
No es complicado politizar la FIL. Cada año, muchos escritores aprovechan la palestra que supone la presentación de un libro, la charla sobre sus lecturas formativas o un panel sobre este tema o aquel, para soltar alguna frase, una crítica ácida al gobierno y mandatario en turno (o hasta un eslogan).
La ocasión lo favorece. Paco Ignacio Taibo II, reconocido escritor y conocido luchador social (así lo presenta el moderador) es encargado de presentar El leopardo de Jo Nesbø. El más famoso de los autores policíacos noruegos, autor de la popular serie de Harry Hole, de cuyos libros se han vendido más de 23 millones de ejemplares.
Taibo es probablemente la más importante figura internacional de México en literatura negra. También es popular y, con la falta de imaginación que a veces los caracteriza, la primera opción de la FIL cuando se topa con un escritor o mesa de debates de “género”.

La sala está repleta. Taibo toma el micrófono. “¿Ya estamos todos? No, faltan 43.” Invita entonces a a una marcha de protesta que iniciará en las puertas de la Expo Guadalajara al día siguiente. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, dice. Se escuchan gritos y aplausos, alguna voz pituda repite el eslogan al fondo de la sala.
Taibo dedica una larguísima introducción a las razones por las que lo invitaron a él a presentar a un autor que ni conocía. Para la cual suma los libros que le obligan a leer sus cuates como si no tuviera nada que hacer y su sorpresa al ver lo grueso del volumen: “el tiempo es largo y los escritores nórdicos con sus días interminables creen que hay mucho tiempo para leer”.
Explica que no dirá nada específico de la novela porque la echaría a perder. Momento para colar una anécdota sobre un acomodador de un cine de su niñez, que si no recibía propina, contaba el final de la película al tacaño e incauto espectador: la mató el mayordomo.
Taibo abunda sobre las razones por las que usualmente desconfiaría de un libro así. Porque el protagonista es un policía, “y en México nadie cree que la policía va a resolver el crimen”, porque el protagonista además es inteligente, etc. “Y además el libro es muy gordo, gordísimo” Y entonces se interrumpe para saludar a su hermano Benito que recién entra en la sala: ¿Dónde andabas..? Es mi hermano, explica, hace mucho que no nos vemos.
Prosigue con la larga lista de razones por las que es casi increíble que haya leído la novela que presenta y es su manera de dar el elogio definitivo a El leopardo: Es tan buena que él, ocupadísimo, exigente y con mil y un prejuicios sobre la longitud, temática y estilo de los policíacos escandinavos; la devoró. Es un elogio, pero extraño; habla de Nesbø, pero dice más de él mismo.
– Yo sólo quiero saber dos cosas, se dirige al autor, por qué publicaron primero la octava de la serie y qué son esas rayitas cruzando la o de tu nombre y cómo carajos se pronuncia.
Nesbø toma la palabra cuando casi transcurrió media sesión. Parece un tanto irritado. Dice que a él le gusta hablar mucho, y acaparar el micrófono, pero que ahora Taibo está haciendo el trabajo por él, así que puede dedicarse a responder cosas en verdad importantes como explicar cómo se pronuncia su nombre (Nesbú).
Taibo calla, sin saber si el otro bromea.
El resto de la sesión fluye con casi afabilidad. Nesbø habla de sus inicios como autor, de su salto de cantante en una banda mediocre de rock a referencia literaria.
Nunca he querido ser político, dice, pero es imposible escribir sin ser político. Por ejemplo, mi protagonista es social demócrata…
– Claro que no – interrumpe Taibo. – Es un anarquista. Bueno… un anarquista noruego.
– Osea un social demócrata.
Hacia el final, Taibo, en otro intento por ser amable, le inquiere si el resto de sus novelas son tan buenas, o si esta creación de personaje es señal de madurez.
El editor español, que modera el evento, explica de manera un tanto enrevesada por qué se edita el octavo libro antes que el resto, y el orden en que los irán publicando. Nesbø bromea: Por eso es random house (random en inglés significa aleatorio).
–¿Alguien tiene preguntas? – dice el editor.
– Mejor no – dice Taibo – que ya me quiero salir a fumar.
Igual y las preguntas son insulsas:
¿Hay audiolibros en inglés de sus libros? (Sí)
¿Vamos a alcanzar todos firma? (Sí, responde Taibo, no hay nada que disfrute más un editor que encadenar a un escritor a una mesa a firmar libros)
¿Cómo se llamaba su banda de rock? (Those guys, la anécdota es simpática)
¿A cuantos idiomas se han traducido sus libros? (52)
¿Se sabe en Noruega lo que está pasando en México? Sí… no quiero hablar de eso.
Taibo se despide invitando a la marcha. Una lectora detiene al noruego para que pose con ella para una foto: “perdón, pero mi cámara es viejita”.
Al día siguiente, un operativo de granaderos instala vallas en las entradas de la FIL. Para las siete de la tarde todo lo que tenía que suceder concluido, dos policías esperan un espresso en la maquinita que tiene la oficina de prensa.
– ¿Por qué el operativo? – le pregunto a uno de ellos.
– Es por la manifestación. Es que tienen derecho a manifestarse lo que quieran, pero hay gente que se aprovecha y asaltan joyerías y aquí hay muchas cosas valiosas y no queremos que se lleven sus laptops.
– Pero no pasó nada – apunta el barista mientras le acerca el azúcar al granadero.
– Sí, lo bueno es que estuvo muy tranquilo – concluye este.
Twitter @rgarciamainou
Para El Economista, Arte Ideas y Gente del miércoles 3 de diciembre del 2014
RT
RT
Vaya pues Taibo y su chou