
Una de las declaraciones más pertinentes del chivato Edward Snowden fue aquella en que dijo: “No quiero vivir en un mundo donde todo lo que digo y hago es registrado”.
Al margen del escándalo y de la confirmación que hace de ese paradigma de las conspiraciones que es la primera línea de Person of Interest: you’re being watched (estás siendo vigilado); la frase de Snowden hace eco con una de las cuestiones centrales de nuestra era: Todo lo que hacemos (online) queda registrado.
Citando al experto en tecnología Shelly Palmer: Ser un miembro activo de una comunidad o red social en internet significa ceder una cantidad razonable de privacidad. Todo lo que compartimos, sean imágenes, fotos, chistes, anécdotas, videos, etc. se vuelve público hasta cierto grado. Nada de lo que hacemos en internet es privado y nada de lo que queda ahí será borrado alguna vez. Es parte del precio de vivir en la era “conectada”.
En términos estrictos, se le llama privacidad porque se trata de estar libre de ser observado o molestado por otros. Particularmente por la atención de los demás. Esa libertad varía en muchas definiciones en un espectro que cubre desde nuestros actos íntimos hasta el derecho a guardar secretos, a aislarse del mundo.
Existe una contradicción entre la búsqueda de privacidad y la participación en el mundo conectado, y tiene que ver fundamentalmente con lo que es aceptable esperar. No podemos tener expectativas razonables que lo que subimos a Facebook o nuestro blog o tuiteamos sea privado. Pero ¿podemos esperar que una llamada telefónica con nuestra pareja, madre o jefe lo sea? ¿Que nuestros correos electrónicos y SMS, de trabajo o personales, no serán leídos por terceros?
Parte del debate sobre la privacidad en EU, se centraba en un punto ambivalente. Mucha gente estaba dispuesta a que se interviniera su correo, hasta que se escucharan las llamadas telefónicas (usualmente las de los demás), para buscar o impedir actos de terrorismo. El tema es si esa información obtenida mirando por el ojo de la cerradura digital se utilizará únicamente para eso, si tienen la confianza de que esa información no quedará por ahí, para que otra agencia gubernamental la use para otra cosa.
Esta semana el debate por la privacidad se ha centrado en si el gobierno de Obama debe o no hacer públicas y trasparentar las órdenes judiciales que le permitieron el espionaje denunciado por Snowden. Bajo las leyes estadounidenses es ilegal hasta mencionar que recibiste una orden judicial de este tipo, lo que favorece, sin duda, la atmósfera de enrarecimiento y desconfianza al gobierno.
The Washington Post sacó del clóset un programa llamado PRISMA, del que hablaba en este espacio la semana pasada, mediante el cual el FBI y la NSA se conectan directamente a los servidores de nueve compañías estadounidenses de internet para seguir ciertos blancos. De acuerdo a Palmer “cualquier cosa que hayas compartido con alguien en internet fue (a lo mejor) vista por el gobierno”.
Los defensores de la privacidad argumentan no sin cierta razón, que en materia telefónica quien no quiere ser vigilado puede perfectamente valerse de teléfonos desechables, esos que se venden en cualquier OXXO. ¿Para qué espiar las llamadas del resto de los ciudadanos, con domicilios y números registrados si los criminales usan otros medios?. ¿Será como el chiste… porque se puede?
En uno de los giros irónicos que sólo da la vida, una columna en The New Yorker dio a conocer que la novia de Snowden mantenía un blog en internet bastante explícito, donde compartía fotos semidesnuda, hablaba de lo que hacía con él, apuntaba poesía, lo que cenó, etc (en casa del herrero…). El blog ya fue retirado.
Un estudio realizado en EU, por lo menos entre adolescentes, ilustró que desde 2006 se ha compartido más información privada que nunca antes. Sean fotografías, videos, chistes personales, nombres de ciudades, escuelas, amigas, antros. Sólo un porcentaje pequeño de los jóvenes manifestó inquietud por su privacidad (aunque fuera una preocupación relevante para sus padres).
Si como dice Sasha Weiss “la web parece un gran auditorio lleno de gente esperando que la diviertan”, también es claro que internet cada vez se asemeja más a una plaza anónima donde seres aislados y solitarios salen a compartir las trivialidades anodinas de su vida esperando conectar o llamar la atención de alguien más.
Quizá la lección más importante que nos deja este nuevo privacy-gate sea que tengamos claro que el último bastión de la privacidad somos nosotros mismos. Un poquito de paranoia y algo más de prudencia. Pareciera que la única expectativa razonable en el mundo conectado, sea no confiar en que los gobiernos y empresas informáticas respaldarán nuestros intereses.
Twitter @rgarciamainou
Para El Economista Arte Ideas y Gente del miércoles 19 de junio del 2013
Ligas de Interés
Shelly Palmer sobre PRISM en su blog: There is no privacy, none.
Sasha Weiss – We are all pole dancing on the internet (Todos bailamos tubo en internet) en The New Yorker.
10 Preguntas Importantes sobre Privacidad, en el blog de Saira Nayak (directora de políticas en TRUSTe)
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Privadamente privado!!!
Ricardo: otra vez, la tecnología nos rebasa.
Lo que parece ser un avance extraordinario tiene consecuencias inesperadas. Lo que quiere decir es que el ser humano no alcanza a darse cuenta de la trascendencia de sus acciones o de sus inventos. Lo decía yo en el artículo pasado que escribiste sobre los robots.
Bueno, hay mucho que comentar al respecto.
Un saludo.