encabezando la “segunda opción” entre las mismas, nos dice más del cansancio del votante típico del partido, dispuesto a apostar por algo diferente aunque poco tenga que ver con el perfil que uno esperaría del líder de la democracia occidental.
Incluso entre los demócratas, el terreno preparado y dispuesto por años por Hilary Clinton se ha visto inundado por la atracción que un viejo político como Bernie Sanders (74 años) ha tenido entre los jóvenes. Sanders predica un gobierno de izquierdas casi populista (bueno, lo de izquierda y populista que es posible ser dentro del espectro político estadounidense). Clinton es rígida, y ha tenido la poca previsión de ignorar escándalos menores como el uso de su correo electrónico, dejándolos crecer hasta proporciones ridículas. Sanders aparece como un profesor sensible y bonachón, y la está alcanzando.
¿Cuál de los cuatro será el próximo presidente de nuestros vecinos? ¿Habrá un quinto que surja de las cenizas mediáticas y políticas en el último minuto? Lo cierto es que los próximos meses preparan elecciones interesantes.
2. Con nosotros para siempre
La semana pasada Apple anunció nuevos modelos de sus populares teléfonos, incluyendo una iPad gigantesca para artistas (o gente a la que no le incomoda cargar su tele bajo el brazo). Y las noticias del evento se concentraron en los megapixeles de uno, el color del otro, sin poner atención al único anuncio que promete romper un paradigma de la industria.
Apple ofrece un servicio de suscripción a sus teléfonos, independiente del proveedor de celulares. Donde pagando una módica cuota mensual, se podrá tener cada año acceso al nuevo modelo sin necesidad de comprometerse con un plan celular con plazo forzoso (con nadie más, claro). Los teléfonos vendrán desbloqueados, con garantía y listos para el proveedor de su preferencia.
Este programa es piloto en EEUU, pero no extrañe que pronto llegue a otros países. Y es una estrategia visionaria pues: (a) Asegura ventas permanentes para la plataforma. (b) Quita el poder de colocación de equipos a las compañías telefónicas. (c) Evita que cada lanzamiento sea una nueva campaña de posicionamiento y guerra de marketing con otras compañías. (d) Por lo tanto, la migración a otros equipos será menor, los clientes/usuarios estarán amarrados “de por vida” con la compañía de Cupertino.
3. Háganse para allá
El éxodo de refugiados Sirios ha puesto Europa de cabeza. Como una horda de zombies de The Walking Dead (aunque suene desafortunado el símil), las carreteras y campos de los Balcanes nos muestran imágenes de la mayor tragedia humana de la década. Mientras en países como Alemania, los caminantes son recibidos con aplausos, comida y bienvenida calurosa. En otros sitios, como Hungría, se empieza a levantar una barda que haría las delicias de Donald Trump. Una barda fronteriza con guardias cada tantos metros, para evitar que desde Serbia, los refugiados entren a territorio húngaro.
Europa enfrenta uno de los mayores dilemas morales de su historia. Un continente de naciones unidas por una moneda inestable, que pensaba que su aduana más difícil era la situación económica griega, italiana o española, donde muchos países todavía abrazan una xenofobia moderada (o no tan moderada), se ven de pronto rebasados por una masa humana desplazada por el primer país fallido de la primavera árabe.
Es hasta eso fácil que países como EEUU (o México(?) o Australia) ofrezcan plazas para recibir refugiados. Todos los países que no son europeos pueden decidir cuántos y cómo, pueden prepararse, generar visas, enviar barcos, y demás. Los países europeos han sido invadidos a pie por la desesperación, contraponiendo el previsible humanismo de la cuna de la cultura de occidente con su propio rechazo a lo externo, a lo inestable. Contraponiendo la moderna sofisticación europea con una migración casi medieval.
Es temprano para anticipar el efecto económico y político que tendrá la llegada de miles (o millones) de personas a uno de estos pequeños países cuasi regulados desde Bruselas, pero la posible inestabilidad ya ha puesto a algunos gobiernos a temblar. No todos tienen el corazón, espacio y cartera de los alemanes.
Twitter @rgarciamainou
Para El Economista, Arte Ideas y Gente del jueves 17 de septiembre del 2015
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